XVIII Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

31 de julio de 2022

(Ciclo C - Año par)





  • ¿Qué saca el hombre de todos los trabajos?  (Ecl 1, 2; 2, 21-23)
  • Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación (Sal 89)
  • Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo (Col 3, 1-5. 9-11)
  • ¿De quién será lo que has preparado? (Lc 12, 13-21)
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La liturgia de la Palabra de este domingo nos recuerda, en sus tres lecturas, que hay dos niveles distintos de nuestra existencia: el nivel terreno, histórico, en el que actualmente nos encontramos y el nivel superior, el del Reino de Dios, inaugurado por la resurrección de Jesucristo, que está sentado a la derecha de Dios. La primera lectura lo expresa con una bella fórmula: “bajo el sol”. “Bajo el sol” significa la existencia terrenal, histórica, actual. Y de ella se nos dice que está  marcada por la “vanidad”. “Vanidad” equivale a decir vaciedad, inconsistencia, algo que no puede en modo alguno saciar los anhelos del corazón del hombre.

El sexto mandamiento



1. El significado humano de la sexualidad.

Al crear al ser humano a su imagen, Dios crea dos seres distintos y diferentes para que testimonien de su unidad. Dios es tan grande que su imagen “no cabe” dentro de un solo ser: hacen falta dos, distintos y diferentes, para que algo de su gloria pueda ser expresado. La Escritura explícita claramente la idéntica dignidad personal del varón y de la mujer: El día en que Dios creó al hombre, le hizo a imagen dé Dios. Los creó varón y hembra, los bendijo y los llamó 'Hombre' en el día de su creación (Gn 5,1-2). El “hombre” es, así, un ser que se produce, desde el principio, de una forma diferenciada, como varón y como mujer. La sexualidad que les diferencia no es el atributo de unos órganos de su cuerpo, sino una dimensión que atraviesa todo su ser, el espíritu, el alma y el cuerpo (1Ts 5,23), aunque concierne de manera particular a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, en términos más generales, a la capacidad de establecer vínculos de comunión con otro.

El hombre y la mujer son recíprocamente el otro-igual-diferente, y de este modo están constituidos como signo vivo de la transcendencia divina, de tal manera que, entre la transcendencia de Dios y la transcendencia del hombre para la mujer y de la mujer para el hombre, existe una relación del tipo significado-significante. En los avatares de su mutua relación, el hombre y la mujer, aprenden a conjugar la transcendencia, descubriendo, en primer lugar, la actitud secreta de su corazón frente a ella: la capacidad de una acogida maravillada y agradecida del otro, o la violencia reductora con la que se pretende domesticarlo, plegándolo a los propios intereses. Su relación reviste así un cierto carácter sacramental, constituyendo un campo privilegiado para testimoniar la santidad de Dios.

Santiago Apóstol, patrono de España

15 de agosto 

25 de julio de 2022

(Ciclo C - Año par)





  • El rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago (Hch 4, 33; 5, 12. 27-33; 12, 2)
  • Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben (Sal 66)
  • Llevamos siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús (2 Cor 4, 7-15)
  • Mi cáliz lo beberéis (Mt 20, 20-28)
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Celebramos hoy, queridos hermanos, la fiesta del apóstol Santiago, patrono de España. La riqueza de la liturgia de la palabra de este día nos ofrece abundantes puntos de reflexión, que constituyen llamadas a nuestra conversión como católicos y como católicos españoles.

La primera lectura nos ha recordado la contundente respuesta que Pedro y los demás apóstoles dieron ante las autoridades religiosas judías: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Es una llamada a revisar nuestra jerarquía de valores y a preguntarnos qué es, de verdad, lo primero en nuestra vida, es decir, cuál es el criterio que prevalece sobre todos los demás a la hora de tomar nuestras decisiones. Si nuestro criterio es no distinguirnos de los demás, ser como todos, no llamar la atención, ser socialmente correctos, ajustándonos al comportamiento de la mayoría, entonces Dios no es el primero en nuestra vida, sino que lo primero es una determinada imagen de nosotros mismos que no queremos que desentone de la mayoría social; lo primero serría no querer tener problemas. El cristiano tiene que tener la audacia de poner a Dios, a su voluntad y a su santa ley, como lo más importante en su vida, aunque ello le genere algún problema.

XVII Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

24 de julio de 2022

(Ciclo C - Año par)





  • No se enfade mi Señor si sigo hablando (Gén 18, 20-32)
  • Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor (Sal 137)
  • Os vivificó con él, perdonándoos todos los pecados (Col 2, 12-14)
  • Pedid y se os dará (Lc 11, 1-13)
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El evangelio de hoy, queridos hermanos, quiere inculcarnos una gran confianza en la positividad de lo real, en la bondad de la realidad. Nos recuerda que lo real es fundamentalmente bueno y que responde a nuestras necesidades y que no debemos dudar en pedir, en buscar y en llamar “porque quien pide recibe, quien busca halla y al que llama se le abre”. Y la razón de esta positividad y bondad de lo real es que la realidad es obra de Dios y Dios es un Padre lleno de amor por sus hijos que somos nosotros.

El que Dios sea un Padre lleno de bondad y de amor por nosotros no significa que Dios esté ciego y que no vea nuestras meteduras de pata y nuestros crímenes y pecados. Por eso el Señor dice: “si vosotros que sois malos”. Dios no tiene una idea optimista del ser humano, Dios no piensa que “todo el mundo es bueno”. Pero Dios cree en el poder del bien y en la victoria final del bien sobre el mal y por eso está dispuesto a darnos el Espíritu Santo a quienes recurrimos a Él.

Súplica de la misericordia

Mostradme, Señor, vuestra bondad
y haced que mi corazón se alegre en Vos.

Concededme encontraros,
pues os busco apasionadamente.

Soy como ese hombre que cayó en manos de bandidos,
maltratado y abandonado medio muerto
en el camino que conduce a Jericó.
¡Buen Samaritano, recogedme!

Soy como la oveja perdida,
conducidme a vuestro rebaño.

Tratadme según vuestra bondad,
para que yo pueda permanecer cerca de Vos
todos los días de mi vida
y glorificaros eternamente
en la compañía de los santos.

Amén.



San Jerónimo (347-410)

XVI Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

17 de julio de 2022

(Ciclo C - Año par)





  • Señor, no pases de largo junto a tu siervo (Gén 18, 1-10a)
  • Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda? (Sal 14)
  • El misterio escondido desde siglos, revelado ahora a los santos (Col 1, 24-28)
  • Marta lo recibió. María ha escogido la parte mejor (Lc 10, 38-42)
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- La capacidad más grande que tiene el hombre es la de dar hospitalidad a Dios, la de poder recibirle, acogerle y servirle en la propia casa, es decir, en el propio corazón. En eso consiste la dignidad única  del hombre. 

- Este misterio de la hospitalidad que el hombre puede dar a Dios es un misterio de amor. Así lo anunció Jesús: “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él” (Jn 14, 23). El hecho inaudito es que el Creador se hace nuestro huésped por amor a nosotros y el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo vienen a habitar en nuestro corazón.  Esta presencia de Dios en nosotros no es la presencia común que Dios tiene a todos los seres por el hecho de ser su Creador, su causa eficiente y ejemplar y final, sino que es otro tipo de presencia, una presencia interpersonal que sólo se produce cuando el hombre ama a Dios, cuando por amor le abre las puertas de su corazón.

El arte de lo inacabado

Una muestra de sabiduría es aceptar que el tiempo no se estira, que es increíblemente breve y que, por ello, debemos vivirlo de la manera más equilibrada posible. No podemos engañarnos con la lógica de las compensaciones: el tiempo que robamos a las personas que amamos intentamos devolverlo de otra manera, haciendo planes o comprándoles esto o aquello; lo que le restamos al descanso y a la contemplación procuramos compensarlo con unas vacaciones extravagantes. Necesitamos aprender, como individuos y como sociedad, a gestionar el tiempo.

En cuestiones de tiempo, a veces es más importante saber acabar que saber empezar, y más vital suspender que continuar. Pero incluso el acto de interrumpir un trabajo para reposar no nos resulta fácil, por lo menos a cierta edad. Implica, no pocas veces, un ejercicio de desprendimiento y pobreza. Aceptar que no hemos alcanzado todos los objetivos que nos habíamos propuesto. Aceptar que eso a lo que hemos llegado es solo una versión provisional, inacabada, llena de imperfecciones. Aceptar que nos faltan las fuerzas, que cierta frescura de pensamiento no la podemos obtener mecánicamente por la mera insistencia. Aceptar que tal vez mañana habremos de recomenzar de cero y por enésima vez.



Autor: José TOLENTINO MENDOÇA
Título: Pequeña teología de la lentitud
Editorial: Fragmenta Editorial, Barcelona, 2017, (pp. 12-13)









XV Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

10 de julio de 2022

(Ciclo C - Año par)





  • El mandamiento está muy cerca de ti para que lo cumplas (Dt 30, 10-14)
  • Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón (Sal 68)
  • Todo fue creado por él y para él (Col 1, 15-20)
  • ¿Quién es mi prójimo? (Lc 10, 25-37)
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Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?

En esta pregunta se afirma, en primer lugar, la certeza de que hay una “vida eterna”, de que hay un “Reino de Dios”, que Dios ha preparado para que los hombres lo recibamos como “herencia” y que, por lo tanto, esta vida terrena, no es el horizonte último en el que se sitúa la existencia del hombre: hay más, hay otra cosa, hay vida eterna, hay un Reino de Dios.

Y en segundo lugar se afirma también el convencimiento de que para heredar esa vida, para participar en ese Reino, se requiere por parte del hombre una determinada actitud. Por eso el letrado pregunta “qué tengo que hacer”. No se trata, pues, de una herencia que se nos dé automáticamente, que se nos imponga queramos o no queramos. La palabra del Señor va a decirnos cuál esa actitud que Dios espera de nosotros para hacernos partícipes de su herencia.

Frases...

Una sola carne




Para ser una sola carne es necesario haber logrado ser un solo corazón. 
Y esto no se consigue en una noche, puede llevar una vida entera.


(Dora Rivas)

XIV Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

3 de julio de 2022

(Ciclo C - Año par)





  • Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz (Is 66, 10-14c)
  • Aclamad al Señor, tierra entera (Sal 65)
  • Llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús (Gál 6, 14-18)
  • Descansará sobre ellos vuestra paz (Lc 10, 1-12. 17-20)
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El envío de los 72 discípulos para anunciar que “el Reino de Dios está cerca” es como una especie de “ensayo general” de lo que va a ser la misión evangelizadora de la Iglesia, de los cristianos a lo largo del tiempo hasta la segunda venida del Señor. El número 72 tiene un carácter simbólico porque en Gn 10, 2-31 se enuncian todos los pueblos de la tierra y resultan ser 72. De modo que esta cifra está sugiriendo la universalidad de la misión, está preparando el envío al “mundo entero” (Mt 26, 13), a “todas las gentes” (Mt 28, 19).

Llama la atención el hecho de que la primera tarea que el Señor les encomienda es la oración, el orar la dueño de la mies que envíe obreros a su mies. De modo que lo primero, lo más urgente, es avivar en nosotros la conciencia de que el Reino de Dios viene de Dios, de que el Reino de los cielos viene del cielo, y de que, por tanto, lo primero es Dios, es mirar a Él, es dirigirse a Él, es suplicarle, invocarle, rogarle, alabarle, bendecidle y darle gracias a Él. No somos unos “humanistas” que pretenden construir un mundo nuevo, sino creyentes que quieren que Dios reine en medio de los hombres, que venga Su Reino.

Dietrich Bonhoeffer

Dietrich Bonhoeffer fue el concienzudo teólogo protestante que ahorcaron los nazis por su participación en el complot que intentó matar a Hitler. Desde hace no mucho se sabe sin embargo que no debió ser un ahorcamiento al uso, al uso de los bárbaros, sino que sus torturadores en realidad prolongaron su agonía durante horas y más horas colgándolo, como carne en canal, de un gancho; cuando pensaban que estaba para expirar lo descolgaban, le daban digamos un respiro y luego le volvían a colgar hasta que lo veían otra vez en las últimas y entonces lo descolaban de nuevo y de nuevo vuelta a colgar así poco a poco hasta el fin.

En la Navidad de 1942, poco antes de su brutal asesinato, Bonhoeffer logró sacar un pequeño escrito de prisión que fue tenido luego a buen recaudo durante años bajo las tejas de la casa paterna. Es como una especie de testamento y en sus pocas páginas, con esa enjundia del lenguaje de los momentos álgidos y las conductas más íntegras, habla del coraje cívico y de quién es en verdad el que se mantiene firme, de la confianza o la sensación de no tener suelo bajo los pies; también se interroga sobre la necedad humana y el sentimiento de desprecio a los hombres.

La belleza de la creación (Salmo 103)

Catequesis parroquial nº 170

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 22 de junio de 2022




XIII Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

26 de junio de 2022

(Ciclo C - Año par)





  • Eliseo se levantó y siguió a Elías (1 Re 19, 16b. 19-21)
  • Tú eres, Señor, el lote de mi heredad (Sal 15)
  • Habéis sido llamados a la libertad (Gál 5, 1. 13-18)
  • Tomó la decisión de ir a Jerusalén. Te seguiré adondequiera que vayas (Lc 9, 51-62)
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Este santo evangelio se inicia con la expresión “cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo”. No se trata de una consideración fundamentalmente cronológica sino, ante todo, teológica, que indica que ha llegado la hora de realizar lo que el Padre del cielo le ha encargado, que san Lucas designa con su final feliz: “ser llevado al cielo”. Pero Jesús sabe que para llegar a ese final feliz tiene que pasar antes por la pasión y por la muerte en la cruz. Se trata, por lo tanto, de asumir su destino, de afrontar su “hora”, como san Juan en su evangelio: “sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre” (Jn 13, 1).

Pues bien, ante su destino, ante su hora, Jesús “tomó la firme decisión de ir a Jerusalén”, porque Jesús sabía que su partida se tenía que cumplir en Jerusalén, tal como hablaban entre sí Moisés y Elías en el episodio de la transfiguración (Lc 9, 31) y porque, tal como el propio Jesús afirmó, “no cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén” (Lc 13, 33). Entonces Jesús tomó la firme decisión de ir a Jerusalén, es decir, de afrontar su destino, su misión, su tarea, la que el Padre le ha confiado. No encontramos en Jesús una consideración sobre si le gusta o no le gusta esa tarea, sino que encontramos una firme decisión.

El quinto mandamiento


1. El carácter sagrado de la vida humana.

La vida humana no es una vida más, pues el hombre es el único ser de toda la creación que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. El carácter especial y único de la vida humana está subrayado por el relato del Génesis que diferencia la creación de cada uno de los componentes del universo (elementos, minerales, vegetales y animales), de la creación del hombre. Pues mientras que para los primeros basta una simple orden de Dios –“hágase”-, para la creación del hombre Dios adopta una fórmula de especial solemnidad: Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra (Gn 1,26).

El carácter eminentemente valioso de la vida humana, es lo que hace que el mismo Dios se constituya en garante de ella: cuando Caín asesina a su hermano Abel, Dios en persona se siente interpelado por la sangre derramada de un hombre inocente: Yahveh dijo a Caín: ¿Dónde está tu hermano Abel? (...) ¿Qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano clamar a mí desde el suelo (Gn 4,9-10). La sangre del inocente asesinado clama venganza a Dios y exige que la sangre del verdugo expíe la de la víctima: El homicida debe morir (Lv 24,17; Nm 35,16-18). Dios es sensible al clamor de la sangre derramada y recoge en sus odres toda la sangre inocente, al igual que todas las lágrimas que dicha sangre provoca en la historia humana (Sl 55,9): él venga la sangre, él recuerda y no olvida los gritos de los humildes (Sl 9,13). Con esa sangre y con esas lágrimas Dios va preparando la copa del vino del furor de su cólera (Ap 16,19), para el día de Su venganza, cuando Él hará justicia de la sangre de los santos y de los mártires de Jesús, con la que se embriagaba la Gran Babilonia (Ap 17,6): El Señor tiene en la mano una copa, un vaso lleno de vino drogado: la da a beber hasta las heces, a todos los malvados de la tierra (Sl 74,9).

Corpus Christi

15 de agosto 

19 de junio de 2022

(Ciclo C - Año par)





  • Ofreció pan y vino (Gén 14, 18-20)
  • Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec (Sal 109)
  • Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor (1 Cor 11, 23-26)
  • Comieron todos y se saciaron (Lc 9, 11b-17)
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Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec, hemos repetido en el salmo responsorial. Impresiona mucho contemplar el gesto de Melquisedec, realizado unos 1900 años antes de que Jesús, en la última cena, nos entregara la Eucaristía. Porque Melquisedec es un pagano, un hombre que pertenece a la religiosidad natural, a las religiones cósmicas que, a partir de la contemplación del mundo y de la historia humana, intentan elevarse hacia Dios. Abrahán, en cambio, es el hombre elegido por Dios para realizar, a través de su descendencia, el designio divino de salvación, para que por él, por su descendencia, sean bendecidas “todas las naciones”, tal como el Señor le había prometido: “Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra” (Gn 12,3). Al bendecir Melquisedec a Abraham, reconoce que la obra salvadora de Dios se realizará a través de Abraham. Esta humildad de Melquisedec ya es desconcertante. Pero impresiona todavía mucho más leer que Melquisedec, “sacerdote del Dios Altísimo, ofreció pan y vino”. No es una ofrenda muy habitual en las religiones naturales, que normalmente ofrecen animales o frutos de la tierra; es claramente una profecía de la Eucaristía. Con este gesto Melquisedec está profetizando que todos los esfuerzos del hombre por ir hacia Dios van a culminar, a resumirse, a simplificarse, en el pan y el vino de los que Jesús dirá “esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros” y “ésta es mi sangre que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados”, es decir, van a resumirse en Jesús, en su entrega sacrificial.

Oración del lucernario


Te damos gracias, ¡oh Dios!, por tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor, por habernos iluminado mostrándonos la luz incorruptible.

Hemos agotado la duración del día y llegamos a los linderos de la noche; hemos sido saciados por la luz del día que Tú has creado para nuestra alegría.

Y ahora que nos falta la luz de la tarde cantamos tu santidad y tu gloria por tu Hijo único, nuestro Señor Jesucristo.

Por Él y con Él posees la gloria, el poder y el honor con el Espíritu Santo, ahora y por los siglos de los siglos.

Y que todos digan:

Amén.

(Los judíos, al atardecer del viernes y del sábado, celebran la bendición de la lámpara, para señalar el comienzo y el fin del sabbath. Este rito inspiró a los cristianos la ceremonia del lucernario, que comprendía, además de la bendición de la lámpara, una acción de gracias por la jornada)

Domingo. Santísima Trinidad.

15 de agosto 

12 de junio de 2022

(Ciclo C - Año par)





  • Antes de que la tierra existiera, la Sabiduría fue engendrada (Prov 8, 22-31)
  • ¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra! (Sal 8)
  • A Dios, por medio de Cristo, en el amor derramado por el Espíritu (Rom 5, 1-5)
  • Lo que tiene el Padre es mío. El Espíritu recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará (Jn 16, 12-15)
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El domingo siguiente a Pentecostés, la Iglesia nos invita a levantar nuestro corazón hacia lo más alto y contemplar el misterio de Dios en sí mismo, el misterio del propio ser de Dios, de su Nombre, como dice la Biblia, que es la fuente de todos los demás misterios que hemos contemplando a lo largo del año litúrgico. Y lo que, por medio de Jesucristo, hemos conocido del ser íntimo de Dios es, como dice el Catecismo, que “Dios es único pero no solitario (CEC 254), porque el Nombre del Dios único es “Padre, Hijo y Espíritu Santo”. De este inefable misterio, los textos de la liturgia de hoy subrayan tres aspectos.

En primer lugar que “cuando venga el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir”. El Padre y el Hijo existen desde siempre en una mutua y recíproca “conversación” -no en vano el Hijo es la Palabra, el Verbo del Padre-, en la unidad del Espíritu Santo. En esa eterna “conversación” es donde se toma la decisión de realizar la creación, la encarnación y la redención del género humano, la glorificación del Hijo hecho hombre y su segunda venida en la gloria. Esa conversación es, pues, la fuente de toda la realidad y de toda la historia: en esa conversación está todo y el sentido de todo, y es en esa conversación en la que el Espíritu Santo, derramado en nuestros corazones, nos introduce, para que nosotros vayamos conociendo la mente del Señor, vayamos teniendo “la mente de Cristo” (1Co 2,16) y, en consecuencia, vayamos viendo todas las cosas como las ve Dios, con la mirada de Dios.

El pasado

(La novela está ambientada en Plovdiv, ciudad al sur de Bulgaria, en el siglo XX, donde conviven gentes de diferentes etnias y religiones: judíos sefardíes, expulsados de Toledo en tiempos de los Reyes Católicos, turcos otomanos, búlgaros, gitanos, armenios etc. El protagonista y narrador es un judío sefardí que evoca su infancia, criado por sus abuelos, el Borrachón y su esposa Mazal, con sus padres desaparecidos y su relación entrañable con la cristiana armenia Araxi Vartanian, compañera de curso e hija de la profesora de francés. La narración cabalga entre dos tiempos: el de la infancia y el tiempo actual, en el que él es un profesor universitario, bizantinólogo, afincado en Israel. Al cabo de muchos años de separación, en el presente actual, se reencuentran en Plovdiv el protagonista, Albert Cohen, familiarmente llamado Berto, y Araxi. Como cabe esperar intentan ponerse al día, pero Araxi tiene sus resistencias…)

Hay cosas que suceden sin nuestra intervención, querido Berto, lo queramos o no. ¿Cómo se le llama a eso…? ¿Destino, karma, providencia divina? Da igual. Da igual, nos hemos reencontrado, como tú mismo has dicho, “en una esquina en plena calle”, todo esto es maravilloso, ¿pero sabes qué es lo que temo ahora? Que no sepamos rebobinar la cinta y parezcamos unos decrépitos actores jubilados recordando enternecidos como actuaron antaño en Tristán e Isolda. Porque, además de los gratos recuerdos de funciones de despedida de los escenarios, celebradas con champán y todo, hay cosas que ocurrieron entre bastidores y que es mejor dejar en paz.

-¿Por ejemplo? –Ella no contesta a mi pregunta. Pregunto con cautela-: ¿Ha ocurrido algo… entre bastidores… de ayer a hoy? ¿Algo con tu marido?

-No. Con mi marido no. Ocurrió mucho antes. Pero prefiero que no toquemos recuerdos prohibidos.

Domingo de Pentecostés

15 de agosto 

5 de junio de 2022

(Ciclo C - Año par)





  • Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar (Hch 2, 1-11)
  • Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra (Sal 103)
  • Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo (1 Cor 12, 3b-7. 12-13)
  • Secuencia: Ven, Espíritu divino
  • Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo; recibid el Espíritu Santo (Jn 20, 19-23)
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Los textos de la palabra de Dios que acabamos de escuchar nos hablan del misterio de la Iglesia que, en este día de Pentecostés, fue revelado de manera pública ante representantes de muchos pueblos de la tierra. En ellos se nos describe la Iglesia como un misterio de unidad y de perdón, como el lugar en el que Dios va construyendo la unidad del género humano, tal como Él la desea, y como el lugar en el cual el Señor derrama su misericordia sobre los hombres, perdonándoles los pecados.

Vigilia de Pentecostés

15 de agosto 

4 de junio de 2022

(Ciclo C - Año par)





  • Sobre mis siervos y siervas derramaré mi Espíritu (Jl 3, 1-5)
  • Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra (Sal 103)
  • El Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables (Rom 8, 22-27)
  • Manarán ríos de agua viva (Jn 7, 37-39)
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“Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel”. Nuestros sepulcros son las situaciones que vivimos sin esperanza: mi matrimonio, mi trabajo, mis hijos, mi propia conversión. Cualquier aspecto de nuestra vida puede verse afectado por la falta de esperanza, y entonces se convierte para nosotros en un sepulcro y se cumplen las palabras de Ezequiel: “Nuestros huesos están secos, nuestra esperanza ha perecido, estamos destrozados”.

La Buena Noticia que nos da la Iglesia hoy es que Cristo resucitado nos comunica el Espíritu Santo: “Os infundiré mi espíritu y viviréis”, es decir, y tendréis esperanza. La esperanza es la sustancia del alma y de la vida, sin esperanza no hay vida, y el Espíritu Santo llena nuestro corazón de esperanza. Lo que significa dos cosas: (1) que incluso en la máxima negatividad, la cruz, el fracaso, la muerte, hay esperanza, y que (2) la esperanza va más allá de mañana y de pasado mañana: la esperanza apunta a la Realidad en toda su hondura y nos dice que la Realidad está abierta a Aquel que es su Fuente y su Origen y que es Amor: “Una esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Cómo seguirá uno esperando aquello que ve?”.

Frases...

La realidad y la ensoñación

Un criterio para lo real es que es duro y rugoso. Uno encuentra algunas alegrías en ello, pero no placer. Lo que es agradable es ensoñación.

 
Simone Weil

VII Domingo de Pascua. Ascensión del Señor.

15 de agosto 

29 de mayo de 2022

(Ciclo C - Año par)





  • A la vista de ellos, fue elevado al cielo (Hch 1, 1-11)
  • Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas (Sal 46)
  • Lo sentó a su derecha en el cielo (Ef 1, 17-23)
  • Mientras los bendecía, fue llevado hacia el cielo (Lc 24, 46-53)
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Normalmente cuando nos despedimos de un ser que amamos nos sentimos tristes por la privación de la presencia de nuestro amigo. Sin embargo san Lucas nos dice que, después de la ascensión del Señor, los discípulos “se volvieron a Jerusalén con gran alegría”. La razón de esta “gran alegría” hay que buscarla en lo que ocurrió durante los cuarenta días posteriores a la resurrección. En ellos Jesús se mostró a sus discípulos dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, les habló del reino de Dios y “comió con ellos” (1ª lectura). “Comer con ellos” significa vivir la hospitalidad, entrar él en ellos y ellos en él y crear un ámbito común de comunión, de encuentro, ámbito que no está hecho sólo de palabras sino de gestos, de sentimientos, de recuerdos, de intimidad recíproca. Durante estos cuarenta días él les explicó las Escrituras para que comprendieran que todo lo que había ocurrido formaba parte del plan de salvación de Dios. Así adquirieron una correcta comprensión del designio salvífico divino, adquiriendo “la mente de Cristo” (1Co 2,16), pero también recibiendo “los sentimientos de Cristo” (Flp 2,5). El resultado de todo ello es que Cristo se entrañó en ellos y, de este modo, inició un nuevo modo de presencia, la que garantizará y producirá el Espíritu Santo que él les entregó en la mañana de la resurrección, soplando sobre ellos y que recibirán de manera más pública el día de Pentecostés. Se inicia, por lo tanto, un nuevo modo de presencia de Cristo: no ya la presencia exterior del maestro que enseña, sino su presencia como “maestro interior”. Por eso ellos están contentos: no tienen la sensación de haber perdido la presencia del Señor, sino más bien de haber recibido un modo más profundo y bello de presencia: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).

La vocación esencial de la mujer

Si en el orden de la creación el misterio de la mujer es el de ser entregada a Adán para que Adán no esté solo (Gn 2, 18), los Evangelios muestran que, en el orden de la Redención, este misterio se prolonga y se despliega en un nuevo misterio: la mujer es la que no deja a Jesús solo. Si comparamos la vocación de Zaqueo (Lc 19, 1-10) con la de la mujer pecadora (Lc 7, 36-50), vemos que la gratitud de Zaqueo se expresa en el servicio indirecto de Jesús, a través de los pobres; en cambio la gratitud de la mujer convertida es servir la persona misma de Jesús a la que ofrece lo que ella tiene de más valioso: su perfume. Cuando la mujer acoge a Jesús lo hace “cara a cara”, en una consagración de amor hacia su persona que quiere ser inmediata, directa, personal.

Las mujeres siguen a Jesús en sus desplazamientos sin que él se lo haya pedido; incluso las que son casadas; y el Señor las deja hacer. Ellas le acompañan hasta allí donde los apóstoles (excepto Juan) no se atreverán a ir: hasta la muerte y hasta el sepulcro (Jn 19, 25-27; Mc 15, 40-41 y 47). Los apóstoles en cambio siguen a Jesús porque él los ha elegido para un servicio y un ministerio específicos, para ser enviados en misión, para reproducir, con una fuerza específica, los gestos, las palabras y las acciones de Jesús, pero son muy lentos para pasar del ministerio activo, todavía exterior, a la intimidad de amor a la que, sin embargo, deberán llegar: “Simón de Juan ¿me amas más que estos?” (Jn 21, 15).

VI Domingo de Pascua

15 de agosto 

22 de mayo de 2022

(Ciclo C - Año par)





  • Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables (Hch 15, 1-2. 22-29)
  • Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben (Sal 66)
  • Me mostró la ciudad santa que descendía del cielo (Ap 21, 10-14. 22-23)
  • El Espíritu Santo os irá recordando todo lo que os he dicho (Jn 14, 23-29)
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Cuando dos personas se aman “entran” la una en la otra por su relación de amor: “se llevan dentro” recíprocamente, de modo que la identidad personal de cada una de ellas se configura a través del diálogo interior que mantiene constantemente con aquellos que ha acogido por el amor. El amor nos hace dar hospitalidad a aquellos que amamos, y ellos entran en nuestra casa, es decir, en nuestra alma, en nuestro corazón. Se convierten en nuestros huéspedes y compañeros de viaje: caminamos junto con ellos.

El Señor nos dice que la experiencia cristiana es así: una experiencia de amor por la que acogemos a Cristo en nuestro corazón, le damos hospitalidad, y entonces Él viene a nosotros, junto con el Padre y el Espíritu Santo, y habita en nuestro interior. Pero esto no es algo que ocurre a la fuerza, sino sólo cuando nosotros, libremente, decidimos amarle. La prueba de que le amamos es que “guardamos su palabra”.

Los hombres vivimos siempre “guardando” una palabra: la que hemos recibido de nuestros padres, o de un amigo (a veces, incluso, la que nos ha dicho un enemigo), o la que hemos elegido nosotros como palabra rectora y directriz para nuestra vida. Siempre vivimos “guardando una palabra” que para nosotros es sagrada porque vamos tejiendo nuestra existencia en torno a ella. “Guardar la palabra de Jesús” significa, pues, que para nosotros la palabra en torno a la cual vamos tejiendo nuestra vida es la palabra de Jesús.

El cuarto mandamiento



1. El cuarto mandamiento.

Honra a tu padre y a tu madre, para que se prolonguen tus días sobre la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar (Éxodo 20,12). El evangelio se preocupa de subrayar que el Señor Jesús cumplió perfectamente este mandamiento, cuando afirma que vivía sujeto a ellos (Lucas 2,51), refiriéndose a san José y la Virgen, y que en su predicación subrayó la importancia de este mandamiento, como se ve en su polémica con los fariseos, donde les reprocha el escudarse en motivos religiosos para dejar de atender a los padres (Marcos 7,8-13). También el apóstol san Pablo subraya la importancia de este mandamiento (Efesios 6,1-3).

Aunque su formulación se refiere expresamente a la relación de los hijos para con sus padres, el cuarto mandamiento concierne, en realidad, a todas las relaciones “verticales” que existen en nuestra vida, y nos invita a verlas y vivirlas como signos de la relación “vertical” por excelencia, es decir, de la relación con Dios. La relación filial es, en este sentido, paradigmática, y por ello es ella la que está directamente mencionada. Pero la Iglesia ha entendido siempre este mandamiento como regulador también de las relaciones con los abuelos y con los antepasados en general, así como de las relaciones de los alumnos respecto a los maestros, de los empleados respecto a los patronos, de los subordinados respecto a sus jefes, de los ciudadanos respecto a su patria y a los que la administran y gobiernan (Catecismo 2199).

V Domingo de Pascua

15 de agosto 

15 de mayo de 2022

(Ciclo C - Año par)





  • Contaron a la Iglesia lo que Dios había hecho por medio de ellos (Hch 14, 21b-27)
  • Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey (Sal 144)
  • Dios enjugará toda lágrima de sus ojos (Ap 21, 1-5a)
  • Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros (Jn 13, 31-33a. 34-35)
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En el evangelio de hoy el Señor nos habla de la belleza. “Glorificar”, en efecto, significa, en la Biblia, “mostrar la belleza” de alguien. “Ahora es glorificado el Hijo del hombre y Dios es glorificado en él” significa, pues, “ahora se va a percibir la belleza del Hijo del hombre y la belleza de Dios en él”.

Para los hombres la belleza significa, a menudo, un atractivo, una fascinación, una seducción que después se revelan engañosas: una hermosa apariencia, pero a la que no corresponde una realidad igualmente hermosa. En cambio en la Biblia la belleza significa el esplendor de la verdad y “glorificar” significa, por lo tanto, “mostrar la verdad profunda de un ser”, mostrar esa verdad en todo su esplendor.

Jesucristo es “el más bello de los hombres” (Sal 44) porque su verdad profunda es la más bella. Esa verdad profunda es que Él es solo amor y misericordia, y que su destino es dar su vida por nosotros para que nosotros podamos participar de su vida divina, de la vida eterna que Él comparte con el Padre y con el Espíritu Santo. Dostoievski escribió: “La belleza salvará al mundo”; y añadió a continuación: “Pero, ¿de qué belleza se trata?”. Hay una belleza que es apariencia vacía de contenido, que es cosmética que disfraza la vacuidad de un ser; y hay una belleza que es Verdad y Amor: esa es la  belleza de Jesucristo y esa es la belleza que salvará al mundo.

Créame de nuevo, Señor

Oh Salvador Jesucristo,
te pido perdón e imploro tu clemencia.

Hubo un tiempo en que yo no existía,
y Tú me creaste

Yo no había orado,
y Tú me hiciste.

Yo no había sido dado a luz,
y Tú me viste.

Yo no había aparecido,
y Tú tuviste piedad de mí.

Yo no te había invocado,
y tú me cuidaste.

Yo no había hecho un signo con la mano,
y Tú ya me habías mirado.

Yo no había suplicado,
y Tú me hiciste misericordia.

Yo no había articulado un sonido,
y Tú ya me habías escuchado.

Yo no había suspirado,
y tú ya habías inclinado tu oído hacia mí.

IV Domingo de Pascua

15 de agosto 

8 de mayo de 2022

(Ciclo C - Año par)





  • Sabed que nos dedicamos a los gentiles (Hch 13, 14. 43-52)
  • Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño (Sal 99)
  • El Cordero los apacentará y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas (Ap 7, 9. 14b-17)
  • Yo doy la vida eterna a mis ovejas ( Jn 10, 27-30)
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En el evangelio de hoy, queridos hermanos, el Señor nos describe su relación con nosotros mediante la imagen del pastor que cuida de sus ovejas. Y lo hace mediante cuatro afirmaciones fundamentales:

1) Mis ovejas escuchan mi voz. En nuestro mundo y en nuestra vida suenan muchas voces (radio, televisión, medios de comunicación social, redes sociales…): nosotros las oímos todas, pero escuchamos sólo aquellas que nuestro corazón elige. Se oye con los oídos; pero se escucha con el corazón, porque escuchar es abrir nuestra alma, en una actitud de atención, de acogida y receptividad, hacia aquel que habla y hacia lo que nos dice. El cristiano oye muchas voces pero escucha la  voz del Señor otorgándole a ella una primacía e importancia sobre todas las demás voces. Lo cual supone, por parte nuestra, una opción, un acto libre, un juicio de valor.

Cómo se hace uno un canalla

(Esta reflexión de Lewis se enmarca dentro de la consideración de que en la vida social existen muchos “círculos cerrados” a los cuales el común de los mortales no tiene acceso, y que quienes pertenecen a uno de esos círculos tienen la sensación de pertenecer a una especie de “club” que los hace diferentes y distintos a todos los demás, y que posee una determinada “sabiduría”, una determinada manera de ver las cosas y de actuar. Estar o no estar, pertenecer o no pertenecer a ese “círculo cerrado” marca una diferencia socialmente importante. Y lo normal es que quienes no pertenecen a él se muera de ganas por poder entrar en él, por “estar en la pomada”)

Este es mi vaticinio: a nueve de cada diez hombres la ocasión de convertirse en un canalla no se les presentará –cuando se les presente- con tintes dramáticos. Es casi seguro que no aparecerán hombres evidentemente malvados, evidentemente perversos o corruptos. En torno a una copa o a un café, disfrazada de trivialidad y escoltada por dos bromas, de labios de un hombre o de una mujer a los que acabas de empezar a conocer mejor aún, justo en el momento en el que más te preocupa no parecer inmaduro, o ingenuo, o mojigato, surgirá la insinuación: una insinuación acerca de algo que no se ajusta del todo a las reglas técnicas del juego limpio; algo que el público, el público ignorante e idealista, nunca entendería; algo que sería motivo de escándalo incluso para quienes son ajenos a tu profesión; pero algo, te dice tu nuevo amigo, que “nosotros” –y ante la mención de la palabra “nosotros” tú intentas no ruborizarte de placer- “siempre hacemos”. Y no te verás arrastrado –si es que te ves arrastrado- por el ansia de beneficios o comodidades, sino simplemente porque en ese momento, cuando la taza estaba tan cerca de tus labios, no puedes soportar que te arrojen de nuevo al frío del mundo exterior. Sería horrible contemplar cómo el rostro del otro hombre –ese rostro agradable que refleja intimidad y encantadoramente sofisticado-se vuelve repentinamente frío y desdeñoso al saber que te han propuesto entrar en el círculo cerrado y tú lo has rechazado. Y entonces, si te has visto arrastrado dentro de él, la semana que viene surgirá algo que traspasa ligeramente las reglas, y al año siguiente algo que las traspasa todavía más; y todo ello en una atmósfera de lo más alegre y amigable. Puede que la cosa acabe en una bancarrota, en un escándalo y una sanción penal; puede que acabe en miles de millones, en un escaño en el parlamento y en la presidencia en la entrega de premios de tu antiguo colegio. Pero serás un canalla.



Autor: C. S. LEWIS
Título: El poder de la gloria
Editorial: Rialp, Madrid, 2019, (pp. 146-148)







III Domingo de Pascua

15 de agosto 

1 de mayo de 2022

(Ciclo C - Año par)





  • Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo (Hch 5, 27b-32. 40b-41)
  • Te ensalzaré, Señor, porque me has librado (Sal 29)
  • Digno es el Cordero degollado de recibir el poder y la riqueza (Ap 5, 11-14)
  • Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado (Jn 21, 1-19)
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Cada aparición del Resucitado es una fuente de revelación para los discípulos. Antes de subir al cielo el Señor tiene que inculcarles algunas verdades fundamentales, grabándolas en su corazón. La primera verdad que el Señor les revela, en esta nueva aparición, es la que ya les había dicho con anterioridad: “Sin mí no podéis hacer nada”. Después de haber estado toda la noche trabajando sin obtener nada, aparece ahora un desconocido que les indica que echen la red a la derecha de la barca y recogen en un instante lo que no habían sido capaces de recoger en toda la noche. Juan comprende enseguida que ese desconocido es el Señor, porque sólo Él posee una palabra que es fuente de vida, una palabra que otorga fecundidad allí donde el esfuerzo humano había fracasado: hacer lo que se ha estado haciendo siempre, pero hacerlo bajo la palabra del Señor, confiere a la vida una fecundidad inesperada.

Frases...

El objetivo del comunismo es hacer que los pobres sean ricos, mientras que el objetivo del cristianismo es hacer que los ricos se hagan pobres y que los pobres sean santos.



Dorothy Day

II Domingo de Pascua de la Divina Misericordia

15 de agosto 

24 de abril de 2022

(Ciclo C - Año par)





  • Crecía el número de los creyentes, una multitud tanto de hombres como de mujeres, que se adherían al Señor (Hch 5, 12-16)
  • Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia (Sal 117)
  • Estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos (Ap 1, 9-11a. 12-13. 17-19)
  • A los ocho días llegó Jesús (Jn 20, 19-31)
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El Señor se hace presente en medio de sus discípulos, que están “con las puertas cerradas” porque tienen miedo, y les saluda dándoles la paz; al mismo tiempo les muestra las llagas de las manos y del costado. Al mostrarles sus llagas, les está diciendo que él es el mismo de antes, el que sufrió y murió en la cruz, que no es otro. Al darles la paz, les indica que esas llagas no son incompatibles con la paz, que él tiene la paz y da la paz, porque ha aceptado el plan del Padre sobre él, el designio de amor para con los hombres que comportaba el que él fuera la víctima, el cordero “sin defecto ni mancha” preparado desde “antes de la fundación del mundo”. Al unir la donación de la paz con la mostración de las llagas el Señor nos está diciendo que la paz nace del abandono filial al Padre, de rezar de verdad el Padre Nuestro, de decir de verdad “hágase tu voluntad”, aunque esa voluntad comporte el sufrimiento.

La humildad vence siempre al demonio

Abba Antonio decía también: «He visto tendidos sobre la tierra todos los lazos del enemigo, y gimiendo he dicho: "¿Quién podrá escapar de todos ellos?". Y oí una voz que respondía: "La humildad"» (XV, 3).

Un hombre poseído por el demonio, que echaba espuma por la boca, abofeteó en el rostro a un monje anciano. Éste le presentó al punto la otra mejilla [cf. Mt 5,39]. Pero el demonio, no pudiendo soportar la quemadura de su humildad, salió inmediatamente del poseso (XV, 71).

Unos fueron a la Tebaida para visitar a un anciano. Llevaban consigo a un hombre atormentado por el demonio para que el anciano le curase. El anciano, después de que se lo pidieran con mucha insistencia, dijo al demonio: "Sal de esa criatura de Dios". Y el demonio respondió: "Salgo, pero te hago esta pregunta: Dime ¿quiénes son los cabritos y quiénes los corderos [cf. Mt 25,32]?". El anciano le contestó: "Los cabritos son los que son como yo. Quienes sean los corderos, eso Dios lo sabe". Al oírle el demonio vociferó: "Salgo por esta humildad tuya". Y desapareció al instante (XV, 84).

El diablo, transformado en ángel de luz, se apareció a un hermano, y le dijo: "Soy el ángel Gabriel y he sido enviado a ti". Pero el hermano le contestó: "Mira no sea que te hayan enviado a otro, porque yo no soy digno de que me envían un ángel". Y el demonio desapareció al punto (XV, 87).

Decía un anciano: «Si alguno dice "perdóname" con humildad, quema a los demonios tentadores» (XV, 98).

Un sacerdote pagano oyó lo que contaba el demonio y decidió hacerse monje. Y desde el comienzo de su conversión practicó la humildad más perfecta, pues decía: «La humildad quiebra toda la fuerza del enemigo, como yo mismo se lo oí a los demonios: "Cuando atacamos a los monjes, si uno de ellos hace una metanía, todo nuestro poder se desvanece"» (XV, 112).

Decían los ancianos: «Aunque se te aparezca de verdad un ángel, no le acojas fácilmente, sino humíllate, diciendo: "No soy digno de ver un ángel, yo que vivo en el pecado"» (XV, 88).

Se contaba que un anciano moraba en su celda y sufría fuertes tentaciones. Veía claramente a los demonios y se burlaba de ellos. Al verse vencido por el anciano, el demonio se le presentó y le dijo «Soy Cristo». Al verle, el anciano cerró los ojos. Y el diablo le dijo «Soy Cristo, ¿por qué cierras los ojos?». Y le contestó el anciano: «Yo aquí no quiero ver a Cristo, sino en la otra vida». Al oír esto despareció el diablo (XV, 89).

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

15 de agosto 

17 de abril de 2022

(Ciclo C - Año par)





  • Hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos (Hch 10, 34a. 37-43)
  • ste es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo (Sal 117)
  • Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo (Col 3, 1-4)
  • Él había de resucitar de entre los muertos (Jn 20, 1-9)
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El evangelio de hoy pone de relieve el papel de las mujeres que seguían y amaban a Jesús, en la constitución de la fe pascual, es decir, de la fe en la resurrección de Jesucristo. A lo largo de la vida terrena de Jesús, los evangelios nos hablan de algunas mujeres que le seguían y le servían con sus bienes (Lc 8, 3). A diferencia de los apóstoles, estas mujeres no fueron llamadas explícitamente por Jesús a su seguimiento, sino que son mujeres que, al encontrarse con él, entendieron inmediatamente que él era Aquel que su corazón esperaba desde siempre, Aquel en quien y por quien Dios iba a realizar su obra de salvación, en primer lugar en su propia vida; de alguna de ellas -de María Magdalena- el Señor había expulsado siete demonios (Lc 8, 2). Ellas habían comprendido también, de manera intuitiva, que “el asunto de Jesús” era Jesús mismo, era su Persona. Y por eso ellas cuidaban de Él, cuidaban de su Persona. Jamás ellas habrían planteado la cuestión que un día planteó Pedro: “Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido: ¿qué recibiremos, pues?” (Mt 19, 27). Esa cuestión es una cuestión propia de quien entiende que Jesús lleva entre manos un “asunto” -el Reino del que tanto habla- y quiere considerar la rentabilidad de implicarse en ese negocio. Sin embargo ellas tenían clarísimo que la recompensa era “estar con Él”: antes de que Pablo lo escribiera, ellas ya sabían que “estar con Cristo es, con mucho, lo mejor” (Flp 1, 23), y su corazón ya estaba colmado por la presencia del Señor.

Viernes Santo

15 de agosto 

15 de abril de 2022

(Ciclo C - Año par)





  • Él fue traspasado por nuestras rebeliones (Is 52, 13 - 53, 12)
  • Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu (Sal 30)
  • Aprendió a obedecer; y se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación (Heb 4, 14-16; 5, 7-9)
  • Pasión de nuestro Señor Jesucristo (Jn 18, 1 - 19, 42)
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La vida de Jesús, queridos hermanos, fue como la nuestra, como es toda vida humana. En ella el peso de las circunstancias, de las “casualidades”, fue enorme y determinó gran parte de su desarrollo. Pero lo típico de Jesús fue que él supo discernir, a través de todo ello, una llamada del Padre del cielo, una misión que el Padre le encomendaba, y que supo entregarse a ella de todo corazón. Por eso el Señor no vivió sus circunstancias como fatalidad sino como vocación, como llamada, como misión.

Jueves Santo

15 de agosto 

14 de abril de 2022

(Ciclo C - Año par)





  • Prescripciones sobre la cena pascual (Éx 12, 1-8. 11-14)
  • El cáliz de la bendición es comunión de la sangre de Cristo (Sal 115)
  • Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor (1 Cor 11, 23-26)
  • Los amó hasta el extremo (Jn 13, 1-15)
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La Iglesia celebra hoy los tres dones que el Señor nos entregó en la última cena: el don de la Eucaristía, el don del sacerdocio y el don del mandamiento nuevo que el Señor ejemplificó en el lavatorio de los pies y que formuló, un poco más adelante, diciendo: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros” (Jn 13,34).

El tercer mandamiento

 


1. El día del sábado.

“El día séptimo será día de descanso completo, consagrado al Señor” (Éxodo 31,15), proclama el tercer mandamiento del Decálogo. El sentido de este mandamiento radica ante todo en el hecho de que el actuar de Dios constituye para el hombre un modelo preceptivo: del mismo modo que Dios “tomó respiro” el día séptimo (Éxodo 31,17), también el hombre debe “descansar” y hacer que los demás, sobre todo los pobres, “recobren aliento” (Éxodo 23,12). De este modo la observancia del sábado, interrumpiendo los trabajos cotidianos, constituye una protesta contra las servidumbres del trabajo y el culto al dinero (Nehemías 13,15-22).

La observancia del sábado constituye un memorial de la creación del mundo y de la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto: Pues en seis días hizo el Señor el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto contienen, y el séptimo descansó; por eso bendijo el Señor el día del sábado y lo hizo sagrado (Éxodo 20,11). Y también: Acuérdate de que fuiste esclavo en el país de Egipto y de que el Señor tu Dios te sacó de allí con mano fuerte y tenso brazo; por eso el Señor tu Dios te ha mandado guardar el día de sábado (Deuteronomio, 5,15). Por ello mismo es un signo de la alianza de Dios con su pueblo: Los israelitas guardarán el sábado celebrándolo de generación en generación como alianza perpétua (Éxodo 31,16).

Jesús nunca faltó a la santidad del día del sábado, sino que, con autoridad, dio la interpretación auténtica de esta ley afirmando que el sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado (Marcos 2,27). Y que si el sentido del sábado es configurarnos con el obrar divino es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla (Marcos 3,4), pues el actuar de Dios es misericordia y salvación para el hombre. Por eso Jesús curó en día de sábado (Mateo 12,9-14) argumentando: si se circuncida a un hombre en sábado, para no quebrantar la Ley de Moisés, ¿os irritáis contra mí porque he curado a un hombre entero en sábado? (Juan 7,23), y afirmando que el Hijo del hombre es Señor del sábado (Marcos 2,28).