La ideología de género coloca a las sociedades en unas situaciones caóticas, al poner en peligro la realidad de la paternidad y de la filiación. A los ojos de algunos gobernantes occidentales, las palabras “padre” y “madre” se han convertido en inconvenientes. Prefieren hablar de “padre 1” y “padre 2”, o de “engendrador 1” y “engendrador 2”. Las primeras víctimas de estos comportamientos son evidentemente los hijos.
A la base de esta ideología está la célebre frase de Simone de Beauvoir: “La mujer no nace, se hace”. Detrás de esta frase lo que hay es una negación de la condición de criatura, es el rechazo a reconocer que el ser humano ha recibido de Dios una naturaleza que le es dada en el acto de la Creación, una naturaleza por la cual se es hombre siendo varón o mujer, independientemente de la voluntad y de la libertad de cada uno. Según esta ideología el hombre sería sólo espíritu y libertad y, con su libertad, decidiría ser varón o ser mujer. Pero si la dualidad hombre-mujer no existe como dato de la Creación, entonces la familia tampoco existe como realidad establecida por Dios al crear al hombre.













