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Incertidumbre

Señor, Dios mío,
no tengo ni idea de adónde voy.
No veo el camino que tengo por delante.
No puedo saber con certeza dónde va a terminar.
Tampoco me conozco realmente,
y el hecho de que crea que estoy cumpliendo tu voluntad
no significa que de verdad lo haga.
Pero creo que el deseo de agradarte de hecho te complace.
Y espero tener ese deseo en todo lo que hago.
Espero no hacer nunca nada aparte de tal deseo.
Y sé que si obro así,
me guiarás por el camino recto,
aunque yo no lo sepa.
Por eso confiaré siempre en ti,
aunque parezca perdido
y a la sombra de la muerte.
No temeré, pues siempre estás conmigo,
y nunca me dejarás que me enfrente solo a los peligros.





Autor: Thomas MERTON
Título: Pensamientos en soledad
Editorial: Sal Terrae, Bilbao, 2023, (p. 91)







Esta noche no entiendo nada

Señor, esta noche no entiendo nada.
Mi alma se vistió de soledad.
Tengo agujetas de dolor en el corazón.
Parece que todo va a estallar de un momento a otro.
Solo me quedas Tú y mi pequeña lucecita de fe,
que te pido me la aumentes
para descubrir tu luz en medio de tanta oscuridad.
Quiero convertir mis quejas en oración;
mi vida en un canto de alabanza.
Aun en medio del sufrimiento,
sé que Tú estás ahí amándome,
para que encuentre la paz, tu paz.


Francisco Cerro Chaves


Danos santos

Señor, danos santos,
no solamente personas libres y plenamente generosas.

No solamente personas arriesgadas que hacen brillar la justicia,
sino personas de Dios,
para quienes Tú eres todo.

No solamente personas fraternas, atentas a toda miseria
y serviciales ante cualquier infortunio,
sino personas llenas de amor por Ti, Señor,
que solo viven de Ti.

Personas que yo no podría mirar sin verte
ni sabría escuchar sin oírte.

Personas que arrancarían del mundo el materialismo,
invadiéndolo de tu presencia.

Tenemos necesidad de santos,
de grandes santos.

Solo Tú puedes suscitarlos: elígelos:
Entre pobres y ricos, entre ignorantes y sabios,
En el mundo y en la vida religiosa.

Danos santos, Señor. Amén.

Oración de la Iglesia de Oriente

Tú eres el Silencio infinito

Dios mío,
cuando digo de ti que tú eres el Inmenso,
el Totalmente Otro, el Todopoderoso,
estas palabras aplicadas a ti no son mas que cáscaras de nuez vacías…
Pero me ayudan a ponerme de rodillas, en silencio, y a adorarte.
Y cuando digo de ti que tú eres el más cercano,
más presente a mí mismo que mi propio nombre,
entonces, Dios mío, yo sé que la realidad supera también infinitamente la ficción de mis palabras…
Porque tú eres el Santo, el gran Separado, el Silencio infinito,
y tu Palabra crea los mundos.
Tú tienes un único Pensamiento
y todos los pensamientos vienen de ti.
Tú tiene un único Amor,
y todo amor viene de ti.
Tú eres Dios.
Tú eres el Solo.
Tú eres.

Jacques Loew O.P.
(1908-1999)


Tú que sabes curar

Señor nuestro,
me arrodillo ante Ti,
que sabes curar,
pues todo don perfecto de Ti procede.

Te ruego que hagas hábiles mis manos,
lúcidos mis pensamientos,
bondadoso y manso mi corazón.

Concédeme determinación,
la fuerza necesaria
para aliviar una parte del sufrimiento de mi prójimo
y la comprensión del privilegio que tengo.

Aparta de mi corazón todo engaño y mundanería
para que pueda,
con la sencillez de un niño,
confiar en Ti.


Santa Teresa de Calcuta

Aparta de mí, Señor

Señor, te suplico que apartes de mí cuanto me arranca,
separa y aleja de Ti,
y a Ti de mí.

Aparta de mí lo que me hace mezquino,
lo que me hace seco,
lo que me hace rígido,
complicado,
abatido,
lo que me hace indigno de que me visites,
me corrijas,
me ames
y me quieras bien.

Compadécete de mí, Señor,
compadécete siempre de mí,
y aparta de mí todo aquello que me impide verte,
oírte,
gustarte,
sentirte,
tocarte,
tenerte presente
y disfrutar contigo.


San Pedro Fabro


Oración para después de comulgar

Dios mío,
cuando aceptas que te reciba, te coma y te beba,
y por un momento estableces tu morada en mí,
haz que mi corazón palpite con el tuyo.

Purifícalo de todo lo que es terrenal,
de todo lo que es orgullo y sensualidad,
de todo lo que es duro y cruel,
de toda perversidad, de todo desorden, de toda mortalidad.

Llénalo tanto de ti que ni los acontecimientos del momento,
ni las circunstancias de la época tengan poder de alterarlo,
sino que en tu amor y en tu temor pueda hallarse en paz.


San John Henry Newman

Recibe Señor

Recibe, Señor, nuestros miedos y transfórmalos en confianza.
Recibe, Señor, nuestro sufrimiento y transfórmalo en conocimiento.
Recibe, Señor, nuestro silencio y transfórmalo en adoración.
Recibe, Señor, nuestras crisis y transfórmalas en madurez.
Recibe, Señor, nuestras lágrimas y transfórmalas en plegaria.
Recibe, Señor, nuestra ira y transfórmala en paciencia.
Recibe, Señor, nuestro desánimo y transfórmalo en fe.
Recibe, Señor, nuestra soledad y transfórmala en contemplación.
Recibe, Señor, nuestras amarguras y transfórmalas en paz del alma.
Recibe, Señor, nuestra espera y transfórmala en esperanza.
Recibe, Señor, nuestra muerte y transfórmala en resurrección.



Arnaldo Pangrazzi

Ilumina las tinieblas de mi alma

Señor, Dios de todos,
Poderoso en todo,
Sede infinita e incomprensible de todas las cosas;

Con todo tu Ser Tú estás cerca de todos;
Tú no estás encerrado en un espacio,
Y no hay ningún lugar en el que no estés Tú.

Tú no eres visible a los ojos,
Y sin embargo no hay visión alguna sin el concurso de tu luz.

¡Gloria temible,
Nombre incomprensible,
Apelación majestuosa,
Palabra infinita,
Esencia inescrutable!

Inaccesiblemente Alejado,
y sin embargo inmediatamente Cercano.

Tú estás atento al gemido,
Tú percibes la miseria,
Tú te acercas en la desgracia.

¡Tú remedias todo lo que es irremediable,
Padre muy compasivo,
Tú muestras tu misericordia,
Dios de consuelo!

En la misericordia de tu luz
ilumina las tinieblas de mi alma
para curarla, perdonarla y vivificarla,
oh Fuerza incorruptible.

A Ti la gloria en todo.
Amén.


San Gregorio de Narek
(944-1010)

Cristo, fuente de luz

Tu nacimiento inefable, oh Cristo,
ha precedido al origen de los siglos.
Tu eres la fuente de la luz,
el rayo que brilla con el Padre.
Tú disipas la opacidad de la materia
e iluminas el alma de los santos.

Eres tú, Cristo, quien ha creado el mundo,
las órbitas y los astros;
tú sostienes el centro de la tierra,
tú salvas a todos los hombres.
Por ti el sol inicia su curso
e ilumina todos nuestros días.
Por ti germinan las semillas
y apacientan los rebaños.
De tu manantial inagotable brota el esplendor
de la vida que da al universo su fecundidad.
Y tu seno hace renacer la luz,
la inteligencia y el alma.

Al celebrar así tu gloria, oh Cristo,
yo canto también a tu Padre y a su majestad suprema;
yo canto, con el mismo honor, al Espíritu
que es el vínculo entre el Principio y el Engendrado.
Al celebrar el poder del Padre,
mis cantos despiertan en mí
los sentimientos más profundos de mi alma.
¡Salve, belleza del Padre!
¡Salve, Espíritu purísimo que unes al Hijo y al Padre!
Oh Cristo, haz descender sobre mí
este Espíritu con el Padre.
Que sea para mi alma como un rocío,
y que la colme de tus dones reales.

(Sinesio de Cirene +414)



Danos santos



Señor, danos santos,
no solamente personas libres y plenamente generosas.

No solamente personas arriesgadas que hacen brillar la justicia,
sino personas de Dios,
para quienes Tú eres todo.

No solamente personas fraternas, atentas a toda miseria
y serviciales ante cualquier infortunio,
sino personas llenas de amor por Ti, Señor,
que solo viven de Ti.

Personas que yo no podría mirar sin verte
ni sabría escuchar sin oírte.

Personas que arrancarían del mundo el materialismo,
invadiéndolo de tu presencia.

Tenemos necesidad de santos,
de grandes santos.

Solo Tú puedes suscitarlos: elígelos:
Entre pobres y ricos, entre ignorantes y sabios,
en el mundo y en la vida religiosa.

Danos santos, Señor. Amén.


(Oración de la Iglesia de Oriente)

Oración en formato pdf

Tu nombre Padre

¿Quién eres tú, Señor, y quién soy yo?
Tú eres el Dios de infinita majestad,
gloria de los ángeles y alegría de todos los elegidos.
En tu presencia los cielos, la tierra y todo lo que contienen
son menos que un grano de arena.
Y yo soy un pequeño gusano de tierra,
pecador e hijo de Adán pecador.
¡Y sin embargo tú quieres que yo te llame PADRE!
¡Qué excelencia y dignidad me concedes!
Que mi alma sepa reconocerla
y que te dé todas las gracias que te debo.
Y como yo no soy capaz de hacerlo,
suplico a los ángeles que me ayuden
a alabarte y darte gracias continuamente.

Abandono

Padre santo, recíbeme escondida
en tu paternidad, caricia tierna,
y sé mi dulce paz, mi herencia eterna
al terminar el curso de mi vida.

Recíbeme, Jesús, divino hermano,
y comparte en fraterna compañía
el peso y el calor de cada día;
llévame suavemente de la mano.

Espíritu de amor, fuego divino,
recíbeme en tu eterno movimiento
que es del Padre y del Hijo santo lazo.

Sé mi amigo y maestro en el camino
y dame el refrigerio de tu aliento,
la gloria de tu beso y de tu abrazo.


María Amelia Fe y Olivares



Tú serás mi fuerza y mi guía

¡Tú serás mi fuerza, Dios mío!,
tú serás mi guía, mi consejo,
mi paciencia, mi paz y mi prudencia.
Recurriré a ti en mis tentaciones,
en mis sequedades, mis disgustos,
mis desolaciones y mis temores…
Concédeme, Dios mío, no temer más
las ilusiones o los artificios del demonio,
ni mi propia debilidad, ni mi desconfianza.
Porque tú tienes que ser mi fuerza en todas mis cruces;
tú me lo prometes
en proporción a mi confianza, y,
lo que es admirable, Dios mío,
es ver que, al mismo tiempo que tú pones esa condición,
tú mismo me concedes esta confianza.

¿Qué haría yo, Señor, si tú no fueras mi fuerza?
Pero puesto que tú me aseguras que lo eres,
¿qué dejaré de hacer para tu gloria?
Pues todo lo puedo en Aquel que me hace fuerte.
Por donde quiera que vaya, tú estás en mí y yo en ti.
Por lo que en cualquier lugar que yo me encuentre,
en cualquier peligro o enemigo que me amenace,
yo tengo la fuerza en ti.


San Claudio de la Colombière
(1641-1682)

Quiero encontrarte, Señor

¡Te necesito, Señor!, porque sin Ti mi vida se seca.
Quiero encontrarte en la oración, en tu presencia inconfundible, 
durante esos momentos en los que el silencio se sitúa de frente a mí, ante Ti. 
¡Quiero buscarte!

Quiero encontrarte dando vida a la naturaleza que Tú has creado;
en la transparencia del horizonte lejano desde un cerro,
y en la profundidad de un bosque que protege con sus hojas
los latidos escondidos de todos sus inquilinos.
¡Necesito sentirte alrededor!

Quiero encontrarte en los sacramentos, en el reencuentro con tu perdón, 
en la escucha de tu palabra, en el misterio de cotidiana entrega radical. 
¡Necesito sentirte dentro!

Quiero encontrarte en el rostro de los hombres y mujeres,
en la convivencia con mis hermanos;
en la necesidad del pobre y en el amor de mis amigos;
en la sonrisa de un niño y en el ruido de la muchedumbre.
¡Tengo que verte!

Quiero encontrarte en la pobreza de mi ser,
en las capacidades que me has dado,
en los deseos y sentimientos que fluyen en mí,
en mi trabajo y mi descanso,
y un día, en la debilidad de mi vida,
cuando me acerque a las puertas del encuentro cara a cara contigo.


Pierre Teilhard de Chardin


Acuérdate de mí en tu misericordia

Tú que eres siempre Señor bondadoso,
Tú que eres Luz en medio de las tinieblas,
Tú que eres Tesoro de bendición,
Misericordioso, Compasivo,

Amigo de los hombres, Capaz,
Poderoso, Inenarrable,
Inescrutable, Indecible,

Omnipotente tal como se le dijo a Jacob (Gn 35, 11),
Tú que haces posible, con toda facilidad, lo que es imposible,
Fuego que devoras la maleza de los pecados,
Rayo que inflama y penetra el universo
en un gran misterio,

acuérdate de mí en tu misericordia, oh Bendito,
y no en tu justicia;
en tu perdón,
y no en tus sanciones;
en tu longanimidad
y no en tu rigor.

A Ti la gloria en todo
por los siglos de los siglos.
Amén.



San Gregorio de Narek
(944-1010)

Oración enamorada

Quiero hacer con mi vida una oración,
agradecer tus gracias y tus dones,
pedirte, mi Señor, que me perdones,
y poner a tus pies mi corazón.

Yo quiero compartir tu redención,
basar en tu verdad mis ilusiones,
servirte diligente en tus misiones
y al final, merecer tu bendición.

Eres mi amor, mi amigo, mi cobijo.
Como al ladrón que tu bondad bendijo,
condúceme hasta el Reino de tu Padre.

Oye el ruego que humilde te dirijo,
dile a María: ahí tienes a tu hijo.
Y dime: hijo, ahí tienes a tu Madre.


Emma-Margarita R.A.-Valdés



Santo Tomás Moro

Señor,
concédeme una buena digestión, y también algo que digerir.
Concédeme la salud del cuerpo y el sentido común necesario
para conservarla lo mejor posible.
Concédeme, Señor, un alma santa,
que no pierda nunca de vista lo que es bueno y puro,
que no se asuste a la vista del pecado,
sino que encuentre el modo de volver a poner todo en orden.
Concédeme un alma que no conozca el aburrimiento,
que no sea quejica ni ande siempre entre lamentaciones y suspiros.
No permitas que me preocupe demasiado de mí mismo,
ni que me conceda demasiada importancia.
Dios mío, concédeme el sentido del humor,
la gracia de comprender las bromas,
para que saboree un poco de felicidad en la vida
y sepa transmitirla a los demás.


Santo Tomás Moro

Oración para cambiar



Señor, cambia la palabra de mi boca
en caricia, comprensión, buena noticia.
Cambia mis oídos llenos de ruidos y críticas,
en atención acogedora.
Cambia mis ojos curiosos,
en una mirada misericordiosa y contemplativa.
Cambia mis manos activistas
en otras que acompañen y construyan vidas.
Cambia mis pies veloces y estresados
en otros rápidos que busquen al hermano.
Cambia mi cabeza llena de agobios,
en otra sosegada y solidaria.
Cambia mi corazón distraído y frívolo,
en otro que busque, encuentre y disfrute.
Señor, envuélveme en tu amor, renuévame por dentro.

Oración de un preso


Padre,
no mires dónde estoy,
pero mira mi corazón sumido en continuos dolores y angustias.
Dame la fuerza para gritar tu Nombre.
Haz que te pueda decir: ¡perdón!
Perdona a los que me han incitado al mal.
Perdóname si he tenido poco amor hacia tu mano
que me acariciaba y yo no la sentía.
Perdóname si no he apreciado el bien que venía de Ti.
Bendice, Padre, ni corazón dolorido.
¡Ten piedad!
Piedad de los que sufren por mi causa.
Piedad por estos mis hermanos más pequeños,
que viven en la tristeza como yo y más que yo,
que no saben que más allá del dolor estás Tú.
Bendice mi hogar lejano.
Bendice a mis seres queridos.
Dales cada día el pan y la paz que yo también deseo.
Bendice mi jornada.
Haz que yo,
y todos aquellos que están expiando aquí como yo,
podamos tener la fe y la alegría de creer.
Haz que la experiencia de nuestra vida cotidiana,
iluminada cristianamente,
nos disponga a la resignación y a la bondad.
Haz que en este nuestro intenso dolor
podamos encontrarte, Señor.

Que así sea.