Esta noche no entiendo nada

Señor, esta noche no entiendo nada.
Mi alma se vistió de soledad.
Tengo agujetas de dolor en el corazón.
Parece que todo va a estallar de un momento a otro.
Solo me quedas Tú y mi pequeña lucecita de fe,
que te pido me la aumentes
para descubrir tu luz en medio de tanta oscuridad.
Quiero convertir mis quejas en oración;
mi vida en un canto de alabanza.
Aun en medio del sufrimiento,
sé que Tú estás ahí amándome,
para que encuentre la paz, tu paz.


Francisco Cerro Chaves


XXVI Domingo del Tiempo Ordinario

 


XXVI Domingo del Tiempo Ordinario
(Ciclo A - Año par)
27 de septiembre de 2026

  • Cuando el malvado se convierte de la maldad, salva su propia vida (Ez 18, 25-28)
  • Recuerda, Señor, tu ternura (Sal 24) 
  • Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús (Flp 2, 1-11)
  • Se arrepintió y fue. Los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios (Mt 21, 28-32)
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Frases...

Pudor y don

Solo el pudor caracteriza la verdadera donación: quien no se borra detrás de su don no se da.

Martin Steffens

50 aniversario del ministerio sacerdotal


 Celebración del 50 aniversario del ministerio sacerdotal de 
D. Fernando Colomer Ferrándiz

25 de septiembre de 2026

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XXV Domingo del Tiempo Ordinario

 


XXV Domingo del Tiempo Ordinario
(Ciclo A - Año par)
20 de septiembre de 2026

La identidad de cada hombre

Pobre hombre, crees saber quién eres, porque sabes el nombre de tu padre y el otro, que has recibido en el bautismo, pero no sabes el nombre de tu alma y, en consecuencia, te ignoras a ti mismo con una ignorancia infinita. Ése es el secreto de Dios y, hasta la muerte, nuestra identidad nos es desconocida e impenetrable. Sólo Adán, antes de la Caída, pudo conocer la suya.

La personalidad, la individualidad humana escrita y firmada por Dios en cada rostro, y algunas veces impresa de modo formidable sobre el de un gran hombre, es algo del todo sagrado, algo para la Resurrección, para la Vida eterna, para la Unión beatífica.

Cada fisonomía humana es una puerta muy particular del Paraíso, imposible de confundir con las otras, y por la que no entrará más que una sola alma (…) La personalidad, la individualidad, es la visión particular que cada hombre tiene de Dios.


Léon Bloy


XXIV Domingo del Tiempo Ordinario

 


XXIV Domingo del Tiempo Ordinario
(Ciclo A - Año par)
13 de septiembre de 2026

  • Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados (Eclo 27, 30 - 28, 7)
  • El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia (Sal 102) 
  • Ya vivamos, ya muramos, somos del Señor (Rom 14, 7-9)
  • No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete (Mt 18, 21-35)
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Frases...

Pobreza

A veces nos resulta más fácil repartir todos nuestros bienes a los pobres que reconocernos nosotros mismos pobres.

Madre Verónica María

XXIII Domingo del Tiempo Ordinario

 


XXIII Domingo del Tiempo Ordinario
(Ciclo A - Año par)
6 de septiembre de 2026

Orar por la transfiguración del mundo

“Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios. La creación, en efecto, fue sometida a la vanidad, no espontáneamente, sino por aquel que la sometió, en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto. Y no solo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo (…) Y de igual manera el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables, y el que escruta los corazones conoce cuál es la aspiración del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios” (Rm 8, 19-23. 26-27).

Así pues es la oración la que asume la espera y los gemidos que atraviesan la Creación. A los gemidos de la Creación hacen eco los gemidos que el Espíritu profiere en el corazón de nuestra plegaria. San Pedro precisa que esta transformación que la Creación anhela llegará de un modo inesperado: “El Día del Señor llegará como un ladrón; en aquel día, los cielos, con ruido ensordecedor, se desharán; los elementos, abrasados, se disolverán, y la tierra y cuanto ella encierra se consumirá. Puesto que todas estas cosas han de disolverse así, ¿cómo conviene que seáis en vuestra santa conducta y en la piedad, esperando y acelerando la venida del Día de Dios, en el que los cielos, en llamas, se disolverán y los elementos, abrasados, se fundirán? Pero esperamos, según nos lo tiene prometido, nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia” (2 P 10-13). San Marcos afirma que “si el Señor no abreviase aquellos días, no se salvaría nadie, pero en atención a los elegidos que él escogió, ha abreviado los días” (Mc 13, 20). La oración acelera y aligera la transfiguración en Dios de toda la Creación.