Santos Pedro y Pablo

 


Santos Pedro y Pablo
(Ciclo A - Año par)
28 de junio de 2026

  • Ahora sé realmente que el Señor me ha librado de las manos de Herodes (Hch 12, 1-11)
  • El Señor me libró de todas mis ansias (Sal 33)
  • Me está reservada la corona de la justicia (2 Tim 4, 6-8. 17-18)
  • Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos (Mt 16, 13-19)
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Frases...

Aunque estemos todos en el fondo de un agujero, algunos de nosotros miran las estrellas.


Oscar Wilde

Tú que sabes curar

Señor nuestro,
me arrodillo ante Ti,
que sabes curar,
pues todo don perfecto de Ti procede.

Te ruego que hagas hábiles mis manos,
lúcidos mis pensamientos,
bondadoso y manso mi corazón.

Concédeme determinación,
la fuerza necesaria
para aliviar una parte del sufrimiento de mi prójimo
y la comprensión del privilegio que tengo.

Aparta de mi corazón todo engaño y mundanería
para que pueda,
con la sencillez de un niño,
confiar en Ti.


Santa Teresa de Calcuta

XII Domingo del Tiempo Ordinario

 


XII Domingo del Tiempo Ordinario
(Ciclo A - Año par)
21 de junio de 2026

Una difícil conversación

(El texto recoge una conversación bastante dura, largamente esperada, entre un anciano padre y su hijo Jack que ha sido “la oveja negra” de su familia. Habitando en un pequeño pueblo llamado Gilead, en el que el padre era pastor metodista de una de sus parroquias, Jack, en efecto, tuvo una hija, de una relación extramatrimonial con una chica de familia muy pobre y no luchó por conseguir su tutela, permitiendo que la niña muriera y desapareciendo después de su casa sin dar noticias de su paradero. También cometió algunos hurtos que le convirtieron en el “delincuente” de la familia y que le llevaron más tarde a la cárcel. El padre se sintió deshonrado por la conducta de este hijo, que le costó el ser desposeído de su parroquia. Ahora, al cabo de muchos años, cuando ya su madre ha muerto, ha regresado por un tiempo y está en la casa paterna, donde solo habita su padre y su hermana Glory, la hija soltera que cuida del padre)

Entonces oyeron un chirrido de muelles de cama y el suave arrastrar de unos pies en zapatillas y el tac tac del bastón. Al cabo de un momento, su padre apareció en la puerta con la camisa de dormir, pálido y con el pelo revuelto, pero con un porte sereno y solemne. Miró primero a Glory, luego a la ventana y, finalmente, como si hubiera encontrado el valor para hacerlo, se volvió a Jack.

-Oh. -Se le escapó un sonido apesadumbrado, pero enseguida, se reanimó-: He pensado que me gustaría un poco de conversación. Os he oído hablando aquí fuera y he venido a participar. Sí.

Jack lo ayudó a ocupar un asiento y volvió al suyo. El viejo le tomó la mano.

-Creo que estaba de mal genio –dijo.

-Me lo merecía –dijo Jack.

-No, no –replicó su padre-. No es así como quería que fueran las cosas. Me lo había prometido mil veces, que si volvías a casa no oirías nunca de mi boca una palabra de reproche. No importaba lo que sucediera.

-No importa. Merezco el reproche.

-Debes dejar a Dios la decisión de qué mereces. Piensas demasiado en ello, en qué mereces. Creo que una parte del problema está ahí.

-Me parece que en eso llevas razón –sonrió Jack.

-Nadie se merece nada, bueno o malo. Todo es gracia. Si aceptas eso, quizás puedas tranquilizarte un poco.

-No sé por qué, no he tenido nunca la sensación de que esa gracia me estuviera reservada a mí, en particular.

-¡Ah! ¡Tonterías! ¡Esto es sencillamente ridículo –dijo el padre. Cerró los ojos y retiró la mano. Luego murmuró-: He vuelto a perder los estribos.

-No se preocupe por eso, papi –Jack se rió.

-No me llames así –replicó el viejo al cabo de un momento.

-Lo siento.

-No me gusta un ápice. ¡Papi! Suena ridículo. Infantil.

-No volveré a decirlo. –Jack ser desperezó y sonrió a Glory con las cejas enarcadas como si dijera, “Agradecería que me ayudaras”.

XI Domingo del Tiempo Ordinario

 


XI Domingo del Tiempo Ordinario
(Ciclo A - Año par)
14 de junio de 2026

  • Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa (Ex 19, 2-6a)
  • Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño (Sal 99)
  • Si fuimos reconciliados por la muerte del Hijo, ¡con cuánta más razón seremos salvados por su vida! (Rom 5, 6-11)
  • Llamó a sus doce discípulos y los envió (Mt 9, 36 - 10, 8)
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Frases...

Conocer el mal

“No es el pecador el que conoce el pecado, sino el santo. 
Es el héroe el que sabe lo que es la mediocridad, no el mediocre”


Henri de Lubac

Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo



Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo
(Ciclo A - Año par)
7 de junio de 2026

  • Te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres (Dt 8, 2-3. 14b-16a)
  • Glorifica al Señor, Jerusalén (Sal 147)
  • El pan es uno; nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo (1 Cor 10, 16-17)
  • Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida (Jn 6, 51-58)
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Mi desorden

Par la mayoría de nosotros el camino hacia el orden pasa a través del desorden; intentar eludirlo es arriesgarse a esquivar la vida. Ser consciente, aunque sea subliminalmente, del desorden que padezco, pero fingir que no existe, es alimentar una ilusión. Sobre esta base no es posible ninguna relación verdadera ni ninguna vida espiritual. ¿Cómo puedo curarme si me empeño en dar la impresión de que no estoy enfermo?

“No he venido –dice el Señor- a llamar a conversión a justos, sino a pecadores” (Lc 5, 32). Lo podríamos parafrasear así: “No he venido a llamar a los que ya caminan rectamente (pues saben adonde van); mi misión es para los que han seguido un camino equivocado. Los convoco y les propongo una metanoia, una nueva visión de la realidad”. Cristo, “el más hermoso de los hombres” (Sal 44, 2), revela la belleza del orden. Pero no le sorprende nuestro desorden, por mísero que sea.

Cuando leemos la vida de los santos, vemos una y otra vez la magnanimidad de Dios al permitir que hombres y mujeres vivan largos periodos de desorden antes de despertar a la gracia como si los siete días de la creación, con sus distinciones graduales, se realizaran de nuevo en las vidas individuales; como si todos tuviéramos que llevar a cabo un éxodo personal para volver a casa desde Egipto, un viaje no tan largo, en realidad, pero prolongado por la repetición de rebeliones, demoras y malentendidos. También estos representan su papel en la Providencia de Dios. Deben enseñarnos algo: “Acuérdate de todo el camino que el Señor tu Dios te ha hecho recorrer durante estos cuarenta años en el desierto para humillarte, para probarte y para conocer lo que había en tu corazón: si ibas a guardar sus mandamientos o no” (Dt 8, 2). Esto sigue siendo lo esencial a la hora de afrontar mi desorden. ¿Estoy dispuesto a reconocer y nombrar lo que hay en mi corazón? Desde este punto de partida ¿dejaré que la llamada de Dios me ordene y me reforme?





Autor: Erik VARDEN
Título: Castidad. La reconciliación de los sentidos
Editorial: Encuentro, Madrid, 2023, (p. 76)