me arrodillo ante Ti,
que sabes curar,
pues todo don perfecto de Ti procede.
Te ruego que hagas hábiles mis manos,
lúcidos mis pensamientos,
bondadoso y manso mi corazón.
Concédeme determinación,
la fuerza necesaria
para aliviar una parte del sufrimiento de mi prójimo
y la comprensión del privilegio que tengo.
Aparta de mi corazón todo engaño y mundanería
para que pueda,
con la sencillez de un niño,
confiar en Ti.
Santa Teresa de Calcuta
