XXII Domingo del Tiempo Ordinario
(Ciclo A - Año par)
30 de agosto de 2026
- La palabra del Señor me ha servido de oprobio (Jer 20, 7-9)
- Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío (Sal 62)
- Presentad vuestros cuerpos como sacrificio vivo (Rom 12, 1-2)
- Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo (Mt 16, 21-27)
- Homilía en formato pdf
El evangelio de hoy, queridos hermanos, es la continuación inmediata del evangelio del domingo pasado, por lo que llama mucho la atención que Pedro, que fue declarado “dichoso” por el Señor y constituido “piedra” sobre la que edificar su Iglesia, sea ahora mismo llamado Satanás y conminado a alejarse de él. ¿Qué ha ocurrido en tan breve espacio de tiempo?
Ha ocurrido que el Señor ha revelado que tiene que realizar su misión como Mesías a través del sufrimiento, la muerte y su posterior resurrección, y esto –el sufrimiento y la muerte- ha descolocado totalmente a Pedro, que probablemente esperaba de Jesús que pusiera fin a toda necesidad y sufrimiento humano y no precisamente que fuera él mismo sometido al sufrimiento y a la muerte. La reacción de Pedro es como la de aquellos que piensan que un Dios que no me libra del dolor no me sirve para nada. Por eso Pedro intenta disuadir a Jesús de seguir ese camino.





