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Sed misericordiosos como vuestro Padre celestial es misericordioso (Lc 6, 36)

Catequesis parroquial nº 133

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 1 de junio de 2016

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Misericordia y Verdad

Catequesis parroquial nº 132

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 20 de abril de 2016

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La alegría de tu misericordia

«Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo» (Salmo 89, 14)


Que lo que colme los anhelos de mi alma y de este modo la sacie sea tu misericordia, no tu justicia, humanamente entendida como justicia retributiva con la que das a cada uno “lo suyo”, lo que cada cual merece. 
Que sea, en cambio, “tu misericordia”, es decir, esa peculiar manera tuya, Señor, de “hacer justicia” que consiste en cargar Tú con la culpa del pecador y expiarla muriendo por él en la cruz. 
Que sea este misterio tan terrible y tan dulce de tu misericordia el que invada mi alma cada mañana y la sacie, a fin de que saciada con tu misericordia, ya no tenga hambre de los bienes relativos y efímeros de este mundo. 
Y entonces toda mi vida será “alegría y júbilo”. Pues el júbilo y la alegría proceden de la adhesión a tu misericordia, Señor: eso es lo que me llena el corazón de esperanza para todo hombre, incluso para mí mismo, y me permite vivir en la alegría y el júbilo.
Que así sea.

Dios es sólo amor y misericordia

Catequesis Parroquial nº 131.2
Retiro de Cuaresma 2016 (2/3) 

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 17/02/2016

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La misericordia



Existe en la vida
frente a tantas asperezas una sola ternura:
la misericordia
frente a tantos extravíos una sola certeza:
la misericordia
frente a tantos exilios una sola morada:
la misericordia.

La misericordia es el irrumpir de Dios
por el que nos llama a la Vida
y por el que todo va siendo transmutado en una libertad nueva.

La existencia se convierte entonces
en un camino y una espera.
Y en la espera todo se hace responsabilidad,
es decir, dolor.
Tu fragilidad, el caminar del hermano,
los acontecimientos del mundo, el corazón de la Iglesia:
todo se hace en ti un peso insoportable
que tienes que asumir
en un deseo profundo de apasionada totalidad.

Y como Dios no está nunca en la división
sino siempre en la unidad más grande,
este breve texto
quiere ser un frágil signo exterior
de esa comunión que Su intervención
va madurando definitivamente entre nosotros.

Para que cada uno viva la memoria
de tanta gratuidad
y realice cada día,
con decisión,
su propia fidelidad
“en la espera de que se cumpla la feliz esperanza
y venga nuestro Salvador Jesucristo”

(Fernando Tagliabue)

La liberación en la libertad: la indulgencia plenaria

Catequesis parroquial nº 130 

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 16 de diciembre de 2015

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Acto de ofrenda al Amor Misericordioso de Dios

¡Oh Dios mío, Trinidad santa! Ya que me has amado hasta darme a tu Hijo único para que fuese mi Salvador y mi Esposo, te suplico que no me mires sino a través de la faz de Jesús y de su Corazón abrasado de amor.

En la tarde de esta vida, compareceré delante de Ti con las manos vacías, pues no te pido, Señor, que lleves cuenta de mis obras. Todas nuestras justicias tienen manchas a tus ojos. Por eso, yo quiero revestirme de tu propia Justicia y recibir de tu Amor la posesión eterna de Ti mismo. No quiero otro trono ni otra corona que Tú mismo, Amado mío.

A fin de vivir en un acto de perfecto amor, yo me ofrezco como víctima de holocausto a tu Amor misericordioso, y te suplico que me consumas sin cesar, haciendo que se desborden sobre mi alma las olas de ternura infinita que se encierran en Ti, y que de esa manera llegue yo a ser mártir de tu amor, Dios mío.

Que este martirio, después de haberme preparado para comparecer delante de Ti, me haga por fin morir, y que mi alma se alce sin demora al eterno abrazo de tu Amor misericordioso.

Quiero, Amado mío, renovarte esta ofrenda con cada latido de mi corazón y un número infinito de veces, hasta que las sombras se desvanezcan y pueda yo decirte mi amor en un cara a cara eterno. Amén.

Santa Teresita del Niño Jesús