XVII Domingo del Tiempo Ordinario

 


XVII Domingo del Tiempo Ordinario
(Ciclo A - Año par)
26 de julio de 2026

Santiago Apóstol

 

Santiago Apóstol
(Ciclo A - Año par)
25 de julio de 2026

  • El rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago (Hch 4, 33; 5, 12. 27-33; 12, 2)
  • Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben (Sal 66
  • Llevamos siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús (2 Cor 4, 7-15)
  • Mi cáliz lo beberéis (Mt 20, 20-28)
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Tú eres el Silencio infinito

Dios mío,
cuando digo de ti que tú eres el Inmenso,
el Totalmente Otro, el Todopoderoso,
estas palabras aplicadas a ti no son mas que cáscaras de nuez vacías…
Pero me ayudan a ponerme de rodillas, en silencio, y a adorarte.
Y cuando digo de ti que tú eres el más cercano,
más presente a mí mismo que mi propio nombre,
entonces, Dios mío, yo sé que la realidad supera también infinitamente la ficción de mis palabras…
Porque tú eres el Santo, el gran Separado, el Silencio infinito,
y tu Palabra crea los mundos.
Tú tienes un único Pensamiento
y todos los pensamientos vienen de ti.
Tú tiene un único Amor,
y todo amor viene de ti.
Tú eres Dios.
Tú eres el Solo.
Tú eres.

Jacques Loew O.P.
(1908-1999)


XVI Domingo del Tiempo Ordinario

 


XVI Domingo del Tiempo Ordinario
(Ciclo A - Año par)
19 de julio de 2026


El papel de la afectividad en la vida del hombre

El puesto de la afectividad y los sentimientos en la vida humana es muy central. Son ellos los que conforman la situación anímica interior e íntima, los que impulsan o retraen a la acción, y los que en definitiva juntan o separan a los hombres. Además, como observa von Hildebrand, la afectividad es inseparable de la felicidad, a la que el hombre aspira siempre: “La felicidad tiene su lugar en la esfera afectiva, sea cual sea su fuente y su naturaleza específica, puesto que el único modo de experimentar la felicidad es sentirla. Esto es verdad incluso en el caso de que Aristóteles tuviese razón al sostener que la felicidad consiste en la actualización de lo que considera la actividad más excelente del hombre: el conocimiento. El conocimiento sólo podría ser la fuente de la felicidad, pero la felicidad misma, por su propia naturaleza, tiene que darse en una experiencia afectiva”.

Muy frecuentemente, nuestro primer contacto con el mundo y con cada uno de sus componentes, nuestra percepción inicial de todo ello, es de tipo sentimental o emotivo; bastante a menudo, nuestra afectividad selecciona, canaliza y modula de entrada cuanto llega hasta nosotros, haciendo que lo conozcamos de un modo u otro… o que no le prestemos la menor atención. La incidencia de la afectividad en la distorsión de los procesos de conocimiento es algo que todos conocemos por propia experiencia: para el miedoso, cualquier expresión ajena puede contener una amenaza, clara o disimulada; para el suspicaz, un vituperio; para el desconfiado, un engaño.

Una proporción notable de los trastornos psíquicos deriva de la falta de conocimiento y de habilidad para habérselas con los propios afectos: para relacionarse con ellos y manejarlos, atemperarlos o provocarlos, tenerlos más o menos o nada en cuenta, según requieran las circunstancias. Pues, como explica Castilla del Pino, “por tenues que sean los sentimientos que experimentamos, estamos siempre bajo sus efectos. No hay relación con un objeto empírico o mental que no dispare un sentimiento por elemental que sea, por ejemplo, de agrado o desagrado, lo que al decir de muchos constituye el esbozo, el rudimento de un valor acerca del objeto al que apenas dedicamos atención alguna. En pocas palabras: no hay no sentimiento. Siempre, claro está, que esté activado el sistema del sujeto en lo que concierne al nivel de vigilancia, el simple estar despierto, que hace que el organismo disponga también de los instrumentos y funciones cognitivas. No hace falta, sin embargo, un nivel de conciencia ‘hipervigil’. Por eso experimentamos sentimientos durante aquellas etapas del sueño (sueño REM) en las que se sueña y en las que el nivel de vigilancia o de conciencia, aunque descendido, es suficiente aún para permitir relaciones del sujeto con sólo sus objetos internos”.

Los sentimientos son importantes, y muy humanos, porque intensifican las tendencias. El peligro que tenemos respecto de ellos es más bien un exceso en esta valoración positiva, el cual conduce a otorgarles la dirección de la conducta, tomarlos como criterio para la acción y buscarlos como fines en sí mismos: esto se llama sentimentalismo, y es hoy corrientísimo, sobre todo en lo referente al amor. Pero adoptar como criterio de conducta el sentimiento genera una vida dependiente de los estados de ánimo, que son cíclicos y terriblemente cambiantes: las euforias y los desánimos se van entonces sucediendo, sobre todo en los caracteres más sentimentales, ya que la conducta no responde a un criterio racional, sino a cómo nos sintamos.

XV Domingo del Tiempo Ordinario

 


XV Domingo del Tiempo Ordinario
(Ciclo A - Año par)
12 de julio de 2026



Frases...

“Destino es lo que sucede y todavía no se sabe que ha sucedido. Lo que parece libertad y, en cambio, se revela después paradigmático, férreo, prefijado”

Cesare Pavese

XIV Domingo del Tiempo Ordinario

 


XIV Domingo del Tiempo Ordinario
(Ciclo A - Año par)
5 de julio de 2026

Habitados

Habitando en la fe nos descubrimos habitados a nosotros mismos. En el camino de la vida, sembrado de horas difíciles y otras felices, ni el sufrimiento, ni la alegría están solos. Incluso si frecuentemente es necesario pasar por muchas etapas, para ser consciente de ello y poder decir, como Job: “Dios estaba aquí y yo no lo sabía”.

La vida es difícil. Son raros aquellos cuyo itinerario se desarrolla sin obstáculos, dificultades o sufrimientos, incluso entre los más afortunados. Tampoco es fácil para los que son exigentes consigo mismos y usan de la verdad. Por el contrario, la vida les suele hacer pasar por combates tanto más duros cuanto que son más profundos y sutiles.

El que se ha mantenido a la escucha, el que se ha dejado instruir llega a la luz. Entonces se da cuenta de que la luz estaba dentro de él para guiarle internamente. Descubre que su caminar le conducía hacia sí mismo. Lo que en alguna ocasión había pensado no alcanzar jamás estaba con él desde el principio.

La fe es la capacidad de reconocernos habitados, la acogida de una presencia llamada Espíritu. Sabemos entonces que las reservas del coraje en el que nos apoyamos, nos vienen de él. Comprendemos asimismo que la vida prometida por Jesús no brille como un espejismo lejano e ilusorio. Él la coloca dentro de nosotros: Palabra, alimento, aliento y fuerza interior. Caminamos en la presencia de Dios y su presencia habita en nosotros.


Régine du CHARLAT, Vueltos hacia Dios. La vida del cristiano, Edicep, Valencia, 1990, (pp. 19-21-22)