Mi desorden

Par la mayoría de nosotros el camino hacia el orden pasa a través del desorden; intentar eludirlo es arriesgarse a esquivar la vida. Ser consciente, aunque sea subliminalmente, del desorden que padezco, pero fingir que no existe, es alimentar una ilusión. Sobre esta base no es posible ninguna relación verdadera ni ninguna vida espiritual. ¿Cómo puedo curarme si me empeño en dar la impresión de que no estoy enfermo?

“No he venido –dice el Señor- a llamar a conversión a justos, sino a pecadores” (Lc 5, 32). Lo podríamos parafrasear así: “No he venido a llamar a los que ya caminan rectamente (pues saben adonde van); mi misión es para los que han seguido un camino equivocado. Los convoco y les propongo una metanoia, una nueva visión de la realidad”. Cristo, “el más hermoso de los hombres” (Sal 44, 2), revela la belleza del orden. Pero no le sorprende nuestro desorden, por mísero que sea.

Cuando leemos la vida de los santos, vemos una y otra vez la magnanimidad de Dios al permitir que hombres y mujeres vivan largos periodos de desorden antes de despertar a la gracia como si los siete días de la creación, con sus distinciones graduales, se realizaran de nuevo en las vidas individuales; como si todos tuviéramos que llevar a cabo un éxodo personal para volver a casa desde Egipto, un viaje no tan largo, en realidad, pero prolongado por la repetición de rebeliones, demoras y malentendidos. También estos representan su papel en la Providencia de Dios. Deben enseñarnos algo: “Acuérdate de todo el camino que el Señor tu Dios te ha hecho recorrer durante estos cuarenta años en el desierto para humillarte, para probarte y para conocer lo que había en tu corazón: si ibas a guardar sus mandamientos o no” (Dt 8, 2). Esto sigue siendo lo esencial a la hora de afrontar mi desorden. ¿Estoy dispuesto a reconocer y nombrar lo que hay en mi corazón? Desde este punto de partida ¿dejaré que la llamada de Dios me ordene y me reforme?





Autor: Erik VARDEN
Título: Castidad. La reconciliación de los sentidos
Editorial: Encuentro, Madrid, 2023, (p. 76)