cuando aceptas que te reciba, te coma y te beba,
y por un momento estableces tu morada en mí,
haz que mi corazón palpite con el tuyo.
Purifícalo de todo lo que es terrenal,
de todo lo que es orgullo y sensualidad,
de todo lo que es duro y cruel,
de toda perversidad, de todo desorden, de toda mortalidad.
Llénalo tanto de ti que ni los acontecimientos del momento,
ni las circunstancias de la época tengan poder de alterarlo,
sino que en tu amor y en tu temor pueda hallarse en paz.
San John Henry Newman
