y haced que mi corazón se alegre en Vos.
Concededme encontraros,
pues os busco apasionadamente.
Soy como ese hombre que cayó en manos de bandidos,
maltratado y abandonado medio muerto
en el camino que conduce a Jericó.
¡Buen Samaritano, recogedme!
Soy como la oveja perdida,
conducidme a vuestro rebaño.
Tratadme según vuestra bondad,
para que yo pueda permanecer cerca de Vos
todos los días de mi vida
y glorificaros eternamente
en la compañía de los santos.
Amén.

San Jerónimo (347-410)