La alegría

La alegría, fundamentalmente, es una expresión profunda del ser: en bondad, en verdad, en belleza.

Un rasgo que caracteriza la alegría es el hecho de que no nos pertenece. Simplemente irrumpe y nos atraviesa cuando aceptamos construir la existencia como práctica de hospitalidad. Si insonorizamos nuestro espacio vital, si impermeabilizamos nuestra atención, la alegría no nos visita. Los días sin alegría son esos de los que no nos queda memoria alguna. Llegan a su fin y no recordamos ni un gesto, ni una frase, nada que contar. En el fondo, no quisimos nada de aquello ni a aquellos con los que nos cruzamos, o no fuimos queridos; no permitimos que existiera (o no nos fue permitido) un tránsito, un retorno; no se abrió el corazón… Para acceder a la alegría, la vida tiene que hacerse porosa. Aun cuando el precio incluya el dolor.

Con frecuencia el sufrimiento debe excavar primero en nosotros la profundidad que después vendrá a llenar la alegría.



Autor: José TOLENTINO MENDONÇA
Título: Pequeña teología de la lentitud
Editorial: Fragmenta Editorial, Barcelona, 2017, (pp. 49-50)






Domingo de Pentecostés

15 de agosto 

28 de mayo de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar (Hch 2, 1-11)
  • Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra (Sal 103)
  • Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo (1 Cor 12, 3b-7. 12-13)
  • Secuencia: Ven, Espíritu divino
  • Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo; recibid el Espíritu Santo (Jn 20, 19-23)
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Queridos hermanos: El hombre bajo la ley del pecado no sabe vivir la diferencia, no sabe aceptar e integrar la diferencia como una riqueza de lo humano y como un motivo de alegría. Bajo la ley del pecado los hombres tendemos a ver en la diferencia un problema y queremos construir la unidad, la convivencia, la vida, en base a la homogeneidad: si todos somos iguales, si pensamos y sentimos y valoramos y expresamos la realidad de la misma manera, entonces no hay problema.

La torre de Babel es la expresión bíblica de esta manera humana de entender la unidad y la convivencia. Dice la Sagrada Escritura que la torre de Babel estaba hecha con ladrillos (que son todos iguales) y que todos los hombres hablaban una misma lengua (es decir, pensaban todos de la misma manera). Babel es el prototipo del pensamiento único.

Vigilia de Pentecostés

15 de agosto 

27 de mayo de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra (1.ª Gen 11, 1-9)
  • Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra (Sal 103)
  • El Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables (Rom 8, 22-27)
  • Manarán ríos de agua viva (Jn 7, 37-39)
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Jesús se presenta como la respuesta al corazón humano. El hombre necesita pan que sacie su hambre de verdad, de bien y de belleza; Jesús se presenta como el “pan de vida”. El hombre tiene sed de verdad, de bien y de belleza; Jesús se presenta como la fuente de agua viva que sacia esa sed, la sed del corazón del hombre.

La samaritana sentía esa sed y trataba de saciarla en el amor humano; pero siempre surgía la decepción: ya había tenido cinco maridos y el hombre con el que estaba tampoco era su marido. Jesús, precisamente a esa mujer, le habló de que él podía darle a beber un agua viva que saciaría la sed de su corazón para siempre; un agua que se convertiría en ella en “fuente de agua que brota para la vida eterna” (Jn 4,10-14).

Frases...

El problema de los moralistas que leen demasiados periódicos es que su odio al mal termina por comerse su amor al bien.

Gabriel Insausti

El fin del mundo

Nuestra fe-esperanza sabe que un día “las potencias del cielo serán sacudidas” (Lc 21, 26), es decir, que el estado actual del cosmos sufrirá una metamorfosis imprevisible, por la irrupción de un Gesto divino, de una Energía transcendente, que ya ha actuado en la Resurrección de Jesucristo, pero que no se encuentra encerrada de forma latente, en los elementos que constituyen el universo.

El quebrantamiento de las potencias celestes no dará miedo al creyente, porque el creyente no verá en ello el desencadenarse incontrolado de una naturaleza ciega, sino una nueva reestructuración en la incorruptibilidad del universo y el signo de la realización del “designio amoroso”, sí, amoroso, que el Padre del cielo “había proyectado realizar por Cristo, en la plenitud de los tiempos: recapitular en Cristo todas las cosas del cielo y de la tierra” (Ef 1, 9-10).

De este modo el cristiano lleva en sí mismo la certeza de que este mundo terminará, pero no la lleva como una constatación desengañada o atemorizada, como la que puede tener un científico, sino como una esperanza, es decir, como una promesa que no fallará y que es como un latigazo dirigido a este mismo mundo que va a ser transformado.

Albert-Marie Besnard

Fallecido en 1978, este dominico dirigió, en 1968, la revista La Vie spirituelle. 
Fue un teólogo y predicador que escribió numerosas obras de espiritualidad.

VII Domingo de Pascua. Ascensión del Señor.

15 de agosto 

21 de mayo de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • A la vista de ellos, fue elevado al cielo (Hch 1, 1-11)
  • Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas (Sal 46)
  • Lo sentó a su derecha en el cielo (Ef 1, 17-23)
  • Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra (Mt 28, 16-20)
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El evangelio que acabamos de escuchar nos refiere las últimas palabras del Señor antes de subir al cielo, a sentarse a la derecha del Padre. En estas palabras el Señor hace dos afirmaciones categóricas sobre sí mismo y nos confía una misión. La primera afirmación sobre sí mismo que hace el Señor es “se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra”. San Pablo, en la segunda lectura de hoy, explica que Cristo resucitado está sentado “a la derecha del Padre” en el cielo. “Sentarse a la derecha del Rey” significa disponer de todo el poder del Rey. Por eso Pablo precisa que Cristo está “por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación”, es decir, por encima de todo el mundo angélico, mediante el cual Dios gobierna el universo, “y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro”: una manera de decir que no hay, ni habrá, ninguna realidad (ningún “nombre”) que pueda compararse a Cristo. Por eso añade: “y todo lo puso bajo sus pies”. Los discípulos por lo tanto no se equivocaron al postrarse ante Jesús, porque en Él, en ese hombre, Jesús de Nazaret, “habita corporalmente la plenitud de la divinidad” (Col 2,9). Como tiene pleno poder en el cielo y en la tierra, Él ahora los envía a toda la tierra y les da un encargo, una misión, que desglosa en tres mandatos. Escuchémoslos con atención, porque son encargos para nosotros.

Próximo viernes 19 de mayo


 

Muerte y resurrección


1. El sentido cristiano de la muerte.

Vida y muerte se compenetran y constituyen una unidad. La realidad de la muerte acompaña toda nuestra existencia, se hace presente en ella por medio de la enfermedad, el sufrimiento y los fracasos de la vida, y de este modo va poniendo de relieve el carácter caduco y efímero de todas nuestras realizaciones y nos permite exclamar: ¡Vanidad de vanidades, todo vanidad! (Qo 1,1). Pero al mismo tiempo es esta conciencia de la muerte la que vuelve preciosa nuestra vida, pues, al poner de relieve su carácter efímero, nos hace tomar conciencia del valor único de cada día y de cada instante, que pueden representar la última posibilidad de corresponder al amor de Dios, con lo que la vida entera se vuelve preciosa y apasionante, ya que de cada momento se puede decir: Ahora es el momento favorable, ahora es el día de salvación (2Co 6,2).

La fe cristiana nos presenta la muerte como una consecuencia del pecado y, por lo tanto, como algo en ningún modo querido por Dios: Por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte (Rm 5,12). Efectivamente la muerte tal como nosotros la conocemos y la experimentamos, es decir, como corte y ruptura desoladora y absurda de la existencia, como muerte dolorosa y terrible que contradice la voluntad de vivir que alienta en el hombre, esta muerte es contraria a la voluntad de Dios: que no fue Dios quien hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes (Sb 1,13). De ahí que la superación del pecado que se nos ha dado en Jesucristo comporte también la superación del último enemigo (1Co 15,26), la muerte.

VI Domingo de Pascua

15 de agosto 

14 de mayo de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo (Hch 8, 5-8. 14-17)
  • Aclamad al Señor, tierra entera (Sal 65)
  • Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu (1 Pe 3, 15-18)
  • Le pediré al Padre que os dé otro Paráclito (Jn 14, 15-21)
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- “Si me amáis guardaréis mis mandamientos

El evangelio de hoy plantea, queridos hermanos, ya desde el inicio, lo que es la esencia de la experiencia cristiana: una relación de amor entre Jesucristo y cada uno de nosotros, entre el Señor y los discípulos. Se es cristiano porque se ha entrado en una historia de amor recíproco entre Cristo, el Señor, y cada uno de nosotros. Y esto, hermanos, es siempre un misterio, porque el amor es un acto libre, es una libre decisión del corazón por la cual cada uno decide amar a una persona; en este caso Cristo ha decidido amarnos a cada uno de nosotros y nosotros, por su gracia, hemos decidido también amarle a Él.

Amar a Jesús significa “guardar sus mandamientos”. “Guardar sus mandamientos” es mucho más que cumplir unas órdenes suyas, que realizar unos encargos que hemos recibido de Él. “Guardar sus mandamientos” significa acoger y conservar en el corazón y en el alma, con toda veneración y cariño todas sus palabras, sus sentimientos, su manera de ver las cosas y de reaccionar ante ellas, considerándolas como un tesoro, como la fuente de la verdadera sabiduría. Porque Cristo es la Sabiduría de Dios, Aquel que expresa y realiza a la perfección el criterio y la visión de Dios sobre la realidad, sobre todas las cosas. Y por eso no queremos tener otro criterio distinto de Él.

Perdonar para ser sanado


Señor Jesús, quiero suplicarte la gracia de perdonar a todos los que me han ofendido a lo largo de mi vida. Te doy gracias porque Tú me amas mucho más que yo mismo. Te doy gracias porque me vas a conceder la fuerza de perdonar.

Perdono de corazón a mis padres: por todas las veces que me desatendieron, o que hicieron más caso a mis hermanos que a mí, o que me chantajearon con su afecto, o que de algún modo me utilizaron, o me hicieron sentir culpable. Tú los amas, Señor, en su límite y en su mismo pecado. Tú los perdonas. Y yo en tu Nombre y en tu Amor los perdono y los amo también.

Perdono también de corazón a mis hermanos, abuelos, tíos, primos, sobrinos, a todos mis familiares. Por todas las veces que hayan sido para mí fuente de sufrimiento; por todas las veces que me han humillado, o que me han tratado como posesión suya, o que se han burlado de mí, o que me han ridiculizado; por todas las veces que han desconfiado de mí y que me han mirado sin esperanza, como un caso perdido. Tú los perdonas y los amas, Señor. Y yo, apoyado en tu Amor, los perdono y los amo también.

Frases...

El que tiene a Dios lo tiene todo y el que tiene todo menos a Dios, no tiene nada; y el que tiene a Dios y todo lo demás, no tiene nada más que el que tiene solo a Dios.


San Agustín

V Domingo de Pascua

15 de agosto  

7 de mayo de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Eligieron a siete hombres llenos del Espíritu Santo (Hch 6, 1-7)
  • Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti (Sal 32)
  • Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real (1 Pe 2, 4-9)
  • Yo soy el camino y la verdad y la vida (Jn 14, 1-12)
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Queridos hermanos:

Si contemplamos el panorama espiritual de la humanidad, a lo largo de su historia, vemos que el hombre siempre ha estado habitado por el deseo de una plenitud de verdad, de bien y de belleza, por una plenitud de sentido y felicidad que el hombre denomina “Dios”, y que no encuentra en ninguna de las realidades de esta vida. Por eso el hombre ha buscado siempre a Dios. Podemos considerar a la humanidad como un inmenso laboratorio en el que los hombres, agrupados según sus culturas, sus talantes peculiares, sus mentalidades distintas, van buscando el camino para encontrar esa plenitud llamada Dios y poder ser saciados por ella, poder ver colmada la propia pobreza con la riqueza de la Divinidad. Así han surgido las diferentes religiones.

Al considerar las diferentes religiones observamos que todos sus iniciadores o fundadores han hablado de la misma manera, aunque hayan dicho cosas distintas. Todos ellos han expuesto el camino que ellos honestamente han encontrado para llegar a la Fuente, para poder saciar la sed que hay en el corazón humano, sed de Verdad y de Vida. Todos ellos han dicho: yo os muestro el Camino que he encontrado para llegar a la Verdad y a la Vida.

Todos, excepto uno: Jesús de Nazaret. Jesús no ha dicho: “yo os muestro el camino que os conducirá a la verdad y a la vida”, sino que ha afirmado que Él mismo es el Camino, y la Verdad y la Vida, es decir, que Él es el camino y el término del camino y que, por lo tanto, quien le encuentra a Él, quien está con Él, ha alcanzado ya, de algún modo, la meta, porque “quien me ha visto a mí ha visto al Padre” (…) porque “yo estoy en el Padre y el Padre en mí”. El cristianismo, hermanos, consiste en creer esto.

El nombre, la mano y la voz

La vida es el tiempo que transcurre desde el momento en que deciden qué nombre ponerte hasta que ese mismo nombre es sólo una inscripción en una lápida. Ni en un caso ni en el otro tomas tú la iniciativa, esas letras son todo lo que tienes para salir a la luz e intentar permanecer en ella. Quizá por eso los antiguos decían que el destino está en el nombre: te guste o no, estás obligado a responder a esa llamada.

De cómo se posa una mano sobre la piel de las cosas depende que en el mundo reine la ternura o la violencia, la misericordia o el abandono, el amor o el control, la alegría o la soledad. La mano permite que las cosas se detengan, que no tengan que buscar la vida en otra parte. El contacto nos hace saber quiénes somos y quiénes no somos, dónde empezamos y dónde terminamos y la carne que nos une. Toda la vida es cuestión de tacto.

Para mí, el timbre de una voz contiene la presencia de una persona, y no se puede imaginar lo precisa que es la voz representando lo que no se ve. Una cara puede acostumbrarse a mentir, incluso en sus rasgos, pero una voz no.


Autor: Alessandro D’AVENIA
Título: ¡Presente!
Editorial: Encuentro, Madrid, 2022, (pp. 9, 35 y 146)








Vivir la unidad

Catequesis parroquial nº 174

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 26 de abril de 2023

IV Domingo de Pascua

15 de agosto

 

30 de abril de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Dios lo ha constituido Señor y Mesías (Hch 2, 14a. 36-41)
  • El Señor es mi pastor, nada me falta (Sal 22)
  • Os habéis convertido al pastor de vuestras almas (1 Pe 2, 20b-25)
  • Yo soy la puerta de las ovejas (Jn 10, 1-10)
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Yo soy la puerta de las ovejas”, dice el Señor. La imagen de las ovejas designa, ya desde el Antiguo Testamento, al pueblo de Dios. Según el profeta Ezequiel (c. 34), Dios mismo es el verdadero pastor de las ovejas, su dueño y señor, que las cuida dando la vida por ellas y que reprende a los malos pastores que se aprovechan de ellas. Al afirmar ahora que Él es la “puerta” de las ovejas, el Señor afirma que todo el que se acerque a sus ovejas debe hacerlo a través de Él y que si no lo hace a través de Él, es que es un ladrón y un salteador, alguien que no tiene buenas intenciones al acercarse a las ovejas. Cristo es, pues, el criterio, la norma, que permite discernir quién se acerca a nosotros con buenas o con malas intenciones: según que se acerque a nosotros en el nombre y con las actitudes de Cristo o no.

“Yo soy la puerta” es una afirmación muy cercana a “Yo soy el Camino”: quien pasa por la puerta, que es Cristo, está en el camino que conduce -que él mismo es- a la Verdad y a la Vida. “Yo soy la puerta” significa también que Cristo es la libertad, porque la puerta es aquello que permite “entrar y salir” y el que “entra y sale” es libre, mientras que el esclavo, el prisionero, no puede “entrar y salir”. El que vive en Cristo es libre porque “el Señor es Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad” (2Co 3,17). Y “vosotros, hermanos, habéis sido llamados a la libertad” (Ga 5,13).

Frases...

Cuando ya no puedo nada y mis esfuerzos son inútiles, llega la hora de Dios. Entonces lo dejo hacer a Él, y espero.


Dora Rivas

Qué ocurre cuando oramos

La oración es un acontecimiento

Los caminos de la oración son múltiples y a menudo cada uno tiene el suyo particular. Lo que importa es que, cualquiera que sea ese camino, un día desemboque en ese acontecimiento que ocurre cuando la oración brota de sus profundidades. Porque lo esencial, en este asunto de la oración, no es lo que yo haga, sino lo que a mí me suceda, más exactamente, que me suceda ese acontecimiento que llamamos oración.

El acontecimiento de la oración se parece en primer lugar a algo que nos sorprende de improviso, de modo que se produce en nosotros como algo inesperado. Pero lo que nos sorprende no es extraño a nosotros, no es algo que viene del exterior, sino más bien del interior. Para ser más precisos, no nos sorprende algo sino más bien alguien. Alguien que estaba desde hacía mucho tiempo con nosotros y que, repentinamente, se revela, se muestra y, por decirlo de algún modo, pone su mano sobre nosotros. Y eso que me sucede de improviso es nuestra parte de eternidad que se anuncia.

El acontecimiento de la oración puede ser descrito también como una toma de conciencia. Orar es tomar conciencia de algo que ha permanecido durante mucho tiempo escondido en mí. En la vida del cristiano ocurre que, a menudo, durante un periodo muy largo, la oración permanece latente, inconsciente. El acontecimiento de la oración ocurre cuando esta oración latente aparece, se hace manifiesta a la conciencia.

Testimonio de Mons. Arbach

Testimonio de Monseñor Arbach, Arzobispo de la diócesis de Homs (Siria) en la Parroquia San León Magno, el 23 de abril de 2023.




III Domingo de Pascua

15 de agosto 

23 de abril de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio (Hch 2, 14. 22-33)
  • Señor, me enseñarás el sendero de la vida (Sal 15)
  • Fuisteis liberados con una sangre preciosa, como la de un cordero sin mancha, Cristo (1 Pe 1, 17-21)
  • Lo reconocieron al partir el pan (Lc 24, 13-35)
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- “Aquel mismo día, el primero de la semana…”, es decir, el domingo, aquellos dos discípulos caminaban desalentados hacia la aldea de Emaús, cuando Cristo resucitado salió a su encuentro y se les hizo su compañero de camino. La misa dominical consiste precisamente en dedicar un tiempo a caminar con Cristo resucitado para que Él nos explique las Escrituras, es decir, el plan de Dios y nosotros podamos comprender lo que nos está pasando a la luz del designio divino de salvación. La Eucaristía dominical es la cita de amor que Cristo nos da a los suyos, para caminar un tiempo con nosotros, para explicarnos el plan de Dios y para que le reconozcamos en la fracción del pan. De ahí la importancia tan grande que tiene para nosotros la fidelidad a la Eucaristía dominical: el cristianismo es una relación personal con Cristo y como toda relación no puede vivirse sin frecuentarse. De ahí la recomendación de la Carta a los Hebreos: “Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras, sin abandonar nuestras asambleas, como algunos acostumbran hacerlo” (Hb 10 24-25). De ahí que la asistencia a misa los domingos sea una obligación grave para un cristiano, pues no participar en ella constituye una desatención hacia Dios, hacia Cristo resucitado que sale a nuestro encuentro; sería como un sustraerle la oportunidad de que Él nos explique el sentido de lo que está ocurriendo.

Frases...

El mal y el Bien



El mal imaginario es romántico, variado; el mal real, triste, monótono, desértico, tedioso.

El bien imaginario es aburrido; el bien real es siempre nuevo, maravilloso, embriagante.

La virginidad por el reino



1. El fundamento y el sentido de la virginidad.

El Destino de todo hombre -es decir, su plenitud, su felicidad- es Cristo. No una abstracción, no una idea a realizar en el futuro, sino una presencia, un hombre real, alguien que puede ser visto, oído, tocado y que está presente en medio de nosotros. El acontecimiento más grande de la historia ha sido precisamente éste: el Destino -es decir, la respuesta plenaria a las ansias del corazón humano- se ha hecho carne. “La Palabra se hizo carne” (Jn 1, 14) y de este modo “lo que existía desde el principio” ha podido ser visto, oído, tocado (cfr. 1Jn 1, 1).

La vocación a la virginidad arranca de aquí, de esta realidad que es Cristo, y tiene como objetivo el “poner a prueba”, el “verificar” la verdad del Evangelio, la verdad de Cristo. Sólo Cristo, revelando el rostro del Padre, desvela al hombre su propio rostro, enseña al hombre cuál es su verdadera humanidad y la hace posible. La virginidad es la verificación de esta verdad: que la realidad y la presencia de Cristo es capaz de realizar la humanidad del hombre, incluso renunciando a lo que hay de más natural en el ser humano: la unión de un hombre y de una mujer para no formar más que “una sola carne”.

II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia

15 de agosto 

16 de abril de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común (Hch 2, 42-47)
  • Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia (Sal 117)
  • Mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva (1 Pe 1, 3-9)
  • A los ocho días llegó Jesús (Jn 20, 19-31)
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En el momento histórico que refleja el evangelio de hoy, los discípulos son, queridos hermanos, una ínfima minoría social. Y lo primero que el Señor les enseña es que Él está en medio de ellos, que en su insignificancia, en su aislamiento social provocado por el miedo (puertas cerradas), Él está con ellos y que les hace partícipes de su misma misión (“como el Padre me ha enviado así os envío yo”), de su misma vida, de su propio aliento (por eso sopla sobre ellos) y de su propio poder para perdonar pecados. Con todo esto el Señor les está diciendo a ellos –y nos lo dice ahora a nosotros: sois mi prolongación, mi presencia en medio de los hombres, a lo largo de la historia humana hasta que yo vuelva.

Por tres veces en este evangelio el Señor repite: “¡Paz a vosotros!”. El don de la paz es el don por excelencia del Resucitado, es el don que refleja y expresa la vida nueva que Él nos ha alcanzado con su muerte y resurrección y que nos da en el bautismo y en la Eucaristía. Pero este don está unido a las llagas: “Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado”. La paz que Cristo resucitado nos da no es el producto de ninguna técnica psicológica, sino que nace de un abismo de dolor que ha sido sumergido en un abismo más grande de amor, en el que todo ha sido perdonado. Quien no ha sido ofendido y ha perdonado de corazón, no puede acceder al don de la paz que Cristo resucitado nos da. La paz de Cristo resucitado es el distintivo propio de un ser que ha renunciado por completo al ego, de un hombre que posee un yo desindividualizado, es decir, que ya no reivindica nada para sí, para su propia particularidad, sino que vive totalmente volcado en la comunión, de tal manera que su vida es sólo “lugar de comunión”, “espacio de reconciliación”.

Bajo tu amparo


Bajo tu amparo
Nos acogemos,
Santa Madre de Dios;
No desoigas la oración
de tus hijos necesitados,
y líbranos de todo peligro,
oh siempre virgen,
gloriosa y bendita.

(Es la más antigua oración escrita a la Virgen; la encontramos en un manuscrito griego del siglo III en Alejandría)

La ciencia moderna contra el mundo natural

(Václav Havel (1936-2011) fue el último presidente de Checoslovaquia y el primer presidente de la República Checa. Escritor y dramaturgo, fue encarcelado varias veces por su defensa de los derechos humanos. Las reflexiones que siguen fueron elaboradas por el autor con motivo de su nombramiento como doctor “honoris causa” por la Universidad de Toulouse Le Mirail en 1984)

¿Qué hay de común entre el mundo del hombre medieval y el de un niño? En mi opinión, algo esencial: uno y otro están más fuertemente enraizados que la mayor parte de los hombres modernos en lo que los filósofos llaman “mundo natural”, o “mundo de la vida”. No están todavía desprendidos del mundo, de una experiencia personal y real, de un mundo que tiene una mañana y una tarde, un “abajo” (la tierra) y un “arriba” (el cielo), donde el sol sale todos los días por el Oriente, atraviesa el cielo y se pone por el Occidente, y donde los conceptos de casa y de extranjero, de bien y de mal, de bello y de feo, de proximidad y lejanía, de deber y de derecho, significan algo muy preciso y vivo.

Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor

15 de agosto 

9 de abril de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos (Hch 10, 34a. 37-43)
  • Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo (Sal 117)
  • Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo (Col 3, 1-4)
  • Él había de resucitar de entre los muertos (Jn 20, 1-9)
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“Ya sé que buscáis a Jesús el crucificado”. En esta palabra -“el crucificado”- se expresa todo el drama de la pasión y muerte del Señor. Jesús fue entregado en manos de los hombres y la obra de los hombres con él fue infamia, deshonor, violencia y destrucción. Fue también cinismo: “A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¿No es el Rey de Israel? Que baje ahora de la cruz y le creeremos. ¿No ha confiado en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de Dios?” (Mt 27,42-43). La muerte de Jesús parece dar razón a sus adversarios. Y las mujeres muestran un valor muy grande porque se dirigen al sepulcro de un hombre que ha muerto en la ignominia y el desprecio. En realidad lo que muestran, por encima de todo, es su gran amor por Jesús.

En el terremoto y la venida del ángel ellas experimentan la intervención poderosa de Dios que les comunica la gran noticia: que Cristo ha resucitado, es decir que Dios está a favor de Jesús, que Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios, que su puesto está junto a Dios, que Dios lo ha acogido en su vida eterna e inmortal y que, al hacerlo, Dios ha dicho su última palabra y esa palabra definitiva proclama que Jesús tenía razón en todas sus pretensiones y que ellas, y todos los que han creído en Él, no se han equivocado. Asimismo ellas reciben el encargo de comunicar a los discípulos este acontecimiento y de decirles que vayan a Galilea para encontrar allí al Señor.

Frases...

A pesar de que haya algo de bien en el peor hombre y algo de mal en el mejor, no hay nada de bien en el mal ni nada de mal en el bien.


Peter J. KREEFT

Viernes Santo

15 de agosto 

7 de abril de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Él fue traspasado por nuestras rebeliones (Is 52, 13 - 53, 12)
  • Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu (Sal 30)
  • Aprendió a obedecer; y se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación (Heb 4, 14-16; 5, 7-9)
  • Pasión de nuestro Señor Jesucristo (Jn 18, 1 - 19, 42)
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Todos hemos pecado. El relato de la pasión del Señor se preocupa de hacer ver que toda la humanidad ha sido cómplice y culpable de la muerte del Señor: los cristianos, los judíos y los paganos.

Los cristianos están representados, principalmente, por los doce apóstoles. Uno de ellos, Judas, fue quien lo traicionó, seguramente porque prefirió sus “ideas” sobre lo que había que hacer para arreglar la situación a la persona y la actitud de Jesús: cuando vio que Jesús no le servía para realizar el proyecto que él tenía, no tuvo ningún inconveniente en entregarlo a quienes querían matarlo. Otro, Pedro, se dejó llevar por el miedo; aunque amaba a Jesús, fue cobarde y negó conocerle para no verse implicado en el desastre que se avecinaba. Y todos, excepto Juan, se dispersarán atemorizados huyendo del fracaso que la cruz significaba.

Jueves Santo

15 de agosto 

6 de abril de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Prescripciones sobre la cena pascual (Ex 12, 1-8. 11-14)
  • El cáliz de la bendición es comunión de la sangre de Cristo (Sal 115)
  • Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor (1 Cor 11, 23-26)
  • Los amó hasta el extremo (Jn 13, 1-15)
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La Iglesia celebra hoy los tres dones que el Señor nos entregó en la última cena: el don de la Eucaristía, el don del sacerdocio y el don del mandamiento nuevo que el Señor ejemplificó en el lavatorio de los pies y que formuló, un poco más adelante, diciendo: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros” (Jn 13,34).

Estos tres dones están íntimamente unidos: el amor con el que Cristo nos manda amar no es el amor tal como lo entiende el mundo, como simpatía o filantropía o ayuda humanitaria, sino el amor teologal, es decir, el mismo amor con el que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo se aman desde toda la eternidad, el mismo amor del que dice san Juan “Dios es Amor” (1Jn 4,8). Este amor se llama caridad y no nace “de la carne ni de la sangre ni de la voluntad del hombre sino de Dios” (Jn 1,13), baja del cielo y se nos da, como un don que nos alimenta, en la Eucaristía. Y el sacerdocio ministerial existe para que se pueda celebrar la Eucaristía y para que ese amor que viene del cielo llegue a nosotros.

Los santos inocentes

Tengo siete razones –dice Dios- para amar a los inocentes asesinados por Herodes.

La primera es que les amo. Y eso basta.
Tal es la jerarquía de mi gracia.

La segunda es que me gustan. Y esto basta.
Tal es la jerarquía de mi Gracia.

La tercera es que me agrada. Y esto basta.
Tal es la jerarquía, el orden y la regla de mi Gracia.

Y ahora os voy a decir la cuarta razón:
es porque los niños no tienen en la comisura de los labios
ese rictus de ingratitud y amargura,
esa herida de envejecimiento,
ese rictus de recuerdos que vemos en todos los demás labios.

La quinta es por una especie de equivalencia.
Porque, por una especie de contrapeso,
estos inocentes pagaron por mi Hijo:
mientras yacían sobre el suelo de los caminos,
las ciudades y los pueblos,
menos tenidos en cuenta que los corderos,
los cabritos y los cochinillos,
mi Hijo huía a Egipto.

Domingo de Ramos

15 de agosto 

2 de abril de 2023

(Ciclo A - Año impar)






Procesión:
Misa:
  • No escondí el rostro ante ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado (Is 50, 4-7)
  • Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Sal 21)
  • Se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó sobre todo (Flp 2, 6-11)
  • Pasión de nuestro Señor Jesucristo (Mt 26, 14 - 27, 66)
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Cuando el santo rey David pecó, haciendo el censo de Israel, el Señor, mediante el profeta Gad, le dio a elegir entre tres castigos para que hiciera penitencia. Y David dijo esta frase: “Mejor es caer en manos de Dios que en manos de los hombres”. En la pasión Nuestro Señor Jesucristo cayó “en manos de los hombres” y recibió como lote la traición (Judas), la huida de los suyos (amigos, apóstoles), la negación de Pedro, la acusación de blasfemo que le hizo el Sanedrín, la flagelación, la coronación de espinas, las burlas de los soldados, los escupitajos, las bofetadas y la provocación cínica de algunos miembros del Sanedrín cuando estaba en la cruz (“Si eres Hijo de Dios…”, “Si eres el Rey de Israel…”). Incluso después de muerto lo trataron como un impostor y pusieron vigilancia en su sepulcro.

El matrimonio



1. La vida cristiana como vocación.

El bautismo define nuestro ser cristiano como una pertenencia a Jesucristo: somos “cosa suya”, miembros de su cuerpo, sarmientos de la única vid, ramas del único olivo. Esta pertenencia comporta el que no podamos concebir nuestra vida como proyecto, es decir, como despliegue de nuestra libertad desde sí misma y para sí misma, sino como vocación, es decir, como aceptación y adhesión de sí mismo al “lugar” que Jesucristo ha elegido para mí en el seno de su cuerpo, que es la Iglesia. En este sentido hay una afirmación capital en el Nuevo Testamento: “la realidad es el cuerpo de Cristo” (Col 2, 17). Nuestra relación con la realidad es, pues, nuestra relación con el cuerpo de Cristo, con la Iglesia. En esta realidad nueva y única, definitiva, en la que somos injertados por el bautismo, ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús (Gal 3, 28). Toda vocación cristiana será, por lo tanto, una manera de vivir este misterio de unidad que, en Cristo -en su cuerpo, que es la Iglesia- se desarrolla como semilla y realidad incipiente del Reino futuro. En este sentido son dos las posibilidades fundamentales -las vocaciones- del vivir cristiano: el matrimonio y la virginidad.

Frases...

La diferencia, siempre que no impida la humanidad de las relaciones, es fuente de interés y de fecundidad.


Jean-Luc Marion

V Domingo de Cuaresma

15 de agosto 

26 de marzo de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis (Ez 37, 12-14)
  • Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa (Sal 129)
  • El Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros (Rom 8, 8-11)
  • Yo soy la resurrección y la vida (Jn 11, 1-45)
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“Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?”. El evangelio de hoy nos sitúa ante el hecho ineludible que más turba la vida del hombre sobre la tierra, la muerte, y nos entrega la Buena Noticia de que Jesús convierte la muerte en una realidad provisional, transitoria: se pasa por ella, pero ella no tiene la última palabra. La disgregación del ser del hombre que ella provoca –la separación del alma y del cuerpo- es sólo provisional, momentánea.

Para nosotros, la muerte constituye un límite infranqueable, un umbral que, una vez atravesado, ya no tiene retorno. Pero no así para Cristo. Para Él la muerte es algo de lo que puede sacarnos con tan sólo una palabra, diciendo nuestro nombre y dando la orden: “¡Lázaro, ven afuera!”. Por eso compara la muerte con el sueño: “Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo”. Los primeros cristianos comprendieron esto perfectamente y abandonaron la terminología pagana, que llamaba “necrópolis” a los lugares de enterramiento, y la sustituyeron por la palabra “cementerio”, que literalmente significa “dormitorio”: la muerte es un sueño, del que nos despertará la voz poderosa del Señor.

Los siete dolores de María


I Dolor: María recibe con fe la profecía de Simeón: que una espada de dolor atravesará su alma porque Jesús será signo de contradicción.

Madre, tú sabes qué es que te digan que lo más bello te lo arrebatarán y que nada te pertenece. Mira a nuestros hermanos recién bautizados y cuida de ellos, para que se mantengan en la verdad del Amor que trae la libertad. Oremos por los cristianos de China. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

II Dolor: María huye a Egipto con Jesús y José, porque Herodes quiere matar a Jesús.

Madre, tú sabes lo que es tener que escapar, lo que es sentirse despojada y al mismo tiempo segura de que tu marido te cuida y tu Hijo te protege. Mira con amor a nuestros hermanos que se ven obligados a salir de sus casas, a huir de su tierra, intercede por ellos ante tu Hijo Jesucristo y pide a San José que les acompañe. Oremos por los cristianos de Irak. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

III Dolor: María busca a Jesús perdido en Jerusalén. Jesús vino a cumplir la voluntad del Padre.

Madre, tú que sabes escuchar con el corazón, mira a los misioneros que están con los enfermos, los que no abandonan a sus hermanos, los que saben dar preferencia a las cosas del Padre, y enséñanos a leer las bienaventuranzas con la brisa del Espíritu. Oremos por los cristianos de Kenia. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Icono de La Anunciación del Señor de Homs, Siria


Martes, 21 de marzo de 2023
Parroquia San León Magno


El icono de la Anunciación del Señor de Homs, fue rescatado de los escombros de un monasterio ortodoxo en Homs, Siria. 

Es signo y testigo de la persecución que, aún hoy en día, sufren muchos hermanos por su fidelidad a Cristo.

Se utilizó de diana, conserva tres impactos de bala, dos con orificio de entrada y salida y un tercero, sobre la cabeza de la Virgen, que conserva el proyectil.

Este icono, ante el cual con tanto fervor habrán rezado multitud de cristianos, fue profanado cuando los terroristas del DAESH entraron en Siria con la intención de acabar con el cristianismo en esas tierras. Cuando algunos cristianos consiguieron volver a su ciudad, rescataron este sagrado icono de los escombros de una de sus iglesias, y lo cedieron para que sirviera de nexo de unión entre ellos -nuestros hermanos perseguidos- y nosotros. Ellos esperan nuestra ayuda, nuestro apoyo y nuestra oración.

San José

15 de agosto 

20 de marzo de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • El Señor Dios le dará el trono de David, su padre (2 Sam 7, 4-5a. 12-14a. 16)
  • Su linaje será perpetuo (Sal 88)
  • Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza (Rom 4, 13. 16-18. 22)
  • José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor (Mt 1, 16. 18-21. 24a)
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No sería correcto interpretar que la Virgen y san José se “despistaron” en relación a su hijo Jesús a la hora de regresar desde Jerusalén a Nazaret. Y esto por dos razones. En primer lugar porque el niño Jesús acababa de cumplir 12 años, como el evangelio se preocupa de subrayar. Doce años era y es la edad en la que un niño judío empieza a ser considerado “adulto”: se le declara “hijo de la Ley”, que a partir de ahora tiene la obligación de estudiar, y adquiere también el deber de defender a su pueblo Israel. A partir de los doce años se produce una inflexión en el trato que los padres dispensan a su hijo: un control agobiante ya no sería pertinente, una cierta libertad y capacidad de iniciativa propia resultan ya necesarias. En segundo lugar, en las caravanas de la época los varones y las mujeres caminaban en grupos distintos y diferenciados, mientras que los niños podían elegir libremente entre caminar en uno u otro grupo. Con toda probabilidad María pensaría que Jesús iba con José y José que iba con María. Al reunirse al anochecer para acampar es cuando se percataron de su error.

Durante tres días estuvieron buscándolo. María y José nos dan ejemplo de lo que hay que hacer cuando se pierde a Cristo: buscarlo sin parar hasta encontrarlo. Una vez que se ha conocido a Jesús, vivir sin Él es verdaderamente miserable e insoportable: hay que ponerse a buscarlo hasta encontrarlo. Cuando perdemos a Cristo por el pecado mortal, hay que ponerse inmediatamente a buscarlo por el arrepentimiento y la confesión sacramental, en vez de quedarse chapoteando en los propios pecados.

No soy digno

Señor, Dios mío,
yo sé que no soy digno de que entréis en la morada de mi alma,
puesto que está completamente desierta y arruinada,
y no hay en ella un lugar donde reposar la cabeza.
Pero como sé que os habéis rebajado por nosotros
desde lo alto del cielo,
os pido que os rebajéis ahora a mi desolación.

Vos habéis aceptado ser acostado en un pesebre
destinado a las bestias:
aceptad ahora penetrar en mi alma animal
y en mi cuerpo manchado.

IV Domingo de Cuaresma

15 de agosto 

19 de marzo de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • David es ungido rey de Israel (1 Sam 16, 1b. 6-7. 10-13a)
  • El Señor es mi pastor, nada me falta (Sal 22)
  • Levántate de entre los muertos y Cristo te iluminará (Ef 5, 8-14)
  • Él fue, se lavó, y volvió con vista (Jn 9, 1-41)
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La historia del ciego de nacimiento es como una parábola del bautismo y de la vida cristiana que se inicia con él. Uno de los nombres del bautismo es, precisamente, iluminación, porque mediante él reconocemos que Cristo es la “luz del mundo” y nos dejamos iluminar por Él: “Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz” (2ª lectura).

La liturgia de la palabra de este domingo subraya la gratuidad del bautismo, la gratuidad del don de Dios. De la misma manera que el joven David no había hecho ningún mérito para que fuera elegido por Dios como rey de Israel, el ciego de nacimiento ni siquiera le pide a Jesús que lo cure, su papel es meramente receptivo: está ahí, en la oscuridad de su ceguera. Pero consiente que los dedos del Señor se posen sobre sus ojos con el barro que había hecho con su propia saliva: “Escupió para que advirtieras que el interior de Cristo es luz. Y ve realmente, quien es purificado por lo que procede del interior de Cristo”, escribe San Ambrosio.

Así pues lo primero para ser cristiano es dejarse alcanzar por Cristo (y esto es lo que hacéis los padres cristianos cuando traéis a vuestros hijos recién nacidos a la Iglesia para que sean bautizados: se los presentáis y ofrecéis a Cristo, para que Él los ilumine). Y esto es, queridos hermanos, lo que hacemos cada vez que recibimos alguno de los sacramentos: nos dejamos alcanzar por Cristo, para que Él nos toque y realice en nosotros su acción salvadora.

Agradecer lo que no nos dan

Me gusta agradecerle a Dios todo cuanto me da, es siempre tanto que no tengo palabras para describirlo. Pero siento que debo agradecerle también lo que no me da, las cosas buenas que no he tenido, e incluso las que tanto he pedido y deseado y no he llegado a disfrutar. El hecho de que no me haya concedido algunas de ellas me ha obligado a descubrir en mí fuerzas insospechadas y, en cierto modo, me ha permitido ser yo.

Mientras no le agradezcamos a Dios, a la vida y a los demás lo que no nos han dado, parece que nuestra oración queda incompleta. Podemos fácilmente seguir adelante alimentando el resentimiento por lo que no nos ha sido dado, comparándonos con otras personas y considerándonos injustamente tratados, lamentando la dureza de lo que en cada etapa no corresponde a lo que habíamos imaginado.




Autor: José TOLENTINO MENDONÇA
Título: Pequeña teología de la lentitud
Editorial: Fragmenta Editorial, Barcelona, 2017, (pp. 16-17)







III Domingo de Cuaresma

15 de agosto 

12 de marzo de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Danos agua que beber (Ex 17, 2)
  • Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón» (Sal 94)
  • El amor ha sido derramado en nosotros por el Espíritu que se nos ha dado (Rom 5, 1-2. 5-8)
  • Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna (Jn 4, 5-42)
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El encuentro del Señor con la samaritana se produce junto a un pozo, que la tradición atribuye a Jacob. El pozo es el lugar donde se sacia la sed, y el hombre es un ser de deseos, un ser que tiene sed. El Señor inicia su diálogo con la samaritana arrancando de la sed física que él tiene en ese momento, para conducir a esa mujer a la sed de su corazón y hacerle caer en la cuenta de que esa sed del corazón es sed de Dios.

Aquella mujer era una mujer de deseos, como lo testimoniaban sus cinco maridos. Deseaba amar y ser amada. Era una mujer fuerte, capaz de descartar maridos y de encontrar otros; y al mismo tiempo era una mujer débil, porque a pesar de tanto marido, no conseguía nunca apaciguar su corazón inquieto, saciar la sed de su corazón. Al encontrar a Jesús no va a encontrar su “séptimo marido”; va a encontrar al Esposo -con mayúscula- a Aquel que nos colma interiormente con el don del Espíritu Santo y nos hace capaces de empezar a dar, a donar, a manar, como un manantial de agua viva que salta hasta la vida eterna.

Frases...

El honor es lo que nadie puede darte, ni nadie puede quitarte. Es un regalo que el hombre se hace a sí mismo.


(De la película Rob Roy)


II Domingo de Cuaresma

15 de agosto 

5 de marzo de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Vocación de Abrahán, padre del pueblo de Dios (Gen 12, 1-4a)
  • Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti (Sal 32)
  • Dios nos llama y nos ilumina (2 Tim 1, 8b-10)
  • Su rostro resplandecía como el sol (Mt 17, 1-9)
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“Dios nos ha llamado “a una vida santa” (2ª lectura.: 2Tm). Pero la llamada de Dios comporta siempre una renuncia, un sacrificio. Por eso se nos recuerda hoy la figura de Abraham, nuestro padre en la fe. Él tuvo que “salir de su tierra y de la casa de su padre”: es la renuncia que el Señor le pidió. Después tuvo que mostrarse dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac. También los apóstoles tuvieron que dejar las redes y a su familia para seguirle. Cuando llama Dios, siempre hay que hacer una ruptura, un desprendimiento de algo amado. Siempre hay que hacer un sacrificio, siempre está presente la Cruz. También en el evangelio de hoy que se inicia con una indicación cronológica: “seis días después”. ¿Después de qué? Si consultamos el evangelio de san Mateo vemos que se trata del primer anuncio de la pasión que hizo el Señor a los discípulos y contra el que se sublevó Pedro, quien probablemente pensaba que un Mesías que iba a sufrir y a morir no les servía de nada, que lo que hacía falta era un Mesías victorioso y triunfante. El incidente provocó el que Jesús llamara a Pedro “Satanás”: “Quítate de mi vista, Satanás (...) tus pensamientos no son los de Dios sino los de los hombres” (Mt16, 21-23).