V Domingo de Cuaresma

15 de agosto 

26 de marzo de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis (Ez 37, 12-14)
  • Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa (Sal 129)
  • El Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros (Rom 8, 8-11)
  • Yo soy la resurrección y la vida (Jn 11, 1-45)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

“Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?”. El evangelio de hoy nos sitúa ante el hecho ineludible que más turba la vida del hombre sobre la tierra, la muerte, y nos entrega la Buena Noticia de que Jesús convierte la muerte en una realidad provisional, transitoria: se pasa por ella, pero ella no tiene la última palabra. La disgregación del ser del hombre que ella provoca –la separación del alma y del cuerpo- es sólo provisional, momentánea.

Para nosotros, la muerte constituye un límite infranqueable, un umbral que, una vez atravesado, ya no tiene retorno. Pero no así para Cristo. Para Él la muerte es algo de lo que puede sacarnos con tan sólo una palabra, diciendo nuestro nombre y dando la orden: “¡Lázaro, ven afuera!”. Por eso compara la muerte con el sueño: “Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo”. Los primeros cristianos comprendieron esto perfectamente y abandonaron la terminología pagana, que llamaba “necrópolis” a los lugares de enterramiento, y la sustituyeron por la palabra “cementerio”, que literalmente significa “dormitorio”: la muerte es un sueño, del que nos despertará la voz poderosa del Señor.

Los siete dolores de María


I Dolor: María recibe con fe la profecía de Simeón: que una espada de dolor atravesará su alma porque Jesús será signo de contradicción.

Madre, tú sabes qué es que te digan que lo más bello te lo arrebatarán y que nada te pertenece. Mira a nuestros hermanos recién bautizados y cuida de ellos, para que se mantengan en la verdad del Amor que trae la libertad. Oremos por los cristianos de China. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

II Dolor: María huye a Egipto con Jesús y José, porque Herodes quiere matar a Jesús.

Madre, tú sabes lo que es tener que escapar, lo que es sentirse despojada y al mismo tiempo segura de que tu marido te cuida y tu Hijo te protege. Mira con amor a nuestros hermanos que se ven obligados a salir de sus casas, a huir de su tierra, intercede por ellos ante tu Hijo Jesucristo y pide a San José que les acompañe. Oremos por los cristianos de Irak. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

III Dolor: María busca a Jesús perdido en Jerusalén. Jesús vino a cumplir la voluntad del Padre.

Madre, tú que sabes escuchar con el corazón, mira a los misioneros que están con los enfermos, los que no abandonan a sus hermanos, los que saben dar preferencia a las cosas del Padre, y enséñanos a leer las bienaventuranzas con la brisa del Espíritu. Oremos por los cristianos de Kenia. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Icono de La Anunciación del Señor de Homs, Siria


Martes, 21 de marzo de 2023
Parroquia San León Magno


El icono de la Anunciación del Señor de Homs, fue rescatado de los escombros de un monasterio ortodoxo en Homs, Siria. 

Es signo y testigo de la persecución que, aún hoy en día, sufren muchos hermanos por su fidelidad a Cristo.

Se utilizó de diana, conserva tres impactos de bala, dos con orificio de entrada y salida y un tercero, sobre la cabeza de la Virgen, que conserva el proyectil.

Este icono, ante el cual con tanto fervor habrán rezado multitud de cristianos, fue profanado cuando los terroristas del DAESH entraron en Siria con la intención de acabar con el cristianismo en esas tierras. Cuando algunos cristianos consiguieron volver a su ciudad, rescataron este sagrado icono de los escombros de una de sus iglesias, y lo cedieron para que sirviera de nexo de unión entre ellos -nuestros hermanos perseguidos- y nosotros. Ellos esperan nuestra ayuda, nuestro apoyo y nuestra oración.

San José

15 de agosto 

20 de marzo de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • El Señor Dios le dará el trono de David, su padre (2 Sam 7, 4-5a. 12-14a. 16)
  • Su linaje será perpetuo (Sal 88)
  • Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza (Rom 4, 13. 16-18. 22)
  • José hizo lo que le había mandado el ángel del Señor (Mt 1, 16. 18-21. 24a)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

No sería correcto interpretar que la Virgen y san José se “despistaron” en relación a su hijo Jesús a la hora de regresar desde Jerusalén a Nazaret. Y esto por dos razones. En primer lugar porque el niño Jesús acababa de cumplir 12 años, como el evangelio se preocupa de subrayar. Doce años era y es la edad en la que un niño judío empieza a ser considerado “adulto”: se le declara “hijo de la Ley”, que a partir de ahora tiene la obligación de estudiar, y adquiere también el deber de defender a su pueblo Israel. A partir de los doce años se produce una inflexión en el trato que los padres dispensan a su hijo: un control agobiante ya no sería pertinente, una cierta libertad y capacidad de iniciativa propia resultan ya necesarias. En segundo lugar, en las caravanas de la época los varones y las mujeres caminaban en grupos distintos y diferenciados, mientras que los niños podían elegir libremente entre caminar en uno u otro grupo. Con toda probabilidad María pensaría que Jesús iba con José y José que iba con María. Al reunirse al anochecer para acampar es cuando se percataron de su error.

Durante tres días estuvieron buscándolo. María y José nos dan ejemplo de lo que hay que hacer cuando se pierde a Cristo: buscarlo sin parar hasta encontrarlo. Una vez que se ha conocido a Jesús, vivir sin Él es verdaderamente miserable e insoportable: hay que ponerse a buscarlo hasta encontrarlo. Cuando perdemos a Cristo por el pecado mortal, hay que ponerse inmediatamente a buscarlo por el arrepentimiento y la confesión sacramental, en vez de quedarse chapoteando en los propios pecados.

No soy digno

Señor, Dios mío,
yo sé que no soy digno de que entréis en la morada de mi alma,
puesto que está completamente desierta y arruinada,
y no hay en ella un lugar donde reposar la cabeza.
Pero como sé que os habéis rebajado por nosotros
desde lo alto del cielo,
os pido que os rebajéis ahora a mi desolación.

Vos habéis aceptado ser acostado en un pesebre
destinado a las bestias:
aceptad ahora penetrar en mi alma animal
y en mi cuerpo manchado.

IV Domingo de Cuaresma

15 de agosto 

19 de marzo de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • David es ungido rey de Israel (1 Sam 16, 1b. 6-7. 10-13a)
  • El Señor es mi pastor, nada me falta (Sal 22)
  • Levántate de entre los muertos y Cristo te iluminará (Ef 5, 8-14)
  • Él fue, se lavó, y volvió con vista (Jn 9, 1-41)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf


La historia del ciego de nacimiento es como una parábola del bautismo y de la vida cristiana que se inicia con él. Uno de los nombres del bautismo es, precisamente, iluminación, porque mediante él reconocemos que Cristo es la “luz del mundo” y nos dejamos iluminar por Él: “Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz” (2ª lectura).

La liturgia de la palabra de este domingo subraya la gratuidad del bautismo, la gratuidad del don de Dios. De la misma manera que el joven David no había hecho ningún mérito para que fuera elegido por Dios como rey de Israel, el ciego de nacimiento ni siquiera le pide a Jesús que lo cure, su papel es meramente receptivo: está ahí, en la oscuridad de su ceguera. Pero consiente que los dedos del Señor se posen sobre sus ojos con el barro que había hecho con su propia saliva: “Escupió para que advirtieras que el interior de Cristo es luz. Y ve realmente, quien es purificado por lo que procede del interior de Cristo”, escribe San Ambrosio.

Así pues lo primero para ser cristiano es dejarse alcanzar por Cristo (y esto es lo que hacéis los padres cristianos cuando traéis a vuestros hijos recién nacidos a la Iglesia para que sean bautizados: se los presentáis y ofrecéis a Cristo, para que Él los ilumine). Y esto es, queridos hermanos, lo que hacemos cada vez que recibimos alguno de los sacramentos: nos dejamos alcanzar por Cristo, para que Él nos toque y realice en nosotros su acción salvadora.

Agradecer lo que no nos dan

Me gusta agradecerle a Dios todo cuanto me da, es siempre tanto que no tengo palabras para describirlo. Pero siento que debo agradecerle también lo que no me da, las cosas buenas que no he tenido, e incluso las que tanto he pedido y deseado y no he llegado a disfrutar. El hecho de que no me haya concedido algunas de ellas me ha obligado a descubrir en mí fuerzas insospechadas y, en cierto modo, me ha permitido ser yo.

Mientras no le agradezcamos a Dios, a la vida y a los demás lo que no nos han dado, parece que nuestra oración queda incompleta. Podemos fácilmente seguir adelante alimentando el resentimiento por lo que no nos ha sido dado, comparándonos con otras personas y considerándonos injustamente tratados, lamentando la dureza de lo que en cada etapa no corresponde a lo que habíamos imaginado.




Autor: José TOLENTINO MENDONÇA
Título: Pequeña teología de la lentitud
Editorial: Fragmenta Editorial, Barcelona, 2017, (pp. 16-17)







III Domingo de Cuaresma

15 de agosto 

12 de marzo de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Danos agua que beber (Ex 17, 2)
  • Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón» (Sal 94)
  • El amor ha sido derramado en nosotros por el Espíritu que se nos ha dado (Rom 5, 1-2. 5-8)
  • Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna (Jn 4, 5-42)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

El encuentro del Señor con la samaritana se produce junto a un pozo, que la tradición atribuye a Jacob. El pozo es el lugar donde se sacia la sed, y el hombre es un ser de deseos, un ser que tiene sed. El Señor inicia su diálogo con la samaritana arrancando de la sed física que él tiene en ese momento, para conducir a esa mujer a la sed de su corazón y hacerle caer en la cuenta de que esa sed del corazón es sed de Dios.

Aquella mujer era una mujer de deseos, como lo testimoniaban sus cinco maridos. Deseaba amar y ser amada. Era una mujer fuerte, capaz de descartar maridos y de encontrar otros; y al mismo tiempo era una mujer débil, porque a pesar de tanto marido, no conseguía nunca apaciguar su corazón inquieto, saciar la sed de su corazón. Al encontrar a Jesús no va a encontrar su “séptimo marido”; va a encontrar al Esposo -con mayúscula- a Aquel que nos colma interiormente con el don del Espíritu Santo y nos hace capaces de empezar a dar, a donar, a manar, como un manantial de agua viva que salta hasta la vida eterna.

Frases...

El honor es lo que nadie puede darte, ni nadie puede quitarte. Es un regalo que el hombre se hace a sí mismo.


(De la película Rob Roy)


II Domingo de Cuaresma

15 de agosto 

5 de marzo de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Vocación de Abrahán, padre del pueblo de Dios (Gen 12, 1-4a)
  • Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti (Sal 32)
  • Dios nos llama y nos ilumina (2 Tim 1, 8b-10)
  • Su rostro resplandecía como el sol (Mt 17, 1-9)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

“Dios nos ha llamado “a una vida santa” (2ª lectura.: 2Tm). Pero la llamada de Dios comporta siempre una renuncia, un sacrificio. Por eso se nos recuerda hoy la figura de Abraham, nuestro padre en la fe. Él tuvo que “salir de su tierra y de la casa de su padre”: es la renuncia que el Señor le pidió. Después tuvo que mostrarse dispuesto a sacrificar a su hijo Isaac. También los apóstoles tuvieron que dejar las redes y a su familia para seguirle. Cuando llama Dios, siempre hay que hacer una ruptura, un desprendimiento de algo amado. Siempre hay que hacer un sacrificio, siempre está presente la Cruz. También en el evangelio de hoy que se inicia con una indicación cronológica: “seis días después”. ¿Después de qué? Si consultamos el evangelio de san Mateo vemos que se trata del primer anuncio de la pasión que hizo el Señor a los discípulos y contra el que se sublevó Pedro, quien probablemente pensaba que un Mesías que iba a sufrir y a morir no les servía de nada, que lo que hacía falta era un Mesías victorioso y triunfante. El incidente provocó el que Jesús llamara a Pedro “Satanás”: “Quítate de mi vista, Satanás (...) tus pensamientos no son los de Dios sino los de los hombres” (Mt16, 21-23).

El sufrimiento de los sacerdotes


Lo que hay de Misterioso en el sacerdote es que progresivamente entra en los sentimientos de Cristo (…) Porque el mayor sufrimiento de Cristo fue ciertamente el de vivir en una humanidad tan desviada de Dios, tan indiferente a lo divino, tan opaca a la luz. Él es la palabra que no es escuchada, es el Dios que no es acogido, es el testigo que no es creído. Es el pastor al que las ovejas abandonan: “Los suyos no le han acogido”.

Este sufrimiento de la Encarnación, en una humanidad que rechaza a Dios, es el sufrimiento del sacerdote. Él sufre, con las dimensiones del mundo, por cada miseria, por cada impureza, por cada odio, por cada injusticia, por cada pecado. Sufre con Cristo, más que por cualquier otra cosa, por esta indiferencia hacia lo divino, por este cierre a la gracia, por esta opacidad, por este tedio, por este asco de Dios. Está atrapado en este Misterio de un Dios que ama y que no es amado.

Él mismo, tan a menudo malinterpretado y rechazado, tan a menudo condenado por los fariseos y entregado a los paganos, que al menos entienda que su sufrimiento es el sufrimiento mismo de Cristo. Y, de hecho, la condición propia del Salvador es llevar a Dios donde hay un rechazo de Dios; y finalmente, esta pasión a causa del pecado del mundo, ofrecida hasta el fin, es la obra misma de la Redención. Por eso, semejante sufrimiento no puede secar en él las fuentes de la alegría.

(L. LOCHET, Le prêtre, sacrement de Jésus-Christ, en L’Anneau d’Or, 63-64 (1955), p. 296)

I Domingo de Cuaresma

15 de agosto 

 26 de febrero de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Creación y pecado de los primeros padres (Gen 2, 7-9; 3, 1-7)
  • Misericordia, Señor, hemos pecado (Sal 50)
  • Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia (Rom 5, 12-19)
  • Jesús ayuna cuarenta días y es tentado (Mt 4, 1-11)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

La liturgia de la palabra de este primer domingo de cuaresma nos plantea el problema del hombre en toda su crudeza y radicalidad. Pues el verdadero problema del hombre es elegir entre Dios y Satán, entre “el amor hacia sí mismo hasta el desprecio de Dios” y “el amor hacia Dios hasta el desprecio de sí mismo”, como dijo san Agustín en la Ciudad de Dios: los dos amores que dan lugar a las dos ciudades, la ciudad terrestre y la ciudad celestial.

Los textos de hoy nos presentan a los dos principios dinámicos que dan lugar a las dos ciudades: el primer Adán, que elige “el amor hacia sí mismo hasta el desprecio de Dios” y el segundo y definitivo Adán, que es Cristo, que elige, al contrario, “el amor de Dios hasta el desprecio de sí mismo”. Queda a la libertad de cada hombre el decidirse por uno u otro Adán, por el primero o por el segundo, y en esa elección se juega el hombre su destino eterno.

Frases...

Contemplar cada uno de los pecados que he cometido como un favor de Dios. Un favor es que la imperfección esencial que se encuentra disimulada en el fondo de mí se manifieste parcialmente ante mí un día cualquiera, a una hora cualquiera, en una circunstancia determinada. Yo deseo, suplico que mi imperfección se manifieste ante mí por entero, tanto como sea capaz de aguantar la mirada del pensamiento humano. No para que se cure, sino, aún cuando no haya de curarse, para que yo esté en la verdad.


Simone Weil

A imagen y semejanza de Dios


1. Un ser distinto de todos los demás.

Cuando Dios va a crear al hombre aparece en la Biblia por primera vez un misterioso plural: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, como semejanza nuestra” (Génesis 1,26). La aparición del hombre es la aparición del ser en razón del cual todo lo demás ha sido creado. Por eso Dios, en ese momento, no da una orden (“hágase la luz”, “hágase la tierra”, “que la tierra florezca de plantas”) sino que se da un consejo a sí mismo. Este misterioso plural –“hagamos”– puede ser entendido de varias maneras: como una palabra pronunciada en el consejo intratrinitario, como una expresión dirigida a los ángeles, o como una palabra dirigida al mismo hombre. Este último sentido subraya el carácter de libertad propio del ser que va a ser creado. Es como si Dios apelara ya de antemano a la libertad y la colaboración del hombre, para que éste pueda alcanzar la plenitud de su ser.

2. Criatura: un ser referencial.

Que el hombre es una criatura significa que es una pura referencia a Dios, su Creador. Que el hombre es imagen y semejanza de Dios quiere decir que el hombre ha sido creado mirando a Dios, tomando como modelo el ser mismo de Dios y que, en consecuencia, el hombre sólo encuentra su “mismidad”, su verdadero ser, en Dios. Precisando más hay que afirmar que el modelo divino, en su absoluta pureza, es Cristo, imagen del Dios invisible (Colosenses 1,15): Dios Padre, al crear al hombre, está mirando a Cristo, su Hijo, pues, según vimos, Dios crea como Padre y, por ello mismo, crea hijos en el Hijo, crea al hombre para que su paternidad sea manifestada por la aparición de una multitud de hijos. Esto significa que la verdad del hombre es el Hijo, es Cristo, que, en consecuencia, si el hombre quiere comprenderse a sí mismo y descubrir su verdadera vocación, tiene que mirar a Cristo.

Desnudez y misericordia

Catequesis parroquial nº 173

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 15 de febrero de 2023

VII Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

19 de febrero de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Lev 19, 1-2. 17-18)
  • El Señor es compasivo y misericordioso (Sal 102)
  • Todo es vuestro, vosotros de Cristo y Cristo de Dios (1 Cor 3, 16-23)
  • Amad a vuestros enemigos (Mt 5, 38-48)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

         
Hoy el Señor nos sigue explicando esa manera de vivir propio de los suyos, de los que le pertenecemos desde el día de nuestro bautismo, y lo hace dándonos dos “mandamientos”, dos pautas de conducta, una negativa y otra positiva, es decir, dándonos una prohibición general y un mandamiento positivo.

La prohibición general dice así: “no hagáis frente al que os agravia”. Con esta prohibición el Señor nos está indicando que no debemos actuar según la lógica de la reciprocidad que sugiere “tratar a cada uno según él nos trata”: si alguien nos trata bien, tratarlo bien, y si alguien nos trata mal, tratarlo mal.

Al acostarse



Concede a mis párpados
un sueño ligero,
para que mi voz
no permanezca muda mucho tiempo.

Tu creación velará
para salmodiar con los ángeles.

Que esté mi sueño siempre
habitado por tu presencia.

Y que la noche no retenga
ninguna de las manchas del pasado día.

Que las locuras de la noche
no pueblen mis sueños.

Separado incluso del cuerpo,
te canta el Espíritu, ¡oh Dios!

Padre, Hijo
y Espíritu Santo.
A Ti el honor, el poder y la gloria
por los siglos de los siglos.

Amén.

(San Gregorio Nacianceno [329-390])


VI Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

12 de febrero de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • A nadie obligó a ser impío (Eclo 15, 15-20)
  • Dichoso el que camina en la ley del Señor (Sal 118)
  • Dios predestinó la sabiduría antes de los siglos para nuestra gloria (1 Cor 2, 6-10)
  • Así se dijo a los antiguos; pero yo os digo (Mt 5, 17-37)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

El domingo pasado nos decía el Señor que, por nuestra manera de vivir según su palabra, somos la sal de la tierra y la luz del mundo. Hoy el Señor nos explica algunos contenidos de  esa forma de vivir que él nos inculca y crea en nosotros, por el don de su Espíritu Santo. Y en concreto nos habla de la manera como hemos de vivir los conflictos de la vida humana, del mundo interior de los deseos y de nuestra relación con la Verdad.

En la vida humana suelen haber conflictos y la manera más contundente de resolverlos es la eliminación del otro, la muerte de la persona con la que estamos en conflicto. Por eso la palabra de Dios, ya desde el monte Sinaí, nos dijo: “No matarás”. Sin embargo el Señor añade ahora: no basta con que no mates, tienes que eliminar de tu corazón toda maldad y de tus labios toda palabra hiriente hacia los demás, incluido, por supuesto, tu enemigo. 

La voluntad de reconciliación, de vivir en paz con todos, es una condición ineludible para que nuestra plegaria y nuestro culto sean agradables a Dios, tal como dirá san Pablo: “Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar elevando hacia el cielo unas manos piadosas, sin ira ni discusiones” (1Tm 2,8). Esto es algo tan importante para el Señor, que nos lo inculca con una afirmación que debió impresionar mucho a sus oyentes. Pues en Israel sólo había un lugar para “poner tu ofrenda sobre el altar”, a saber, el Templo de Jerusalén, y en consecuencia volver a reconciliarse con el hermano ofendido podía suponer un viaje de muchos kilómetros. Pero es imprescindible que, “antes de comparecer ante el juez”, es decir, antes del encuentro personal, cara a cara, con Cristo, después de nuestra muerte, cada uno de nosotros haya hecho todo lo posible para reconciliarse con sus hermanos. Dios no puede reconocernos como hijos suyos, si nosotros no hacemos todo lo posible para vivir fraternalmente con sus otros hijos, que son nuestros hermanos.

En segundo lugar, el Señor nos habla del mundo interior de nuestros deseos. Y lo hace hablando de la mujer, que es, en la Biblia, la respuesta divina al problema de la soledad del hombre (“no es bueno que el hombre esté solo”, dijo Dios, después de crear a Adán), y por lo tanto es el ser deseado por excelencia. 

El Señor nos inculca que el mundo de los deseos debe ser “circuncidado”, es decir, sometido a la ley de Dios, porque sabe que el deseo en el hombre tiende fácilmente a querer poseer cuanto encuentra de bello y deseable, incluso “la mujer de tu prójimo”. Y ahí hay que detenerse, hay que frenar los ciegos impulsos del deseo y aceptar la propia condición, respetando la del prójimo. A nadie deja Dios abandonado; el hombre debe “comer con alegría su propio pan” (Qo 9,7), pero respetando siempre el pan de los demás, porque, tal como dijo san Juan Bautista, “no te es lícito tener la mujer de tu hermano” (Mc 6,18). 

Tampoco debe ser el deseo la razón para romper el matrimonio, pues la alianza conyugal entre el varón y la mujer es un signo de la alianza entre Cristo y su Iglesia (Ef 5,32), alianza que no está sometida a los vaivenes del deseo, sino que está firmemente anclada en la cruz de Cristo. 

Finalmente el Señor nos habla de nuestra relación con la verdad para inculcarnos, de nuevo, la moderación: somos demasiado pequeños para pretender apuntalar nuestra verdad, lo que nosotros honradamente vemos como verdadero, con la Verdad que es Dios. Por eso “no juréis en absoluto”, dice el Señor. Hay una desmesura latente en el hecho de querer garantizar la propia veracidad con la veracidad de Dios: el hombre debe de ser más modesto y contentarse con decir “sí o no” porque “lo que pasa de ahí viene del Maligno”.

Que el Señor nos haga fraternales y moderados, para que seamos sla de la tierra y luz del mundo. Amén.


Aprender a recibir

(El protagonista del relato es un joven profesor de instituto, casado y padre de familia, que, a causa de una enfermedad inesperada, ha quedado completamente ciego)

Recuerdo el día en que subí al tejado donde tenía el telescopio que me había regalado mi padre. Era un día sin viento y la azotea del edificio estaba inmersa en el silencio, apenas me llegaban los ruidos de la calle. La ciudad, bajo mis pies, parecía arrastrarse más de lo habitual para llegar a la noche. Sentía el peso del aire, yo era un pavimento sobre el que la vida, el cielo y el dolor, consumaban su bacanal. Hacía dos años que no veía nada. Echaba de menos las estrellas que antes estudiaba todas las semanas, no conseguía soportar el hecho de no ver crecer a mi hijo. El contacto con mi padre se había hecho imposible; a la casi insuperable distancia de su demencia senil se unía mi ceguera. Ahora éramos dos islas sin ningún puente que las uniera. Todo lo que habíamos sido parecía haber desaparecido. La soledad envenenaba cada pensamiento y cada sentimiento, no conseguía estar con mi mujer, no quería darle a probar esa soledad, creía que tenía que afrontarla yo solo, porque me avergonzaba demasiado de mi debilidad. Había perdido el gusto por la investigación, mi proverbial e insoportable curiosidad; había dejado de enseñar porque me parecía imposible continuar. La oscuridad me lo había quitado todo y, poco a poco, la vida dentro de mí se había ido apagando. Y yo, en aquella azotea, quería consumar aquella soledad. Habría bastado un salto, ni siquiera eso, solo un paso. Subí al borde, de pie. Desde un punto de vista mecánico es facilísimo acabar con la vida, pero el espíritu se ríe de la mecánica. Caminé por el borde como un funambulista, con los brazos extendidos para mantener el equilibrio. Por debajo, un vacío de diez pisos me golpeaba en la cara, pero me esforzaba en imaginarme que solo había un jardín al que bajar para continuar viviendo. Sería un vuelo breve, ciego, sin el miedo del golpe porque no habría visto cómo se iba acercando el suelo. Una oscuridad definitiva habría sustituido a la provisional. Levanté el rostro al cielo, le grité a Dios que me había abandonado y que no tenía ya nada por lo que vivir. Le pedí perdón, pero tenía demasiado miedo a seguir viviendo así, perdiendo todo lo que amaba, poco a poco, como caen los granos en un reloj de arena. Era un peso para todos y, sobre todo, para mí mismo. Bastaba un paso para decir adiós y abandonarme definitivamente al abrazo de la nada. Empecé a hacer una lista con los diez suicidas más importantes de la historia: Sócrates, Judas, Monroe, Catón, Cleopatra, Séneca, Cobain… No tenía ni la dignidad ni la inspiración de ninguno de ellos. Mi insignificancia había recibido un certificado auténtico con la ceguera. Nuestra vida está a merced del dolor y el contrapeso del amor nunca es suficiente. Nunca. Al llegar a esta conclusión, con calma, levanté el pie y me lancé al vacío. Y caí. La caída duró un instante. Me rompí el tobillo. Pero estaba vivo. Había sobrevivido a un vuelo de diez pisos, así que mi vida aún servía para algo. ¿Tenía Dios un plan diferente para mí? Mi mujer me encontró en ese estado.

- ¿Qué haces aquí en la azotea y en el suelo?

No contesté.

- ¿Qué te has hecho en el pie? ¿Qué has hecho?

Había caído hacia el lado equivocado. Perdido en mis pensamientos me había girado hacia el lado del tejado. Había vivido un milagro: la ceguera me había salvado de la desesperación.

Mi mujer me abrazó y me besó en los ojos, después, acercando sus labios a mis oídos, me dijo:

- Estoy embarazada.

Y yo lloré. No sé si por el dolor del tobillo o porque mi frontera se alargaba de improviso más allá del perímetro de la oscuridad y la soledad.

- Te necesito. Vuelve a mí tal y como eres –me dijo. Y me sentí amado precisamente por aquello de lo que más me avergonzaba.

En aquel instante volví a nacer, porque dejé morir la vieja vida en la que yo dominaba sobre todo. Había comenzado una nueva vida, en la que tenía que aprender a recibir.




Autor: Alessandro D’AVENIA
Título: ¡Presente!
Editorial: Encuentro, Madrid, 2022, (pp. 235-237)













Frases...

El hombre se muestra indigno del milagro cuando intenta reducirlo a una vulgar causa material.


Andrei Makine

V Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

5 de febrero de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Surgirá tu luz como la aurora (Is 58, 7-10)
  • El justo brilla en las tinieblas como una luz (Sal 111)
  • Os anuncié el misterio de Cristo crucificado (1 Cor 2, 1-5)
  • Vosotros sois la luz del mundo (Mt 5, 13-16)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

El evangelio de hoy nos habla de la relación de los cristianos con el ambiente, con la sociedad, con el mundo. En esa relación siempre existe la tentación de querer mimetizarse con el entorno, de ser como todos. El Señor hoy nos dice que nosotros tenemos que ser diferentes a los demás, que entre los cristianos y el mundo existe una diferencia que debe de ser mantenida, porque es una diferencia querida por Dios, que marca la misión que Él nos ha confiado. Esa misión consiste en ser luz y sal en relación al mundo, en relación a toda la humanidad. El Señor no nos ha elegido para que seamos como todos sino para que siendo de otra manera, constituyamos para todos una “ciudad elevada sobre un monte”, una “luz puesta sobre un candelero”, una “sal” que posee un sabor distinto al de los alimentos y que, por ello mismo, los sazona y les da un gusto especial.

Ser diferentes es una carga. A lo largo de la historia del pueblo de Israel, que es como un anticipo de nuestra propia historia, en varias ocasiones los judíos se cansaron de ser diferentes. Por eso le pidieron al profeta Samuel que les diera un rey: “Asígnanos un rey (…) como todas las naciones” (1S 7,5). Más adelante, en el siglo IV a. C., “surgieron de Israel unos hijos rebeldes que sedujeron a muchos diciendo: «Vamos, concertemos alianza con los pueblos que nos rodean, porque desde que nos separamos de ellos, nos han sobrevenido muchos males.» (…) En consecuencia, levantaron en Jerusalén un gimnasio al uso de los paganos, rehicieron sus prepucios, renegaron de la alianza santa para atarse al yugo de los paganos, y se vendieron para obrar el mal” (1Mac 1,11-15).

Lo urgente

Estamos inaugurando una nueva forma de organizar la experiencia humana, menos estática que la escritura, mucho más instantánea, global, accesible y atractiva. No es casualidad que su metáfora sea la red. Pero quedan amenazadas algunas dimensiones importantes, como podemos comprobar en nuestro día a día. Ya lo profetizó McLuhan: “En la era del funcionamiento en circuito, las consecuencia de cualquier acción ocurren al mismo tiempo que esta”. Una de las cosas que nos arriesgamos a perder es el distanciamiento, el margen de tiempo y de libertad tan necesarios para la reflexión. Se espera que todo fluya sin pausas. Se habla mucho de una gestión eficaz de la información. Lo urgente, en cambio, sería reconocer que necesitamos tiempo y soledad para consultar los asuntos con la almohada. La mayoría de las veces, la almohada es mejor consejera que la pantalla.



Autor: José TOLENTINO MENDONÇA

Título: Pequeña teología de la lentitud

Editorial: Fragmenta Editorial, Barcelona, 2017, (pp. 53-54)






IV Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

29 de enero de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre (Sof 2, 3; 3, 12-13)
  • Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos (Sal 145)
  • Dios ha escogido lo débil del mundo (1 Cor 1, 26-31)
  • Bienaventurados los pobres en el espíritu (Mt 5, 1-12a)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

El domingo pasado el evangelio nos mostraba al Señor anunciando la cercanía del reino de los cielos; hoy nos lo presenta describiéndonos el perfil de los hombres que van a poblar ese reino de los cielos. Se trata de los hombres que han sido alcanzados por Dios, que se han dejado “tocar” por Él, que se fían de Él y que llegarán a ser ciudadanos de su reino. Y de esos hombres se nos dice, ante todo, que serán felices, dichosos, porque la dicha es el estado que corresponde al hombre cuando el hombre vive en comunión con Dios.

En las bienaventuranzas se nos dice, ante todo, que Dios nos ha creado para la felicidad, para la dicha: en el paraíso terrenal, que fue la primera realización del reino de Dios en la tierra, Adán y Eva eran dichosos; el pecado original acabó con esa dicha e introdujo una situación de desdicha, en la que la felicidad se hizo rara y quedó reducida a determinados momentos puntuales, y habitualmente poco frecuentes, de la vida. Pero ahora Jesús trae la buena noticia de que Dios está dispuesto a actuar para volver a dar al hombre la felicidad para la que Él lo creó. Por eso el reino de los cielos que Jesús anuncia es un reino de felicidad, de dicha, de buena ventura: las bienaventuranzas así lo proclaman.

Una vida antes que una moral

 

1. Lo que no es el cristianismo.

Imaginemos un hombre que cumple perfectamente bien todos los mandamientos de Dios y de su Iglesia, un hombre que es justo y bueno, que busca la paz y trabaja por ella, que lucha contra la injusticia y quiere un mundo de hermanos, pero que hace todo esto sin creer que Jesucristo es Dios y sin estar bautizado... Pues bien, ese hombre no sería cristiano. No se es, en efecto, cristiano por cumplir todos los mandamientos, sino por creer que Jesucristo es Dios y por vincularse orgánicamente a Él mediante el bautismo; de este modo recibimos su Espíritu, y participamos así de su Vida. El cristiano es una vida mucho más y mucho antes que una moral. ¡Oh insensatos gálatas! ¿Quién os fascinó a vosotros, a cuyos ojos fue presentado Jesucristo crucificado? Quiero saber de vosotros una sola cosa: ¿recibisteis el Espíritu por las obras de la ley o por la fe en la predicación? ¿Tan insensatos sois? Comenzando por espíritu, ¿termináis ahora en carne? ¿Habéis pasado en vano por tales experiencias? ¡Pues bien en vano sería! El que os otorga, pues, el Espíritu y obra milagros entre vosotros, ¿lo hace porque observáis la ley o porque tenéis fe en la predicación? (Gálatas 3,1-5). Lo que, en efecto, nos hace cristianos es la fe en la predicación, en el anuncio de que tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna (Juan 3,16) y la adhesión vital a este acontecimiento que opera en nosotros el bautismo.

Escuela de la fe #11: San Isaac el sirio: las tantaciones y los pecados




San Isaac el sirio: las tentaciones y los pecados


D. Fernando Colomer Ferrándiz
20 de enero de 2023


Enlace para escuchar en ivoox: https://go.ivoox.com/rf/126370251


Oración por la salvación de un cristiano que se ha suicidado

¡Oh Corazón de Jesús, dame su alma! Haz, ¡oh Señor!, que la tácita plegaria que incesantemente hacia Ti se dirige, que las lágrimas en silencio vertidas, intercedan, Corazón de Jesús, por el hermano que murió, aunque no según la naturaleza. Su alma inmortal murió a la vida de la gracia. ¡Piedad, dulce Jesús, piedad!, que esta alma no se pierda para siempre. ¡Con qué sutiles argucias llegó a él el tentador, con el fatal y adulador engaño! Pero mi hermano no habría muerto, Señor, si Tú hubieses estado allí (Cf. Jn 11, 21). Mas, ¡ay!, el orgullo de su espíritu te hizo alejarte de él, porque olvidó, es más, despreció tu consejo: Sed mansos y humildes de corazón (Mt 11, 29). Por el amor que tu Madre sintió por él, escucha esta mi angustiosa oración. Arráncale de la venganza del tentador. Sálvale, Señor, porque te amó. Por las humillaciones de tu Pasión, por tu muerte en la Cruz, pídeme, Señor, lo que quieras, pero dame aquella alma. Por la tierna compasión de tu Corazón a la vista del dolor humano, haz que el corazón que gime ante Ti obtenga gracia, y aquella alma sea ganada por tu Misericordia. Vuelve a él tu mirada, como a Pedro cuando te negó (cf. Lc 22, 61). Con esa mirada le podrás vencer, porque…Señor, en otro tiempo te amó. Lo confesaremos nosotros en su lugar: él actuó como un traidor. Pero quizá algún dulce recuerdo perdura aún en él. ¡Despiértalo en su corazón, Señor! Corazón de Jesús, Pastor y Redentor, Tú que salvas y redimes, ¡piedad para nuestro hermano errante! Llámalo, para que salga de su sepulcro (cf. Jn 11, 43). ¡Miserere! (Sal 50, 1). Tú que no desdeñas la súplica del pecador, ¡escúchame, Señor!, y reclama junto a tu Corazón al hermano que se alejó de Ti.

Cardenal Merry del Val [1]

III Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

22 de enero de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • En Galilea de los gentiles el pueblo vio una luz grande (Is 8, 23b - 9, 3)
  • El Señor es mi luz y mi salvación (Sal 26)
  • Decid todos lo mismo y que no haya divisiones entre vosotros (1 Cor 1, 10-13. 17)
  • Se estableció en Cafarnaún, para que se cumpliera lo dicho por Isaías (Mt 4, 12-23)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan, se retiró a Galilea (…) Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías”. Con estas palabras san Mateo nos hace ver que Jesús otorga en su vida un peso a las circunstancias externas, que las observa, las valora y toma decisiones en base a ellas. A pesar de ser Dios, Jesús descubre la voluntad del Padre a través de las circunstancias externas de su vida -como nos ocurre a nosotros- y actúa en función de ellas. Jesús no se comporta como un héroe desafiante sino como un hombre humilde que examina la realidad en la que se encuentra envuelto para tomar sus decisiones, en este caso concreto la decisión de huir buscando un sitio más seguro. Y a través de esto se cumple la Escritura, el plan de Dios se va realizando. Él dirá a sus discípulos: “Cuando os persigan en una ciudad huid a otra, y si también en ésta os persiguen, marchaos a otra” (Mt 10,23). También nosotros debemos aprender a leer la voluntad de Dios a través de las circunstancias de nuestra vida (y no esperar que un ángel nos la diga).

Las buenas palabras

Las buenas palabras son, en este mundo, como una música del cielo. Poseen un poder que parece superar a la naturaleza. Es como si la voz de un ángel se hubiera extraviado sobre nuestra tierra y sus acentos inmortales hirieran suavemente los corazones, depositando en ellos algo de la naturaleza de los ángeles.

Las buenas palabras pueden enderezar los asuntos más embrollados, porque, en realidad, un corazón inaccesible al perdón es un monstruo bastante raro. Casi todo el mundo se cansa de las disputas, incluso de las más justas. Incluso aquellas en las que todos los errores están del mismo lado, que son las más difíciles de arreglar, con el tiempo ceden ante las palabras conciliadoras.

Toda disputa tiene probablemente su origen en un malentendido y sólo subsiste por el silencio que perpetua ese error. Cuando un malentendido ha vivido más de un mes, se le puede considerar en general como incurable mediante explicaciones que no hacen sino multiplicar los malentendidos. Entonces las buenas palabras, cuyos frutos no veremos más que a base de perseverancia, son nuestra única esperanza, pero son una esperanza cierta. Porque ellas no explicarán nada, sino que harán algo mejor: harán inútil toda explicación y de ese modo evitarán que se reabran las antiguas llagas. En estas circunstancias, las buenas palabras poseen una fuerza medicinal. Y también productiva, porque, entre otras cosas, dan felicidad.

Frederick William Faber


II Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

15 de enero de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación (Is 49, 3. 5-6)
  • Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad (Sal 39)
  • A vosotros, gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo (1 Cor 1, 1-3)
  • Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo (Jn 1, 29-34)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio; entonces yo digo: ‘Aquí estoy (…) para hacer tu voluntad’. Dios mío lo quiero y llevo tu ley en las entrañas”. Estas palabras del salmo 39, que hemos proclamado en el salmo responsorial, expresan la esencia de la novedad que llega con la persona de Cristo. En el régimen de los sacrificios rituales que instaura el Levítico, cuando se quiere ofrecer un sacrificio de expiación por los propios pecados, el oferente “impondrá su mano sobre la cabeza de la víctima y le será aceptada como expiación” (Lv 1,4): el sacrificio del animal ofrecido al Señor es como una muerte vicaria del hombre que lo ofrece; el oferente reconoce así que “la paga del pecado es la muerte” (Rm 6,23) y que es él mismo quien debería morir, pero lo hace el animal en lugar suyo, y Dios acepta ese sacrificio como expiación por el pecado.

Frases...

“La Iglesia es intolerante en cuanto a sus principios porque cree, y en su praxis es tolerante, porque ama. Los enemigos de la Iglesia son tolerantes en cuanto a los principios, porque no creen, e intolerantes en su praxis, porque no aman”.



Reginald GARRIGOU-LAGRANGE O.P.
(1877-1964)

Bautismo del Señor

15 de agosto 

8 de enero de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Mirad a mi siervo, en quien me complazco (Is 42, 1-4. 6-7)
  • El Señor bendice a su pueblo con la paz (Sal 28)
  • Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo (Hch 10, 34-38)
  • Se bautizó Jesús y vio que el Espíritu de Dios se posaba sobre él (Mt 3, 13-17)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

El episodio de la vida del Señor que el evangelio de hoy nos relata, ha tenido siempre un cierto carácter turbador para la conciencia cristiana. Porque la reacción de Juan el Bautista está llena de buen sentido y de razón: si Jesús es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, si Él es el que va detrás de Juan y al que Juan no es digno de desatar la correa de su sandalia, si Él es el que bautizará en Espíritu Santo y fuego, y si el bautismo de Juan es, como el propio Juan declara, un bautismo de penitencia por el que quien se hace bautizar reconoce sus pecados y la necesidad de conversión que tiene, entonces, efectivamente, tiene toda la razón Juan cuando afirma: “Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?”.

Tenemos una esperanza

“Hermanos, no queremos que ignoréis la suerte de los difuntos para que no os aflijáis como los que no tienen esperanza” (1Ts 4, 13).

Yo sé que tengo un Redentor que está vivo en el cielo y que yo resucitaré del seno de la tierra. Yo sé que veré en mi propia carne y con mis propios ojos a Dios mi Salvador. Yo sé que la muerte no es para mí más que un cambio de estado, un tránsito para mi alma y un sueño para mi cuerpo; que me va a despojar para revestirme, que me va a quitar una vida frágil y perecedera para darme una vida que no terminará nunca. Yo sé todo esto; y esta esperanza que Dios ha puesto en mí como un precioso depósito es la que me consuela en mis miserias, la que me fortalece en mis desánimos, la que me da fuerza para cumplir mis deberes, la que me hace invencible en las tentaciones, la que me impide sucumbir a la violencia de las persecuciones. Sin esta esperanza toda mi fuerza me abandonaría en mil ocasiones y yo cedería a las rebeldías de la naturaleza; pero esta esperanza es mi soporte, y por eso la conservo en mi corazón.

Louis Bourdaloue

(Fallecido en 1704, este jesuita fue un orador brillante que predicó en la Corte de Francia, en cinco ocasiones, durante el Adviento y la Cuaresma, entre los años 1672 y 1697)

Epifanía del Señor

15 de agosto 

6 de enero de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • La gloria del Señor amanece sobre ti (Is 60, 1-6)
  • Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra (Sal 71)
  • Ahora ha sido revelado que los gentiles son coherederos de la promesa (Ef 3, 2-3a. 5-6)
  • Venimos a adorar al Rey (Mt 2, 1-12)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

El evangelio de hoy, queridos hermanos, nos presenta tres tipos de hombres que adoptan actitudes diferentes ante Jesús: los magos, que le buscan con tesón y quieren rendirle homenaje, los escribas, que conocen el lugar de su nacimiento, pero no se interesan por él y Herodes que se siente amenazado por él en su poder y quiere por ello eliminarlo. Estos tres tipos de hombres los encontraremos también durante la vida pública de Jesús y a lo largo de la historia de la Iglesia, en el tiempo del anuncio del Evangelio a todos los hombres: siempre habrá quien se interese por Jesús para darle su corazón, quien se interese por Él como una curiosidad intelectual, como un elemento de la cultura humana, y quien vea en Él a su peor enemigo. Estos últimos normalmente no dicen nada contra Él sino contra su cuerpo, que es la Iglesia, el lugar de la prolongación de su presencia en la historia. Pero aquí hay que recordar las palabras del Señor a Saulo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (Hch 9,4).

El décimo mandamiento



El apóstol san Juan resume “todo lo que hay en el mundo” en la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la jactancia de las riquezas (1Jn 2,16). El noveno mandamiento se refiere a la concupiscencia de la carne, mientras que el décimo concierne a la concupiscencia de los ojos: No codiciarás... nada que sea de tu prójimo (Ex 20,17); No desearás... su casa, su campo, su siervo o su sierva, su buey o su asno: nada que sea de tu prójimo (Dt 5,21). Todo cuanto dijimos a propósito del noveno mandamiento, en cuanto esfuerzo por ordenar el mundo pulsional según la ley de Dios, vale de nuevo aquí. Pues el fondo de la cuestión sigue siendo el mismo, a saber que donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón (Mt 6,21).

El apetito sensible nos impulsa a desear las cosas agradables que no poseemos. Así, desear comer cuando se tiene hambre o calentarse cuando se tiene frío. Aunque estos deseos son buenos en sí mismos, no es extrajo que, en la actual condición del hombre, (fruto del primer pecado o pecado original), con frecuencia no guarden la medida de la razón, y nos empujen a codiciar injustamente lo que no es nuestro sino que pertenece, o es debido, a otra persona.

Santa María, Madre de Dios

15 de agosto 


1 de enero de 2023

(Ciclo A - Año impar)




  • Invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré (Num 6, 22-27)
  • Que Dios tenga piedad y nos bendiga (Sal 66)
  • Envió Dios a su Hijo, nacido de mujer (Gal 4, 4-7)
  • Encontraron a María y a José y al niño. Y a los ocho días, le pusieron por nombre Jesús (Lc 2, 16-21)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

En este primer día del año civil, la Iglesia nos invita a contemplar a María, la Madre del Señor, para que en ella encontremos el camino que conduce a la paz. Ese camino está indicado en el evangelio al afirmar que María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

El corazón es el verdadero centro de la persona humana, es el lugar donde “se anudan” todas las dimensiones del hombre: su libertad, su inteligencia, su afectividad, su corporalidad. Lo que toca el corazón toca a la persona, me toca a mí, en lo más íntimo, en lo más personal de mi ser.

La actitud que María adopta es la de dejar entrar en su corazón todo lo que la realidad le pone ante sus ojos, sin censurar nada, sin prohibirse contemplar y acoger cualquier aspecto de la realidad, por desconcertante o hiriente que sea. Nosotros solemos prohibir la entrada en nuestro corazón a las realidades que nos pueden resultar hirientes, porque no queremos sufrir. Y para ello nos cerramos, nos bloqueamos, miramos para otro lado.

Epitafio cristiano del año 344



En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Dios de los espíritus y de toda carne,
que has vencido a la muerte,
humillado al Hades,
dado la vida al mundo;
concede el reposo al alma de mi padre Sinethé
en el seno de Abraham, de Isaac y de Jacob,
en el país de la luz,
en el país del refrigerio,
donde no existen ya el sufrimiento,
el duelo ni las lágrimas.
Perdónale toda falta cometida con el pensamiento,
palabra u obra,
porque eres bueno y amas a los hombres.
Sí, sólo Tú eres Dios y estás libre de todo pecado,
y tu justicia es justicia por toda la eternidad.
Señor, tu palabra es verdad.
Da el reposo al alma de mi padre Sinethé,
pues Tú eres el reposo, la vida y la resurrección.
A Ti glorificamos, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Amén.

(Epitafio del año 344, encontrado en El Cairo. El hijo del difunto mandó grabar sobre la piedra que cubre la tumba esta oración)