VI Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

11 de febrero de 2024

(Ciclo B - Año par)





  • El leproso vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento (Lev 13, 1-2. 44-46)
  • Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación (Sal 31)
  • Sed imitadores míos como yo lo soy de Cristo (1 Cor 10, 31 - 11, 1)
  • La lepra se le quitó, y quedó limpio (Mc 1, 40-45)
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Uno de los mayores peligros espirituales que acechan al hombre es el de la confusión, el de no diferenciar y no distinguir claramente la verdad de la mentira, el bien del mal. Contra ese peligro se yerguen, en el Antiguo Testamento, las leyes de pureza e impureza, cuyo mensaje central es claro: no todo es lo mismo ni da lo mismo, y no podemos abordar la relación con Dios de cualquier modo. Con estas leyes Dios va educando a su pueblo, y a la humanidad entera a través de él, para que dé un testimonio correcto de la Verdad y del Bien que proceden de Dios y que nos obligan a distinguir entre lo que construye y lo que destruye, lo que clarifica y lo que confunde, lo que realiza al hombre y lo que le destroza.

En este contexto se inscribe la primera lectura de hoy, donde se nos explica que la lepra es fuente de impureza y que, en consecuencia, un leproso no puede participar en el culto divino, como tampoco en la convivencia humana: por eso tiene que vivir “solo”, “fuera del campamento”, proclamando a voz en grito que es impuro. El leproso es un “intocable” porque, simbólicamente hablando, es como una encarnación del mal y su aislamiento es una manera de enseñarnos que “no hay que tocar al mal” porque quien toca el mal, quien juega con él, se contamina. Pero ese aislamiento es “mientras le dure la lepra”, porque Dios puede curar también de la lepra y por eso el libro del Levítico prevé también lo que hay que hacer en caso de curación (Lv 14, 1-32).

La paz del corazón

Ninguna realidad espiritual debería ser más familiar para el cristiano que la paz. Ella fue anunciada desde el nacimiento de Jesús durante la noche de Navidad: “Paz a los hombres que ama el Señor” (Lc 2, 14). Después de su resurrección, Jesús se presenta a sus discípulos con el mismo deseo en sus labios: “La paz con vosotros” (Jn 20, 19), como si quisiera asegurarles el final de todo conflicto, de toda turbación, de toda inquietud. De modo semejante, el apóstol Pablo iniciará todas las cartas escritas directamente por él con el deseo de la gracia y la paz; “gracia y paz” es la traducción que hace Pablo del deseo de los ángeles en la noche de Navidad; al fin y al cabo la gracia de Dios coincide con su Amor.

Durante la última cena Jesús mismo había dicho a sus discípulos: “Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde” (Jn 14, 27). Y, sin embargo, el mundo ha seguido teniendo conflictos y guerras cada vez más sanguinarias. ¿Es una ilusión la paz que Jesús nos ha dado?

V Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

4 de febrero de 2024

(Ciclo B - Año par)





  • Me harto de dar vueltas hasta el alba (Job 7, 1-4. 6-7)
  • Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados (Sal 146)
  • Ay de mí si no anuncio el Evangelio (1 Cor 9, 16-19. 22-23)
  • Curó a muchos enfermos de diversos males (Mc 1, 29-39)
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Predicando en las sinagogas y expulsando demonios. San Marcos subraya que el ministerio de Cristo se realiza mediante la predicación /y/ las “acciones de poder”, que consisten en expulsar demonios (exorcismos) y realizar curaciones. La predicación ocurre en las sinagogas. En Israel había un solo templo que estaba en Jerusalén. En cambio, en cada aldea había una sinagoga, que era el lugar donde se reunía la comunidad para rezar y escuchar la palabra de Dios en la Sagrada Escritura. Al predicar en las sinagogas Jesús está insertando su ministerio en la vida litúrgica del pueblo de Israel y con ello está diciendo que lo que Él anuncia es el cumplimiento del obrar salvífico de Dios a lo largo de la historia de Israel. Está subrayando la continuidad en la novedad, lo que el mismo Señor expresará más tarde diciendo: “No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento” (Mt 5,17).

Las acciones de poder (exorcismos y curaciones), por su parte, proclaman que Dios es todopoderoso, que no hay nada que se le resista, que Él es más fuerte que todo lo que aflige al hombre; y que Él es misericordioso, compasivo, lleno de ternura hacia los hombres y sus miserias y desgracias; que Él tiene la última palabra y que, por lo tanto, hay esperanza para el hombre. “Mis días se consumen sin esperanza”, ha dicho Job en la 1ª lectura de hoy. A este lamento responden los milagros de Jesús, en los que se ve que para Dios “nada hay imposible” (Lc 1, 37). Las “acciones de poder” de Jesús significan que Él no es sólo un maestro y que, por lo tanto, el cristianismo no es sólo una doctrina, sino el encuentro con Aquel que no sólo predica (enseña, muestra la Verdad), sino que vence el Mal.

¿Cómo es mi relación con Cristo? ¿Lo considero sólo como un maestro que me enseña o soy capaz también de pedirle que me cure, que sane mi corazón?

La seducción de Jesucristo



1. Qué es ser cristiano.

Uno no es cristiano por creer que existe un “Algo”, ni siquiera por creer que existe “Dios”, ni mucho menos por estar a favor de la justicia, de la libertad, de la paz, del bienestar y el respeto de los derechos humanos. Uno es cristiano únicamente si cree en algo absolutamente inaudito: que existe un hombre –Jesucristo– que es Dios, que es la Felicidad.

En el corazón de todo hombre que viene a este mundo hay un ansia de verdad, de bondad y de belleza que ningún objeto de este mundo puede saciar por completo. Por eso el hombre es un ser perpetuamente insatisfecho, un ser en constante búsqueda. Y además el hombre no sólo anhela la posesión de la verdad, de la bondad y de la belleza, sino, sobre todo, su posesión simultánea, sin escisiones, sin fisuras. El anhelo del hombre es el de una vida en que todo sea verdadero, bueno y bello. Eso se llama Felicidad.

Pues bien, uno es cristiano si cree en un acontecimiento inaudito: que la Felicidad se ha hecho uno de nosotros, que ha aparecido la Felicidad en persona en medio de nosotros, que la Felicidad ya no es una idea, un ideal, una aspiración, sino una realidad, algo –Alguien– que se puede ver, tocar, palpar, escuchar. Este es el contenido de la fe cristiana, como escribe San Juan: Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de la vida, -pues la Vida se manifestó y nosotros la hemos visto y damos testimonio y os anunciamos la Vida eterna, que estaba vuelta hacia el Padre y que se nos manifestó– lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos, para que también vosotros estéis en comunión con nosotros. Y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. Os escribimos esto para que nuestro gozo sea completo (1 Jn 1, 1-4).

Escuela de la fe #18: ¿Judíos o cristianos?


¿Judíos o cristianos?

"Por pura gracia estáis salvados" (Efesios 2, 5)


D. Fernando Colomer Ferrándiz
26 de enero de 2024


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IV Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto  

28 de enero de 2024

(Ciclo B - Año par)





  • Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca (Dt 18, 15-20)
  • Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón» (Sal 94)
  • La soltera se preocupa de los asuntos del Señor, de ser santa (1 Cor 7, 32-35)
  • Les enseñaba con autoridad (Mc 1, 21b-28)
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En el evangelio de este domingo se nos reitera la Buena Noticia de la llegada del Reino de Dios, que ya se nos anunció el domingo anterior. Y ello se hace, de manera muy gráfica, presentándonos a un hombre que tenía un espíritu inmundo al que Jesús libera. “Un espíritu inmundo” significa una fuerza que supera al hombre, que se apodera de él, que lo arrastra, que no le deja ser él mismo, que lo convierte en un guiñapo, en un cascarón de nuez arrastrado por la corriente, en un ser incapaz de gobernarse a sí mismo según la verdad y la dignidad de su propio ser. Eso es un “espíritu inmundo”. Y de esos, hay muchos: la soberbia, la avaricia, la ira, la lujuria, la pereza, la envidia, la gula etc. El evangelio nos enseña que todas esas fuerzas están, en realidad, dominadas por Satán, por el Maligno, que es el enemigo del género humano desde el principio.

El evangelio de hoy nos da la Buena Noticia de que hay uno, Jesús, el Señor, que tiene verdadero poder sobre todas esas fuerzas oscuras que aplastan al hombre; y que Él, con su palabra poderosa, puede arrinconarlas, mandarles que dejen en paz al hombre para que éste puede ser de verdad lo que es: imagen y semejanza de Dios, y no un pelele en mano de unas fuerzas oscuras. De hecho, Jesús, cuando nos enseñe a orar, nos mandará pedir: “y líbranos del Mal”.

Vivir cristianamente la enfermedad

Señor, tú me habías dado la salud para servirte
y yo he hecho un uso inadecuado de ella.
Tú me envías ahora la enfermedad para corregirme:
no permitas que yo la use para irritarte
por mi impaciencia.
Toca mi corazón mediante el arrepentimiento de mis pecados
y haz que los males del cuerpo sirvan de remedio
a los del alma.
Concédeme la gracia, Señor, de unir tus consuelos
a mis sufrimientos para que yo sufra como cristiano.
No te pido dejar de sentir mis dolores
sino no ser abandonado a los dolores
de la naturaleza sin los consuelos de tu Espíritu.

Haz, Señor, que tal como yo estoy
me conforme a tu voluntad;
y que estando enfermo
te glorifique en mis sufrimientos.
Pues sin ellos no puedo llegar a la gloria;
pues tú mismo, Señor, no has querido llegar a ella
sino a través de ellos.
Y ha sido por las huellas de tus sufrimientos
como tus discípulos te han reconocido;
y es también por sus sufrimientos
como tú reconoces a los que son tuyos.

III Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

21 de enero de 2024

(Ciclo B - Año par)





  • Los ninivitas habían abandonado el mal camino (Jon 3, 1-5. 10)
  • Señor, enséñame tus caminos (Sal 24)
  • La representación de este mundo se termina (1 Cor 7, 29-31)
  • Convertíos y creed en el Evangelio (Mc 1, 14-20)
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El evangelio de hoy nos presenta a Jesús que inicia su ministerio anunciando la Buena Noticia, diciendo que “se ha cumplido el plazo” y ya “está cerca el Reino de Dios”, es decir, que Dios, por fin, ha empezado a construir su Reino, a introducirlo en la historia. Jesús dice que está sucediendo algo y nos pide, en consecuencia, dos cosas: que creamos de verdad que eso (la introducción de su Reino en la historia humana) está sucediendo, y que nos convirtamos, es decir, que reajustemos nuestra vida, que cambiemos la orientación de nuestra vida, en función de este acontecimiento.

Lo que está sucediendo es objeto de fe, hay que “creerlo”, porque no es algo evidente que se imponga por sí mismo a los ojos de todos. Porque Dios está introduciendo su Reino en la historia humana, pero al modo de un germen, de una semilla muy pequeña (“grano de mostaza”), de una levadura. Por eso Jesús nos pide que “creamos” esta Buena Noticia.

El hombre es un ser que se sostiene desde arriba

La arquitectura del ser humano, con sus tres elementos principales (cuerpo, alma, espíritu), tiene un sentido dinámico y ascendente. Puede ser comparada a un cono, cuya base representaría el cuerpo, cuyo cuerpo interior representaría el alma y cuyo vértice sería el espíritu. El ser del hombre “se sostiene desde arriba”, es decir, desde el espíritu, porque es el espíritu, es decir, el ser personal, lo que constituye la característica diferencial del hombre en relación a todos los demás seres visibles: si el cuerpo vive animado por el alma y ésta, a su vez, centrada y unificada en el espíritu, entonces resplandece el ser del hombre en toda su plenitud y belleza. Si en cambio el alma, con su multitud de vivencias, invade el espíritu y lo agobia, sin dejarle apenas margen de maniobra, y anima al cuerpo sin dejarse ella misma animar por el espíritu, entonces el ser del hombre se desfigura, “desciende”, se aproxima cada vez más al mundo animal, pero con el agravante de que la libertad suele ceder a las peores posibilidades, que nunca ocurrirían en el mundo animal.

II Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

14 de enero de 2024

(Ciclo B - Año par)





  • Habla, Señor, que tu siervo escucha (1 Sam 3, 3b-10. 19)
  • Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad (Sal 39)
  • ¡Vuestros cuerpos son miembros de Cristo! (1 Cor 6, 13c-15a. 17-20)
  • Vieron dónde vivía y se quedaron con él (Jn 1, 35-42)
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El evangelio de hoy, queridos hermanos, nos enseña qué es y cómo se hace el cristianismo. En él vemos que el cristianismo es, ante todo, un encuentro personal con Cristo. En este encuentro interviene siempre alguien que actúa como mediador, como aquel que me presenta a Cristo (en el evangelio de hoy Juan el Bautista y Andrés) y, por supuesto, el Espíritu Santo que abre los ojos del corazón para que reconozcamos en Jesús al Mesías, al Hijo de Dios vivo, al Salvador, a Aquel que viene a cumplir los deseos del corazón del hombre.

El encuentro con Cristo, nos enseña el evangelio de hoy, requiere tiempo, requiere un trato sosegado, tranquilo, que permita acogerlo y dejar que nuestro corazón se pronuncie sobre Él. Por eso los dos discípulos de Juan, que se van a convertir en discípulos de Jesús, le preguntan: “Maestro, ¿dónde vives?”; es decir, donde podemos entrar en intimidad contigo, conocer tu mundo interior, los contenidos de tu corazón, lo que a ti te interesa, te urge, te entusiasma, te mueve. Y Jesús acepta introducirlos en su casa: “Venid y lo veréis”.

Notemos que Jesús no les da un libro, un código de conducta, unas normas que cumplir. Jesús les da su amistad, les abre su corazón, acepta hablar, platicar, con ellos, dejarse conocer por ellos. En el cristianismo, lo primero, hermanos, es una amistad, una relación, un encuentro vivo. En ese encuentro, en el trato con Jesús, ellos irán descubriendo una manera nueva de ser hombre, una manera distinta de vivir: la que encarna y realiza ese hombre, Jesús de Nazaret. Y de Él, de su Persona, de su manera de ser, los discípulos deducirán cómo debe vivir todo aquel que quiera ser discípulo suyo, todo aquel que quiera vivir en la amistad con Él.

Frases...

¿Por qué nos asalta el deseo de burlarnos de los inocentes? 
¿Es por la envidia que sentimos de ellos?





Autor: Graham GREENE
Título: El final del affaire
Editorial: Libros del Asteroide, Barcelona, 2019, (p. 121)

Bautismo del Señor

15 de agosto 

7 de enero de 2024

(Ciclo B - Año par)





  • Mirad a mi siervo, en quien me complazco (Is 42, 1-4. 6-7)
  • El Señor bendice a su pueblo con la paz (Sal 28)
  • Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo (Hch 10, 34-38)
  • Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco (Mc 1, 7-11)
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“Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo”. El cielo estaba cerrado desde que Adán, por el pecado original, había roto la comunión con Dios, porque el hombre, por el pecado, se había hecho un extraño en relación a Dios: ya no había comunicación entre el cielo y la tierra. “Vio rasgarse el cielo” significa, pues, que se ha vuelto a reestablecer la comunión entre el cielo y la tierra, entre Dios y los hombres.

El Evangelio nos dice hoy que esto ocurre con Jesús, cuando Jesús se bautiza. Los Padres de la Iglesia nos enseñan que Jesús no se bautizó porque necesitara ser purificado de algún pecado, ya que él era el “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”, sino que lo hizo para conferir a las aguas del Jordán y, a través de ellas, a las aguas del mundo entero, el poder de engendrar, por la fuerza y la acción del Espíritu Santo, hijos de Dios. Así San Proclo de Constantinopla afirma que, cuando Jesús se sumergió en las aguas del Jordán, fue como si el sol se sumergiera en el agua: el “sol de justicia que ha venido de lo alto”, se sumergía, en efecto, en el Jordán. Y San Máximo de Turín, por su parte, nos recuerda que “Cristo es bautizado no para ser él santificado por las aguas, sino para que las aguas sean santificadas por él, y para purificarlas con el contacto de su cuerpo. Más que de una consagración de Cristo, se trata de una consagración de la materia del bautismo”. Jesús se bautizó, pues, para instaurar nuestro propio bautismo, el bautismo que, recibido mediante el agua, es, sin embargo, bautismo “con Espíritu Santo y fuego”, que otorga la vida eterna, por el que se nos comunica la vida divina, que es la vida de la que vive Cristo, junto con el Padre, en la unidad del Espíritu Santo.

Epifanía del Señor

15 de agosto 

6 de enero de 2024

(Ciclo B - Año par)





  • La gloria del Señor amanece sobre ti (Is 60, 1-6)
  • Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra (Sal 71)
  • Ahora ha sido revelado que los gentiles son coherederos de la promesa (Ef 3, 2-3a. 5-6)
  • Venimos a adorar al Rey (Mt 2, 1-12)
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Cuando el Señor eligió a Abraham lo hizo para que, a través de su descendencia, fueran bendecidos “todos los linajes de la tierra” (Gn 12,3), “todos los pueblos de la tierra” (Gn 18,18). De Abraham sacaría Dios más tarde un pueblo, Israel, que tendría como misión en el mundo ser el portador de la salvación de Dios para todos los hombres. Pues “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1 Tm 2,3-4). Por eso ya desde antiguo el profeta Isaías exhortó a Israel a “ensanchar” su corazón, para acoger en su seno a la multitud de los gentiles: “Tus hijos llegan de lejos…Te inundará una multitud de camellos, los dromedarios de Madián y de Efá” (Is 60,1-6). Este misterio, escondido durante siglos eternos en Dios, es el que ahora, con la venida de Cristo, ha sido revelado: que “también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por el Evangelio” (Ef 3,6). Pues Jesucristo es la descendencia de Abraham en la que son bendecidas todas las naciones de la tierra. Por eso los magos preguntan “dónde está el rey de los judíos”. Es la misma inscripción que se pondrá sobre la cruz: Jesús Nazareno, Rey de los judíos. La salvación de Dios viene, en efecto, de los judíos. Pero es una salvación ofrecida a todos los hombres. Los magos que llegan de Oriente reconocen en Jesús al “rey de los judíos” por el que se les ofrece la salvación también a ellos, que no son judíos.

Alejandro Soljenitsyn

¡Cómo me resulta ligero vivir contigo, Señor!
¡Cómo me resulta simple creer en Ti!

Cuando mi espíritu está horadado por la duda o abatido,
cuando las personas más inteligentes
no ven más allá que la tarde del día de hoy
y no saben qué hacer mañana,

Tú me envías la clara certeza
de que Tú existes y de que Tú cuidarás
de que no sean obstruidos todos los caminos del bien.

En la cordillera de la gloria terrena,
contemplo, sorprendido, ese sendero
que yo solo no habría nunca descubierto,
ese camino sorprendente a través de la desesperación
desde el cual yo he podido
enviar a la humanidad el reflejo de Tus rayos.

Y tú me concedes el tiempo necesario
para que yo continúe haciéndolo.

Y el que yo no tendré
es porque Tú se lo has concedido a otros.


  Alejandro Soljenitsyn

Extranjeros y peregrinos



Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu (Jn 3,6). Estas palabras de Jesús a Nicodemo, hablándole de la necesidad de “nacer de lo alto”, de “nacer del agua y del Espíritu”, para entrar en el Reino de Dios, contraponen nuestra condición humana, designada aquí con la palabra “carne”, a la nueva realidad, a la humanidad nueva, que el Señor quiere crear en nosotros, a través de su Espíritu Santo. La oposición entre “nacer de la carne” y “nacer del Espíritu” podría hacer pensar en una alternativa: o las pertenencias humanas o la pertenencia al Reino. ¿Cómo hay que entender la relación entre lo humano (“la carne”) y lo divino (“el Espíritu”)? ¿Prescinde la fe de todo lo humano? ¿Es lo humano un obstáculo para la fe?

1. Las raíces humanas del hombre.

“El hombre no nace, se hace”, podríamos decir para expresar que, a diferencia del animal, que tiene su ser perfectamente programado por el instinto, el hombre tiene que aprender su humanidad, y tiene que hacerlo de una manera personal, propia de cada uno. Lo que permite al hombre, que carece de instintos, desarrollar unas pautas de comportamiento que le permitan vivir en el mundo, es la cultura.

Por “cultura” entendemos la conciencia de la realidad que cada grupo humano elabora y suministra a sus miembros, para expresar y justificar su posición y su función en el mundo. Así entendida “cultura” es sinónimo de “mentalidad”, de “sensibilidad”, de “visión de la realidad”. La cultura es el conjunto de formas de actuar, de ver y de prever las cosas, de pensarlas y evaluarlas, de tomar decisiones, así como de entender las grandes cuestiones de la vida humana: origen, destino, muerte, etc. “Cultura” equivale, pues, a costumbres, tradiciones, usos, sentimientos populares, valores, ideas, carácter nacional o popular etc. etc.

Santa María, Madre de Dios

15 de agosto 

1 de enero de 2024

(Ciclo B - Año par)





  • Invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré (Num 6, 22-27)
  • Que Dios tenga piedad y nos bendiga (Sal 66)
  • Envió Dios a su Hijo, nacido de mujer (Gal 4, 4-7)
  • Encontraron a María y a José y al niño. Y a los ocho días, le pusieron por nombre Jesús (Lc 2, 16-21)
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En este primer día del año civil, la Iglesia nos invita a contemplar a María, la Madre del Señor, para que en ella encontremos el camino que conduce a la paz. Ese camino está indicado en el evangelio al afirmar que María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

El corazón es el verdadero centro de la persona humana, es el lugar donde “se anudan” todas las dimensiones del hombre: su libertad, su inteligencia, su afectividad, su corporalidad. Lo que toca el corazón toca a la persona, me toca a mí, en lo más íntimo, en lo más personal de mi ser.

La actitud que María adopta es la de dejar entrar en su corazón todo lo que la realidad le pone ante sus ojos, sin censurar nada, sin prohibirse contemplar y acoger cualquier aspecto de la realidad, por desconcertante o hiriente que sea. Nosotros solemos prohibir la entrada en nuestro corazón a las realidades que nos pueden resultar hirientes, porque no queremos sufrir. Y para ello nos cerramos, nos bloqueamos, miramos para otro lado.

Frases...

El ‘heroísmo’ demuestra lo que puede hacer el hombre; la santidad manifiesta lo que el amor de Dios puede hacer en ti.



Autor: Madre Verónica María
Título: Que ninguno se pierda
Editorial: Instituto Iesu Communio, La Aguilera, 2022, (P. 74)

Sagrada Familia: Jesús, María y José.

15 de agosto 

31 de diciembre de 2023

(Ciclo B - Año par)





  • Quien teme al Señor honrará a sus padres (Eclo 3, 2-6. 12-14)
  • Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos (Sal 127)
  • La vida de familia en el Señor (Col 3, 12-21)
  • El niño iba creciendo, lleno de sabiduría (Lc 2, 22-40)
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Mirar a la Sagrada Familia, que fue un matrimonio virginal: la calidad del amor entre María y José. La esencia del amor virginal es el “dejar ser” al otro y no pretender acapararlo para mí: saber agradecer la belleza del otro, aunque esa belleza no sea para mí.

La esencia del matrimonio no son las relaciones sexuales. La esencia del matrimonio es el caminar juntos hacia el Destino, que es Cristo, que es Dios. ¡Ya quisierais los casados tener entre vosotros una ternura como la que hubo entre María y José!

Lo primero en la Sagrada Familia es Dios. Lo que hizo a la Sagrada Familia no fue que José y María estuvieran enamorados y quisieran “hacerse felices” el uno al otro… Lo que hizo a la Sagrada Familia fue el hecho de que tanto para María como para José, el primero en su vida fue siempre y en todo Dios. Y por eso, y sólo por eso, María estaba esperando un hijo y José acogió en su casa a María y al hijo que ella esperaba.

Escuela de la fe #17: Perfumar el mundo.

Perfumar el mundo
"El buen olor de Cristo"


D. Fernando Colomer Ferrándiz
22 de diciembre de 2023


Enlace para escuchar en ivoox: https://go.ivoox.com/rf/126370699

Navidad (Misa del día)

15 de agosto 

25 de diciembre de 2023

(Ciclo B - Año par)





  • Verán los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios (Is 52, 7-10)
  • Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios (Sal 97)
  • Dios nos ha hablado por el Hijo (Heb 1, 1-6)
  • El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1, 1-18)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

“Ha aparecido la gracia de Dios, que trae la salvación para todos los hombres”, hemos proclamado en la segunda lectura de hoy. Un acontecimiento increíble ha sucedido: “Cuando un sosegado silencio lo envolvía todo y la noche se encontraba en la mitad de su carrera”, la Palabra de Dios “saltó del cielo, desde el trono real” y vino a la tierra, morando en medio de nosotros (Sb 18,14). “Dios ha realizado un milagro nunca visto entre los habitantes de la tierra: el que mide el cielo con la palma de su mano, yace en un pesebre de poco más de un palmo; el que en la cavidad de su mano contiene todo el mar, experimenta qué es nacer en una gruta. El cielo está lleno de su gloria y el pesebre está colmado de su esplendor”, canta San Efrén (+373).

“Os traigo la buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo”, dice el ángel a los pastores. Se trata de un admirable intercambio por el que el Hijo de Dios asume nuestra naturaleza humana, para hacernos partícipes de su naturaleza divina, para deificarnos, para hacernos dioses, por participación en su vida divina. Como dice San Gregorio Nacianceno (+390): “El que enriquece mendiga. Se empobrece tomando mi carne para que yo me enriquezca con su naturaleza divina. Se vacía quien está repleto de todas las cosas (…) para que yo participe de su plenitud”. Él, siendo rico, se ha hecho pobre por vosotros, a fin de que su pobreza os enriquezca (2Co 8,9)”.

Navidad (Misa de medianoche)

15 de agosto 

25 de diciembre de 2023

(Ciclo B - Año par)





  • Un hijo se nos ha dado (Is 9, 1-6)
  • Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor (Sal 95)
  • Se ha manifestado la gracia de Dios para todos los hombres (Tit 2, 11-14)
  • Hoy os ha nacido un Salvador (Lc 2, 1-14)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf
Queridos hermanos: ¿Cuál es el misterio que estamos celebrando? NO celebramos ciertamente el solsticio de invierno, ni los paisajes nevados, ni un vago y genérico “espíritu de la Navidad”, ni unos sentimientos filantrópicos de simpatía y bondad para todos, SINO el nacimiento en la carne del Hijo único de Dios. Es este acontecimiento histórico, realmente acontecido, lo que celebramos hoy. Es este hecho, que es el único, por cierto, que puede fundamentar unos sentimientos de bondad y de misericordia para con todos los hombres, y sobre todo de esperanza de salvación para todos.

Este hecho consiste en que “un niño nos ha nacido, un hijo de nos ha dado”, como afirma el profeta Isaías en la primera lectura de hoy. Cuando nace un niño, sus padres descubren inmediatamente, con sorpresa, que ese hijo que ha venido al mundo a través de ellos, a través de su abrazo de amor, es otro, es distinto, es un sujeto humano diferente, en el que ya se vislumbran formas y criterios propios, independientes de los de sus padres. Aunque su existencia misma depende todavía por completo del cuidado de sus padres para subsistir, sin embargo ya muestra claramente su alteridad, su ser-otro.

Frases...

Hay dos formas de espera: la espera pasiva, en la pereza, y la espera receptiva, en la apertura. Quien espera pasivamente en la pereza impide la llegada de lo que espera. Quien espera en una tensión tranquila, abierta a lo que puede encontrar, trabaja por su venida.


Paul Tillich

IV Domingo de Adviento (hasta la hora de nona)

15 de agosto 

24 de diciembre de 2023

(Ciclo B - Año par)





  • El reino de David se mantendrá siempre firme ante el Señor (2 Sam 7, 1-5. 8b-12. 14a. 16)
  • Cantaré eternamente tus misericordias, Señor (Sal 88)
  • El misterio mantenido en secreto durante siglos eternos ha sido manifestado ahora (Rom 16, 25-27)
  • Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo (Lc 1, 26-38)
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En la proximidad de la Navidad la liturgia de este IV domingo de Adviento nos recuerda cuál es la identidad de Jesús, del Mesías esperado, porque en la identidad de Jesús, descubrimos también la identidad de Dios. El evangelio de hoy nos describe esta identidad con dos expresiones: “Hijo del Altísimo” o “Hijo de Dios” y, por otro lado, “hijo de David”, puesto que el ángel le dice a María que el Señor Dios le dará el trono de David su padre.

San León Magno afirma, en una de sus cartas: “De nada sirve reconocer a nuestro Señor como hijo de la bienaventurada Virgen María y como hombre verdadero y perfecto, si no se le cree descendiente de aquella estirpe que en el Evangelio se le atribuye. Pues dice Mateo: Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham. El evangelio de hoy se preocupa de subrayar que José, con quien estaba desposada la virgen María, era “de la estirpe de David”.

Buscar y comprender a Dios

Señor Dios nuestro, nosotros creemos en Ti, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Pues la Verdad no habría dicho: “Id y bautizad a todas las naciones en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28, 19), si Tú no fueras Trinidad. Y Tú no habrías ordenado, Señor Dios nuestro, que fuéramos bautizados en un nombre que no fuera el del Señor nuestro Dios.

Tanto como he podido, tanto como Tú me has concedido poder, yo te he buscado; he deseado ver con la inteligencia lo que yo creía; he estudiado mucho y mucho también me he fatigado; Señor Dios mío, mi única esperanza, escúchame, pues tengo miedo de que, a causa del cansancio, no quiera buscarte más; haz que siempre busque ardientemente tu rostro (Sal 104, 4). Dame la fuerza de seguir buscándote, Tú que has hecho que yo te encuentre y me has dado la esperanza de encontrarte cada vez más.

Ante Ti está mi fuerza y mi debilidad: guarda mi fuerza y cura mi debilidad. Ante Ti está mi conocimiento y mi ignorancia: acógeme cuando quiero entrar por las puertas que Tú me has abierto; y cuando llame a las puertas que Tú me has cerrado, ábrelas, Señor. Concédeme acordarme siempre de Ti, comprenderte a Ti, que es a quien yo amo. Acrecienta en mí estos dones, hasta que Tú me hayas reformado por completo.

San Agustín

III Domingo de Adviento

15 de agosto 

17 de diciembre de 2023

(Ciclo B - Año par)





  • Desbordo de gozo en el Señor (Is 61, 1-2a. 10-11)
  • Me alegro con mi Dios (Salmo: Lc 1, 46-50. 53-54)
  • Que vuestro espíritu, alma y cuerpo se mantenga hasta la venida del Señor (1 Tes 5, 16-24)
  • En medio de vosotros hay uno que no conocéis (Jn 1, 6-8. 19-28)
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El evangelio de hoy nos presenta a Juan el Bautista ante todo como el testigo de la luz, según lo que el evangelista afirma de él poco antes: “Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Este vino (…) para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él” (Jn 1,6-8). El bautismo era una actividad insólita en la historia de Israel. Por eso Juan, bautizando, llamaba la atención, y suscitaba algunas preguntas del tipo: “¿Adónde quiere llegar Juan actuando así? ¿Quién piensa que es?” Por eso las autoridades judías, desde Jerusalén, envían una delegación compuesta por sacerdotes, levitas y fariseos, para preguntarle a Juan quién es él y con qué autoridad hace lo que está haciendo. Estas preguntas van a darle a Juan la ocasión de dar testimonio de la luz.

Resulta paradójico que la luz necesite un testimonio. Sin embargo los hombres no se encuentran de manera espontánea con el resplandor de la luz, y hace falta que alguien les ayude a reconocer ese resplandor, a descubrir dónde está la luz. Es como si la luz fuera un tesoro escondido que debe ser primero descubierto, para que, a continuación, lo ilumine todo con su resplandor. Y así es Jesús. Él es “la Palabra (…) que ilumina a todo hombre que viene a este mundo” (Jn 1,9). Pero su verdadera realidad no se encuentra simplemente en la superficie, siendo accesible con cualquier acercamiento. Porque Él no se impone, no hace violencia ni fuerza a nadie. Por eso es siempre posible evitarle y prescindir de Él. Jesús es la luz que exige la libre decisión del hombre para iluminar. Esa libre decisión se llama fe. Y para que el hombre pueda tomarla es imprescindible la ayuda del testimonio. Juan es el primer testigo de Jesús, el primero que revela su verdadera realidad y que le pone de manifiesto como luz.

El desierto

El desierto permite deshacerse de todos los ropajes que nos dificultan el acceso a la verdadera persona que cada uno de nosotros somos. Esta verdadera persona es nuestra identidad profunda, la que conocemos cuando discernimos y renunciamos a todas esas falsas identificaciones de nosotros mismos que nos dejan un regusto de insatisfacción, de no cumplimiento, de desacuerdo, de mentira o de injusticia. Un tiempo de vida suficientemente retirado, solitario, permite este conocimiento de sí mismo.

El desierto es el lugar donde los espejismos y las ilusiones se disipan; el lugar en el que aparecen los verdaderos desafíos; el lugar donde se ponen a prueba las motivaciones y los apegos profundos; el lugar donde se deja de lado lo accesorio y lo secundario para ocuparse de lo esencial; el lugar en el que se reordenan las prioridades. El desierto es el lugar en el que encontramos la distancia necesaria para liberarnos de las esclavitudes dominantes y de las posibles alienaciones y podemos clarificar, evaluar y fortalecer nuestro comportamiento, nuestro proyecto de vida; es el lugar para anticipar y prever las adversidades que aparecerán en el desarrollo de nuestra vocación. Todo esto es lo que ocurre en el desierto cuando un verdadero discípulo de Cristo entra en él, viviendo de su Espíritu.




Autor: Soeur CATHERINE
Título: Récits d’une ermite de montagne
Editorial: Le Relié, Paris, 2019, (pp. 192 ; 210)










II Domingo de Adviento

15 de agosto 

10 de diciembre de 2023

(Ciclo B - Año par)





  • Preparadle un camino al Señor  (Is 40, 1-5. 9-11)
  • Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación (Sal 84)
  • Esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva (2 Pe 3, 8-14)
  • Enderezad los senderos del Señor (Mc 1, 1-8)
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En este tiempo de Adviento la liturgia de la Iglesia dirige nuestra atención hacia la única promesa que Dios nos ha hecho y que todavía no ha cumplido, la que profesamos en el Credo diciendo: “Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos”. Y a nosotros, como a los primeros cristianos, se nos plantea la cuestión: ¿por qué tarda tanto en venir el Señor?

San Pedro, en la segunda lectura de hoy, responde a esta pregunta recordándonos, en primer lugar, que el tiempo de Dios no es como el tiempo de los hombres, que para Dios “mil años son como un día y un día es como mil años”. Con ello nos invita a entrar en el misterio de Dios, a comprender que los plazos de Dios no son nuestros plazos, y que los “cálculos” de Dios no se hacen con una medida humana. Nos invita, por lo tanto, a la confianza, al abandono, a saber que Él está ahí, actuando, pero con un obrar que no se ajusta a los parámetros de nuestra temporalidad.

Frases...

El tamaño de la inteligencia de un hombre siempre puede medirse por su alegría.


C. S. LEWIS

La Inmaculada Concepción de la Virgen María

15 de agosto 

8 de diciembre de 2023

(Ciclo B - Año par)





  • Pongo hostilidad entre tu descendencia y la descendencia de la mujer (Gen 3, 9-15. 20)
  • Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas (Sal 97)
  • Dios nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo (Ef 1, 3-6. 11-12)
  • Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo (Lc 1, 26-38)
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La liturgia de la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María nos retrotrae al inicio de la creación, al paraíso en el que Dios situó al hombre recién creado a imagen y semejanza de Él, creado “en la santidad y en la justicia”. Es el hombre según el querer de Dios, el hombre conforme a su voluntad. El hombre así creado vivía en la inocencia, lo que significa que veía todas las cosas en Dios, que percibía la realidad en la mirada de Dios. Por eso dice la Escritura que “estaban desnudos y no sentían vergüenza”. En efecto, en la desnudez corporal veían el ser personal del otro, “se veían”, porque así es la mirada de Dios: “todo es puro para los puros”.

Orantes

Con frecuencia somos testigos de que creyentes y no creyentes se acercan para presentar sus inquietudes, sus necesidades y sufrimientos. Cuando experimentan la impotencia, llaman a la puerta de aquellos que saben que oran y que también rezan por ellos; acuden a aquellos que saben que no solo escuchan sus sufrimientos, sino que hacen suyo el dolor y se lo presentan a Dios con la fe y la esperanza puesta en Cristo Resucitado y en su victoria, que es nuestra victoria.

“Este es el que ama a los hermanos, el que ora mucho por su pueblo…”, reza el responsorio del Oficio de Pastores. ¡Ama a sus hermanos el que ora por ellos!...

Quizá la mayor miseria de este mundo sea la de no poder reconocer la ausencia de Dios como ausencia. Hoy muchos languidecen por la falta de Cristo, y sufren la peor de las enfermedades: han perdido el gusto por vivir.

I Domingo de Adviento

15 de agosto 

3 de diciembre de 2023

(Ciclo B - Año par)





  • ¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses!  (Is 63, 16c-17. 19c; 64, 2b-7)
  • Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve (Sal 79)
  • Aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo (1 Cor 1, 3-9)
  • Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa (Mc 13, 33-37)
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Dos palabras resumen la exhortación que el Señor nos hace en este primer domingo de Adviento: “Mirad” y “vigilad”. “Mirad”, es decir, “tened los ojos abiertos” para percibir bien cuál es vuestra situación. Para ello el Señor nos narra una breve parábola de la que se desprende que nuestra situación se caracteriza por dos rasgos:

a) Por la ausencia del dueño de la casa, del Señor. En efecto, el mundo, y con él nuestra vida, transcurre como si no hubiera “dueño de la casa”, puesto que está ausente, puesto que se ha ido de viaje. Esta sensación de ausencia puede suscitar en nosotros algunas tentaciones, que San Agustín (+ 430) describe así: “Los hombres observan que los bienes y los males de la vida presente son participados indistintamente por buenos y malos (…) Y se dicen para sus adentros que Dios no se ocupa de las cosas humanas, sino que las ha abandonado al azar, en el profundo abismo de este mundo, ni se preocupa en absoluto de nosotros. Y de ahí pasan a desdeñar los mandamientos”.

Frases...

Mi lugar en la Iglesia se encuentra detrás de la última columna de la capilla más pequeña.




Autor: Jean-Luc MARION
Título: À vrai dire. Une conversation
Editorial: Cerf, Paris, 2021, (P. 109)

Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo

15 de agosto 

26 de noviembre de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • A vosotros, mi rebaño, yo voy a juzgar entre oveja y oveja (Ez 34, 11-12. 15-17)
  • El Señor es mi pastor, nada me falta (Sal 22)
  • Entregará el reino a Dios Padre, y así Dios será todo en todos (1 Cor 15, 20-26. 28)
  • Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros (Mt 25, 31-46)
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La segunda lectura de hoy (1 Co 15) nos presenta a Jesucristo como el nuevo y definitivo Adán, primicia de una humanidad nueva, completamente sometida a Dios, en la que Dios “lo será todo para todos” y en la que todos los “principados, poderes y fuerzas” hostiles a Dios y enemigos del hombre serán destruidos. El último de todos ellos en ser aniquilado será la muerte, de manera que por Cristo todos los hombres volverán a la vida y Dios “enjugará toda lágrima de sus ojos, y no habrá ya muerte, ni llanto, ni gritos, ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado” (Ap 21, 4). Entonces se hará realidad el objeto de nuestra esperanza: “los cielos nuevos y la nueva tierra, en los que habita la justicia” (2 Pe 3, 13).

Pero la primera lectura de hoy (Ez 34) y el Evangelio (Mt 25) nos recuerdan que los hombres seremos aceptados o excluidos de esa realidad preciosa, que es el mundo nuevo, según la elección vital que hayamos realizado a lo largo de nuestra vida en la tierra. Pues al establecer su Reino Dios dirá un no rotundo y definitivo a determinadas realidades humanas: a todas aquellas que son contrarias a la caridad, al amor con el que Dios nos ama. No todo lo que el hombre ha generado, a lo largo de la historia humana, podrá ser integrado en la Jerusalén celestial: quien se haya identificado con el mundo “que yace en poder del Maligno” (1 Jn 5,19) y con todo lo que hay en él -“la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la jactancia de las riquezas” (1 Jn 2,16)-, no podrá ser ciudadano de la Jerusalén celestial. Así pues, cada hombre tiene que hacer una opción vital que determina su destino eterno: o elige el mundo o elige el Reino de Dios.

Frases...

Los estúpidos están llenos de certezas y los inteligentes llenos de dudas.




Autor: Henrique Cymerman
Título: Conversando con el enemigo. De Oporto a Abu Dabi pasando por Tel Aviv.
Editorial: Nagrela editores, Alcobendas, 2022, (p. 34)

Próxima sesión de la Escuela de la Fe

El viernes 24 de noviembre,

tendremos una nueva sesión de la Escuela de la Fe.

Lugar: en la parroquia (nada más terminar la Eucaristía)

Duración: 30 minutos (20:30 h - 21:00 h)



La comunión de los santos


1. El sentido sacramental originario.

El sentido originario de la expresión “comunión de los santos” es sacramental. La expresión hace referencia a las dos realidades sacramentales mayores, el bautismo y la eucaristía, para designar la comunidad de todos aquellos que participan del bautismo y de la eucaristía, de las “cosas santas” (los dones santos, los acontecimientos santos) que nos llegan a través de estos sacramentos. “Santos” son, pues, los que participan de las “cosas santas”, y la “comunión de los santos” se visibiliza en cada celebración de la eucaristía, aunque transciende, con mucho, a quienes están físicamente presentes en ella y abarca a todos aquellos que participan de estos bienes santos: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra (...) Acuérdate también de nuestros hermanos que durmieron en la esperanza de la resurrección (...) y así, con María, la Virgen Madre de Dios, los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos, por tu Hijo Jesucristo, compartir la vida eterna (PE II). Como se ve la “comunión de los santos” transciende las fronteras del mundo visible, del tiempo y de la muerte para abarcar a todos aquellos que ya están en el cielo con el Señor glorificado.

XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

19 de noviembre de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Trabaja con la destreza de sus manos (Prov 31, 10-13. 19-20. 30-31)
  • Dichosos los que temen al Señor (Sal 127)
  • Que el Día del Señor no os sorprenda como un ladrón (1 Tes 5, 1-6)
  • Como has sido fiel en lo poco, entra en el gozo de tu señor! (Mt 25, 14-30)
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Un hombre que se iba al extranjero: Los Padres de la Iglesia, San Gregorio Magno y San Jerónimo, por ejemplo, nos explican que este hombre que emprende un largo viaje es Cristo, quien, una vez resucitado, se fue al cielo con la misma carne que había tomado aquí en la tierra.

Un talento: Era una suma desorbitada de dinero, el equivalente a más de quince años de salario. Con ello se nos quiere indicar un bien inmenso. Este bien no es otro que la palabra de Dios, que la doctrina evangélica, tal como nos explican San Juan Crisóstomo y San Jerónimo: ése es el inmenso bien que el Señor nos ha confiado a nosotros, sus siervos, para que negociemos con él. “Negocia con él” aquél que anuncia el Evangelio, que “proclama la palabra, que insiste, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina”, tal como le manda hacer San Pablo a Timoteo (2 Tm 4,2).

Al cabo de mucho tiempo: Efectivamente, pasa mucho tiempo desde que Cristo subió al cielo hasta que regresará en la majestad de su gloria para juzgar a los vivos y a los muertos.

Purificarse para orar



No se puede contemplar a Dios con los ojos contaminados por el mundo.

No es posible alabarlo y hablar con Dios con los mismos labios que profieren palabrotas, que mienten, que murmuran, que difaman y que hasta calumnian.

No se puede escuchar a Dios con el oído que se complace en escuchar chismes, sucias historietas, palabras que ofenden al Señor.

Ya que los ojos deben ser claros, reflejos de un alma limpia y de un corazón puro.

Los labios deben bendecir incluso a aquellos que nos maldicen.

El oído debe estar atento a la Palabra y a la llamada del Rey y Señor nuestro.

Por ello, Señor, purifica mis ojos para que puedan contemplarte. Para que mi mirada no esté distraída por las vanas cosas del mundo y, menos aún, para que mis ojos se enturbien en la impureza.

Purifica mis labios, mi boca, como purificaste la boca de tu profeta, para que hable de ti y contigo.

XXXII Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 


12 de noviembre de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Quienes buscan la sabiduría la encuentran (Sab 6, 12-16)
  • Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío (Sal 62)
  • Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto (1 Tes 4, 13-18)
  • Que llega el esposo, salid a su encuentro! (Mt 25, 1-13)
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El Señor mediante esta parábola nos entrega, queridos hermanos, una enseñanza nueva e importante sobre nuestra salvación. Las diez vírgenes son un símbolo de los creyentes, de los discípulos, de nosotros, los cristianos. Ya de entrada se nos insinúa, por lo tanto, que no basta con ser cristiano -con ser “virgen”- para alcanzar la salvación, puesto que de las diez vírgenes cinco son necias y cinco son sensatas. La parábola está centrada sobre el hecho de que “el Esposo tardaba”: el Esposo, obviamente, es Cristo, pues por el bautismo hemos sido desposados con Cristo “como una virgen pura” (2 Co 11,2), y su tardanza es el tiempo que media entre su resurrección y ascensión gloriosa al cielo y su segunda venida.

Dice la parábola que “todas se durmieron”. En este caso el dormirse no es un defecto o un pecado, porque la parábola no quiere inculcarnos tanto la vigilancia cuanto la preparación, el hecho de estar ya preparados para cuando aparezca el Señor. Pues el Señor, en efecto, aparecerá de improviso (Mc 13,36; Lc 21, 34) -San Lucas dice que caerá sobre nosotros “como un lazo” (21,35). Cristo es el Señor de las sorpresas y por eso llegará “a medianoche”.

Frases...

Hay cosas sobre las que no tenemos el control, a decir verdad, casi todas.



Alessandro D’AVENIA

El silencio


Sólo después de haber escuchado “la voz de un fino silencio” (1R 19, 11-12) –según la traducción literal del hebreo- fue cuando Elías se cubrió el rostro con su manto y salió al encuentro de Dios. Y fue entonces, solamente entonces, cuando el Dios vivo y verdadero se puso a hablar con él. Esta voz en el límite del silencio, este silencio habitado por la presencia divina, abrió el oído del profeta de fuego a la palabra de Dios. Aunque la historia de Israel es rica en teofanías espectaculares, Dios prefiere manifestarse dulcemente, en la oscuridad, en la intimidad de un corazón que está al acecho, atento y despierto. En ese estuche cerrado que es el silencio, su Palabra puede nacer y surgir, hacerse viva y ser “más eficaz y más incisiva que una espada de dos filos” (Hb 4, 12).

XXXI Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

5 de noviembre de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Os habéis separado del camino recto y habéis hecho que muchos tropiecen en la ley (Mal 1, 14b - 2, 2b. 8-10)
  • Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor (Sal 130)
  • Deseábamos entregaros no solo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas (1 Tes 2, 7b-9. 13)
  • Ellos dicen, pero no hacen (Mt 23, 1-12)
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El evangelio que acabamos de escuchar nos describe, queridos hermanos, el estilo que el Señor quiere que exista entre nosotros, sus discípulos. Para ello el Señor empieza por criticar a los letrados y fariseos, por decirnos lo que no le gusta de ellos, de su manera de actuar. Pero la finalidad de esta crítica es, obviamente, proponernos otro estilo, otra manera de ser y de actuar. Tres son las críticas que el Señor hace a los letrados y fariseos:

1) Que su vida no es coherente con su doctrina. Con ello el Señor nos indica que espera de nosotros que nuestra vida sea coherente con la verdad que profesamos en nuestra fe. Pero al mismo tiempo nos enseña, como subraya San Jerónimo (ss. IV-V), que debemos saber apreciar la verdad aunque sea proclamada por personas que no son coherentes con ella. El Señor dice, en efecto: “haced y cumplid lo que os digan, pero no hagáis lo que ellos hacen”. No hay que negar una verdad, porque quien la proclama no sea coherente con ella: Los medievales -que eran cristianos- decían: “La diga quien la diga, la verdad procede siempre del Espíritu Santo”.

2) Que no ayudan a las personas a vivir según la verdad. El Señor critica así la actitud de quienes no hacen más que proclamar la verdad, pero sin ayudar al prójimo a vivirla. Es la actitud de los sempiternos moralistas, que nos dicen lo que está bien y lo que está mal, lo que hay que hacer y lo que no hay que hacer, pero que no son capaces de echarnos una mano para hacer el bien y evitar el mal. El Señor, en cambio, espera de nosotros que seamos hombres y mujeres que saben echar una mano, ayudar a los demás a vivir según la verdad y el bien. Es muy fácil condenar el aborto (y hay que hacerlo); pero lo que el Señor quiere es que ayudemos a la chica que está embarazada a tener a su hijo.

Frases...

El mal imaginario es romántico, variado;
el mal real, triste, monótono, desértico, tedioso.


El bien imaginario es aburrido;
el bien real es siempre nuevo, maravilloso, embriagante.



Simone WEIL