Frases...

“El secreto exige una solución, el misterio una genuflexión”




Autor: Alessandro D’AVENIA
Título: ¡Presente!
Editorial: Encuentro, Madrid, 2022, (p. 392)

Dios uno y trino



1. El carácter personal de Dios.

Cuando el hombre dice “Dios” no emplea una palabra como las demás palabras que designan los distintos objetos de su experiencia. Pues con esta misteriosa palabra denomina un ser todavía más misterioso y enigmático, un ser que, propiamente hablando, no es un ser, sino el fundamento último de todo ser, de toda realidad, que no necesita a su vez de ningún otro fundamento, puesto que es él mismo quien todo lo sustenta y rige. “Dios” designa, pues, la realidad que todo lo abarca, que todo lo sostiene y todo lo determina, la realidad englobante de todos los seres y de todos los acontecimientos de la historia humana, pues en él vivimos, nos movemos y existimos, según proclamó San Pablo en el Areópago de Atenas (Hechos 17,28). “Dios” significa también el bien supremo en el que participan todos los bienes finitos y que es su base, así como el último fin que dirige y ordena todas las cosas. Por todo ello “Dios” no es nunca, para el hombre, una realidad más, ni tan siquiera una realidad superior a las demás realidades, sino más bien la respuesta a la pregunta latente en todas las preguntas, es decir, la respuesta a la pregunta sobre el fundamento y el sentido últimos del hombre y del mundo.

Cuando el hombre ha intentado pensar el ser de este fundamento, tan distinto y superior al ser de todas las criaturas, lo ha concebido siempre como esencia inmutable, como necesidad intrínseca de ser. Y así Dios ha sido pensado como el ser Infinito que, por ello mismo, nunca puede ser finito, o como el Absoluto que, por ello mismo, nunca puede ser relativo, o como el Uno que, por ello mismo, nunca puede ser múltiple, o como la coincidencia de los opuestos -caos o matriz originaria de todos los seres- que, por ello mismo, no puede identificarse con el mundo de las formas diferenciadas. La filosofía, la gnosis y la mayor parte de las religiones coinciden en pensar a Dios como Necesidad, de tal manera que todas ellas suscribirían, en principio, la afirmación de que Dios no puede dejar de ser Dios, es decir, de que Dios está condenado a seguir la férrea Necesidad que le prescribe su naturaleza de Dios.

XXI Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

27 de agosto de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Pongo sobre sus hombros la llave del palacio de David (Is 22, 19-23)
  • Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos (Sal 137)
  • De él, por él y para él existe todo (Rom 11, 33-36)
  • Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos (Mt 16, 13-20)
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En el evangelio de este domingo, queridos hermanos, llama la atención el hecho de que Jesús pregunta a los discípulos lo que piensan acerca de su persona. Jesús no les ha preguntado nunca lo que piensan sobre su doctrina, qué les ha parecido, por ejemplo, el sermón de la montaña con las bienaventuranzas. Les pregunta, en cambio, sobre su persona, sobre su identidad, sobre quién es él. Y esto significa que esta cuestión es especialmente importante, que el centro de toda su obra no es su doctrina sino su persona, que el cristianismo no es, en primer lugar, adherir a una enseñanza o cumplir una moral, sino adherir a una persona, a la persona de Jesucristo.

La respuesta que da Pedro a la pregunta del Señor contiene dos afirmaciones distintas. “Tú eres el Mesías” significa tú eres el último y definitivo Rey y Pastor del pueblo de Israel, tú eres aquel en quién y por quien se cumplen las promesas hechas a los Patriarcas. “El Hijo de Dios vivo” significa tú tienes una relación única con Dios, caracterizada por el conocimiento recíproco y por la igualdad con Él, tal como ya había dicho Jesús al afirmar: “Nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo” (Mt 11, 27).

Acto de confianza

Dios mío, estoy tan persuadido de que velas por todos los que en Ti esperan y de que nada le puede faltar a quien de Ti aguarda todas las cosas, que he resuelto vivir en adelante sin cuidado alguno, descargando sobre Ti todas mis inquietudes. Ya dormiré en paz y descansaré, porque Tú, sólo Tú, has asegurado mi esperanza.

Los hombres pueden despojarme de los bienes y de la reputación, las enfermedades pueden quitarme las fuerzas y los medios de servirte; yo mismo puedo perder tu gracia por el pecado. Pero no perderé mi esperanza; la conservaré hasta el último instante de mi vida y serán inútiles todos los esfuerzos de los demonios del infierno por arrebatármela. Dormiré y descansaré en paz.

Que otros esperen su felicidad de su riqueza o de sus talentos; que se apoyen sobre la inocencia de su vida, o sobre el rigor de su penitencia, o sobre el número de sus buenas obras, o sobre el fervor de sus oraciones. En cuanto a mí, Señor, toda mi confianza es mi confianza misma. Porque Tú, Señor, sólo Tú, has asegurado mi esperanza.

Los libros

Los libros no han perdido del todo ese primitivo valor que tuvieron en Roma, la sutil capacidad de trazar un mapa de los afectos y las amistades. Cuando unas páginas nos conmuevan, un ser querido será el primero a quien hablaremos de ellas. Al regalar una novela o un poemario a alguien que nos importa, sabemos que su opinión sobre el texto se reflejará sobre nosotros. Si un amigo, una amada o un amante coloca un libro en nuestras manos, rastreamos sus gustos y sus ideas en el texto, nos sentimos intrigados o aludidos por las líneas subrayadas, iniciamos una conversación personal con las palabras escritas, nos abrimos con mayor intensidad a su misterio. Buscamos en su océano de letras un mensaje embotellado para nosotros.

Cuando apenas se conocían, mi padre le regaló a mi madre un ejemplar de Trilce, los poemas de juventud de César Vallejo. Tal vez nada de lo que sucedió después hubiera sido posible sin la emoción que esos versos despertaron. Ciertas lecturas son una forma de derribar barreras, ciertas lecturas nos recomiendan al desconocido que las ama. No tengo parentesco con el prodigioso César Vallejo, pero le he injertado en mi árbol genealógico. Igual que mis remotos bisabuelos, el poeta fue necesario para que yo existiera.



Autor: Irene VALLEJO
Título: El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo,
Editorial: Siruela, Madrid, 2021, (p. 301)







XX Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

20 de agosto de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • A los extranjeros los traeré a mi monte santo (Is 56, 1. 6-7)
  • Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben (Sal 66)
  • Los dones y la llamada de Dios son irrevocables para Israel (Rom 11, 13-15. 29-32)
  • Mujer, qué grande es tu fe (Mt 15, 21-28)
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El Evangelio de hoy, queridos hermanos, transcurre en la región de Tiro y Sidón, por lo tanto fuera de los límites de Israel. Es un detalle importante porque la protagonista de este episodio es una mujer cananea, es decir, no-judía, no perteneciente al pueblo de Israel. Y el tema de fondo que, sin ser nombrado, está presente en todo este episodio es el de la salvación de los que no pertenecen al pueblo de Israel, el de la salvación de los gentiles, de los paganos: ¿Tienen o no tienen acceso a la salvación? Y si lo tienen, ¿en qué condiciones?

De entrada llama la atención que el Señor responda con su silencio a los angustiosos gritos de una madre que pide compasión para su hija. Hay como una aparente indiferencia de Jesús que contrasta con el interés de los discípulos que le dicen al Señor que la atienda. Aunque, todo hay que decirlo, este interés está motivado por el hecho de que los gritos de la mujer les molestan: “Atiéndela, que viene detrás gritando”. Parece que los discípulos son muy misericordiosos, pero en realidad lo que quieren es acabar con aquella molestia: quieren sacársela de encima.

Frases...

La vejez es una edad en la que hay que aprender a no hacer nada.



Alain QUILICI, Du bon usage de la vieillesse, Éditions du Carmel, Toulouse, 2017, (p. 9)

La esperanza en la misericordia










“La humanidad no encontrará la paz
hasta que no se vuelva con confianza
hacia mi misericordia (…)
Escribe que cuanto más grande es la miseria,
tanto más tiene derecho a mi misericordia,
e incita a todas las almas
a la confianza
en el inconcebible abismo de mi misericordia,
porque deseo que todos se salven.
La fuente de la misericordia
ha sido ampliamente abierta por la lanza sobre la cruz
para todas las almas,
sin excluir a nadie (…)
Mi Corazón es la misma misericordia.
De este océano de misericordia,
las gracias se derraman sobre el mundo entero.
Ninguna alma que se haya acercado a mí
ha quedado sin consolación.
Toda miseria perece en mi misericordia,
y toda gracia brota de esta fuente salvadora y santificante”

(Palabras de Jesús a santa Faustina)

* * *


"Decid bien, Madre mía,
que si yo hubiera cometido
todos los crímenes posibles,
tendría siempre la misma confianza;
porque siento que toda esta multitud de ofensas
son como una gota de agua
arrojada en un brasero ardiente”


(Palabras de santa Teresita del Niño Jesús, poco antes de morir, a su hermana Paulina, que era la Madre superiora)



Asunción de la bienaventurada Virgen María

15 de agosto 

15 de agosto de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Una mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies (Ap 11, 19a; 12, 1-6a. 10ab)
  • De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir (Sal 44)
  • Primero Cristo, como primicia; después todos los que son de Cristo (1 Cor 15, 20-27a)
  • El Poderoso ha hecho obras grandes en mí: enaltece a los humildes (Lc 1, 39-56)
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Celebramos hoy, queridos hermanos, la solemnidad de la Asunción de la bienaventurada Virgen María, en cuerpo y alma, al cielo. Lo que la liturgia propone hoy a nuestra contemplación es el destino final en el que se encuentra la Madre del Señor desde que terminó el curso de su vida terrena, diciéndonos que ella ha alcanzado ya plenamente el estado glorioso que tendrán, a partir del último día, todos los justos resucitados o los que, por vivir todavía cuando vuelva el Señor, serán transformados sin pasar por la muerte, tal como anuncia san Pablo: “He aquí que os anuncio un misterio: no todos moriremos, pero todos seremos transformados” (1Co 15, 51).

Los santos que están en el cielo se encuentran en un estado todavía provisional, en cuanto que una parte de su ser, el cuerpo, ha quedado aquí en la tierra, dejando de ser un cuerpo viviente, bien porque haya conocido la corrupción del sepulcro, o bien porque, aunque esté incorrupto, no es un cuerpo viviente, ya que lo que da vida al cuerpo es el alma, y el alma ya no está allí. Su espíritu y su alma están con el Señor y son colmados por la felicidad de contemplar su gloria; pero su cuerpo espera paciente el día de la segunda venida de Cristo, de su venida gloriosa, el día de la Parusía, para resucitar por la fuerza y el poder del Espíritu Santo, y ser transformado en un cuerpo espiritual, un cuerpo glorioso, tal como afirma san Pablo: “Así también en la resurrección de los muertos: se siembra corrupción, resucita incorrupción (…) se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual” (1Co 15, 42.44), y volver a unirse con su espíritu y su alma en la felicidad total del cielo.

XIX Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

6 de agosto de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Permanece de pie en el monte ante el Señor (1 Re 19, 9a. 11-13a)
  • Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación (Sal 84)
  • Desearía ser un proscrito por el bien de mis hermanos (Rom 9, 1-5)
  • Mándame ir a ti sobre el agua (Mt 14, 22-33)
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En el encuentro con Dios que tuvo el profeta Elías en el monte Horeb, se nos revela, queridos hermanos, que nuestro Dios no se hizo presente en el huracán, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino en el susurro de una suave brisa. Nuestra mentalidad humana asocia más fácilmente al Creador con las experiencias de fuerza y de poder –como son las tres primeras- que con la delicadeza de una suave brisa, descrita como un susurro. Esta suave brisa es un símbolo del Espíritu Santo que se hace presente en nuestro corazón de una manera muy silenciosa y suave, y cuya voz solo puede ser escuchada si en nosotros hay un profundo silencio. De ahí la importancia de la soledad y del silencio para encontrarse con Dios.

Esa soledad y ese silencio es lo que buscaba el Señor el domingo pasado en el evangelio y no lo pudo tener a causa del gentío que lo esperaba. Ahora, después de haber saciado su hambre con la multiplicación de los panes y de los peces y de haberlos despedido, consigue por fin esa anhelada soledad y ese deseado silencio para poder orar. Y se queda él solo en el monte orando, hasta que se hace de noche. Ahí el Señor abriría su corazón al Padre del cielo y pondría ante Él el dolor por el asesinato de Juan el Bautista, para que el íntimo coloquio entre Él y el Padre del cielo, en la unidad del Espíritu Santo, le permitiera acoger esa realidad dolorosa con paz.

La creación


1. Padre, todopoderoso, creador.

El orden de las palabras del credo es significativo: si Dios es todopoderoso y creador lo es como un padre. Padre se refiere a Hijo y, en el caso de Dios, se trata de su Hijo Único, de su Hijo amado, el que se hizo hombre por nosotros. El Padre es creador con el Hijo y en vistas al Hijo: la creación está hecha para ser entregada como una herencia a un hijo. Por eso del Hijo se dice que le instituyó heredero de todo, por quien también hizo los mundos (Hebreos 1,2). Por eso a Jesucristo se le llama Señor porque todo ha sido creado por Él y para Él, Él es anterior a todo y todo se mantiene en Él (Colosenses 1,17).

La creación está marcada por la paternidad de Dios: el destino de la creación es ser entregada al Hijo. Pero como el Padre del cielo nos ha hecho (por gracia) hijos en el único Hijo (por naturaleza), el destino de la creación es que todos los hombres lleguemos a ser hijos e hijas de Dios. Dios crea, pues, para exteriorizar su amor de Padre, para que se haga visible su paternidad: Él nos eligió, en la persona de Cristo, antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos e irreprensibles ante Él, por el amor (Efesios 1,4).

Transfiguración del Señor

15 de agosto 

6 de agosto de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Su vestido era blanco como nieve (Dan 7, 9-10. 13-14)
  • El Señor reina, Altísimo sobre toda la tierra (Sal 96)
  • Esta voz del cielo es la que oímos (2 Pe 1, 16-19)
  • Su rostro resplandecía como el sol (Mt 17, 1-9)
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La transfiguración del Señor que celebramos hoy es como un símbolo de lo que es la vida cristina: un camino cuesta arriba –la subida a una montaña alta- y una transformación luminosa de nuestro propio ser. Pues el cristianismo, como explica san Pablo, afirma que somos “ciudadanos del cielo” de donde esperamos un salvador, nuestro Señor Jesucristo, que “transformará nuestra condición humilde según el modelo de su condición gloriosa, con esa energía que posee para sometérselo todo”. Se trata, por lo tanto, de una transformación ontológica de nuestro ser, al hacernos, como explica san Pedro, “partícipes de la naturaleza divina”. El evangelio de hoy es como una visión anticipada del término hacia el cual caminamos.

Se transfiguró delante de ellos. La transfiguración no fue un cambio de la naturaleza de Jesús, sino una revelación de su verdadera naturaleza, de su identidad más profunda. La figura familiar y el aspecto habitual de Jesús se transforman ante sus ojos y ellos caen en la cuenta de que su aspecto habitual terreno-humano no expresa toda su realidad, toman conciencia de que él no está encerrado en los límites de la realidad terrena. Lo mismo indica el “blanco deslumbrador” de sus vestidos, que simboliza el mundo divino, la esfera de la luz esplendorosa de la majestad divina (cf. Mc 16,5; Ap 3,5), porque “Dios es luz sin tiniebla alguna” (1Jn 1, 5).

Frases...

No estamos en paz con los demás porque no estamos en paz con nosotros mismos y no estamos en paz con nosotros mismos porque no estamos en paz con Dios.


Thomas Merton

San Anselmo

Oh Virgen bendita por encima de todo,
cuida a quien se confía a ti;
haz que el grito de mis necesidades
vaya siempre contigo
y que tus miradas de bondad
me acompañen siempre.
Amén.

San Anselmo (+1109)



XVII Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

 30 de julio de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Pediste para ti inteligencia (1 Re 3, 5. 7-12)
  • ¡Cuánto amo tu ley, Señor! (Sal 118)
  • Nos predestinó a reproducir la imagen de su Hijo (Rom 8, 28-30)
  • Vende todo lo que tiene y compra el campo (Mt 13, 44-52)
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“¿Entendéis bien todo esto?”. Para el Señor es importante que entendamos bien la naturaleza del Reino de los cielos, su condición aquí en la tierra, así como las exigencias que comporta.

La parábola del tesoro escondido nos enseña, en primer lugar, que la belleza y el valor del Reino de los cielos no son evidentes para todo el mundo, pues se trata de un tesoro escondido y son muchos los que ignoran la existencia de ese tesoro. Descubrirlo, verlo, es ya una inmensa gracia, un don de Dios.

La actitud correcta que este descubrimiento del valor del Reino de los cielos debe provocar en nosotros es la que ilustra esta parábola y la de la perla de gran valor: venderlo todo con tal de adquirir el campo o la perla, es decir, con tal de alcanzar ese tesoro y esa perla de gran valor que es el Reino de los cielos. Esto significa una jerarquía de valores, para la cual el valor principal y primero es participar del Reino de los cielos, entrar en él. Y para ello estoy dispuesto a vender todo lo demás, pues “si tu mano o tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo y arrójalo de ti; más te vale entrar en la Vida manco o cojo que, con las dos manos o los dos pies, ser arrojado al fuego eterno” (Mt 18,8).

Acoger la realidad

(La novela relata la historia de Dani, un joven adicto al alcohol, que entra a trabajar en una cooperativa que se encarga de la limpieza del hospital Bambino Gesù –Niño Jesús- de Roma, un hospital de la Iglesia en el que se atiende a los niños enfermos. En su lucha contra el alcohol, que ha deteriorado la relación con sus padres y sus hermanos, consigue no beber de lunes a viernes, pero reservándose el fin de semana para el vino blanco. La novela narra cómo la confrontación con el dolor, la enfermedad y, a veces, la muerte, de los niños, ayudan a Dani a reencontrar su propia humanidad)

A la altura de la vidriera modernista hay dos jóvenes de pie, la madre tiene en brazos a un niño mientras que el padre juega con él, le muestra la fuente del jardín interior, hace reír al hijo haciendo muecas y sacándole la lengua. Cuando estoy a no más de un metro de ellos los dos padres se giran, y con ellos el niño. El pequeño tendrá unos tres años, aparte de los ojos, su rostro no existe. En lugar de la nariz, de la boca, hay agujeros de carne roja. Clavo la mirada en el mármol del suelo, paso a su lado sin volver a mirarlos. En el almacén, mientras preparo el carro, llego a la certeza de que he alcanzado el nivel de saturación. Basta. Con este hospital, con todos estos niños enfermos, lisiados, deformes, muertos. Basta. Me fumo un cigarrillo, luego otro, hago tiempo esperando que los dos jóvenes y su hijo desfigurado se vayan.

Las risas del niño son lo primero que llega. Siguen ahí. Sin embargo, ahora no están solos. Delante de ellos hay una monja, es anciana, está inclinada hacia delante, con su rostro acaricia el rostro tremendo del niño.

“Guapo, tú eres el tesoro de papá y mamá, ¿verdad?”.

Toma una manita y la besa, él quizá por las cosquillas estalla en risas, la monja no tendrá menos de ochenta años, tiene el rostro rollizo, blanco como la leche.

“Entonces no eres solo guapo, también eres simpático, ¿te gusta?”. Y vuelve a pasar la manita por su boca, por la barbilla, porque a él le gusta. Después la monja se endereza, mira al padre y a la madre.

“¿Habéis oído qué carcajadas? Este dentro no tiene plata, tiene oro vivo”.

Lo besa, sin preocuparse de su rostro, ni de nada.

Santiago Apóstol, patrono de España

15 de agosto 

25 de julio de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • El rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago (Hch 4, 33; 5, 12. 27-33; 12, 2)
  • Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben (Sal 66)
  • Llevamos siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús (2 Cor 4, 7-15)
  • Mi cáliz lo beberéis (Mt 20, 20-28)
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Celebramos hoy, queridos hermanos, la fiesta del apóstol Santiago, patrono de España. La riqueza de la liturgia de la palabra de este día nos ofrece abundantes puntos de reflexión, que constituyen llamadas a nuestra conversión como católicos y como católicos españoles.

La primera lectura nos ha recordado la contundente respuesta que Pedro y los demás apóstoles dieron ante las autoridades religiosas judías: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”. Es una llamada a revisar nuestra jerarquía de valores y a preguntarnos qué es, de verdad, lo primero en nuestra vida, es decir, cuál es el criterio que prevalece sobre todos los demás a la hora de tomar nuestras decisiones. Si nuestro criterio es no distinguirnos de los demás, ser como todos, no llamar la atención, ser socialmente correctos, ajustándonos al comportamiento de la mayoría, entonces Dios no es el primero en nuestra vida, sino que lo primero es una determinada imagen de nosotros mismos que no queremos que desentone de la mayoría social; lo primero serría no querer tener problemas. El cristiano tiene que tener la audacia de poner a Dios, a su voluntad y a su santa ley, como lo más importante en su vida, aunque ello le genere algún problema.

XVI Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

23 de julio de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Concedes el arrepentimiento a los pecadores (Sab 12, 13. 16-19)
  • Tú, Señor, eres bueno y clemente (Sal 85)
  • El Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables (Rom 8, 26-27)
  • Dejadlos crecer juntos hasta la siega (Mt 13, 24-43)
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La liturgia de la Palabra de este domingo aborda el tema del silencio de Dios durante la historia humana, a pesar de la presencia del mal. A los hombres nos gustaría que, al menor síntoma de mal, Dios interviniera, arrancándolo de cuajo. Pero como Dios no lo hace, a nosotros nos viene la tentación de hacerlo, de “limpiar el campo”, de extirpar el mal. Y la palabra de Dios, en el evangelio de hoy, nos sorprende diciéndonos: “dejadlos crecer juntos hasta la siega”.

Con su parábola el Señor quiere inculcarnos la paciencia como una actitud fundamental. Quiere decirnos que hemos de soportar, durante nuestra vida aquí en la tierra, esta situación de mezcolanza del bien y del mal, del trigo y de la cizaña. Quiere decirnos que hemos de aprender a vivir juntos los buenos y los malos, los piadosos y los impíos. Que hemos de contar con la presencia del mal. El Señor nos dice: es mejor soportar la presencia del mal que arrancar el bien, queriendo extirpar el mal. Porque nosotros no tenemos un método infalible de discernimiento. A lo largo de la historia humana, hemos de aceptar que el Reino de Dios crezca en el seno de una comunidad en la que se mezclan el bien y el mal. Y hemos de vivir esta situación con una paciente confianza. Al final el Señor vendrá y Él realizará el juicio definitivo, el juicio “final”. Pero sólo Él puede hacerlo, porque sólo Él discierne los corazones.

Frases...

No dejes encarcelarte por ningún afecto. Preserva tu soledad. Si alguna vez ocurre que se te ofrezca un afecto verdadero, aquel día no habrá oposición entre la soledad interior y la amistad, sino al contrario. Precisamente lo reconocerás por ese indicio infalible. Los demás afectos deben someterse a una disciplina severa.



Simone WEIL
"La gravedad y la gracia" 
Trotta, Madrid, 2007, (p. 109)

Tareas espirituales para la vejez

La vejez ya no es el tiempo de la vida activa en el que había que atender a muchas ocupaciones. Ahora tenemos mucho tiempo y no hay que perderlo. Este tiempo precioso pertenece a Dios. La vejez es el tiempo para la contemplación de los misterios revelados por Cristo Jesús. Todos esos misterios que ya conocemos, que aprendimos en el catecismo hace muchos años, que se nos han hecho familiares y que hemos celebrado a lo largo de nuestra vida. Pero no teníamos el tiempo necesario para profundizarlos. Ahora lo tenemos. La vejez es el tiempo de la contemplación.

La vejez es también el tiempo del testimonio silencioso. Los ancianos son como esos velones siempre encendidos que señalan en las iglesias la presencia del Señor en el sagrario. Las personas mayores, en silencio delante del Santísimo Sacramento, recuerdan a todos que estar ante Dios pertenece al ser más profundo del hombre. Su silencio ante Dios es una palabra que dice simplemente que Dios es Dios y que estar ante Él nos constituye.

Es también el tiempo de orar por todos los que no tienen tiempo para orar: orar por ellos y orar en lugar de ellos, en nombre de ellos, aunque ellos no nos lo hayan explícitamente pedido. Oración atravesada muchas veces por el dolor y la angustia de preguntarse qué es lo que hemos hecho mal, o lo que no hemos sabido hacer, para que el tesoro de la fe, que es lo más querido para nosotros, no haya sido recogido por nuestros hijos y nuestros nietos. Oración llena de esperanza, sin embargo, porque sabemos también que Dios puede convertir los corazones, que el poder del Espíritu Santo es más fuerte que el del Maligno.



Autor: Alain QUILICI
Título: Du bon usage de la viellesse
Éditions du Carmel, Toulouse, 2017, 
(pp. 14-15; 22-24)














XV Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

16 de julio de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • La lluvia hace germinar la tierra (Is 55, 10-11)
  • La semilla cayó en tierra buena, y dio fruto (Sal 64)
  • a creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios (Rom 8, 18-23)
  • Salió el sembrador a sembrar (Mt 13, 1-23)
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Casi con toda probabilidad podemos afirmar que esta parábola fue pronunciada por el Señor a causa de un cierto desánimo que había en sus discípulos. Éstos, en efecto, veían que eran muchas las personas que escuchaban la predicación del Señor, pero que, sin embargo, no todos se convertían en discípulos suyos. Es una cuestión siempre actual, que no vale sólo de la predicación de Jesús sino también de la predicación de la Iglesia (que es sustancialmente la misma predicación de Jesús) a lo largo de la historia. La parábola sale al paso de esta cuestión y afirma una cosa muy sencilla: que el fruto de la predicación no depende sólo de la semilla que se siembra sino también del terreno que la acoge.

A este respecto la parábola se recrea en la contemplación de los diferentes tipos de “terreno” que la Palabra de Dios puede encontrar. Todos comprendemos que el “terreno” es el corazón del hombre. La parábola viene a decirnos: no todos los corazones son iguales y por eso la misma predicación no da el mismo fruto en todos.

Frases...

Cuando uno es feliz está dispuesto a soportar cualquier clase de disciplina.


Graham GREEN

La vida eterna



1. “Vida eterna”: la vida misma de Dios.

Desde el punto de vista científico la expresión “vida eterna” resulta paradójica, ya que la “vida” tal como la conocemos en nuestra experiencia, es un proceso eminentemente lábil y frágil que está irremediablemente abocado a la muerte. Vida y muerte son nociones correlativas. Esta expresión, en su paradoja, pone de relieve que estamos ante algo inaudito, ante una promesa de Dios, ante un don suyo, y no ante una experiencia biológica o una perspectiva científica.

La temporalidad propia de nuestra existencia aquí en la tierra, hace que nuestra vida se caracterice por la fragmentación en lo disperso y disgregado, por la fugacidad: la vida se nos escapa de las manos en un fluir ininterrumpido entre el pasado y el futuro. Vida eterna significa la superación de esta situación en un presente concentrado, pleno, que no se diluye en el pasado ni se desvanece en el futuro. La eternidad es, en efecto, la posesión simultánea y perfecta de una vida interminable, según definió Boecio en el siglo V.

Esta plenitud del ahora insuperable y único es lo propio de la vida divina. De ahí que la Tradición de la Iglesia no ha dudado en hablar de divinización para expresar el destino al que está llamado el hombre: “Dios se ha hecho hombre para que el hombre pueda llegar a ser Dios” (San Atanasio). El hombre es el ser paradójico que, para ser plenamente él mismo, tiene que aspirar a ser más de lo que es, tiene que aspirar a ser Dios. Puesto que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, su ser se afirma y se realiza en la medida en que se va pareciendo a Aquel del cual es la imagen.

XIV Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

9 de julio de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Mira a tu rey que viene a ti pobre (Zac 9, 9-10)
  • Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey. (Sal 144)
  • Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis. (Rom 8, 9. 11-13)
  • Soy manso y humilde de corazón (Mt 11, 25-30)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

En el evangelio de hoy el Señor da gracias al Padre, que es el Señor del cielo y de la tierra, por haber escondido su plan de salvación a los ojos de los sabios y entendidos y haberlo revelado, en cambio, a la gente sencilla. Los “sabios y entendidos” son los que razonan según la lógica humana que nos dice que para “destruir a los carros de Efraím y a los caballos de Jerusalén” lo que hace falta son unos carros más potentes y unos caballos más veloces. Y sin embargo Dios anuncia, por medio del profeta Zacarías, que Dios alcanzará esa victoria mediante un rey modesto que “cabalga en un asno, en un pollino de borrica”.

Los sencillos de corazón son los que, antes que nada, piensan en Dios y dicen: si Dios lo quiere podrá ocurrir. Son como niños que están seguros del poder y de la fuerza de su padre y que lo creen todo posible si su papá está allí e interviene. Con estas palabras el Señor nos invita a buscar la sencillez de corazón, que consiste en prestar mucha más atención, en todos los asuntos, a la existencia de Dios, a Su voluntad y a Su poder, que al entramado de causas segundas que intervienen en ellos. Quien así procede está convencido de que “para Dios nada hay imposible” (Lc 1,37), tal como le dijo el ángel Gabriel a la Virgen María. La Virgen era sencilla de corazón, y por eso respondió: “aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38).

Frases...

Salgo al balcón y el mundo es un himno, enciendo la tele y es un sarcasmo.


Gabriel Insausti

Para dar gracias a Dios

Yo confieso vuestro nombre, oh Dios,
luz y fuerza de mi alma,
que me habéis gobernado y dirigido desde mi infancia
contando todos los cabellos de mi cabeza.
Os doy gracias por todos los beneficios
que habéis querido obrar en mí, por mí y a causa de mí.

Me habéis protegido día y noche
a la sombra de vuestras alas
y me habéis guardado como a la niña de vuestros ojos.

Como el águila que invita a sus pequeños a volar
y que vuela sobre ellos,
extiende sus alas y los toma y lleva sobre sus hombros,
habéis previsto todos mis caminos,
habéis sondeado mis riñones,
habéis extendido vuestra mano
sobre la cólera de mis enemigos
y me habéis salvado,
no por mi justicia,
sino por vuestra pura misericordia.

A Vos la alabanza y la gloria
por los siglos de los siglos.

Amén.

San Pedro Canisio

Escuela de la fe #14: La paz de Cristo




La paz de Cristo


D. Fernando Colomer Ferrándiz
28 de junio de 2023


Enlace para escuchar en ivoox: https://go.ivoox.com/rf/126370437


XIII Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

2 de julio de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Es un hombre santo de Dios; se retirará aquí (2 Re 4, 8-11. 14-16a)
  • Cantaré eternamente las misericordias del Señor (Sal 88)
  • Sepultados con él por el bautismo, andemos en una vida nueva (Rom 6, 3-4. 8-11)
  • El que no carga con la cruz no es digno de mí (Mt 10, 37-42)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

En el evangelio de hoy, queridos hermanos, el Señor nos habla de la relación de los discípulos con Él y de la relación entre los discípulos y los demás hombres.

Al describirnos cómo debe ser la relación de los discípulos con Él, el Señor nos dice que deben preferirle a él antes que a la familia –tanto a los padres como a los hijos-, que no deben rehuir el sufrimiento –la cruz- para seguirle y que entre “asegurar” la propia vida o perderla por Él, el discípulo debe de estar siempre dispuesto a esto último, que es lo que hará que, verdaderamente, “encuentre” su vida. Jesús pretende de sus discípulos un amor sin límites, sin medida ni condiciones, por encima del amor a los padres, a los hijos, al propio bienestar y a la propia vida, de manera que si surge un conflicto entre lo que debemos a Jesús y lo que nos exigen otras personas, prefiramos siempre a Jesús.

La primera impresión

Al fin y al cabo, ¿qué puede revelarnos una primera impresión de alguien a quien sólo hemos visto un minuto en el vestíbulo de un hotel? Es más, ¿qué puede revelarnos una primera impresión de nadie? Pues no mucho más de lo que un acorde puede hacerlo de Beethoven, o una pincelada de Botticelli.

Por naturaleza los seres humanos son tan caprichosos, tan complejos, tan maravillosamente contradictorios, que merecen no sólo nuestra consideración, sino también nuestra reconsideración, y nuestra firme determinación de guardarnos nuestra opinión hasta habernos relacionado con ellos en todas las situaciones y a todas las horas posibles.


Autor: Amor TOWLES
Título: Un caballero en Moscú
Editorial: Salamandra, 2022, (p. 142)

XII Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

25 de junio de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Libera la vida del pobre de las manos de gente perversa (Jer 20, 10-13)
  • Señor, que me escuche tu gran bondad (Sal 68)
  • No hay proporción entre el delito y el don (Rom 5, 12-15)
  • No tengáis miedo a los que matan el cuerpo (Mt 10, 26-33)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Por tres veces en el evangelio de hoy el Señor nos exhorta a vencer el miedo: “No tengáis miedo”. Sentir miedo es algo natural para el hombre: tenemos miedo de perder nuestra salud, nuestra estima, nuestra posición, nuestra tranquilidad, nuestro bienestar, nuestra vida y nuestra familia. Todo lo que amamos se encuentra bajo la amenaza y ninguno de nosotros puede garantizarlo con sus solas fuerzas. Todo lo que amamos y lo que nos pertenece nos expone a heridas y pérdidas, y es posible objeto de amenazas y de chantajes. Y por todo ello tenemos miedo.

Cuando el Señor nos dice “no tengáis miedo”, no nos prohibe sentir miedo, sino que nos está mandando que nuestro comportamiento, nuestra manera de actuar, no esté determinada por el miedo. De manera muy especial el Señor nos pide que no dejemos de hacer dos cosas fundamentales en razón del miedo: anunciar su palabra y ser fieles a su persona, poniéndonos de su parte ante los hombres.

Frases...

La diferencia entre los condenados y los que se salvan no es que unos pequen y los otros no, sino que unos se burlan y los otros se arrepienten, unos se contentan con sus pecados y otros se entristecen con ellos.


Peter J. Kreeft

La vida activa y la vida contemplativa

El hombre, cuerpo y alma, está llamado a seguir un doble camino: el de la acción y el de la contemplación.

La vida activa comprende el ayuno, la abstinencia, las vigilias, las genuflexiones, la oración. “¡Qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la vida! ¡Y qué pocos son los que lo encuentran!” (Mt 7,14).

La vía contemplativa consiste en la elevación del espíritu a Dios, en la atención interior, en la oración pura y en la contemplación de las cosas espirituales a través de estos ejercicios.

El que aspira a la vida contemplativa tiene que empezar por la vida activa. Porque es imposible acceder a la vida contemplativa sin pasar por la vida activa.

No conviene abandonar la vida activa después de haber pasado, a través de ella, a la vida contemplativa; puesto que la vida activa enriquece la vida contemplativa y ayuda a su elevación.


San Serafín de Sarov

XI Domingo del Tiempo Ordinario

15 de agosto 

18 de junio de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa (Ex 19, 2-6a)
  • Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño (Sal 99)
  • Si fuimos reconciliados por la muerte del Hijo, ¡con cuánta más razón seremos salvados por su vida! (Rom 5, 6-11)
  • Llamó a sus doce discípulos y los envió (Mt 9, 36 - 10, 8)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf


“Al ver Jesús a las gentes”. 

El evangelio de hoy nos permite penetrar en la mirada de Jesús –que es la mirada de Dios- sobre los hombres, revelándonos cómo es esa mirada. Jesús, en efecto, con su mirada, ve a los hombres de la siguiente manera:

a) Se compadecía de ellas (las gentes) porque estaban extenuadas. 

Jesús es sensible al dolor de los hombres, al “peso de la vida”. Según nos relata San Mateo, Jesús pronunció estas palabras después de haber curado a una mujer que sufría flujos de sangre desde hacía doce años, de haber resucitado a la hija de un magistrado –Jairo-, de devolver la vista a dos ciegos y después de haber expulsado a un demonio que impedía hablar a un hombre. Jesús, por lo tanto, se acaba de encontrar con el sufrimiento de los hombres, con la enfermedad, con la muerte, con la acción del demonio esclavizando a los hombres. 

b) Porque estaban abandonadas como ovejas que no tienen pastor. 

Pero la mirada de Jesús va más allá del sufrimiento humano inmediatamente perceptible y detecta algo mucho peor: que no tienen quien les oriente, quien les guíe, en el camino de la Verdad. La miseria más honda del hombre no son los sufrimientos, sino la desorientación en relación a la Verdad. 

Frases...

No olvidéis nunca que la primera obra de amor que podéis hacer con los demás es la de compartir la fuente de nuestra esperanza. Quien no da a Dios, da muy poco.


Benedicto XVI

La ética en la vida cristiana


1. El papel de la ética en la vida cristiana.

El problema del papel de la ética en la vida cristiana se planteó, en la Iglesia primitiva, a raíz de los miles y miles de judíos que han abrazado la fe y todos son celosos partidarios de la Ley (Hch 21,20). Todos ellos piensan que el cristiano debe seguir observando la Ley, es decir, la ley judía, la Torá, la ley que Moisés recibió en el Sinaí de las manos de Dios y que, en la tradición del judaísmo, se identifica con la sabiduría divina. Por ello la Ley era para el judío, en su vida cotidiana, la palabra de Dios, el agua que apaga la sed, el pan que da la vida, la viña o el retoño de frutos excelentes, el tesoro de la sabiduría y de la ciencia. En pocas palabras, en el pensamiento judío la ley ocupa el lugar que san Juan y san Pablo proclamarán como propio de Cristo.

La respuesta cristiana a esta cuestión llegó por medio de san Pablo y se formula en estos términos contundentes: el cristiano ha sido liberado de la Ley: Si os guiáis por el Espíritu, no estáis bajo la Ley (Ga 5,18). No estáis bajo la Ley sino bajo la gracia (Rm 6,14). Con esta respuesta Pablo entiende que el cristiano está liberado no sólo de las prescripciones rituales de la Ley, sino también de los preceptos propiamente morales e incluso de todo aquello que el concepto de “ley” implica, es decir, el de un régimen de heteronomía moral en el que el hombre está situado frente a un precepto que es exterior y distinto de él mismo y al que, sin embargo, debe obedecer.

Corpus Christi

15 de agosto 

11 de junio de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres (Dt 8, 2-3. 14b-16a)
  • Glorifica al Señor, Jerusalén (Sal 147)
  • El pan es uno; nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo (1 Cor 10, 16-17)
  • Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida (Jn 6, 51-58)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

En la primera lectura de hoy se nos ha recordado cómo el pueblo de Israel, en su travesía por el desierto, sintió hambre y cómo el Señor le dio a comer el maná, que fue un don de Dios, la respuesta divina al hambre del pueblo de Israel para que no desfalleciera.

La vida del hombre en la tierra, nuestra vida, se parece siempre a una travesía del desierto. Porque en nuestro corazón hay un ansia de verdad, de bien y de belleza que nunca se ve totalmente satisfecha por los bienes que encontramos y realizamos aquí en la tierra. Y en este sentido el mundo, la vida, a pesar de todas las realidades bellas que nos ofrece, nunca es nuestra morada definitiva, nuestra tierra prometida, porque siempre aspiramos a más, porque nuestro corazón sigue estando inquieto.

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”. Jesús se presenta como el pan que puede saciar el hambre de nuestro corazón, como la respuesta total, exhaustiva, al deseo del hombre; de tal manera que “el que come de este pan vivirá para siempre”. En la Eucaristía Cristo nos da este pan, que nos permite “subsistir en medio del desierto”, es decir, mantener nuestra humanidad en medio de un mundo inhumano.

Frases...

Amar puramente es consentir en la distancia, es adorar la distancia entre uno y lo que se ama.


Simone WEIL

San Fulberto de Chartres

Santa María,
socorred a los desgraciados,
ayudad a los indecisos,
reconfortad a los débiles.
Rogad por el pueblo,
intervenid por el clero,
interceded por las mujeres consagradas.
Que quienes celebran vuestra memoria
experimenten vuestra ayuda.
Prestad un oído atento a los deseos
de todos los que os ruegan:
dadles a cambio el favor deseado.
Que la intercesión por el pueblo de Dios
sea vuestra continua ocupación,
Vos que habéis merecido,
oh bendecida,
llevar en vuestro seno
el rescate del mundo,
Aquel que vive y reina
por los siglos de los siglos.
Amén.

San Fulberto de Chartres (+1028)

Santísima Trinidad

15 de agosto 

4 de junio de 2023

(Ciclo A - Año impar)





  • Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso (Ex 34, 4b-6. 8-9)
  • ¡A ti gloria y alabanza por los siglos!  (Salmo: Dan 3, 52-56)
  • La gracia de Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo (2 Cor 13, 11-13)
  • Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por él (Jn 3, 16-18)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo, esté siempre con vosotros”. Estas palabras enuncian el misterio de la Santísima Trinidad: el Padre que envió al Hijo, que nos salvó con su gracia, gracia que está en nosotros por el don del Espíritu Santo. San Juan Crisóstomo comenta: “Lo referente a la Trinidad es indivisible, y allí donde está la comunión del Espíritu, se halla también la del Hijo; y allí donde está la gracia del Hijo, también se halla la del Padre y la del Espíritu Santo”.

La gracia es el perdón que en Cristo se nos ha dado. El amor de Dios se ha manifestado en la entrega que el Padre ha hecho de su Hijo único, muy amado, para nuestra salvación según lo que afirma Pablo en la Carta a los Romanos: “En verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir; más la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros” (5,7-8). La comunión del Espíritu Santo es la unión a las tres divina Personas y la unión entre nosotros que crea en nosotros el Espíritu Santo.

Frases...

La espiritualidad resiste mejor en el tiempo de la prueba, resurge antes en los tiempos de crisis y perdura cuando todo parece perdido.



Jean-Luc Marion