- Eliseo se levantó y siguió a Elías (1 Re 19, 16b. 19-21)
- Tú eres, Señor, el lote de mi heredad (Sal 15)
- Habéis sido llamados a la libertad (Gál 5, 1. 13-18)
- Tomó la decisión de ir a Jerusalén. Te seguiré adondequiera que vayas (Lc 9, 51-62)
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XIII Domingo del Tiempo Ordinario
El corazón del hombre y el corazón de Jesús
La devoción y las devociones
Conviene distinguir entre “la” devoción y “las” devociones. En singular “devoción” significa una movilización de toda la personalidad del hombre para orientarla hacia Dios. “Las” devociones, en cambio, son los diferentes instrumentos, medios, objetos, prácticas, que se utilizan para avivar en el hombre “la” devoción, es decir, el encuentro con Dios. Aquí entran, por ejemplo, medios como el santo rosario, la práctica de los nueve primeros viernes de mes, el rezo de la coronilla o del rosario de la divina misericordia, el vía crucis y cualquier práctica de piedad.
Cada devoción cumple su función movilizando unos determinados resortes psíquicos del ser humano, y por ello es perfectamente comprensible que a unos hombres, por su manera de ser, les “vayan” más unos determinados “soportes exteriores” de la devoción que otros. pero suele ocurrir que quienes experimentan el influjo benéfico de una devoción tiendan a pensar que quienes no practican esa devoción, habiéndola conocido, no son buenos cristianos. De ahí que las devociones suelan ser fuente de malentendidos dentro de la Iglesia.
No fue, por lo tanto, casual, que en el mensaje de san Juan Pablo II en Paray-le-Monial, en 1987, el papa no hablara prácticamente del Sagrado Corazón, sino del Corazón de Cristo, optando así por remontarse a lo esencial del mensaje que santa Margarita María transmitió y dejando de lado las formas peculiares que utilizó y que, obviamente, correspondían a la sensibilidad espiritual de aquel momento.
Y digo esto porque voy a sostener la tesis de que la devoción al Corazón de Jesús es más una espiritualidad que una “devoción”, porque es una vía que conduce al centro de la revelación cristiana, conectando el centro del hombre con el centro de Dios. La palabra “corazón” expresa precisamente el centro de aquello a lo que se refiere (como cuando decimos, por ejemplo, “y así llegamos al corazón de la cuestión”). Por eso vamos a empezar reflexionando cobre lo que significa el corazón.
Domingo. Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.
- Ofreció pan y vino (Gén 14, 18-20)
- Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec (Sal 109)
- Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor (1 Cor 11, 23-26)
- Comieron todos y se saciaron (Lc 9, 11b-17)
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Tú que hablas en el silencio

Santo es Dios,
el Padre de todo lo que existe.
Santo eres Tú,
que existes desde el principio.
Santo eres Tú,
que has creado todas las cosas por tu Verbo.
Recibe las palabras que desde mi alma
y desde mi corazón suben hacia Ti,
oh Inefable, oh Indecible,
que hablas en el silencio.
Te suplico que me des a conocer
nuestra naturaleza profunda,
que te inclines hacia mí y me hagas fuerte.
Y yo irradiaré esta gracia
en caridad sobre mis hermanos
que son tus hijos.
Mi espíritu pertenece al Espíritu Santo.
Por eso profeso y confieso la fe
de la que recibo vida y luz.
Tú eres digno de alabanza, oh Padre.
(Antigua oración cristiana escrita en un papiro conservado en Berlín)
Domingo. Santísima Trinidad.
- Antes de que la tierra existiera, la Sabiduría fue engendrada (Prov 8, 22-31)
- ¡Señor, Dios nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra! (Sal 8)
- A Dios, por medio de Cristo, en el amor derramado por el Espíritu (Rom 5, 1-5)
- Lo que tiene el Padre es mío. El Espíritu recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará (Jn 16, 12-15)
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Los hijos nos instruyen
Lo que yo había buscado en vano en algunos grupos artísticos: la energía, la gratuidad, al abandono a la Providencia, la alegría sin reserva y las penas sin medida, lo encuentro ahora ahí, entre el parque y el caballito balancín, gracias a mi hijo. Por gracia, la cuestión de la paternidad apenas preocupa a quien nos la otorga: “Para un niño, su padre será siempre infinitamente menos interesante que un caballo. Lo mejor que el pater puede hacer es dar precisamente la ilusión de ser un cuatro patas. A veces se da cuenta de ello, y entonces hace dócilmente el caballito” .
El monje que fue mi guía me animó en el sentido de esta ligereza. Cuando le presenté a nuestra primera hija al hermano Michel, en la abadía de Solesmes, me dijo simplemente: “Tiene usted en brazos ahora a su director espiritual”. Era excesivo. Pero hablaba como el Mesías. En lugar de decir: “Sed grandes como yo”, Jesús llama a un niño pequeño, lo pone en medio de los discípulos y declara: Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos (Mt 18, 2-3). Porque las chiquilladas son la seriedad suprema.
El niño nos atrae a una isla virgen fuera del continente civilizado. Nos ‘descondiciona’. Afloja las cadenas que nos someten a las reglas de una época y de un país, nos retira de las preocupaciones mundanas, de las complicaciones del decoro, de la angustia sexual. Nos permite así tomar cierta distancia respecto de las leyes ambientes, cuya pertinencia se ve así cuestionada, desacreditada o verificada. El niño prohibe al mundo cerrarse tanto en sus satisfacciones chatas como en sus engreídas ansiedades: “¿Qué habéis hecho con vuestra primera apertura contemplativa?”, pregunta con su sola presencia. “¿Son vuestros progresos verdaderos progresos si habéis matado ese impulso primero?” ¿Vale la pena que yo crezca?”
El hijo nos instruye, sin decir una palabra, sobre nuestra propia filiación: “La llegada de un hijo llama al amor de los padres a hacer memoria de la totalidad de su ser. Nunca se van a despertar en ellos con más profundidad, en tanto que adultos, su filiación y su origen, que tiene su fuente en sus propios padres” .
Con la adolescencia, las cosas se estropean.
Título: La profundidad de los sexos (Por una mística de la carne)
Editorial Nuevo Inicio, Granada, 2010, (pp. 180-183)
Domingo de Pentecostés
- Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar (Hch 2, 1-11)
- Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra (Sal 103)
- Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo (1 Cor 12, 3b-7. 12-13)
- Secuencia. Ven, Espíritu divino.
- Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo; recibid el Espíritu Santo (Jn 20, 19-23)
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Vigilia de Pentecostés
- Se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra (1ª Gén 11, 1-9)
- Dichoso el pueblo que Dios se escogió como heredad (Sal 32)
- El Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables (Rom 8, 22-27)
- Manarán ríos de agua viva (Jn 7, 37-39)
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Lo único necesario (Salmo 26)
Catequesis parroquial nº 152
Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 29 de mayo de 2019
Fecha: 29 de mayo de 2019
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VII Domingo de Pascua. Ascensión del Señor.
- A la vista de ellos, fue elevado al cielo (Hch 1, 1.-11)
- Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas (Sal 46)
- Lo sentó a su derecha en el cielo (Ef 1, 17-23)
- Mientras los bendecía, fue llevado hacia el cielo (Lc 24, 46-53)
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La acusación de los pecados
El arrepentimiento es fruto del trabajo en nosotros del Espíritu Santo, el Defensor, que nos defiende del “acusador de nuestros hermanos” (Ap 12, 10), que no es otro sino “el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado diablo y Satanás, el seductor del mundo entero” (Ap 12, 9). Porque el Acusador lo critica todo, denuncia y ve el mal en todas partes, de una manera perversa. Y nosotros tenemos una tendencia a complacernos en lo que dice el Acusador, a rumiar todo aquello de lo que él acusa a los demás e incluso también a nosotros mismos.
La “acusación de los pecados” que nos sugiere el Diablo es amarga y tiende a conducirnos a una imagen absolutamente negativa de nosotros mismos, como unos seres nefastos y perjudiciales para los demás. El Acusador trata de convencernos de que nosotros somos esos pecados que hemos cometido, que ellos expresan nuestro verdadero y auténtico ser, y que no podemos ser y actuar de otra manera. Su dinámica lleva a la desesperación y a la tentación del suicidio, tal como le ocurrió a Judas (cf. Mt 27, 3-5).
En cambio la “acusación de los pecados” que suscita en nosotros el Espíritu Santo mediante el arrepentimiento, es dulce y nos conduce a la verdadera imagen de nosotros mismos, como seres de belleza, de comunión y de luz, de reconciliación y de paz, como “iconos de Dios”, creados a su imagen y semejanza, que ahora han manchado su ser por el pecado, pero que están llamados, mediante el arrepentimiento y el perdón, a reencontrar la belleza puesta en ellos por Dios, tal como le ocurrió a Pedro, que, tocado por la mirada de Jesús, “rompió a llorar amargamente” (Cf. Lc 22, 61-62).
VI Domingo de Pascua
- Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables (Hch 15, 1-2. 22-29)
- Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben (Sal 66)
- Me mostró la ciudad santa que descendía del cielo (Ap 21, 10-14. 22-23)
- El Espíritu Santo os irá recordando todo lo que os he dicho (Jn 14, 23-29)
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Las personas con una discapacidad
Las barreras de la persona con una discapacidad mental son normalmente menos fuertes, precisamente porque es menos racional, menos voluntariosa. En efecto, si se siente sola y abandonada hará como todo el mundo: intentará afirmarse, dominar y ganar. Pero si descubre que es amada y que se cree en ella, entonces su corazón de niño que busca comunión y celebración se manifestará más fácilmente que en otros, con mayor rapidez podrá entrar en comunión con los demás, amarlos y darse a ellos.
Un hombre que no ha sido tocado con amor por su madre, que ha vivido durante mucho tiempo en un medio hospitalario, tiene una carencia afectiva en el nivel de su cuerpo que le hace buscar torpemente el roce de una mujer. Y su torpeza hace que sea, de nuevo, rechazado. No es fácil ayudar a un adulto con carencias en el plano afectivo a encontrar la distancia correcta en su relación con una persona del sexo contrario. Es fácil tocar a un niño con delicadeza y ternura. Pero es mucho más difícil hacerlo con hombres y mujeres perturbados en sus cuerpos y en su sexualidad. Hay que encontrar el medio de tocarles sin ponerles en peligro, de una forma lícita. Por ejemplo, cuando están enfermos o se quejan de un dolor particular. O bien mediante bromas amistosas en las que hay toques mutuos, mediante juegos y bailes folclóricos, donde el hombre y la mujer saben cómo tocarse mutuamente porque hay reglas precisas que se deben respetar.
V Domingo de Pascua
- Contaron a la Iglesia lo que Dios había hecho por medio de ellos (Hch 14, 21b-27)
- Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey (Sal 144)
- Dios enjugará toda lágrima de sus ojos (Ap 21, 1-5a)
- Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros (Jn 13, 31-33a. 34-35)
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Inmensa Potencia de Dios
Inmensa Potencia de Dios,
Inmensa Potencia de Dios, yo te invoco.
invocación de la Trinidad,
fe en Tres Personas,
Confesión de un Dios único,
Yo te invoco.
Potencia de Dios que me conduce,
Potencia de Dios que me conduce,
Sabiduría de Dios que me guía,
Mirada de Dios que me concede ver,
Oído de Dios que me concede escuchar,
Palabra de Dios que me concede hablar,
Mano de Dios que me guarda,
Camino de Dios que me traza el camino,
Escudo de Dios que me protege
¡Yo te invoco en este día!
Potencia de los cielos, yo te invoco:
Potencia de los cielos, yo te invoco:
pon una coraza sobre mí
contra todos los que me quieren hacer daño,
contra todas las fuerzas que quieren destruir mi cuerpo y mi alma,
contra las redes del diablo y la seducción de los vicios,
contra las solicitaciones de la naturaleza
y contra todo error,
contra las opiniones de los falsos profetas
y contra toda sabiduría prohibida al hombre.
Oh Cristo, Potencia de Dios, defiéndeme
Oh Cristo, Potencia de Dios, defiéndeme
del veneno y de la muerte por el fuego,
de la guerra, de todo accidente mortal y de toda herida.
Por tu poder que toda bendición descienda sobre mí.
Cristo conmigo, Cristo delante de mí,
Cristo detrás de mí, Cristo en mí,
Cristo debajo de mí y por encima de mí,
Cristo a mi derecha y a mi izquierda.
Que Cristo esté conmigo cuando me acuesto y cuando me levanto,
que Cristo esté en el corazón de todo el que piense en mí,
que Cristo esté en la boca de todo el que hable de mí,
que Cristo esté en la mirada de todo el que me mire
y en el oído de quien oiga hablar de mí.
Inmensa Potencia de Dios, yo te invoco.
IV Domingo de Pascua
- Sabed que nos dedicamos a los gentiles (Hch 13, 14. 43-52)
- Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño (Sal 99)
- El Cordero los apacentará y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas (Ap 7, 9. 14b-17)
- Yo doy la vida eterna a mis ovejas (Jn 10, 27-30)
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Conversación con Georges Steiner (II)
Creo que el judío tiene una misión: la de ser un peregrino de las invitaciones. La de ser por todas partes un invitado para tratar, muy lentamente, dentro de los límites de sus capacidades, de explicar al hombre que en la tierra somos todos invitados. De enseñar a nuestros conciudadanos de la vida que debemos aprender ese arte tan difícil de sentirse en casa en todas partes. Y el de contribuir a cada comunidad a la que se le invita. Y si llega el día en el que toca preparar el equipaje y partir, puede resultar terriblemente difícil, angustioso, sumamente duro en términos materiales, pero para mí eso forma parte de la misión del judío. Y si mañana tuviera que empezar de cero –aunque a mi edad no es muy probable- en Indonesia, digamos, lo primero que haría sería aprender indonesio. Lo que me vendría muy bien, porque me he vuelto muy perezoso.
Mi primer trabajo sería muy poca cosa, pero soy lo bastante arrogante para pensar que el segundo sería mucho mejor. En fin, ojalá acabara diciendo a Dios nuestro Señor: “¡Esta historia es la mar de interesante!”. En todo caso, lo que no haría, y eso se lo puedo asegurar, sería gritar: “¿Cómo me ha podido pasar esto? ¿Por qué a mí? ¿Por qué soy una víctima?”. ¡En absoluto! “Esta historia es fascinante, Señor”. Fascinantes, todas esas nuevas culturas por descubrir. Humani nihil a me alienum, como dijo el gran poeta latino: nada humano me es ajeno. Uno puede sentirse en casa en todas partes. Dadme una mesa de trabajo y ya tengo una patria. No creo ni en el pasaporte –cosa ridícula- ni en la bandera. Creo profundamente en el privilegio del encuentro con lo nuevo.
III Domingo de Pascua
- Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo (Hch 5, 27b-32. 40b-41)
- Te ensalzaré, Señor, porque me has librado (Sal 29)
- Digno es el Cordero degollado de recibir el poder y la riqueza (Ap 5, 11-14)
- Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado (jn 21, 1-19)
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Palabras cristianas
Los cristianos no debemos tener miedo de nada. No tenemos nada que pedir ni nada que imponer, sino que debemos testimoniar que la vida tiene un sentido, que es inmensa, que se abre sobre la eternidad. Porque Dios existe, Dios existe, y este Desconocido es nuestro amigo.
El corazón del problema del hombre es que el hombre se construye o se destruye en la aceptación o el rechazo de lo espiritual.
Conviene prescindir de la noción jurídica o moralista de mérito. El santo es un pecador consciente de su pecado, cada vez más consciente de ser “el primero de los pecadores”, y por ello mismo transparente a la santidad del “único santo”, Cristo nuestro Salvador.
El monacato del siglo IV apareció para recordar, en el momento en el que se organizaba el imperio cristiano, que el sentido último del cristianismo no es solucionar los problemas de esta tierra, sino la violencia que se apodera del Reino de los cielos.
Hacerse oración es el destino del hombre, como volar es el del pájaro. Y el hombre hecho oración, aunque sea un perfecto desconocido, ignorado por todos, y esté recluido en lo profundo de una cueva, restablece la unidad de lo divino y de lo humano, y permite al agua viva del Espíritu irrigar secretamente el universo y todas las obras de los hombres.
El amor no puede cambiar la vida si no está sostenido y alimentado por una intercesión silenciosa.
Título: Dialogues avec le Patriarche Athénagoras
Editorial: Fayard, Paris, 1976 (pp. 17, 23, 59, 61, 65)
II Domingo de Pascua
- Crecía el número de los creyentes, una multitud tanto de hombres como de mujeres, que se adherían al Señor (Hch 5, 12-16)
- Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia (Sal 117)
- Estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos (Ap 1, 9-11a. 12-13. 17-19)
- A los ocho días llegó Jesús (Jn 20, 19-31)
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El cuerpo
Los griegos entendieron que en el cuerpo había un misterio y por eso lo usaron como objeto preferido de arte, sobre todo en la escultura. Pero, a la vez, consideraron solo el cuerpo sano, hermoso, lleno de vida. ¿Qué lugar había en su concepción para el cuerpo sufriente, el de los esclavos, el de los enfermos? Pienso que realizaron una especie de abstracción del cuerpo sin comprender todas las experiencias y dimensiones de este, especialmente el dolor y la fragilidad.
La tendencia actual del “culto al cuerpo” bebe directamente de esta fuente, pero en modo exponencialmente exagerado. Olvidamos fácilmente que el cuerpo, albergando un impulso hacia lo divino, está llamado a expresarse más allá de sí mismo. Esta equivocación se funda en las ideologías antihumanistas del siglo XX. En la Congregación para la Doctrina de la Fe que presido tenemos numerosos documentos, algunos de ellos expuestos en modo permanente en nuestro Archivo, que testimonian que en la concepción del cuerpo del fascismo y el nacionalsocialismo se escondían el ‘biologismo’ y el racismo. En el comunismo, una expresión más del totalitarismo, sucedía también algo parecido: todas estas ideologías formaban a los niños y a la juventud focalizándolos en un cuerpo sano pues, en realidad, les interesaba contar con soldados resistentes que impusieran la locura de las ideas políticas elaboradas en el laboratorio del poder y con madres que engendraran nuevos soldados. Quisiera subrayar también que estas tres ideologías son fruto de una modernidad construida de espaldas a Dios, en la cual nosotros nos movemos. Por ello, no nos debe sorprender que en la actual lógica fragmentaria de la propaganda y de los mass media que sustentan el mercado, el cuerpo sea considerado como un simple objeto de comercio y de consumo.
Para entender bien el cuerpo, hace falta reconocer a Dios como creador y al hombre como criatura. Fijémonos en el arte cristiano: la representación del cuerpo de Adán y Eva es el modelo de todo lo que Dios ha creado, son cuerpos bellos porque son buenos, pues expresan que lo que ha hecho Dios es bueno, que nosotros procedemos de Él y que Él nos ha formado buenos. Pero a la vez, el cristianismo no olvida el sufrimiento y el dolor: entre las imágenes más características del arte cristiano, también encontramos al crucificado, lleno de heridas y deformado o al enfermo, en la primera representación del cuerpo lacerado por el dolor en algunos sarcófagos romanos que representan los milagros de Jesús. En estas primitivas figuraciones del arte cristiano, el dolor del cuerpo revela un camino para reconocer el amor redentor de Dios. La tercera figuración característica de aquel primer cristianismo es la del cuerpo resucitado, lleno de la gloria y del amor de Dios: su mensaje es que Dios no desprecia el cuerpo, sino que lo colma plenamente de vida, vinculando la esperanza del hombre a su dimensión corporal. Representando a Cristo resucitado se representaba el futuro y el fin del hombre.
Vigilia PascuaL
- Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno (Gén 1, 1 - 2, 2)
- Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra (Sal 103)
- El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe (Gén 22, 1-18)
- Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti (Sal 15)
- Los hijos de Israel entraron en medio del mar, por lo seco (Éx 14, 15- 15, 1a)
- Cantaré al Señor, gloriosa es su victoria (Éx 15, 1-18)
- Con amor eterno te quiere el Señor, tu libertador (Is 54, 5-14)
- Te ensalzaré, Señor, porque me has librado (Sal 29)
- Venid a mí y viviréis. Sellaré con vosotros una alianza perpetua (Is 55, 1-11)
- Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación (Is 12, 2-6)
- Camina al resplandor del Señor (Bar 3, 9-15. 32 - 4,4)
- Señor, tú tienes palabras de vida eterna (Sal 18)
- Derramaré sobre vosotros un agua pura, y os daré un corazón nuevo (Ez 36, 16-17a. 18-28)
- Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío (Sal 41)
- Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más (Rom 6, 3-11)
- Aleluya, aleluya, aleluya (Sal 117)
- ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? (Lc 24, 1-12)
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Viernes Santo
- Él fue traspasado por nuestras rebeliones (Is 52, 13 - 53, 12)
- Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu (Sal 30)
- Aprendió a obedecer; y se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación (Heb 4, 14-16; 5, 7-9)
- Pasión de nuestro Señor Jesucristo (Jn 18, 1 - 19, 42)
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Jueves Santo
- Prescripciones sobre la cena pascual (Éx 12, 1-8. 11-14)
- El cáliz de la bendición es comunión de la sangre de Cristo (Sal 115)
- Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor (1 Cor 11, 23-26)
- Los amó hasta el extremo (Jn 13, 1-15)
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Disponible al Señor
iré donde tú quieras que vaya,
haré lo que tú quieras que haga,
diré lo que tú quieras que diga,
y entregaré lo que tú quieras que entregue.
Domingo de Ramos
Procesión:
- Bendito el que viene en nombre del Señor (Lc 19, 28-40)
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- No escondí el rostro ante ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado (Is 50, 4-7)
- Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
- Se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó sobre todo (Flp 2, 6-11)
- Pasión de nuestro Señor Jesucristo (Lc 22, 14-23, 56)
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Conversación con Georges Steiner (I)
Laure Adler Hay algo, señor Steiner, que evoca su amigo Alexis Philonenko en los Cahiers de l’Herne: ese brazo, esa deformidad, ese defecto físico; se refiere a ello diciendo que tal vez le haya hecho sufrir en la vida. Y a pesar de todo usted nunca habla de ello.
Georges Steiner Obviamente me resulta muy difícil tener un juicio objetivo al respecto. La clave en mi vida fue el genio de mi madre, una gran dama vienesa. Era multilingüe, claro, y hablaba francés, húngaro, italiano e inglés; era sumamente orgullosa en su fuero interno, pero no lo manifestaba; y tenía una increíble confianza en sí misma.
Yo tendría tres o cuatro años; no estoy seguro de la fecha precisa, pero fue un episodio decisivo en mi vida. Mis primeros años fueron muy difíciles porque mi brazo estaba prácticamente pegado a mi cuerpo; los tratamientos eran muy dolorosos, iba de un sanatorio a otro. Y ella me dijo: “¡Tienes una suerte increíble! Te librarás del servicio militar”. Esa conversación cambió mi vida. “¡Qué suerte tienes!”. Era extraordinario que se le hubiera ocurrido algo así. Y era verdad. Pude empezar mis estudios superiores dos o tres años antes que mis coetáneos, que estaban haciendo el servicio militar.
También eso fue, me parece, lo que me ha permitido comprender ciertos estados, ciertas angustias de los enfermos que no alcanzan a concebir los apolos, los que tienen la suerte de tener un cuerpo magnífico y una salud estupenda. ¿Cuál es la relación entre el sufrimiento físico y mental y ciertos esfuerzos intelectuales? No cabe duda de que todavía no la comprendemos del todo. No debemos olvidar que Beethoven era sordo, Nietzsche tenía migrañas terribles y Sócrates era feísimo. Es muy interesante tratar de descubrir en los demás lo que han podido superar. Cuando estoy cara a cara con alguien siempre me pregunto: ¿qué vivencias ha tenido esa persona? ¿Cuál ha sido su victoria o su gran derrota?
La lectura
La lectura requiere ciertas condiciones bastante especiales. La gente no suele darse cuenta. Para empezar, presupone mucho silencio. El silencio se ha convertido en lo más caro y lujoso del mundo. En nuestras ciudades (que en la actualidad funcionan veinticuatro horas al día: Nueva York, Chicago o Londres viven tanto de día como de noche), el silencio cuesta más que el oro.
V Domingo de Cuaresma
- Mirad que realizo algo nuevo; daré de beber a mi pueblo (Is 43, 16-21)
- El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres (Sal 125)
- Por Cristo lo perdí todo, muriendo su misma muerte (Flp 3, 8-14)
- El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra (Jn 8, 1-11)
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La propia debilidad
Feliz el hombre que conoce su debilidad: este conocimiento será para él fundamento y principio para todas las cosas buenas y bellas.
El hombre que ha llegado al conocimiento de su propia debilidad ha llegado al fondo de la humildad.
Si recuerdas siempre y conoces con exactitud que eres débil, no sobrepasarás nunca la línea fronteriza de la vigilancia.
Isaac de Nínive (Siglo VII)
IV Domingo de Cuaresma
- El pueblo de Dios, tras entrar en la tierra prometida, celebra la Pascua (Jos 5, 9a. 10-12)
- Gustad y ved qué bueno es el Señor (Sal 33)
- Dios nos reconcilió consigo por medio de Cristo (2 Cor 5, 17-21)
- Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido (Lc 15, 1-3. 11-32)
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La fe de los demonios y la fe de los cristianos
La diferencia entre la fe de los demonios y la de los cristianos se puede expresar esquemáticamente diciendo que la primera “se tiene” mientras que la segunda “nos tiene”. La fe hace que el fiel entre en una oscuridad más profunda que la noche del ateísmo, que es sólo una noche superficial, y en una luz más deslumbrante que las claridades de Satán, que son claridades a su medida. Se ve mejor qué deficiente puede ser la expresión “tener fe”. Sólo los demonios tienen fe como se tiene un objeto en la palma de la mano y se maneja a voluntad. Pero la fe formada por la caridad, más que poseerla el fiel, lo desposee a él de sí mismo. Es un tener que le hace perder todo, incluso él mismo, por Cristo. Tan cierto es que no tiene la fe, que la fe lo tiene a él, que lo desnuda y lo deja abrazarse en el amor.
El modelo de esa virtud lo revela de inmediato. María no se planta ante la Revelación como ante la claridad de un teorema, ni disfruta de la fe como del más romántico de los sentimientos. Camina en la ignorancia más que en el conocimiento. Y conoce el desgarro más que las delicias: Y a ti una espada te atravesará el alma, le profetiza el viejo Simeón (Lc 2, 35). Para ella, el misterio es aún más misterioso, pues su oscuridad no procede de un defecto, sino de un exceso de luz. Su fe es más perfecta porque la arroja mejor en brazos de lo incomprensible. Su noche es más intensa porque es más bien una noche de bodas. El episodio del niño perdido y hallado en el Templo lo dice literalmente. Aquella cuya fe no desfalleció no deja de gritar retomando y sobrepasando los gritos de Job: Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando (Lc 2, 48). ¿Cómo? ¿María preguntándole a Dios: Por qué nos has hecho esto? ¿María expresando un tormento suyo causado por Jesús? La fe de María es una fe sin falta; no es una fe, sin embargo, sin fractura: sufre aquí abajo algo comparable a las penas del infierno y que consiste en la espada de ese amor que abre en su corazón una fractura lo bastante grande para acoger en ella la plenitud desgarradora del misterio divino. A su pregunta: ¿Por qué nos has hecho esto? Dios responde con su voz de niño de doce años. Una revelación directa de la que María y José deberían estar al corriente a partir de entonces. Peor el Evangelio declara: Ellos no comprendieron la respuesta que les dio (Lc 2, 50). ¿Qué la distingue entonces de aquellos otros de los que el Hijo dirá, citando a Isaías, que oyen sin entender (Lc 8, 10)? Simplemente esto: Su Madre Conservaba cuidadosamente estas cosas en su corazón (Lc 2, 51). La Palabra es una espada, su corazón es vaina para ella. Allí donde otros lo cierran, el suyo sigue abierto para que lo incomprensible more en él con todo su cortante filo.
III Domingo de Cuaresma
- "Yo soy" me envía a vosotros (Éx 3, 1-8a. 13-15)
- El Señor es compasivo y misericordioso (Sal 102)
- La vida del pueblo con Moisés en el desierto fue escrita para escarmiento nuestro (1 Cor 10, 1-6. 10-12)
- Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera (Lc 13, 1-9)
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El reinado de Cristo
¡Oh Cristo, tú eres el único rey que reina sobre mí!
¡Oh bondad inefable,
que siempre eres vencido por la compasión
dominado por la misericordia,
impulsado por tu amor,
forzado por tu bondad
y obligado por tu dulzura!
¡Oh bondad inefable,
que siempre eres vencido por la compasión
dominado por la misericordia,
impulsado por tu amor,
forzado por tu bondad
y obligado por tu dulzura!
Tú no te cansas nunca de suplicarme que vuelva a ti;
tú no te detienes nunca corriendo tras de mí;
tú me llamas y aunque yo me hago el sordo,
tú no te enfadas conmigo.
¡Conmigo, que soy malo, tú eres bueno;
conmigo, que soy culpable, tú eres indulgente;
conmigo que soy pecador, tú expías mis pecados;
conmigo que soy tinieblas, tú eres la luz;
conmigo que estoy muerto, tú eres Vida!
tú no te detienes nunca corriendo tras de mí;
tú me llamas y aunque yo me hago el sordo,
tú no te enfadas conmigo.
¡Conmigo, que soy malo, tú eres bueno;
conmigo, que soy culpable, tú eres indulgente;
conmigo que soy pecador, tú expías mis pecados;
conmigo que soy tinieblas, tú eres la luz;
conmigo que estoy muerto, tú eres Vida!
San Gregorio de Narek (+1010)
II Domingo de Cuaresma
- Dios inició un pacto fiel con Abrahán (Gén 15, 5-12. 17-18)
- El Señor es mi luz y mi salvación (Sal 26)
- Cristo nos configurará según su cuerpo glorioso (Flp 3, 17- 4, 1)
- Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió (Lc 9, 28b-36)
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La reconciliación
Catequesis parroquial nº 151
Retiro de Cuaresma 2019 (3/3)
Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 14 de marzo de 2019
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Fecha: 14 de marzo de 2019
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La necesidad de perdonar siempre
Catequesis Parroquial nº 150
Retiro de Cuaresma 2019 (2/3)
Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 13 de marzo de 2019
Fecha: 13 de marzo de 2019
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La necesidad de arrepentirnos y pedir perdón
Catequesis parroquial nº 149
Retiro de Cuaresma 2019 (1/3)
Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 12 de marzo de 2019
Fecha: 12 de marzo de 2019
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I Domingo de Cuaresma
- Profesión de fe del pueblo elegido (Dt 26, 4-10)
- Quédate conmigo, Señor, en la tribulación (Sal 90)
- Profesión de fe del que cree en Cristo (Rom 10, 8-13)
- El Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado (Lc 4, 1-13)
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El desafío del tiempo
(Gueorgui Vorotíntsev es un joven oficial del Ejército Ruso, adscrito al Estado Mayor del frente en la guerra contra los alemanes en 1914. Se halla inspeccionando las tropas rusas en la Prusia recién invadida, y mientras afronta una cabalgada de seis días en solitario, para conocer bien el terreno, va reflexionando sobre su matrimonio con la joven y bella Alina)
A decir verdad, había aún otra causa de la sensación de ligereza que entonces experimentaba.
Se sentía ahora tan a gusto en primera línea porque se había separado de su mujer.
En un primer momento, ni siquiera había dado crédito a esta sensación: la separación nunca había sido antes motivo de alegría o de alivio. Pero tres semanas atrás, en Moscú, cuando en el Estado Mayor de la circunscripción se recibió la orden de la movilización general y toda su cabeza y todo su pecho quedaron invadidos por el problema común al conjunto del país, Vorotíntsev advirtió cómo por los peñascos de la guerra se deslizaba cual una irisada lagartija este pensamiento: ahora, como es lógico, se vería apartado por largo tiempo de su mujer, descansaría de ella.
¿De su mujer, a la que amaba? ¡No lo habría creído! Ocho años atrás había llevado al altar a aquella etérea maravilla blanca con el único temor de que ella pudiera volverse atrás en el último minuto; ¡no lo habría creído!
Se conocieron a raíz de su regreso de la guerra contra el Japón, cuando se hallaba poseído del particular entusiasmo posbélico de vivir: ¡Me he salvado! ¡Ahora viviré largamente! ¡Ahora quiero ser feliz! ¡Ha llegado el momento de casarse! Y desde el primer paso que dio hacia ella y le besó la mano, desde la primera palabra que le oyó decir, lo decidió: ¡es ella, es ella! -cuando todavía sin tener conciencia la miraba, la comparaba con cuantas la rodeaban-, es la única, la mejor de la tierra; ha sido creada para mí. Ella no lo comprendió así de buenas a primeras, su declaración la recibió con cierto coqueteo, sin decidirse a darle el sí, ¡pero él lo comprendió al instante!
VIII Domingo del Tiempo Ordinario
- No elogies a nadie antes de oírlo hablar (Eclo 27, 4-7)
- Es bueno darte gracias, Señor (Sal 91)
- Nos da la victoria por medio de Jesucristo (1 Cor 15, 54-58)
- De lo que rebosa el corazón habla la boca (Lc 6, 39-45)
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Sobre el silencio
El abba Isaías dijo: "Ama callar más que hablar. Puesto que el callar economiza y el hablar dispersa" (IV, 18).
El abba Macario el Grande, decía en Scitia a los hermanos después de la misa en la iglesia: "Huid, hermanos". Y uno de los Padres le dijo: "¿Dónde podremos huir más lejos de este desierto?". El abba puso su dedo en la boca y dijo: "Huid de esto"; y él entró en su celda y, cerrando la puerta, se quedaba solo (IV, 30).
El abba Titoés decía: "Nuestra verdadera peregrinación es dominar nuestra propia boca" (IV, 52).
Otro hermano preguntó al mismo abba Pastor diciendo: "Si veo alguna cosa, ¿quieres que te lo diga?". El anciano le respondió: "Está escrito: Aquel que responde antes de escuchar, acarrea necedad y deshonra sobre sí [Prov 18,13]. Si has sido interrogado, habla; pero si no, guarda silencio" (X, 86).
Un hermano principiante preguntó a un anciano: "¿Qué es lo mejor: callar o hablar?". Él le dijo: "Si las palabras son inútiles, déjalas y calla; pero si son buenas, dale lugar al bien y habla. Sin embargo, aunque sean buenas, no prolongues el final del discurso, y estarás en el descanso" (X, 163).
Un hermano dijo a un anciano: "Dime una práctica". El anciano le respondió: "Aparta de ti la discusión acerca de cualquier asunto, y serás salvo" (X, 179).
Editorial: Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2017
VII Domingo del Tiempo Ordinario
- El Señor te ha entregado hoy en mi poder, pero yo no he querido extender la mano (1 Sam 26, 2. 7-9. 12-13. 22-23)
- El Señor es compasivo y misericordioso (Sal 102)
- Lo mismo que hemos llevado la imagen del hombre terrenal, llevaremos también la imagen del celestial (1 Cor 15, 45-49)
- Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso (Lc 6, 27-38)
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Lo demoníaco y lo femenino
Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar (Gn 3, 15). Según este versículo, lo que va contra lo demoníaco y acaba por aplastar la cresta de su orgullo son estas dos cosas: lo femenino y la filiación.
Conviene definir lo femenino. Conocemos la concretísima definición de Aristóteles en su De generatione animalium: “Entendemos por macho aquel ser que engendra en otro y por hembra aquel ser que engendra en sí”. Lo masculino corresponde a una operación transitiva y, por eso, visible: arroja su simiente fuera de sí mismo; su tiempo sexual es corto, su espacio, el de afuera; es el espacio-tiempo de la eyaculación. Lo femenino corresponde a una operación inmanente y por eso invisible: acoge en sí algo que se hace incluso a pesar suyo; su tiempo sexual es largo, su espacio, el de la interioridad; es el espacio-tiempo de la gestación. Llevar al otro en sí, dejar que se opere en su seno un oscuro crecimiento, ¿no son esas cualidades de lo femenino exactamente las del alma en su relación con su Creador y Salvador? Porque el alma -y el Cantar de los Cantares bastaría para probarlo al presentar al pueblo elegido bajo la figura de la esposa- debe estar metafísicamente en una postura femenina en relación con Dios: la de una receptividad a la gracia que opera en nosotros a pesar nuestro, como en la parábola propia de Marcos que compara el Reino con un grano que crece por sí solo.
De esta postura femenina es precisamente de la que reniega lo demoníaco. El diablo no tiene entrañas. No acoge al otro en su corazón, como aquello que sería más querido que uno mismo. Por supuesto, esta división entre lo femenino y lo masculino no se corresponde con exactitud a la de la mujer y el hombre. Ambos pueden dejarse seducir por lo demoníaco y entonces, como el hombre ya no es masculino, sino fálico, la mujer ya no es femenina, sino histérica: “La Venus eterna (capricho, histeria, fantasía) es una de las formas seductoras del Diablo”, afirma Baudelaire. Esta Venus eterna es la mujer que renuncia a las profundidades de la matriz, es decir, a un recogimiento profundo de lo invisible.
VI Domingo del Tiempo Ordinario
- Maldito quien confía en el hombre; bendito quien confía en el Señor (Jer 17, 5-8)
- Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor (Sal 1)
- Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido (1 Cor 15, 12. 16-20)
- Bienaventurados los pobres. Ay de vosotros, los ricos (Lc 6, 17. 20-26)
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Tu belleza es inaccesible
tu esplendor no tiene igual,
tu gloria es incomparable.
¿Quién te ha visto o podría verte por completo, a Ti, Dios mío?
¿Qué ojo tendrá la fuerza de contemplar el Todo?
¿Quién podrá percibir al que está por encima del Todo
y comprender y contemplar al que mantiene unidos todos los seres,
que está fuera de ellos
y que, llenando el Todo y todo lo que contiene,
se encuentra siempre, de un modo inexplicable,
todo entero fuera del Todo?
(San Simeón el Nuevo Teólogo, +1022)
V Domingo del Tiempo Ordinario
- Aquí estoy, mándame (Is 6, 1-2a. 3-8)
- Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor (Sal 137)
- Predicamos así, y así lo creísteis vosotros (1 Cor 15, 1-11)
- Dejándolo todo, lo siguieron (Lc 5, 1-11)
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La muerte del amigo
(El P. Francisco Chisholm, sacerdote escocés misionero en China, ha creado un humilde dispensario para atender las necesidades sanitarias de la pobre gente que le rodea. En esa tarea le ayuda, desde la lejana Escocia, un amigo suyo de la infancia y adolescencia, que es médico y que le envía paquetes con material sanitario. Para sorpresa suya, este viejo amigo suyo, Willie Tulloch, decide trasladarse a China por un tiempo, para ayudarle a él en esa labor. Nada más llegar, se declara la peste y ellos dos, junto con la madre María Verónica, una aristócrata alemana que no congenia para nada con el estilo sencillo y humilde del P. Francisco, pero que es muy eficiente como en la atención a los enfermos, y un teniente del ejército chino llamado Shon, se prodigan atendiendo a los pacientes. El Dr. Tulloch es un agnóstico recalcitrante, que ya de joven discutía con Francisco de cuestiones religiosas, sin ponerse nunca de acuerdo, pero queriéndose siempre mucho como amigos. La peste termina por afectar al Dr. Tulloch y Francisco, tiene que asistir, impotente y desconcertado, a la muerte de su amigo)
Francisco se aproximó al lecho. Sentía un gran temor. La muerte les había acompañado a lo largo de aquellas semanas como algo familiar, terrible, pero común. Pero ahora que la sombra de la muerte cubría a su amigo, sentía un dolor terrible.
Tulloch no había perdido la consciencia y reconoció a Francisco. Procuró sonreír:
- Vine en busca de aventuras y parece que las he encontrado.
Y un momento después, entornando los ojos, añadió como si se le acabase de ocurrir una idea:
-Soy débil como un gato, Francisco.
IV Domingo del Tiempo Ordinario
- Te constituí profeta de las naciones (Jer 1, 4-5. 17-19)
- Mi boca contará tu salvación, Señor (Sal 70)
- Quedan la fe, la esperanza y el amor. La más grande es el amor (1 Cor 12, 31-13,13)
- Jesús, como Elías y Eliseo, no solo es enviado a los judíos (Lc 4, 21-30)
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El corazón de Jesús y el corazón del hombre
Señor, has sido bueno con tu tierra (Salmo 84)
Catequesis parroquial nº 148
Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 19 de diciembre de 2018
(Audio no disponible)
1 Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Salmo
Comenta san Jerónimo: Todo salmo que se titule “de los hijos de Coré” no trata de nada triste, sino siempre de hechos alegres. Pues aunque Coré, Datán y Abirón fueron castigados por el Señor por sublevarse contra Moisés, los hijos de Coré, que no se comportaron como su padre, fueron bendecidos con una eterna alegría. Dado que “Coré” significa “calvario”, y es manifiesto que el término “Calvario” designa el lugar de la resurrección, todo aquel que es hijo de Coré es hijo de la resurrección y no puede tener tristeza alguna.
2 Señor, has sido bueno con tu tierra, has restaurado la suerte de Jacob,
San Agustín explica que el profeta habla en pasado narrando como acontecido lo que ha de acontecer, porque para Dios lo que ha de acontecer ya aconteció. Pues estas palabras, como afirma san Jerónimo, se refieren a la venida de Cristo, nuestro Salvador. La tierra que había ofendido a Dios, que se había manchado con idolatrías, que había producido abrojos y espinas (cf. Gn 3,18), ha sido salvada con la venida de Cristo, nuestro Salvador.
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