XVII Domingo del Tiempo Ordinario

30 de julio de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Pediste para ti inteligencia (1 Re 3, 5. 7-12)
  • ¡Cuánto amo tu ley, Señor! (Sal 118)
  • Nos predestinó a reproducir la imagen de su Hijo (Rom 8, 28-30)
  • Vende todo lo que tiene y compra el campo (Mt 13, 44-52)
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Las tres virtudes

La virtud que más me gusta, dice Dios, es la esperanza.
La fe es algo que no me extraña,
que no tiene nada de raro.
Porque ¡brillo de tal manera en mi creación!

En el sol, en la luna y en las estrellas,
en todas mis criaturas.
En los astros del firmamento y en los peces del mar,
en las plantas y en los animales y en las bestias de la selva,
y en el hombre,
mi criatura.

(…)

La caridad, dice Dios, es algo que no me extraña en absoluto,
que no tiene nada de extraño.
Estas pobres criaturas son tan desdichadas que, a menos de tener un corazón de piedra ¿cómo no iban a tener caridad las unas con las otras?
¿Cómo no iban a tener caridad con sus hermanos?
¿Cómo no se iban a quitar el pan de la boca, el pan de cada día, para dárselo a los pobres niños que van de puerta en puerta?

XVI Domingo del Tiempo Ordinario

23 de julio de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Concedes el arrepentimiento a los pecadores (Sab 12, 13. 16-19)
  • Tú, Señor, eres bueno y clemente (Sal 85)
  • El Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables (Rom 8, 26-27)
  • Dejadlos crecer juntos hasta la siega (Mt 13, 24-43)
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Nueve cosas que le gustan al Diablo

En este retiro queremos considerar, con la ayuda de Dios, nueve cosas que le agradan al Diablo y que están muy presentes en nuestro mundo, en nuestra sociedad. Señalarlas debe encender en cada uno de nosotros las correspondientes alarmas, para apartarnos de ellas y no entrar en el juego de nuestro Enemigo. 


EL PLAN DE DIOS Y EL PLAN DEL DIABLO SOBRE LAS CRIATURAS: COMUNIÓN FRENTE A ABSORCIÓN


Razona el Diablo por boca de C. S. Lewis: “Para nosotros (los demonios), un humano es, ante todo, un alimento, nuestra meta es absorber su voluntad en la nuestra, el aumento a su expensa de nuestra propia área de personalidad. Pero la obediencia que el Enemigo exige de los hombres es otra cuestión. Hay que encararse con el hecho de que toda la palabrería acerca de Su amor a los hombres, y de que Su servicio es la libertad perfecta, no es (como uno creería con gusto) mera propaganda, sino espantosa verdad. Él realmente quiere llenar el universo de un montón de odiosas réplicas de Sí mismo: criaturas cuya vida, a escala reducida, será cualitativamente como la Suya propia, no porque Él las haya absorbido, sino porque sus voluntades se pliegan libremente a la Suya. Nosotros queremos ganado que pueda finalmente convertirse en alimento; Él quiere siervos que finalmente puedan convertirse en hijos. Nosotros queremos sorber; Él quiere dar. Nosotros estamos vacíos y querríamos estar llenos; Él está lleno y rebosa. Nuestro objetivo de guerra es un mundo en el que Nuestros Padre de las Profundidades haya absorbido en su interior a todos los demás seres; el Enemigo desea un mundo lleno de seres unidos a Él, pero todavía distintos y libres frente a Él. En consecuencia, Dios no puede seducir. Sólo puede cortejar. Porque su innoble idea es comerse el pastel y conservarlo; las criaturas han de ser una sola cosa con Él, pero también ellas mismas; meramente cancelarlas, o asimilarlas, no le serviría”.

Lo demoníaco consistiría, pues, en una incapacidad total para la comunión, es decir, para entablar una relación en la que se respete la alteridad del otro y se entre en relación con él sin destruirlo, sin anularlo. El demonio no sabe o no quiere hacer esto, sino que lo que quiere es absorber al otro, destruyéndolo y convirtiéndolo en su propia sustancia, pero desapareciendo el otro en su alteridad. En consecuencia, todo lo que destruye al hombre le agrada al Diablo. Por ejemplo:


1) La libertad entendida sólo como negatividad, como capacidad de decir “no”


Para la mayoría de nuestros contemporáneos la libertad consiste en la posibilidad de decir “no” al bien que se le presenta al hombre. La libertad es entendida como el derecho a no obedecer, olvidando, en primer lugar, que la libertad no es un derecho sino un riesgo, un coraje que hay que correr continuamente, tanto en el terreno político como en el del espíritu.

XV Domingo del Tiempo Ordinario

16 de julio de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • La lluvia hace germinar la tierra (Is 55, 10-11)
  • La semilla cayó en tierra buena, y dio fruto (Sal 64)
  • La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios (Rom 8, 18-23)
  • Salió el sembrador a sembrar (Mt 13, 1-23)
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Fuego y luz












Fuego y luz que resplandeces
en el rostro de Cristo,
fuego cuya venida es palabra,
fuego cuyo silencio es luz,
fuego que instauras los corazones
en la acción de gracias,
ven, Espíritu Santo,
impregna nuestras almas de la dulzura de tu Amor.

Tú que reposas en Cristo,
Espíritu de inteligencia y sabiduría,
Espíritu de consejo y de fuerza,
Espíritu de ciencia y de temor,
ven, Espíritu Santo,
ilumina nuestras mentes con la luz de la Verdad.

Tú que escrutas las profundidades de Dios,
Tú que iluminas las tinieblas de nuestro corazón,
Tú que te unes a nuestro espíritu,
Tú por quien reflejamos el rostro del Señor,
ven, Espíritu Santo,
sacia con tu agua viva la sed de nuestro corazón.

XIV Domingo del Tiempo Ordinario

9 de julio de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Mira a tu rey que viene a ti pobre (Zac 9, 9-10)
  • Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey (Sal 144)
  • Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis (Rom 8, 9. 11-13)
  • Soy manso y humilde de corazón (Mt 11, 25-30)
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La muerte del abuelo

En primavera supimos que mi abuelo, el padre de mi madre, había caído gravemente enfermo y que sus días estaban contados. Mi abuelo recibió la amarga noticia en silencio. Su mirada circular se redondeó aún más. Por la noche le dijo a mi madre: “Esta separación que hay entre los vivos y los muertos es una separación imaginaria. El tránsito es más fácil de lo que nosotros suponemos. Se trata tan sólo de cambiar de lugar y pasar a un nivel más alto”. Al oír sus palabras mi madre se echó a llorar como una criatura.

Sus hábitos cotidianos no se vieron afectados en modo alguno. Por la mañana iba a rezar y a la vuelta comía algo y se sentaba en la terraza, lo que constituía para él una especie de preparación a la lectura diaria. A veces estudiaba el mismo libro durante muchos días y en otras ocasiones cambiaba, pero en su mesa no había nunca más de un libro. Cada cierto tiempo mi madre le llevaba una taza de té con limón. El abuelo le daba las gracias y le preguntaba algo, y mi madre se sentaba a su lado. Era evidente que quería a su hija y que le alegraba tenerla cerca.

Una vez al día yo entraba a verlo. Solía acariciarme la cabeza mientras me mostraba las letras de un libro que estaba leyendo y me contaba una pequeña historia o una parábola. Una vez me contó algo que no llegué a comprender. Él probablemente se dio cuenta de que no lo había captado y me dijo: “No importa, lo importante es amar esta mañana”. Tampoco entendí esta expresión y, a pesar de todo, ha permanecido grabada en mi memoria hasta el día de hoy como un enigma agradable. Era tan diferente de nosotros que a veces me parecía que no nos pertenecía, sino que había venido a visitarnos desde otros mundos.

En primavera seguía todavía en el pueblo donde habían nacido él, sus padres y los padres de sus padres. Al principio se negaba a abandonar su propiedad, pero cuando su enfermedad empeoró y requirió tratamientos en el hospital, aceptó venir a la ciudad. Mi madre le preparó una habitación y fue a buscarlo en el carruaje. 

XIII Domingo del Tiempo Ordinario

2 de julio de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Es un hombre santo de Dios; se retirará aquí (2 Re 4, 8-11. 14-16a)
  • Cantaré eternamente las misericordias del Señor (Sal 88)
  • Sepultados con él por el bautismo, andemos en una vida nueva (Rom 6, 3-4. 8-11)
  • El que no carga con la cruz no es digno de mí. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí (Mt 10, 37-42)
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(Nota.- Al no disponer de la homilía correspondiente al XIII Domingo del Tiempo Ordinario, se ha puesto una homilía que hace referencia al Cantar de los Cantares).

El silencio

“El silencio absoluto es una cruz en la que el hombre se crucifica con todas sus pasiones y sus concupiscencias”, decía san Serafín de Sarov completando la enseñanza de san Isaac el Sirio que afirmaba: “El silencio es un misterio del siglo venidero, las palabras son instrumentos de este mundo”.

Cuando permanecemos en silencio, nuestro enemigo, el demonio, no puede penetrar en nuestro corazón, en esto consiste la sabiduría del silencio. 

Soledad y silencio engendran el fervor y la mansedumbre que fluyen a través del corazón del hombre como las aguas de Siloé, sin ruido ni turbulencia.


San Serafín de Sarov

XII Domingo del Tiempo Ordinario

25 de junio de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Libera la vida del pobre de las manos de gente perversa (Jer 20, 10-13)
  • Señor, que me escuche tu gran bondad (Sal 68)
  • No hay proporción entre el delito y el don (Rom 5, 12-15)
  • No tengáis miedo a los que matan el cuerpo (Mt 10, 26-33)
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La mentalidad demoniaca


LA FE DE LOS DEMONIOS Y  LA FE DE LOS CRISTIANOS

La diferencia entre la fe de los demonios y la de los cristianos se puede expresar esquemáticamente diciendo que la primera “se tiene” mientras que la segunda “nos tiene”. La fe hace que el fiel entre en una oscuridad más profunda que la noche del ateísmo, que es sólo una noche superficial, y en una luz más deslumbrante que las claridades de Satán, que son claridades a su medida. Se ve mejor qué deficiente puede ser la expresión “tener fe”. Sólo los demonios tienen fe como se tiene un objeto en la palma de la mano y se maneja a voluntad. Pero la fe formada por la caridad, más que poseerla el fiel, lo desposee a él de sí mismo. Es un tener que le hace perder todo, incluso él mismo, por Cristo. Tan cierto es que no tiene la fe, que la fe lo tiene a él, que lo desnuda y lo deja abrazarse en el amor . 

El modelo de esa virtud lo revela de inmediato. María no se planta ante la Revelación como ante la claridad de un teorema, ni disfruta de la fe como del más romántico de los sentimientos. Camina en la ignorancia más que en el conocimiento. Y conoce el desgarro más que las delicias: Y a ti una espada te atravesará el alma, le profetiza el viejo Simeón (Lc 2, 35). Para ella, el misterio es aún más misterioso, pues su oscuridad no procede de un defecto, sino de un exceso de luz. Su fe es más perfecta porque la arroja mejor en brazos de lo incomprensible. Su noche es más intensa porque es más bien una noche de bodas. El episodio del niño perdido y hallado en el Templo lo dice literalmente. Aquella cuya fe no desfalleció no deja de gritar retomando y sobrepasando los gritos de Job: Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando (Lc 2, 48). ¿Cómo? ¿María preguntándole a Dios: Por qué nos has hecho esto? ¿María expresando un tormento suyo causado por Jesús? La fe de María es una fe sin falta; no es una fe, sin embargo, sin fractura: sufre aquí abajo algo comparable a las penas del infierno y que consiste en la espada de ese amor que abre en su corazón una fractura lo bastante grande para acoger en ella la plenitud desgarradora del misterio divino. A su pregunta: ¿Por qué nos has hecho esto? Dios responde con su voz de niño de doce años. Una revelación directa de la que María y José deberían estar al corriente a partir de entonces. Pero el Evangelio declara: Ellos no comprendieron la respuesta que les dio (Lc 2, 50). ¿Qué la distingue entonces de aquellos otros de los que el Hijo dirá, citando a Isaías, que oyen sin entender (Lc 8, 10)? Simplemente esto: su madre conservaba cuidadosamente estas cosas en su corazón (Lc 2, 51). La Palabra es una espada, su corazón es vaina para ella. Allí donde otros lo cierran, el suyo sigue abierto para que lo incomprensible more en él con todo su cortante filo . 

Así Teresa de Calcuta: “El sitio de Dios en mi alma está vacío. En blanco. No está Dios en mí… Mi alma no es más que un trozo de hielo. No tengo nada que decir. Me escribe usted: ‘Está tan cerca de usted que usted no puede verLo, ni escucharLo, ni siquiera gustar de Su presencia’. No comprendo lo que tal cosa quiere decir, padre, y sin embargo me gustaría mucho poder comprenderlo… Siento en mi alma exactamente ese mismo dolor terrible de la pérdida -la pérdida de Dios que no me quiere- de Dios que no es Dios -de Dios que, en realidad, no existe (Jesús, por favor, ¡perdona mis blasfemias!- me han pedido que lo escriba todo). Esas tinieblas me rodean por todas partes. No puedo elevarme hacia Dios: ninguna luz, ninguna inspiración penetra mi alma. Hablo del amor a las almas, de un tierno amor por Dios-las palabras franquean mis labios y yo desespero de creer en ellas. ¿Para qué trabajo? Si no hay ningún Dios no puede haber ninguna alma. Y si no hay alma, entonces -Jesús- Tú tampoco, Tú no eres verdadero… El Cielo, ¡qué vacío! Ni la menor idea del Cielo entra en mi espíritu. Porque no hay esperanza. Estoy horrorizada por notar todas esas terribles cosas que atraviesan mi alma. Deben herirte” . 

Domingo. Santísimo cuerpo y sangre de Cristo.

18 de junio de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres (Dt 8, 2-3. 14b-16a)
  • Glorifica al Señor, Jerusalén (Sal 147)
  • El pan es uno; nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo (1 Cor 10, 16-17)
  • Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida (Jn 6, 51-58)
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Oración a María

¡Virgen muy pura y digna de toda alabanza,
santuario consagrado a Dios,
tierra intacta,
campo que no ha sido arado,
viña en flor,
fuente de abundantes aguas,
virgen fecunda
y madre que no ha conocido varón,
tesoro escondido de inocencia,
gloria y santidad!
Ruega por nosotros Virgen María,
en tu autoridad maternal,
tú que siempre eres escuchada
por el Señor creador de todas las cosas,
tu hijo nacido de ti sin padre terrestre:
toma en tus manos el timón de la Iglesia
y condúcenos al puerto de la Paz.

San Germán de Constantinopla

Domingo. Santísima Trinidad

11 de junio de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso (Éx 34, 4b-6. 8-9)
  • ¡A ti gloria y alabanza por los siglos! (Salmo: Dan 3, 52-56)
  • La gracia de Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo (2 Cor 13, 11-13)
  • Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por él (Jn 3, 16-18)
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Saber caer

(Asistimos al diálogo entre Marcus, un estudiante de la universidad de Monclair, en el estado de New Hampshire, y su profesor de literatura, Harry Quebert. Entre ellos se ha establecido una relación de amistad, que va más allá de lo estrictamente académico, en la que comparten su pasión por la literatura y también por el boxeo, deporte que ambos admiran y practican. Marcus ha cursado el bachillerato en su estado de New York, en el instituto de Felton, donde ha conseguido tener una fama de ser un tipo sensacional en el deporte y en los estudios, aunque esa fama no corresponde a su realidad; ha sido el típico “fantasma” que ha tenido éxito y ha conseguido hacer creer a todos que él era “el Formidable”, que fue el apodo que le pusieron, con gran complacencia suya, en su instituto. Pero la realidad es que él era un estudiante vanidoso, gandul y narcisista. Harry Quebert lo ha “calado” y quiere hacer de él un gran escritor, pero ante todo y en primer lugar, un hombre)

“Harry, si tuviera que quedarme con una sola de todas sus lecciones, ¿cuál sería?

-Le devuelvo la pregunta.

- Para mí sería la importancia de saber caer.

-Estoy completamente de acuerdo con usted. La vida es una larga caída, Marcus. Lo más importante es saber caer.”

-Mire, Marcus, sé exactamente qué tipo de persona es usted: un pequeño pretencioso de primera que se piensa que Montclair es el centro del mundo. Un poco como los europeos pensaban serlo en la Edad Media, antes de coger un barco y descubrir que la mayoría de las civilizaciones más allá del océano estaban más desarrolladas que la suya, cosa que intentaron disimular a base de grandes masacres. Lo que quiero decir, Marcus, es que es usted un tipo sensacional, pero corre el peligro de apagarse si no se espabila un poco. Sus textos son buenos. Pero hay que revisarlo todo: el estilo, las frases, los conceptos, las ideas. Tiene que ponerse en cuestión y trabajar mucho más. Su problema es que no trabaja lo suficiente. Se contenta usted con muy poco, desgrana palabras sin elegirlas bien y eso se nota. Se cree usted un genio, ¿eh? Se equivoca. Su trabajo es una chapuza y en consecuencia no vale nada. Queda todo por hacer. ¿Me sigue?

-No mucho…

Estaba furioso: ¿cómo se atrevía, por muy Quebert que fuera? ¿Cómo se atrevía a dirigirse de esa forma a alguien a quien llaman “el Formidable”? Él prosiguió:

Domingo de Pentecostés

4 de junio de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar (Hch 2, 1-11)
  • Envía tu Espíritu, y repuebla la faz de la tierra (Sal 103)
  • Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo (1 Cor 12, 3b-7. 12-13)
  • Secuencia: Ven, Espíritu divino.
  • Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo; recibid el Espíritu Santo (Jn 20, 19-23)
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Vigilia de Pentecostés

3 de junio de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra (1ª Gén 11, 1-9)
  • Dichoso el pueblo que Dios se escogió como heredad (Sal 32)
  • El Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables (Rom 8, 22-27)
  • Manarán ríos de agua viva (Jn 7, 37-39)
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El Mesías Rey (Salmo 2)

Catequesis parroquial nº 139

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 17 de mayo de 2017

Para escuchar la charla en ivoox, pulse aquí: http://www.ivoox.com/18935327

Para escuchar la charla en YouTube, pulse aquí: 


VII Domigno de Pascua. La Ascensión del Señor.

28 de mayo de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • A la vista de ellos, fue elevado al cielo (Hch 1, 1-11)
  • Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas (Sal 46)
  • Lo sentó a su derecha en el cielo (Ef 1, 17-23)
  • Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra (Mt 28, 16-20)
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La Gracia

(El texto recoge la conversación entre el señor Lamy, que es el juez encargado de Menores de París, con un educador de uno de los centros donde son enviados los menores sin familia, o que han delinquido, o que presentan problemas especiales. Este educador, al que todos llaman por su apodo “Colmillo Blanco”, acaba de ser padre. El juez se ha trasladado en plena noche para intentar abordar el problema que ha creado uno de los recluidos, Alain Robert, al fugarse del centro junto con otros, un chico sin familia, cuya obsesión es encontrar a sus padres. La conversación se articula sobre dos posiciones en relación a estos muchachos y lo que ellos representan: la de quienes creen que “no hay nada que hacer” y la del juez Lamy, que cree en el milagro, que tiene esperanza y que decide jugar la carta de la esperanza)

- ¿Y Mamy? ¿Cómo está Mamy?

La sonrisa a la que Colmillo Blanco debía su apodo reapareció tan resplandeciente que el señor Lamy añadió, sin esperar:

- ¿Qué! ¿No me dice usted lo que hay?

- Sí, la noche pasada; ¡un niño!

- ¡Entonces todo se arreglará, Colmillo blanco! Lo mejor y lo peor no pueden vivir juntos mucho tiempo.

-¡Oh, sí! En cada uno de nuestros niños, y en cada uno de nosotros, también…

El señor Lamy se inclinó hacia él.

- ¿Y tiene usted padrino para el niño? Y a propósito, ¿qué nombre escogió usted?

- Pascual.

- Ahora –dijo el señor Lamy, poniendo la mano sobre el brazo de Colmillo Blanco-, tengo una súplica que hacerle: elija usted a Alain Robert…

VI Domingo de Pascua

21 de mayo de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo (Hch 8, 5-8. 14-17)
  • Aclamad al Señor, tierra entera (Sal 65)
  • Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu (1 Pe 3, 15-18)
  • Le pediré al Padre que os dé otro Paráclito (Jn 14, 15-21)
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El pecado de los ángeles


ÁNGELES Y HOMBRES EN EL DESIGNIO DE LA GRACIA: LA INVERSIÓN DEL ORDEN NATURAL 

En el orden de la creación, el ángel es el primogénito según la perfección natural. Sin embargo, en el orden de la gracia, en el designio salvífico divino, el hombre es el heredero de Dios, el heredero del mundo futuro, y los ángeles entran en esta herencia como servidores del heredero, exactamente como servidores de la conducta providencial del hombre en camino hacia su felicidad en Dios. Aunque los ángeles son los hermanos mayores, Dios no los ha nombrado a ellos herederos, pues en la historia de la salvación ocurre, a menudo, que es el pequeño quien hereda, sin que ello signifique la supresión de la primogenitura del mayor. Pero Dios se complace en hacer que el mayor, precisamente porque es el más grande, el más fuerte, entre en la herencia a través del pequeño. Es un modo divino de recordarle que es el mayor por pura gracia y que su derecho de primogenitura no es un derecho que él pueda reivindicar frente a Dios. Dios se complace en retomar a contrapelo la jerarquía natural en su designio de gracia “para que ninguna criatura pueda gloriarse ante Él” (1 Co 1,29).

El ángel está por lo tanto referido al misterio de la filiación divina por gracia, misterio que alcanza en el hombre su punto culminante. ¿Por qué en el hombre? Probablemente porque para el hombre es más fácil, en razón de su misma pobreza, recibir más plenamente la gracia y dejarse atraer con más agradecimiento hacia la paternidad misericordiosa de Dios. El ángel, en cambio, dado que es el hermano mayor y que está siempre junto al Padre, posee hacia Él un temor reverencial tan grande, una veneración tan inmensa, que tal vez le dificulta llegar al corazón del Padre y se considera únicamente como servidor: la conciencia tan aguda de la transcendencia divina que posee, le dificulta ir más allá.

EL PECADO DE LOS ÁNGELES

La aceptación de este designio de gracia constituyó la prueba ante la cual tropezó Lucifer. Para que los ángeles tuvieran siempre muy presente que su perfección es un don de amor, una gracia, Dios quiso que su misterio trinitario se reflejara, no en las criaturas incorporales (los ángeles), sino en la criatura espiritual encarnada que es el hombre. No es por azar por lo que empleamos para la Trinidad términos como “Padre”, “Hijo” y “generación”; términos que, por muy imperfectos que sean para dar cumplida cuenta del misterio trinitario, constituyen sin embargo las palabras que Él ha inspirado y a través de las cuales Él se ha revelado en la Biblia. Pues estos términos expresan algo de ese misterio trinitario, reflejado en la única naturaleza humana que se comunica y existe en diversas personas. Aunque la imagen sea muy lejana, pues las personas divinas no son individuos, como lo son las personas humanas, sin embargo dice algo a propósito de un tipo de unidad que no conoce el mundo angélico: la unidad entre varios sujetos en una misma naturaleza.

V Domingo de Pascua

14 de mayo de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Eligieron a siete hombres llenos del Espíritu Santo (Hch 6, 1-7)
  • Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti (Sal 32)
  • Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real (1 Pe 2, 4-9)
  • Yo soy el camino y la verdad y la vida (Jn 14, 1-12)
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Oración de Alejandro Solzhenitsyn

¡Qué fácil me resulta vivir contigo, Señor! ¡Qué fácil me resulta creer en Ti! 

Cuando, en la perplejidad, mi espíritu se oculta o se doblega, cuando los más inteligentes no ven más allá de esta tarde, y no saben qué es lo que habrá que hacer mañana, Tú me infundes la serena certeza de que Tú existes y de que Tú velas para que todos los caminos del bien no estén cerrados.

Sobre la cresta de la gloria terrestre, contemplo con asombro este camino a través de la desesperanza. Este camino en el que, incluso yo, he podido enviar a la humanidad un reflejo de tus rayos.

Todo lo que sea necesario que yo refleje todavía, Tú me lo concederás. Y todo lo que yo no consiga reflejar, Tú lo asignarás a otros.

Alejandro Solzhenitsyn

IV Domingo de Pascua

7 de mayo de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Dios lo ha constituido Señor y Mesías (Hch 2, 14a. 36-41)
  • El Señor es mi pastor, nada me falta (Sal 22)
  • Os habéis convertido al pastor de vuestras almas (1 Pe 2, 20b-25)
  • Yo soy la puerta de las ovejas (Jn 10, 1-10)
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Entrar en una iglesia

Ayer por la tarde, después de despedirme de ti, Julia querida, como no encontré a la persona que tenía que ver, ni a nadie más, y teniendo necesidad de librarme de las muchas preocupaciones que oprimen, dentro de mi débil organismo, a mi alma fatigada, entré -era ya tarde, pero todavía llegué a tiempo- en una iglesia, en la pequeña, recogida y entrañable iglesia de Santa Maria della Pace.

Entrar en una iglesia siempre es una liberación: entrar en una iglesia significa librarse de de las terribles preocupaciones, de las angustias que las potencias del mal introducen en el alma de los hombres. Recuerdo que, en la iglesia de Grottaferrata, apenas se entra está escrito: “Oh vosotros, que entráis en la casa del Señor, dejad fuera las preocupaciones que os embriagan, a fin de que podáis encontrar aquí dentro un juez benigno”.

Yo ayer por la tarde entré, pues, en Santa Maria della Pace y, ciertamente, no pude dejar fuera las preocupaciones que me embriagaban; sin embargo, al asistir a aquel austero oficio, en aquella iglesia casi vacía y casi en penumbra, me pareció que era transportado lejos, a una región celestial en la que sólo estaba el Señor y la Virgen y unas voces argentinas que oraban y suplicaban la gracia de Dios.

Y en el alma obsesivamente atormentada se hizo una paz repentina e infinita, un silencio maravilloso y misterioso, una especie de liberación de las preocupaciones de la vida. Y bajo los ojos benignos del Señor, que es Caridad, las preocupaciones de la vida se desvanecían como si fueran nieve que se deshacía bajo el sol, y quedaba sólo un alma pecadora que vivía y suplicaba Misericordia al Señor de la Misericordia, al Padre de la Misericordia.

El Dios del Consuelo estaba allí, y ¿qué quería -qué puede querer- sino consolar? Recemos siempre a Dios, Julia: Él es el Camino, y la Verdad, y nuestra Vida. Te quiero. Y soy tú.



Autor: Giuseppe CAPOGRASSI
Título: Pensaments per a Giulia. Antologia
Editorial Denes, Col•lecció Rent nº 5, Paiporta (València), 2009, pp. 61-62







III Domingo de Pascua

30 de abril de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio (Hch 2, 14. 22-33)
  • Señor, me enseñarás el sendero de la vida (Sal 15)
  • Fuisteis liberados con una sangre preciosa, como la de un cordero sin mancha, Cristo (1 Pe 1, 17-21)
  • Lo reconocieron al partir el pan (Lc 24, 13-35)
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La esperanza

La fe, dice Dios, es un gran árbol, un roble arraigado en tierra firme.
Y bajo las alas de ese árbol la Caridad,
mi hija la Caridad,
ampara todos los infortunios del mundo.

Pero mi pequeña esperanza no es nada más que ese pequeño brote
que se anuncia justo al principio de abril.
Y cuando se ve el árbol,
cuando miráis el roble,
esa dura corteza del roble,
esa dura corteza rugosa,
cuando veis tanta fuerza y tanta dureza,
ese pequeño brote ya no parece nada.
Parece salir del árbol, no poder ser nada, no poder existir sin el árbol.
Y, efectivamente, sale del árbol,
de la axila de las ramas y ya no puede existir sin el árbol.

Pero es lo contrario, es de él de donde todo procede.
Sin un brote que apareció una vez, el árbol no existiría.
Sin esos miles de brotes,
que llegan una vez a principios de abril, nada duraría.
Sin ese brote que tiene aspecto de poca cosa,
que no parece nada,
todo eso no sería sino leña muerta.
Y la leña muerta será arrojada al fuego.

Lo que os confunde es que esta corteza ruda os desuella las manos;
y no movéis el tronco del hombro ni una milésima de milímetro, ni con el pie, podéis hacer que se mueva una de esas gruesas ramas,
mientras que el brote no resiste nada bajo el dedo y simplemente con la uña,
el primero que pase hace saltar un brote,
el cual, una vez desarrollado,
os daría una rama más gruesa que el muslo.

Pues es más fácil, dice Dios, destruir que crear;
Y hacer morir que hacer nacer;
Y dar la muerte que dar la vida.

Por otra parte yo os digo, dice Dios, que sin ese brote de abril, sin esos miles, sin ese único brotecito de la esperanza, que evidentemente todo el mundo puede romper, toda mi creación no sería más que leña muerta,
y la leña muerta será arrojada al fuego.

Y toda mi creación no sería más que un inmenso cementerio.


Autor: Charles PÉGUY
Título: El pórtico del misterio de la segunda virtud
Ediciones Encuentro








II Domingo de Pascua

23 de abril de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común (Hch 2, 42-47)
  • Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia (Sal 117)
  • Mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha regenerado para una esperanza viva (1 Pe 1, 3-9)
  • A los ocho días llegó Jesús (Jn 20, 19-31)
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El universo angélico: un universo jerarquizado


Lo propio específico del universo espiritual consiste en que es una creación puramente cualitativa, mientras que en nuestro universo material la creación es fundamentalmente cuantitativa y secundariamente cualitativa. En la visión que tiene la Escritura y la Tradición, el orden cualitativo de nuestro universo  -siempre difícil de separar de la cantidad- está vinculado a un registro superior de la creación, el mundo de los ángeles, en el cual lo cualitativo domina plenamente. Además, este mundo de los ángeles no es un mundo, sino unos mundos. Por eso la noción de ángel implica la de jerarquía: cada criatura espiritual aparece como un universo de cualidades que resume en un único ejemplar unas perfecciones que, en nuestro mundo material, están repartidas entre una multitud de criaturas individuales. Nuestro mundo, en efecto, es el mundo de lo cuantitativo, mientras que el mundo angélico, al contrario, es un mundo en el que la cualidad formal subsiste como tal. Pues el ángel es único en su género; resume en sí mismo y él solo una participación en la perfección divina.

Es necesario hablar de los Querubines cuyo nombre evoca la idea de ala y por lo tanto de movimiento y de omnipresencia: por los Querubines Dios cubre toda la extensión del espacio. Los Querubines -sobre los que “Dios se sienta” (Ex 25,18)- no aparecen como una sede inerte sino como unas ruedas aladas porque Dios no se sienta de una manera estática sino que su transcendencia es como un torbellino de movimiento (Ez 1,10; 10, 1ss). El cielo no es una inmutabilidad estática e impersonal (como fácilmente se imagina el hombre) sino que es “el lugar de las iniciativas de amor” (J. Maritain), un lugar de movimiento, de danza, de canto, no un dormitorio. 

Los Querubines están cerca de la gloria de Dios y la guardan; con sus alas se cubren el rostro y velan la presencia de la gloria divina, pues no se puede ver a Dios sin morir. Parece que los Querubines son los “ángeles de la Faz”, los que están con Dios en una relación de gran inmediatez y que conocen por lo tanto su gloria con mayor pureza. Velan su rostro con las alas porque son esencialmente seres de adoración.

Los Serafines son los “ardientes” (cf. Is 6,1-7), los que llevan el fuego del amor y de la purificación hacia los hombres. Aunque son ellos quienes cantan el triple Sanctus están, sin embargo, menos inmediatamente vueltos hacia la gloria de Dios que los Querubines y su misión estaría más directamente relacionado con la comunicación con el hombre: los labios de Isaías son purificados por un serafín.

Los diferentes nombres con los que se designa a los ángeles en la Escritura reflejan la inmensidad del universo puramente espiritual: Tronos, Dominaciones, Potestades, Arcángeles… (cf. Dn 7,10; Ap 5,11; Hb 12,22; Judas 14-15). Los ángeles constituyen el ejército celestial. Resaltemos ahora no el aspecto “guerrero” –que ciertamente está presente- sino el aspecto de universo ordenado hacia un fin, como un ejército en movimiento bajo las órdenes de un jefe: el “Dios de los Ejércitos” (1 S 1,3). Cuando Jesús en el Padre Nuestro dice “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”, entiende por “cielo” el mundo de las criaturas espirituales ordenado por la voluntad divina, puesto que, precisamente para esto, han sido expulsados del cielo los demonios (cf. Ap 12,7-8; Judas 6). Cuando la voluntad de Dios se hace en la tierra como en el cielo por el Espíritu Santo que Cristo ha derramado, se puede decir que el cielo está sobre la tierra; entonces acontece la “reconciliación de la tierra y del cielo” (Col 1,20), reconciliación que permite, “por la sangre de la cruz”, entrar en la celebración divina de los ángeles.

Dionisio el Areopagita se expresa sobre la estructuración del mundo angélico recordando, ante todo, que la ordenación celeste de las “jerarquías” no es una verdad revelada en sentido estricto de dogma de fe. Dicho lo cual prosigue afirmando que “la Escritura ha cifrado en nueve los nombres de todos los seres celestes, y mi glorioso maestro los ha clasificado en tres jerarquías de tres órdenes cada una. Según él, el primer grupo está siempre en torno a Dios, constantemente unido a Él, antes que todos los otros y sin intermediarios. Comprende los santos tronos y los órdenes dotados de muchas alas y muchos ojos  que en hebreo llaman querubines y serafines. El segundo grupo, dice, lo componen potestades, dominaciones y virtudes. El tercero, al final de las jerarquías celestes, es el orden de los ángeles, arcángeles y principados.

Vigilia Pascual

16 de abril de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno (Gén 1, 1 - 2, 2)
  • Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra (Sal 103)
  • El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe (Gén 22, 1-18)
  • Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti (Sal 15)
  • Los hijos de Israel entraron en medio del mar, por lo seco (Éx 14, 15 - 15, 1a)
  • Cantaré al Señor, gloriosa es su victoria (Sal Éx 15, 1-18)
  • Con amor eterno te quiere el Señor, tu libertador (Is 54, 5-14)
  • Te ensalzaré, Señor, porque me has librado (Sal 29)
  • Venid a mí y viviréis. Sellaré con vosotros una alianza perpetua (Is 55, 1-11)
  • Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación (Sal Is 12, 2-6)
  • Camina al resplandor del Señor (Bar 3, 9-15. 32 - 4, 4)
  • Señor, tú tienes palabras de vida eterna (Sal 18)
  • Derramaré sobre vosotros un agua pura, y os daré un corazón nuevo (Ez 36, 16-17a. 18-28)
  • Oh, Dios, crea en mí un corazón puro (Sal 50)
  • Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más (Rom 6, 3-11)
  • Aleluya, aleluya, aleluya (Sal 117)
  • Ha resucitado y va por delante de vosotros a Galilea (Mt 28, 1-10)
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Rey del Cielo

Rey del cielo,
Consolador,
Espíritu de Verdad,
Tú que estás presente en todo lugar,
Tú que lo llenas todo,
tesoro de gracias y dador de vida,
ven, permanece en nosotros,
purifícanos de toda mancha
y salva nuestras almas,
Tú, que eres bondad.

Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

9 de abril de 2017
(Ciclo A - Año Impar)







Procesión

Misa
  • No escondí el rostro ante ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado (Is 50, 4-7)
  • Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Sal 21)
  • Se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó sobre todo (Flp 2, 6-11)
  • Pasión de nuestro Señor Jesucristo (Mt 26, 14 - 27, 66)
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Los estudios humanísticos

León Wieselter, pensador hebreo que desde hace más de treinta años dirige la sección cultural de la revista The New Republic, baluarte de la izquierda intelectual norteamericana, es una criatura “omnívora” a la que todo le interesa: “Mi educación religiosa me ha enseñado que todo converge hacia una única pregunta, aquella sobre el sentido del universo”. En su opinión, en el sistema educativo actual, estamos asistiendo a “una constante y nauseabunda denigración del conocimiento y del método humanistas”, un adiestramiento que lleva a “anteponer las cuestiones prácticas sobre el significado”.

En ello tiene una buena parte de responsabilidad la mentalidad promovida por un exceso de tecnología, que favorece la degradación del saber en un desarticulado flujo de información. Todo conspira para atrofiar la razón, para censurar sus aspiraciones: «La única pregunta admitida hoy en día es “¿cómo funciona?”. Todas las demás se consideran insensatas pérdidas de tiempo». A los alumnos de la Brandeis University, una prestigiosa universidad humanística de Massachussets, les dijo hace unos meses que “nuestra razón se ha convertido en una razón instrumental, ha dejado de ser la razón de los filósofos, con su antigua ambición intelectual de que los temas propios del pensamiento humano son las grandes cuestiones, y que la mente, de un modo u otro, puede penetrar en los principios más auténticos de la vida natural y de la vida humana. La propia filosofía se ha replegado bajo el peso de nuestra debilidad frente al utilitarismo”. Y concluyó: “Vosotros honráis a una civilización que se fundó en la búsqueda de la Verdad, e la Belleza y del Bien”. De aquí parte nuestra conversación.


Verdad, Belleza, Bien. Los temas transcendentales rara vez aparecen en el discurso cultural actual, como si no fuera lícito ambicionar algo similar o como si, de hecho, no existieran.


¡Pero por supuesto que existen! El hecho de que a menudo no los reconozcamos no significa que no existan. El escéptico no es aquel que piensa que la verdad no existe, sino aquel que destruye todas las vías para llegar a ella. Existen lugares bellísimos y uno no lo sabe hasta que no los ve: no es un motivo adecuado para dudar de que existan.



V Domingo de Cuaresma

2 de abril de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis (Ez 37, 12-14)
  • Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa (Sal 129)
  • El Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros (Rom 8, 8-11)
  • Yo soy la resurrección y la vida (Jn 11, 1-45)
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Occidente: una sociedad sin esperanza y sin Dios

Creo que nuestra sociedad de hoy, considerando a Dios como metafísicamente innecesario y proponiendo un optimismo que no se sustenta en la realidad, está agravando aún más los problemas que la aquejan. Se difunde una forma de vida escéptica y hedonista, totalmente contraria a la naturaleza del hombre, que lo daña irremediablemente. Fijémonos en la resignación, actualmente tan extendida, y en la desesperanza de tantos al no poder encontrar un sentido a la vida. Si a ello sumamos el agnosticismo como propuesta común, es decir, la invitación a no buscar la verdad última de las cosas, el panorama es desolador, pues la desesperanza va siempre unida a la ofuscación de la verdad.

Estas formas de nihilismo del hombre de hoy están en el origen de su radical pérdida de dignidad. Le han convencido de que él mismo no es sino un momento más en la evolución de la materia, el resultado del juego a ciegas del desenvolvimiento de la naturaleza. Le ha persuadido de que la realidad entera es puro materialismo y pan-naturalismo. Benedicto XVI ha expresado la novedad de esta crisis al afirmar que el hombre de hoy rechaza haber sido generado, haber recibido una naturaleza y, con ello, se niega a aceptar que en el inicio de su vida hay un don. De aquí su pretensión de poner como fundamento de su existencia una autogeneración o, lo que es lo mismo, una capacidad absoluta de “reinventarse” y redefinirse a sí mismo.

IV Domingo de Cuaresma

26 de marzo de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • David es ungido rey de Israel (1 Sam 16, 1b. 6-7. 10-13a)
  • El Señor es mi pastor, nada me falta (Sal 22)
  • Levántate de entre los muertos y Cristo te iluminará (Ef 5, 8-14)
  • Él fue, se lavó, y volvió con vista (Jn 9, 1-41)
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Misiones de los santos ángeles


LA UNIDAD ESPIRITUAL ENTRE ÁNGELES Y HOMBRES

Lo propio del hombre según la Biblia es ser el nexo entre la creación material (el cosmos) y esa otra dimensión de la creación divina que nos revela la Palabra de Dios: la creación invisible. Hay un vínculo misterioso y muy importante y profundo entre la creación espiritual -el mundo de los ángeles- y la creación material –nuestro universo.

En la Antigüedad y en las culturas primitivas el hombre tenía la percepción confusa, a menudo ingenua, a veces mágica, de una comunión profunda, a través de su cuerpo, entre él mismo y todo el mundo que le rodea, comunión hecha de armonías y de correlaciones. Esta convicción constituye el fondo común de todas las religiones naturales, en las que el cosmos material que el hombre habita es representado como gobernado y sostenido por un mundo espiritual que casi todas las culturas han llamado “cielo”.

Para la Escritura y para la Tradición de los Padres lo que nosotros llamamos el cosmos es como una franja de materia en los bordes del inmenso universo cualitativo que constituye la creación espiritual. El cosmos visible no es sino la parte emergente de un iceberg cuya inmensa masa permanece invisible. Nuestro universo visible está llevado por otra parte de la creación, en la que las perfecciones espirituales que aquí están impresas en la materia existen allí en una forma perfectamente espiritual.

Y lo mismo vale de las libertades. La Sagrada Escritura nos presenta siempre el pecado del ángel y la adopción del hombre como imbricadas la una en la otra. Porque para ella no existe una aventura espiritual de los ángeles que sería como un prefacio de la historia humana y después una aventura espiritual de los hombres que sería como su conclusión. Para la Escritura sólo hay una creación, un único designio creador, una única historia santa. La aventura espiritual de los ángeles y la de los hombres están inextricablemente vinculadas entre sí, para nuestra alegría y para nuestra tristeza; de hecho son la misma aventura; juntos, los ángeles y los hombres, hemos pecado. Y es en la salvación de Cristo donde los hombres nos podemos reintegrar en la familia de los primogénitos, es decir, de los ángeles que han aceptado desde el principio el designio amoroso de Dios sobre su creación.

La existencia de los ángeles nos permite percibir mejor la “insondable riqueza de Cristo” (Ef 3,8), para comprender mejor “en unión con todos los santos, cuál sea la anchura, la longitud, la altura y la profundidad” del “Misterio” o eterno designio del Padre (Ef 3,18). Y así constatamos que “Dios es mayor que nuestro corazón” y nos libera de las angosturas del racionalismo para llevarnos a la contemplación de estas “realidades invisibles” cuya existencia proclamamos en el Credo, y que nos recuerdan que la amplitud del designio divino va más allá de lo “humano”. Los Santos Padres, en los primeros siglos del cristianismo, tenían un sentido muy vivo de que la historia de la humanidad forma parte de una historia del espíritu mucho más amplia. La historia humana tiene una importancia limitada si la referimos a los espacios cósmicos. Sólo adquiere sus verdaderas dimensiones cuando comprendemos que la humanidad forma parte de un cosmos espiritual inmenso, compuesto por distintos mundos espirituales, entre los cuales nuestra Humanidad no representa más que un mundo determinado.

EL PAPEL DE LOS ÁNGELES EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN

Los ángeles y los hombres forman un solo y único universo, una pluralidad estructurada, ordenada, cuyos miembros, a través de su actuación, entretejen entre ellos múltiples vínculos interpersonales, que refuerzan su unidad. Todo lo que ocurre en el universo de los ángeles tiene repercusiones en el universo de los hombres, como también inversamente, aunque se trata de dos tipos asimétricos de influencia según la diferencia de dignidad ontológica entre los ángeles y los hombres. Jesucristo es la cabeza tanto de los hombres como de los ángeles, puesto que san Pablo afirma que él es “la Cabeza de todo Principado y de toda Potestad” (Col 2, 10). Tanto los ángeles como los hombres pertenecen a una sola y misma sociedad espiritual, a una sola y misma Iglesia; comulgan en una misma caridad y esperan comulgar en una misma felicidad eterna, tal como explica santo Tomás.

III Domingo de Cuaresma

19 de marzo de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Danos agua que beber (Éx 17, 3-7)
  • Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: "No endurezcáis vuestro corazón" (Sal 94)
  • El amor ha sido derramado en nosotros por el Espíritu que se nos ha dado (Rom 5, 1-2. 5-8)
  • Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna (Jn 4, 5-42)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

El sacerdocio en la Nueva Alianza

Catequesis parroquial nº 138

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 9 de marzo de 2017

Para escuchar la charla en ivoox, pulse aquí: http://www.ivoox.com/17550323

Para escuchar la charla en YouTube, pulse aquí: https://youtu.be/fdF11xTlr2c


El templo en la Nueva Alianza

Catequesis parroquial nº 137 

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 8 de marzo de 2017

Para escuchar la charla en ivoox, pulse aquí: http://www.ivoox.com/17550066

Para escuchar la charla en YouTube, pulse aquí: 

El culto de la Nueva Alianza: el culto en espíritu y en verdad

Catequesis parroquial nº 136

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 7 de marzo de 2017

Para escuchar la charla en ivoox, pulse aquí: http://www.ivoox.com/17549691

Para escuchar la charla en YouTube, pulse aquí: 

Jesús, Hijo de Dios, ten misericordia de mi que soy un pobre pecador


Oh Jesús, en la riqueza de tu misericordia,
Tú llamaste a los publicanos y los pecadores, vuélvete ahora, de igual modo, hacia mí, 
que soy como ellos,
y acepta mi alabanza como el incienso de la tarde:

Jesús, fuerza invencible,
Jesús, ternura infinita,
Jesús, belleza radiante,
Jesús amor inefable,
Jesús, Hijo de Dios vivo,
Jesús, ten piedad de mí que soy un pecador,
Jesús, sácame de mi ignorancia,
Jesús, disipa mis tinieblas con tu luz,
Jesús, purifícame de todas mis faltas,
Jesús, como al hijo pródigo, condúceme a la casa paterna,

JESÚS, HIJO DE DIOS, TEN MISERICORDIA DE MÍ QUE SOY UN POBRE PECADOR.

El ciego escuchó tus pasos, Señor,
y se puso a gritar: “Hijo de David, ten piedad de mí”.
Tú lo llamaste y le devolviste la vista.
De igual modo, en tu ternura, Señor,
ilumina los ojos de mi corazón. También yo, suplicando, te digo:

Jesús, Creador de los ángeles,
Jesús, Redentor de los hombres,
Jesús, Vencedor del infierno,
Jesús, que has revestido de belleza a todas tus criaturas,
Jesús, reconforta mi alma,
Jesús, ilumina mi inteligencia,
Jesús, colma mi corazón de alegría,
Jesús, da la salud a mi cuerpo,
Jesús, Salvador mío, sálvame,
Jesús, Luz del mundo, ilumíname,
Jesús, de todo tormento, líbrame,

JESÚS, HIJO DE DIOS, TEN MISERICORDIA DE MÍ QUE SOY UN POBRE PECADOR.

Cuando viste a la viuda con el corazón partido,
tuviste piedad, Señor,
y resucitaste a su hijo que ya iban a enterrar.
También yo te suplico,
a Ti, amigo de los hombres,
que devuelvas el vigor a mi alma.

Jesús, Dios desde siempre y para siempre,
Jesús, Maestro muy paciente,
Jesús, Salvador lleno de compasión,
Jesús, inmensa bondad, guárdame,
Jesús, purifícame de mi pecado,
Jesús, aparta tu mirada de mi culpa,
Jesús libra mi corazón de toda mentira,
Jesús, en Ti espero, no me abandones,
Jesús, no me rechaces lejos de Ti,
Jesús, mi Creador, no me olvides,
Jesús, el único buen Pastor, cuida de mí,

JESÚS, HIJO DE DIOS, TEN MISERICORDIA DE MÍ QUE SOY UN POBRE PECADOR.

II Domingo de Cuaresma


12 de marzo de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Vocación de Abrahán, padre del pueblo de Dios (Gén 12, 1-4a)
  • Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti (Sal 32)
  • Dios nos llama y nos ilumina (2 Tim 1, 8b-10)
  • Su rostro resplandecía como el sol (Mt 17, 1-9)
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Lo enrevesado del corazón del hombre


El corazón es lo más retorcido; no tiene arreglo:
¿Quién lo conoce?
(Jeremías 17,9)


(Miriam, la protagonista de la novela, perdió a su madre al nacer y fue educada por la segunda esposa de su padre, una mujer de gran hondura llamada Tsila. Ahora escribe desde Siberia, donde está prisionera de por vida, a su única hija, con el fin de narrarle su propia vida y que ella posea lo que Miriam nunca tuvo: el relato de la vida de su propia madre, de boca de ella. Aquí le cuenta cómo fue engendrada: en la primera y única experiencia sexual que tuvo con el marido de Beile, una hermana de su madre adoptiva Tsila. Al mismo tiempo reflexiona sobre lo difícil que es narrar con verdad la propia vida)

Mientras yo entré a la cocina a prepararme el té, él desapareció en el dormitorio. Cuando reapareció un rato después, llevaba las manos a la espalda.

“Tengo algo para ti”, dijo, y a continuación me mostró un diminuto pájaro azul tallado en madera. “Lo vi en el mercado y me recordó a ti”.

“¿Has comprado esto para mí?”.

Lo sujeté en la palma de mi mano. Encajaba perfectamente. Y estaba tan delicadamente esculpido… cada pluma definida, cada protuberancia de los músculos en un ligero relieve. Las minúsculas garras, sobre las yemas de mis dedos, se sentían ásperas y afiladas.

“¿Te gusta?”, preguntó. 

“Muchísimo”, dije, y él me besó.

Si el beso hubiese sido fuerte y brusco yo habría retrocedido, lo habría apartado de mí, pero fue suave, el roce de su bigote como una pluma contra mis labios, mi rostro, mi cuello.

“No tengas miedo”, susurró, sin dejar de rozarme levemente con la boca mientras sus manos comenzaban a desnudarme.

Todo sucedió muy rápido después de eso, pero no puedo pretender que no sentí ningún placer. Él continuó susurrándome un torrente de ternuras silenciosas, tan tranquilizadoras como el sonido del fluir del agua de un arroyo. Y había calor en sus manos. A medida que se desplazaban sobre las superficies de mi cuerpo, la sangre me brotaba bajo ellas, alzándose hacia la superficie de mi piel para encontrarse con su tacto. Él no me habría penetrado si yo lo hubiera rechazado. Eso lo creo hasta el día de hoy. Pero no lo rechacé, y el golpe de dolor que sentí al principio fue acompañado de un sentimiento afilado no del todo desagradable.

Cuando todo hubo terminado, él fue tan tierno como había sido al comienzo. Recorrió suavemente con sus dedos mis facciones, el largo caballete de mi nariz, la piel sensible de mis párpados, el borde de mis labios, el ancho trazo de mis mejillas, como si codificara mi rostro en la memoria de sus manos, su tacto en la memoria de mi piel. Y asombrada, contemplé como él lavaba de mis muslos nuestros fluidos mezclados. La sangre de mi cuerpo y el líquido blanco del suyo, como Tsila había explicado un día. Tu vida, aunque todavía no te reconocí.

* * *

I Domingo de Cuaresma


5 de marzo de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Creación y pecado de los primeros padres (Gén 2, 7-9; 3, 1-7)
  • Misericordia, Señor, hemos pecado (Sal 50)
  • Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia (Rom 5, 12-19)
  • Jesús ayuna cuarenta días y es tentado (Mt 4, 1-11)
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