La acusación de los pecados


El arrepentimiento es fruto del trabajo en nosotros del Espíritu Santo, el Defensor, que nos defiende del “acusador de nuestros hermanos” (Ap 12, 10), que no es otro sino “el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado diablo y Satanás, el seductor del mundo entero” (Ap 12, 9). Porque el Acusador lo critica todo, denuncia y ve el mal en todas partes, de una manera perversa. Y nosotros tenemos una tendencia a complacernos en lo que dice el Acusador, a rumiar todo aquello de lo que él acusa a los demás e incluso también a nosotros mismos. 

La “acusación de los pecados” que nos sugiere el Diablo es amarga y tiende a conducirnos a una imagen absolutamente negativa de nosotros mismos, como unos seres nefastos y perjudiciales para los demás. El Acusador trata de convencernos de que nosotros somos esos pecados que hemos cometido, que ellos expresan nuestro verdadero y auténtico ser, y que no podemos ser y actuar de otra manera. Su dinámica lleva a la desesperación y a la tentación del suicidio, tal como le ocurrió a Judas (cf. Mt 27, 3-5). 

En cambio la “acusación de los pecados” que suscita en nosotros el Espíritu Santo mediante el arrepentimiento, es dulce y nos conduce a la verdadera imagen de nosotros mismos, como seres de belleza, de comunión y de luz, de reconciliación y de paz, como “iconos de Dios”, creados a su imagen y semejanza, que ahora han manchado su ser por el pecado, pero que están llamados, mediante el arrepentimiento y el perdón, a reencontrar la belleza puesta en ellos por Dios, tal como le ocurrió a Pedro, que, tocado por la mirada de Jesús, “rompió a llorar amargamente” (Cf. Lc 22, 61-62). 


VI Domingo de Pascua

26 de mayo de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables (Hch 15, 1-2. 22-29)
  • Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben (Sal 66)
  • Me mostró la ciudad santa que descendía del cielo (Ap 21, 10-14. 22-23)
  • El Espíritu Santo os irá recordando todo lo que os he dicho (Jn 14, 23-29)
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Las personas con una discapacidad

Las barreras de la persona con una discapacidad mental son normalmente menos fuertes, precisamente porque es menos racional, menos voluntariosa. En efecto, si se siente sola y abandonada hará como todo el mundo: intentará afirmarse, dominar y ganar. Pero si descubre que es amada y que se cree en ella, entonces su corazón de niño que busca comunión y celebración se manifestará más fácilmente que en otros, con mayor rapidez podrá entrar en comunión con los demás, amarlos y darse a ellos. 

Un hombre que no ha sido tocado con amor por su madre, que ha vivido durante mucho tiempo en un medio hospitalario, tiene una carencia afectiva en el nivel de su cuerpo que le hace buscar torpemente el roce de una mujer. Y su torpeza hace que sea, de nuevo, rechazado. No es fácil ayudar a un adulto con carencias en el plano afectivo a encontrar la distancia correcta en su relación con una persona del sexo contrario. Es fácil tocar a un niño con delicadeza y ternura. Pero es mucho más difícil hacerlo con hombres y mujeres perturbados en sus cuerpos y en su sexualidad. Hay que encontrar el medio de tocarles sin ponerles en peligro, de una forma lícita. Por ejemplo, cuando están enfermos o se quejan de un dolor particular. O bien mediante bromas amistosas en las que hay toques mutuos, mediante juegos y bailes folclóricos, donde el hombre y la mujer saben cómo tocarse mutuamente porque hay reglas precisas que se deben respetar. 

V Domingo de Pascua

19 de mayo de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Contaron a la Iglesia lo que Dios había hecho por medio de ellos (Hch 14, 21b-27)
  • Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey (Sal 144)
  • Dios enjugará toda lágrima de sus ojos (Ap 21, 1-5a)
  • Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros (Jn 13, 31-33a. 34-35)
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Inmensa Potencia de Dios

Inmensa Potencia de Dios, 
invocación de la Trinidad, 
fe en Tres Personas, 
Confesión de un Dios único, 
Yo te invoco.

Potencia de Dios que me conduce, 
Sabiduría de Dios que me guía, 
Mirada de Dios que me concede ver, 
Oído de Dios que me concede escuchar, 
Palabra de Dios que me concede hablar, 
Mano de Dios que me guarda, 
Camino de Dios que me traza el camino, 
Escudo de Dios que me protege 
¡Yo te invoco en este día!

Potencia de los cielos, yo te invoco:
pon una coraza sobre mí 
contra todos los que me quieren hacer daño, 
contra todas las fuerzas que quieren destruir mi cuerpo y mi alma, 
contra las redes del diablo y la seducción de los vicios, 
contra las solicitaciones de la naturaleza 
y contra todo error, 
contra las opiniones de los falsos profetas 
y contra toda sabiduría prohibida al hombre.

Oh Cristo, Potencia de Dios, defiéndeme 
del veneno y de la muerte por el fuego, 
de la guerra, de todo accidente mortal y de toda herida. 
Por tu poder que toda bendición descienda sobre mí. 
Cristo conmigo, Cristo delante de mí, 
Cristo detrás de mí, Cristo en mí, 
Cristo debajo de mí y por encima de mí, 
Cristo a mi derecha y a mi izquierda. 
Que Cristo esté conmigo cuando me acuesto y cuando me levanto, 
que Cristo esté en el corazón de todo el que piense en mí, 
que Cristo esté en la boca de todo el que hable de mí, 
que Cristo esté en la mirada de todo el que me mire 
y en el oído de quien oiga hablar de mí. 

Inmensa Potencia de Dios, yo te invoco.

(S. Patricio, s. V)

IV Domingo de Pascua

12 de mayo de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Sabed que nos dedicamos a los gentiles (Hch 13, 14. 43-52)
  • Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño (Sal 99)
  • El Cordero los apacentará y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas (Ap 7, 9. 14b-17)
  • Yo doy la vida eterna a mis ovejas (Jn 10, 27-30)
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Conversación con Georges Steiner (II)

Creo que el judío tiene una misión: la de ser un peregrino de las invitaciones. La de ser por todas partes un invitado para tratar, muy lentamente, dentro de los límites de sus capacidades, de explicar al hombre que en la tierra somos todos invitados. De enseñar a nuestros conciudadanos de la vida que debemos aprender ese arte tan difícil de sentirse en casa en todas partes. Y el de contribuir a cada comunidad a la que se le invita. Y si llega el día en el que toca preparar el equipaje y partir, puede resultar terriblemente difícil, angustioso, sumamente duro en términos materiales, pero para mí eso forma parte de la misión del judío. Y si mañana tuviera que empezar de cero –aunque a mi edad no es muy probable- en Indonesia, digamos, lo primero que haría sería aprender indonesio. Lo que me vendría muy bien, porque me he vuelto muy perezoso.  

Mi primer trabajo sería muy poca cosa, pero soy lo bastante arrogante para pensar que el segundo sería mucho mejor. En fin, ojalá acabara diciendo a Dios nuestro Señor: “¡Esta historia es la mar de interesante!”. En todo caso, lo que no haría, y eso se lo puedo asegurar, sería gritar: “¿Cómo me ha podido pasar esto? ¿Por qué a mí? ¿Por qué soy una víctima?”. ¡En absoluto! “Esta historia es fascinante, Señor”. Fascinantes, todas esas nuevas culturas por descubrir. Humani nihil a me alienum, como dijo el gran poeta latino: nada humano me es ajeno. Uno puede sentirse en casa en todas partes. Dadme una mesa de trabajo y ya tengo una patria. No creo ni en el pasaporte –cosa ridícula- ni en la bandera. Creo profundamente en el privilegio del encuentro con lo nuevo.  

III Domingo de Pascua

5 de mayo de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo (Hch 5, 27b-32. 40b-41)
  • Te ensalzaré, Señor, porque me has librado (Sal 29)
  • Digno es el Cordero degollado de recibir el poder y la riqueza (Ap 5, 11-14)
  • Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado (jn 21, 1-19)
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Palabras cristianas

Los cristianos no debemos tener miedo de nada. No tenemos nada que pedir ni nada que imponer, sino que debemos testimoniar que la vida tiene un sentido, que es inmensa, que se abre sobre la eternidad. Porque Dios existe, Dios existe, y este Desconocido es nuestro amigo. 

El corazón del problema del hombre es que el hombre se construye o se destruye en la aceptación o el rechazo de lo espiritual.

Conviene prescindir de la noción jurídica o moralista de mérito. El santo es un pecador consciente de su pecado, cada vez más consciente de ser “el primero de los pecadores”, y por ello mismo transparente a la santidad del “único santo”, Cristo nuestro Salvador.

El monacato del siglo IV apareció para recordar, en el momento en el que se organizaba el imperio cristiano, que el sentido último del cristianismo no es solucionar los problemas de esta tierra, sino la violencia que se apodera del Reino de los cielos. 

Hacerse oración es el destino del hombre, como volar es el del pájaro. Y el hombre hecho oración, aunque sea un perfecto desconocido, ignorado por todos, y esté recluido en lo profundo de una cueva, restablece la unidad de lo divino y de lo humano, y permite al agua viva del Espíritu irrigar secretamente el universo y todas las obras de los hombres. 

El amor no puede cambiar la vida si no está sostenido y alimentado por una intercesión silenciosa.



Autor: Olivier CLÉMENT
Título: Dialogues avec le Patriarche Athénagoras
Editorial: Fayard, Paris, 1976 (pp. 17, 23, 59, 61, 65)






II Domingo de Pascua

28 de abril de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Crecía el número de los creyentes, una multitud tanto de hombres como de mujeres, que se adherían al Señor (Hch 5, 12-16)
  • Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia (Sal 117)
  • Estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos (Ap 1, 9-11a. 12-13. 17-19)
  • A los ocho días llegó Jesús (Jn 20, 19-31)
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El cuerpo

Los griegos entendieron que en el cuerpo había un misterio y por eso lo usaron como objeto preferido de arte, sobre todo en la escultura. Pero, a la vez, consideraron solo el cuerpo sano, hermoso, lleno de vida. ¿Qué lugar había en su concepción para el cuerpo sufriente, el de los esclavos, el de los enfermos? Pienso que realizaron una especie de abstracción del cuerpo sin comprender todas las experiencias y dimensiones de este, especialmente el dolor y la fragilidad.

La tendencia actual del “culto al cuerpo” bebe directamente de esta fuente, pero en modo exponencialmente exagerado. Olvidamos fácilmente que el cuerpo, albergando un impulso hacia lo divino, está llamado a expresarse más allá de sí mismo. Esta equivocación se funda en las ideologías antihumanistas del siglo XX. En la Congregación para la Doctrina de la Fe que presido tenemos numerosos documentos, algunos de ellos expuestos en modo permanente en nuestro Archivo, que testimonian que en la concepción del cuerpo del fascismo y el nacionalsocialismo se escondían el ‘biologismo’ y el racismo. En el comunismo, una expresión más del totalitarismo, sucedía también algo parecido: todas estas ideologías formaban a los niños y a la juventud focalizándolos en un cuerpo sano pues, en realidad, les interesaba contar con soldados resistentes que impusieran la locura de las ideas políticas elaboradas en el laboratorio del poder y con madres que engendraran nuevos soldados. Quisiera subrayar también que estas tres ideologías son fruto de una modernidad construida de espaldas a Dios, en la cual nosotros nos movemos. Por ello, no nos debe sorprender que en la actual lógica fragmentaria de la propaganda y de los mass media que sustentan el mercado, el cuerpo sea considerado como un simple objeto de comercio y de consumo.

Para entender bien el cuerpo, hace falta reconocer a Dios como creador y al hombre como criatura. Fijémonos en el arte cristiano: la representación del cuerpo de Adán y Eva es el modelo de todo lo que Dios ha creado, son cuerpos bellos porque son buenos, pues expresan que lo que ha hecho Dios es bueno, que nosotros procedemos de Él y que Él nos ha formado buenos. Pero a la vez, el cristianismo no olvida el sufrimiento y el dolor: entre las imágenes más características del arte cristiano, también encontramos al crucificado, lleno de heridas y deformado o al enfermo, en la primera representación del cuerpo lacerado por el dolor en algunos sarcófagos romanos que representan los milagros de Jesús. En estas primitivas figuraciones del arte cristiano, el dolor del cuerpo revela un camino para reconocer el amor redentor de Dios. La tercera figuración característica de aquel primer cristianismo es la del cuerpo resucitado, lleno de la gloria y del amor de Dios: su mensaje es que Dios no desprecia el cuerpo, sino que lo colma plenamente de vida, vinculando la esperanza del hombre a su dimensión corporal. Representando a Cristo resucitado se representaba el futuro y el fin del hombre.

Vigilia PascuaL

20 de abril de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno (Gén 1, 1 - 2, 2)
  • Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra (Sal 103)
  • El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe (Gén 22, 1-18)
  • Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti (Sal 15)
  • Los hijos de Israel entraron en medio del mar, por lo seco (Éx 14, 15- 15, 1a)
  • Cantaré al Señor, gloriosa es su victoria (Éx 15, 1-18)
  • Con amor eterno te quiere el Señor, tu libertador (Is 54, 5-14)
  • Te ensalzaré, Señor, porque me has librado (Sal 29)
  • Venid a mí y viviréis. Sellaré con vosotros una alianza perpetua (Is 55, 1-11)
  • Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación (Is 12, 2-6)
  • Camina al resplandor del Señor (Bar 3, 9-15. 32 - 4,4)
  • Señor, tú tienes palabras de vida eterna (Sal 18)
  • Derramaré sobre vosotros un agua pura, y os daré un corazón nuevo (Ez 36, 16-17a. 18-28)
  • Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío (Sal 41)
  • Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más (Rom 6, 3-11)
  • Aleluya, aleluya, aleluya (Sal 117)
  • ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? (Lc 24, 1-12)
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Viernes Santo

19 de abril de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Él fue traspasado por nuestras rebeliones (Is 52, 13 - 53, 12)
  • Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu (Sal 30)
  • Aprendió a obedecer; y se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación (Heb 4, 14-16; 5, 7-9)
  • Pasión de nuestro Señor Jesucristo (Jn 18, 1 - 19, 42)
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Jueves Santo

18 de abril de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Prescripciones sobre la cena pascual (Éx 12, 1-8. 11-14)
  • El cáliz de la bendición es comunión de la sangre de Cristo (Sal 115)
  • Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor (1 Cor 11, 23-26)
  • Los amó hasta el extremo (Jn 13, 1-15)
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Disponible al Señor


Señor,
iré donde tú quieras que vaya,
haré lo que tú quieras que haga,
diré lo que tú quieras que diga,
y entregaré lo que tú quieras que entregue.

Domingo de Ramos

14 de abril de 2019
(Ciclo C - Año impar)







Procesión:
Misa:
  • No escondí el rostro ante ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado (Is 50, 4-7)
  • Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
  • Se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó sobre todo (Flp 2, 6-11)
  • Pasión de nuestro Señor Jesucristo (Lc 22, 14-23, 56)
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Conversación con Georges Steiner (I)

Sufrimiento y límites

Laure Adler Hay algo, señor Steiner, que evoca su amigo Alexis Philonenko en los Cahiers de l’Herne: ese brazo, esa deformidad, ese defecto físico; se refiere a ello diciendo que tal vez le haya hecho sufrir en la vida. Y a pesar de todo usted nunca habla de ello.

Georges Steiner Obviamente me resulta muy difícil tener un juicio objetivo al respecto. La clave en mi vida fue el genio de mi madre, una gran dama vienesa. Era multilingüe, claro, y hablaba francés, húngaro, italiano e inglés; era sumamente orgullosa en su fuero interno, pero no lo manifestaba; y tenía una increíble confianza en sí misma.

Yo tendría tres o cuatro años; no estoy seguro de la fecha precisa, pero fue un episodio decisivo en mi vida. Mis primeros años fueron muy difíciles porque mi brazo estaba prácticamente pegado a mi cuerpo; los tratamientos eran muy dolorosos, iba de un sanatorio a otro. Y ella me dijo: “¡Tienes una suerte increíble! Te librarás del servicio militar”. Esa conversación cambió mi vida. “¡Qué suerte tienes!”. Era extraordinario que se le hubiera ocurrido algo así. Y era verdad. Pude empezar mis estudios superiores dos o tres años antes que mis coetáneos, que estaban haciendo el servicio militar.

También eso fue, me parece, lo que me ha permitido comprender ciertos estados, ciertas angustias de los enfermos que no alcanzan a concebir los apolos, los que tienen la suerte de tener un cuerpo magnífico y una salud estupenda. ¿Cuál es la relación entre el sufrimiento físico y mental y ciertos esfuerzos intelectuales? No cabe duda de que todavía no la comprendemos del todo. No debemos olvidar que Beethoven era sordo, Nietzsche tenía migrañas terribles y Sócrates era feísimo. Es muy interesante tratar de descubrir en los demás lo que han podido superar. Cuando estoy cara a cara con alguien siempre me pregunto: ¿qué vivencias ha tenido esa persona? ¿Cuál ha sido su victoria o su gran derrota?

La lectura

La lectura requiere ciertas condiciones bastante especiales. La gente no suele darse cuenta. Para empezar, presupone mucho silencio. El silencio se ha convertido en lo más caro y lujoso del mundo. En nuestras ciudades (que en la actualidad funcionan veinticuatro horas al día: Nueva York, Chicago o Londres viven tanto de día como de noche), el silencio cuesta más que el oro.

V Domingo de Cuaresma

7 de abril de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Mirad que realizo algo nuevo; daré de beber a mi pueblo (Is 43, 16-21)
  • El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres (Sal 125)
  • Por Cristo lo perdí todo, muriendo su misma muerte (Flp 3, 8-14)
  • El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra (Jn 8, 1-11)
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La propia debilidad

Feliz el hombre que conoce su debilidad: este conocimiento será para él fundamento y principio para todas las cosas buenas y bellas.

El hombre que ha llegado al conocimiento de su propia debilidad ha llegado al fondo de la humildad.

Si recuerdas siempre y conoces con exactitud que eres débil, no sobrepasarás nunca la línea fronteriza de la vigilancia.

Isaac de Nínive (Siglo VII)

IV Domingo de Cuaresma

31 de marzo de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • El pueblo de Dios, tras entrar en la tierra prometida, celebra la Pascua (Jos 5, 9a. 10-12)
  • Gustad y ved qué bueno es el Señor (Sal 33)
  • Dios nos reconcilió consigo por medio de Cristo (2 Cor 5, 17-21)
  • Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido (Lc 15, 1-3. 11-32)
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La fe de los demonios y la fe de los cristianos

La diferencia entre la fe de los demonios y la de los cristianos se puede expresar esquemáticamente diciendo que la primera “se tiene” mientras que la segunda “nos tiene”. La fe hace que el fiel entre en una oscuridad más profunda que la noche del ateísmo, que es sólo una noche superficial, y en una luz más deslumbrante que las claridades de Satán, que son claridades a su medida. Se ve mejor qué deficiente puede ser la expresión “tener fe”. Sólo los demonios tienen fe como se tiene un objeto en la palma de la mano y se maneja a voluntad. Pero la fe formada por la caridad, más que poseerla el fiel, lo desposee a él de sí mismo. Es un tener que le hace perder todo, incluso él mismo, por Cristo. Tan cierto es que no tiene la fe, que la fe lo tiene a él, que lo desnuda y lo deja abrazarse en el amor.

El modelo de esa virtud lo revela de inmediato. María no se planta ante la Revelación como ante la claridad de un teorema, ni disfruta de la fe como del más romántico de los sentimientos. Camina en la ignorancia más que en el conocimiento. Y conoce el desgarro más que las delicias: Y a ti una espada te atravesará el alma, le profetiza el viejo Simeón (Lc 2, 35). Para ella, el misterio es aún más misterioso, pues su oscuridad no procede de un defecto, sino de un exceso de luz. Su fe es más perfecta porque la arroja mejor en brazos de lo incomprensible. Su noche es más intensa porque es más bien una noche de bodas. El episodio del niño perdido y hallado en el Templo lo dice literalmente. Aquella cuya fe no desfalleció no deja de gritar retomando y sobrepasando los gritos de Job: Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando (Lc 2, 48). ¿Cómo? ¿María preguntándole a Dios: Por qué nos has hecho esto? ¿María expresando un tormento suyo causado por Jesús? La fe de María es una fe sin falta; no es una fe, sin embargo, sin fractura: sufre aquí abajo algo comparable a las penas del infierno y que consiste en la espada de ese amor que abre en su corazón una fractura lo bastante grande para acoger en ella la plenitud desgarradora del misterio divino. A su pregunta: ¿Por qué nos has hecho esto? Dios responde con su voz de niño de doce años. Una revelación directa de la que María y José deberían estar al corriente a partir de entonces. Peor el Evangelio declara: Ellos no comprendieron la respuesta que les dio (Lc 2, 50). ¿Qué la distingue entonces de aquellos otros de los que el Hijo dirá, citando a Isaías, que oyen sin entender (Lc 8, 10)? Simplemente esto: Su Madre Conservaba cuidadosamente estas cosas en su corazón (Lc 2, 51). La Palabra es una espada, su corazón es vaina para ella. Allí donde otros lo cierran, el suyo sigue abierto para que lo incomprensible more en él con todo su cortante filo.

III Domingo de Cuaresma

24 de marzo de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • "Yo soy" me envía a vosotros (Éx 3, 1-8a. 13-15)
  • El Señor es compasivo y misericordioso (Sal 102)
  • La vida del pueblo con Moisés en el desierto fue escrita para escarmiento nuestro (1 Cor 10, 1-6. 10-12)
  • Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera (Lc 13, 1-9)
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El reinado de Cristo

¡Oh Cristo, tú eres el único rey que reina sobre mí!
¡Oh bondad inefable,
que siempre eres vencido por la compasión
dominado por la misericordia,
impulsado por tu amor,
forzado por tu bondad
y obligado por tu dulzura!

Tú no te cansas nunca de suplicarme que vuelva a ti;
tú no te detienes nunca corriendo tras de mí;
tú me llamas y aunque yo me hago el sordo,
tú no te enfadas conmigo.

¡Conmigo, que soy malo, tú eres bueno;
conmigo, que soy culpable, tú eres indulgente;
conmigo que soy pecador, tú expías mis pecados;
conmigo que soy tinieblas, tú eres la luz;
conmigo que estoy muerto, tú eres Vida!


San Gregorio de Narek (+1010)


II Domingo de Cuaresma

17 de marzo de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Dios inició un pacto fiel con Abrahán (Gén 15, 5-12. 17-18)
  • El Señor es mi luz y mi salvación (Sal 26)
  • Cristo nos configurará según su cuerpo glorioso (Flp 3, 17- 4, 1)
  • Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió (Lc 9, 28b-36)
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La reconciliación

Catequesis parroquial nº 151
Retiro de Cuaresma 2019 (3/3)

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 14 de marzo de 2019

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La necesidad de perdonar siempre

Catequesis Parroquial nº 150
Retiro de Cuaresma 2019 (2/3) 

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 13 de marzo de 2019

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La necesidad de arrepentirnos y pedir perdón

Catequesis parroquial nº 149
Retiro de Cuaresma 2019 (1/3) 

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 12 de marzo de 2019

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I Domingo de Cuaresma

10 de marzo de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Profesión de fe del pueblo elegido (Dt 26, 4-10)
  • Quédate conmigo, Señor, en la tribulación (Sal 90)
  • Profesión de fe del que cree en Cristo (Rom 10, 8-13)
  • El Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado (Lc 4, 1-13)
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El desafío del tiempo

(Gueorgui Vorotíntsev es un joven oficial del Ejército Ruso, adscrito al Estado Mayor del frente en la guerra contra los alemanes en 1914. Se halla inspeccionando las tropas rusas en la Prusia recién invadida, y mientras afronta una cabalgada de seis días en solitario, para conocer bien el terreno, va reflexionando sobre su matrimonio con la joven y bella Alina)

A decir verdad, había aún otra causa de la sensación de ligereza que entonces experimentaba.

Se sentía ahora tan a gusto en primera línea porque se había separado de su mujer.

En un primer momento, ni siquiera había dado crédito a esta sensación: la separación nunca había sido antes motivo de alegría o de alivio. Pero tres semanas atrás, en Moscú, cuando en el Estado Mayor de la circunscripción se recibió la orden de la movilización general y toda su cabeza y todo su pecho quedaron invadidos por el problema común al conjunto del país, Vorotíntsev advirtió cómo por los peñascos de la guerra se deslizaba cual una irisada lagartija este pensamiento: ahora, como es lógico, se vería apartado por largo tiempo de su mujer, descansaría de ella.

¿De su mujer, a la que amaba? ¡No lo habría creído! Ocho años atrás había llevado al altar a aquella etérea maravilla blanca con el único temor de que ella pudiera volverse atrás en el último minuto; ¡no lo habría creído!

Se conocieron a raíz de su regreso de la guerra contra el Japón, cuando se hallaba poseído del particular entusiasmo posbélico de vivir: ¡Me he salvado! ¡Ahora viviré largamente! ¡Ahora quiero ser feliz! ¡Ha llegado el momento de casarse! Y desde el primer paso que dio hacia ella y le besó la mano, desde la primera palabra que le oyó decir, lo decidió: ¡es ella, es ella! -cuando todavía sin tener conciencia la miraba, la comparaba con cuantas la rodeaban-, es la única, la mejor de la tierra; ha sido creada para mí. Ella no lo comprendió así de buenas a primeras, su declaración la recibió con cierto coqueteo, sin decidirse a darle el sí, ¡pero él lo comprendió al instante!

VIII Domingo del Tiempo Ordinario

3 de marzo de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • No elogies a nadie antes de oírlo hablar (Eclo 27, 4-7)
  • Es bueno darte gracias, Señor (Sal 91)
  • Nos da la victoria por medio de Jesucristo (1 Cor 15, 54-58)
  • De lo que rebosa el corazón habla la boca (Lc 6, 39-45)
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Sobre el silencio

El abba Isaías dijo: "Ama callar más que hablar. Puesto que el callar economiza y el hablar dispersa" (IV, 18).

El abba Macario el Grande, decía en Scitia a los hermanos después de la misa en la iglesia: "Huid, hermanos". Y uno de los Padres le dijo: "¿Dónde podremos huir más lejos de este desierto?". El abba puso su dedo en la boca y dijo: "Huid de esto"; y él entró en su celda y, cerrando la puerta, se quedaba solo (IV, 30).

El abba Titoés decía: "Nuestra verdadera peregrinación es dominar nuestra propia boca" (IV, 52).

Otro hermano preguntó al mismo abba Pastor diciendo: "Si veo alguna cosa, ¿quieres que te lo diga?". El anciano le respondió: "Está escrito: Aquel que responde antes de escuchar, acarrea necedad y deshonra sobre sí [Prov 18,13]. Si has sido interrogado, habla; pero si no, guarda silencio" (X, 86).

Un hermano principiante preguntó a un anciano: "¿Qué es lo mejor: callar o hablar?". Él le dijo: "Si las palabras son inútiles, déjalas y calla; pero si son buenas, dale lugar al bien y habla. Sin embargo, aunque sean buenas, no prolongues el final del discurso, y estarás en el descanso" (X, 163).

Un hermano dijo a un anciano: "Dime una práctica". El anciano le respondió: "Aparta de ti la discusión acerca de cualquier asunto, y serás salvo" (X, 179).



Título: Apotegmas de los padres del desierto
Editorial: Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2017







VII Domingo del Tiempo Ordinario

24 de febrero de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • El Señor te ha entregado hoy en mi poder, pero yo no he querido extender la mano (1 Sam 26, 2. 7-9. 12-13. 22-23)
  • El Señor es compasivo y misericordioso (Sal 102)
  • Lo mismo que hemos llevado la imagen del hombre terrenal, llevaremos también la imagen del celestial (1 Cor 15, 45-49)
  • Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso (Lc 6, 27-38)
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Lo demoníaco y lo femenino

Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar (Gn 3, 15). Según este versículo, lo que va contra lo demoníaco y acaba por aplastar la cresta de su orgullo son estas dos cosas: lo femenino y la filiación. 

Conviene definir lo femenino. Conocemos la concretísima definición de Aristóteles en su De generatione animalium: “Entendemos por macho aquel ser que engendra en otro y por hembra aquel ser que engendra en sí”. Lo masculino corresponde a una operación transitiva y, por eso, visible: arroja su simiente fuera de sí mismo; su tiempo sexual es corto, su espacio, el de afuera; es el espacio-tiempo de la eyaculación. Lo femenino corresponde a una operación inmanente y por eso invisible: acoge en sí algo que se hace incluso a pesar suyo; su tiempo sexual es largo, su espacio, el de la interioridad; es el espacio-tiempo de la gestación. Llevar al otro en sí, dejar que se opere en su seno un oscuro crecimiento, ¿no son esas cualidades de lo femenino exactamente las del alma en su relación con su Creador y Salvador? Porque el alma -y el Cantar de los Cantares bastaría para probarlo al presentar al pueblo elegido bajo la figura de la esposa- debe estar metafísicamente en una postura femenina en relación con Dios: la de una receptividad a la gracia que opera en nosotros a pesar nuestro, como en la parábola propia de Marcos que compara el Reino con un grano que crece por sí solo. 

De esta postura femenina es precisamente de la que reniega lo demoníaco. El diablo no tiene entrañas. No acoge al otro en su corazón, como aquello que sería más querido que uno mismo. Por supuesto, esta división entre lo femenino y lo masculino no se corresponde con exactitud a la de la mujer y el hombre. Ambos pueden dejarse seducir por lo demoníaco y entonces, como el hombre ya no es masculino, sino fálico, la mujer ya no es femenina, sino histérica: “La Venus eterna (capricho, histeria, fantasía) es una de las formas seductoras del Diablo”, afirma Baudelaire. Esta Venus eterna es la mujer que renuncia a las profundidades de la matriz, es decir, a un recogimiento profundo de lo invisible. 

VI Domingo del Tiempo Ordinario

17 de febrero de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Maldito quien confía en el hombre; bendito quien confía en el Señor (Jer 17, 5-8)
  • Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor (Sal 1)
  • Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido (1 Cor 15, 12. 16-20)
  • Bienaventurados los pobres. Ay de vosotros, los ricos (Lc 6, 17. 20-26)
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Tu belleza es inaccesible

Tu belleza es inaccesible,
tu esplendor no tiene igual,
tu gloria es incomparable.
¿Quién te ha visto o podría verte por completo, a Ti, Dios mío?
¿Qué ojo tendrá la fuerza de contemplar el Todo?
¿Quién podrá percibir al que está por encima del Todo
y comprender y contemplar al que mantiene unidos todos los seres,
que está fuera de ellos
y que, llenando el Todo y todo lo que contiene,
se encuentra siempre, de un modo inexplicable,
todo entero fuera del Todo?


(San Simeón el Nuevo Teólogo, +1022)

V Domingo del Tiempo Ordinario

10 de febrero de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Aquí estoy, mándame (Is 6, 1-2a. 3-8)
  • Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor (Sal 137)
  • Predicamos así, y así lo creísteis vosotros (1 Cor 15, 1-11)
  • Dejándolo todo, lo siguieron (Lc 5, 1-11)
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La muerte del amigo

(El P. Francisco Chisholm, sacerdote escocés misionero en China, ha creado un humilde dispensario para atender las necesidades sanitarias de la pobre gente que le rodea. En esa tarea le ayuda, desde la lejana Escocia, un amigo suyo de la infancia y adolescencia, que es médico y que le envía paquetes con material sanitario. Para sorpresa suya, este viejo amigo suyo, Willie Tulloch, decide trasladarse a China por un tiempo, para ayudarle a él en esa labor. Nada más llegar, se declara la peste y ellos dos, junto con la madre María Verónica, una aristócrata alemana que no congenia para nada con el estilo sencillo y humilde del P. Francisco, pero que es muy eficiente como en la atención a los enfermos, y un teniente del ejército chino llamado Shon, se prodigan atendiendo a los pacientes. El Dr. Tulloch es un agnóstico recalcitrante, que ya de joven discutía con Francisco de cuestiones religiosas, sin ponerse nunca de acuerdo, pero queriéndose siempre mucho como amigos. La peste termina por afectar al Dr. Tulloch y Francisco, tiene que asistir, impotente y desconcertado, a la muerte de su amigo)

Francisco se aproximó al lecho. Sentía un gran temor. La muerte les había acompañado a lo largo de aquellas semanas como algo familiar, terrible, pero común. Pero ahora que la sombra de la muerte cubría a su amigo, sentía un dolor terrible.

Tulloch no había perdido la consciencia y reconoció a Francisco. Procuró sonreír:

- Vine en busca de aventuras y parece que las he encontrado.

Y un momento después, entornando los ojos, añadió como si se le acabase de ocurrir una idea:

-Soy débil como un gato, Francisco.

IV Domingo del Tiempo Ordinario

3 de febrero de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Te constituí profeta de las naciones (Jer 1, 4-5. 17-19)
  • Mi boca contará tu salvación, Señor (Sal 70)
  • Quedan la fe, la esperanza y el amor. La más grande es el amor (1 Cor 12, 31-13,13)
  • Jesús, como Elías y Eliseo, no solo es enviado a los judíos (Lc 4, 21-30)
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El corazón de Jesús y el corazón del hombre


Charla dada por D. Fernando Colomer en la capilla de Adoración Eucarística Perpetua de Murcia, para profundizar en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús (1 de febrero de 2019)

Señor, has sido bueno con tu tierra (Salmo 84)



Catequesis parroquial nº 148

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 19 de diciembre de 2018
(Audio no disponible)


1 Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Salmo 

Comenta san Jerónimo: Todo salmo que se titule “de los hijos de Coré” no trata de nada triste, sino siempre de hechos alegres. Pues aunque Coré, Datán y Abirón fueron castigados por el Señor por sublevarse contra Moisés, los hijos de Coré, que no se comportaron como su padre, fueron bendecidos con una eterna alegría. Dado que “Coré” significa “calvario”, y es manifiesto que el término “Calvario” designa el lugar de la resurrección, todo aquel que es hijo de Coré es hijo de la resurrección y no puede tener tristeza alguna.


2 Señor, has sido bueno con tu tierra, has restaurado la suerte de Jacob,


San Agustín explica que el profeta habla en pasado narrando como acontecido lo que ha de acontecer, porque para Dios lo que ha de acontecer ya aconteció. Pues estas palabras, como afirma san Jerónimo, se refieren a la venida de Cristo, nuestro Salvador. La tierra que había ofendido a Dios, que se había manchado con idolatrías, que había producido abrojos y espinas (cf. Gn 3,18), ha sido salvada con la venida de Cristo, nuestro Salvador. 

El cristianismo y las religiones




Autor
Fernando Colomer Ferrándiz 

Título
El Cristianismo y las Religiones 

Edita 
Instituto Teológico “San Fulgencio” (Murcia) 

ISBN 
978-84-09-07061-9 



Pedidos a:

Librería Diocesana 

Teléfono
(+ 34) 968 21 24 89 

Correo electrónico
librerias@diocesisdecartagena.org

III Domingo del Tiempo Ordinario

27 de enero de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Leyeron el libro de la Ley, explicando su sentido (Neh 8, 2-4a. 5-6. 8-10)
  • Tus palabras, Señor, son espíritu y vida (Sal 18)
  • Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro (1 Cor 12, 12-30)
  • Hoy se ha cumplido esta Escritura (Lc 1, 1-4; 4, 14-21)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

La salvación de todos

Según el espíritu del Amor de Cristo no es extraño, sino algo perfectamente natural, compartir la responsabilidad de la falta de quien amamos e incluso reivindicarla íntegramente. Más aún, es asumiendo la falta de otro como se revela la autenticidad del amor y se adquiere la verdadera conciencia de él; ¿dónde estaría el sentido del amor, si no se conservara más que por su lado agradable? Cuando se toman libremente sobre sí la falta y el castigo del ser amado, entonces alcanza el amor la perfección en todas sus dimensiones.

Muchos hombres no pueden o no quieren aceptar de buen grado las consecuencias del pecado original de Adán. Dicen: “Adán y Eva han comido la fruta prohibida, ¿en qué me concierne eso? Estoy dispuesto a responder de mis pecados, pero solamente de los míos y no de los pecados de los demás”. Y no comprenden que con esta reacción de su corazón repiten en sí mismos el pecado de nuestros primeros padres. Adán negó su responsabilidad desembarazándose de su falta en Eva y en Dios, que le había dado a ésta como mujer, y a causa de ello rompió la unidad del ser humano y su unión con Dios. Así, cada vez que rehusamos asumir nuestra responsabilidad del mal universal, de los actos de nuestro prójimo, repetimos el mismo pecado y rompemos la unidad del ser humano y su unión con Dios. En el Paraíso el Señor llamó a Adán al arrepentimiento, es lícito pensar que si, en vez de justificarse, Adán hubiera asumido la responsabilidad del pecado común, del suyo y del de Eva, el destino del mundo hubiese sido distinto. Del mismo modo, el destino del mundo será distinto si respondemos positivamente al Señor venido en la carne que renueva su llamada al arrepentimiento, y si cargamos sobre nosotros el peso de las faltas de nuestro prójimo.

El amor de Cristo no soporta la pérdida de ningún hombre y en su deseo de salvarlos a todos y en vistas a alcanzar este objetivo, sigue el camino del sacrificio. El Señor da al monje el amor del Espíritu Santo, y este amor llena el corazón del monje de dolor por los hombres, porque estos no están todos ellos en el camino de la salvación. El Señor mismo se afligió tanto por el pueblo que se entregó a la muerte en cruz. La Madre de Dios lleva en su corazón esta misma compasión por los hombres; y como su Hijo amado, deseaba con todo su ser la salvación de todos. Es el mismo Espíritu Santo que el Señor entregó a los Apóstoles, a nuestros Santos Padres y a los pastores de la Iglesia.

San Silouan del Monte Athos


II Domingo del Tiempo Ordinario

20 de enero de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Se regocija el marido con su esposa (Is 62, 1-5)
  • Contad las maravillas del Señor a todas las naciones (Sal 95)
  • El mismo y único Espíritu reparte a cada uno en particular como él quiere (1 Cor 12, 4-11)
  • Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea (Jn 2, 1-11)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Alma de Cristo

Alma de Cristo, santifícame
Cuerpo de Cristo, sálvame
Sangre de Cristo, embriágame
Agua del costado de Cristo, lávame
Pasión de Cristo, fortaléceme
¡Oh buen Jesús, óyeme!
Dentro de tus llagas, escóndeme
No permitas que me aparte (sea separado) de ti
Del maligno enemigo, defiéndeme
En la hora de mi muerte llámame y mándame ir a ti,
para que con tus santos te alabe
por los siglos de los siglos. Amén.


Esta conocida oración la encontramos por primera vez en algunos manuscritos de los siglos XIV y XV, y debió de alcanzar una gran difusión como lo demuestra el hecho de que san Ignacio de Loyola la recomienda en sus Ejercicios Espirituales denominándola simplemente con el título Anima Christi suponiendo, evidentemente, que todos sus lectores la conocían. Pero sobre su autor no sabemos nada con certeza.

Una cosa es cierta: que esta oración nos sitúa en el corazón de la teología católica, que es Cristo presente en medio de nosotros, también después de la resurrección y ascensión al cielo, con su realidad verdadera, aunque velada, en el organismo de la Iglesia y en el sacramento del altar. Y lo hace subrayando la importancia de la humanidad de Cristo. De hecho esta oración se desarrolló, al principio, como oración ante la Hostia consagrada o como oración de acción de gracias después de la comunión, a partir del siglo XIX. Es evidente que la oración es muy idónea para tomar conciencia de la realidad de la Eucaristía, del don que se estaba contemplando o se acababa de recibir.

La oración está compuesta por once aspiraciones dirigidas al Redentor: las cinco primeras a través de alguna realidad de su humanidad (alma, cuerpo, sangre…) y las cinco siguientes dirigidas directamente a Él, a su Persona. Las cinco primeras aspiraciones subrayan el “de Cristo”, puesto que todo el valor del alma, del cuerpo, de la sangre, del agua y de la pasión procede del hecho de que son “de Cristo”, que no es un hombre cualquiera sino que es el Hijo de Dios, Dios él mismo.

Alma de Cristo, santifícame

En el Nuevo Testamento encontramos tan solo tres veces el sustantivo “alma” referido a Cristo. Uno en referencia inminente a la pasión, cuando Cristo dice que su alma esta “turbada” (Jn 12, 27) y los otros dos referidos al mismo episodio, la oración de Jesús en el huerto de Getsemaní (Mc 14, 34; Mt 26, 38). Conviene recordar que el Hijo de Dios, al encarnarse, ha asumido un alma humana (CEC 427), que, como toda alma humana, es sede del entendimiento, de la memoria y de la voluntad. En la oración del huerto el alma humana de Jesús posee un papel fundamental, puesto que Cristo pide que no se haga su voluntad humana sino la voluntad de su Padre del cielo, con lo que está pidiendo su santificación, ya que la santificación consiste en la fusión de la voluntad humana con la divina. «En la hora de Getsemaní, Jesús ha transformado nuestra voluntad humana rebelde en voluntad conforme y unida a la voluntad divina. Ha sufrido todo el drama de nuestra autonomía y entregando precisamente nuestra voluntad en las manos de Dios, nos ha dado la verdadera libertad diciendo: “no como yo quiero, sino como quieres tú”», afirmó el cardenal Ratzinger en la homilía de la misa pro eligendo pontifice.

Bautismo del Señor

13 de enero de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Mirad a mi siervo, en quien me complazco (Is 42, 1-4. 6-7)
  • El Señor bendice a su pueblo con la paz (Sal 28)
  • Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo (Hch 10, 34-38)
  • Jesús fue bautizado; y, mietras oraba, se abrieron los cielos (Lc 3, 15-16. 21-22)
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Fuente de vida

Oh Cristo, fuente de vida,
haz que sea digno de saborearte a ti,
y que mis ojos sean luminosos.

Oh Misericordia y Compasión enviada al mundo,
esperanza de la creación,
hazme gustar la dulzura de tu esperanza,
para que me vuelva ciego para el mundo
pero iluminado en el Espíritu;
y que por medio de tu amor
mi vida quede embriagada
hasta que abandone el mundo y sus caminos.

  
Isaac de Nínive (Siglo VII)

Epifanía del Señor

6 de enero de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • La gloria del Señor amanece sobre ti (Is 60, 1-6)
  • Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra (Sal 71)
  • Ahora ha sido revelado que los gentiles son coherederos de la promesa (Ef 3, 2-3a. 5-6)
  • Venimos a adorar al Rey (Mt 2, 1-12)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Somos una misma cosa

(El texto reproduce fragmentos de una larga conversación que, Liss, el oficial alemán de las SS que gobierna un campo de prisioneros, durante la Segunda Guerra Mundial, mantiene con Mijáil Sídorovich, un comunista convencido prisionero en el campo, al que, precisamente por su cultura y profunda convicción comunista, ha invitado a sus habitaciones privadas para conversar con él. La tesis que Liss mantiene es que ambos son dos modalidades distintas de la misma esencia, dos encarnaciones diferentes del mismo principio espiritual, a lo que se opone interiormente Mijáil Sídorovich con todas sus fuerzas, aunque no puede evitar que una terrible duda se abra paso en su interior)

Liss meneó la cabeza. Y las palabras que siguieron fueron todavía más turbadoras, inesperadas, espantosas y disparatadas: 

- Cuando nos miramos el uno al otro, no sólo vemos un rostro que odiamos, contemplamos un espejo. Ésa es la tragedia de nuestra época. ¿Acaso no se reconocen a ustedes mismos, su voluntad, en nosotros? ¿Hay algo que pueda hacerles titubear o detenerse?

Liss aproximó su rostro al de Mostovskói:

- ¿Me comprendes? No domino el ruso a la perfección, pero deseo tanto que me comprenda… Ustedes creen que nos odian, pero es sólo una apariencia: se odian a ustedes mismos en nosotros. Terrible, ¿no es cierto? ¿Me comprende?

Mijáil Sídorovich decidió guardar silencio; no dejaría que Liss le arrastrara a aquella conversación.