La belleza de la castidad


La castidad consiste en ajustar nuestra expresividad, las palabras y los gestos de nuestro cuerpo, a la verdad y al amor. Ser casto es no-mentir con los gestos del cuerpo y hacer que esos gestos sean gestos de amor. El pecado contra la castidad no consiste en la conculcación de un tabú, sino en vivir la relación con los otros ignorando su verdad, es decir, que son otros (alteridad) y que son un rostro y haciendo que ese acto que la Biblia llama “conocimiento” (“Adán conoció a Eva, y Eva quedó encinta”, cf. Gn 4,1) se produzca de manera ciega, ignorando la condición personal del otro, haciendo que el rostro se convierta en cuerpo, en vez de que todo el cuerpo se convierta en rostro.

La castidad comporta la unificación de todos los elementos y las fuerzas de la persona en el amor, la integración de las fuerzas caóticas de la vida, es decir, del universo pulsional, del mundo ciego del deseo, de lo que podríamos llamar el eros, en una relación personal. Gracias a la castidad, con la actitud de renuncia a la posesión que comporta, los otros van siendo para nosotros unos rostros, en vez de ser únicamente unos “cuerpos”. Entonces es posible el amor.

La castidad hace posible el verdadero amor que consiste en hacer alianza con el otro, es decir, en reconocer al otro en los términos que expresan su verdad en relación conmigo -como marido y mujer, o como padre e hijo, o como amigo, hermano, sacerdote, compañero, etc.- y decirle al otro que siempre podrá contar conmigo, que me encontrará siempre en los términos en los que hemos hecho alianza. Hay muchas formas de alianza, porque hay muchas formas de amor, pero en todas ellas es esencial la fidelidad, no el deseo. La castidad hace posible la alianza -el amor- porque “circuncida” el deseo, obligándolo a la verdad, es decir, a la realidad, y prohibiéndole la “posesión” del otro, porque el otro no debe ser nunca un objeto poseído sino un rostro con quien vivo en comunión, una persona con quien mantengo una alianza.

Si la castidad consiste en vivir al otro como persona, entonces implica descubrir al otro en la duración, descubrirlo como historia que se está haciendo, y no únicamente como posibilidad en el juego de la seducción y el instante erótico. Es aceptarlo con su pasado, que tal vez es doloroso, escuchar el relato de su infancia, la confesión de sus equivocaciones, la pena y la alegría de la lenta afirmación de sí mismo; y hacer todo esto sin ningún tipo de envidia ni de celos. Y no es solamente asumirlo con su pasado, sino hacerme responsable de él en su futuro, en su porvenir. Comprender al otro en su duración, asumirlo como historia, es también aprender a ser paciente, mientras que la pasión, el intercambio de dos fantasías y el contacto de dos epidermis son impacientes por naturaleza. Y en contra de lo que se suele decir, no se trata de que “los dos se hagan uno”, sino que “cada uno se haga dos”, es decir, asuma la vocación del otro que es distinta de la suya.

“Un corazón casto es un corazón amante”, escribe un cartujo. La castidad es, en efecto, una cualidad de nuestro amor, su transparencia, su verdad, su fidelidad. Es la incandescencia del amor. Por eso es bella. Su belleza reside en que ella nos implanta en la verdad, en el amor y en la luz. Como todo lo bello es difícil, y requiere un esfuerzo de nuestra parte.

Domingo. La Santísima Trinidad.


22 de mayo de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • Antes de comenzar la tierra, la sabiduría fue engendrada (Prov 8, 22-31)
  • Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra! (Sal 8)
  • A Dios, por medio de Cristo, en el amor derramado con el Espíritu (Rom 5, 1-5)
  • Todo lo que tiene el Padre es mío; el Espíritu tomará de lo mío y os lo anunciará (Jn 16, 12-15)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Conocer al otro con la mirada de Cristo

Cuando yo amo a alguien con el amor virginal con que Dios lo ama, su rostro deja de ser para mí únicamente un conjunto de rasgos y empieza a ser una abertura sobre aquello que desconozco: el misterio del ser personal del otro. 

Entonces la mirada deja de defenderse o de provocar o de intentar seducir para convertirse en el océano interior de una confianza, en la donación de una presencia. 

Conviene recordar la fórmula absolutamente admirable de san Macario el Grande (s. IV): “En el hombre que se santifica, todo el cuerpo se convierte en rostro y todo el rostro se convierte en mirada”. 

En el conocimiento cristiano, es decir, en el conocimiento que Cristo nos da de otra persona, tiene que haber, en un momento dado, lo que yo llamaría una discontinuidad: es el momento de la revelación, en el que Dios interviene para hacerme presentir al otro como un secreto que se abre sin dejar de ser secreto.

Conocer al otro con la mirada de Cristo es un acontecimiento, una gracia, que, al desarticular todo intento de dominio y posesión del otro, hace posible la comunión, capacitándonos para vivir como hermanos, caminando y trabajando juntos por el advenimiento del Reino de Dios.

Olivier Clément

Domingo de Pentecostés


15 de mayo de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar (Hch 2, 1-11)
  • Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra (Sal 103)
  • Hemos sido bautizados en un mismo espíritu, para formar un solo cuerpo (1 Cor 12, 3b-7. 12-13)
  • Ven, Espíritu Divino (Secuencia)
  • Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo (Jn 20, 19-23)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Vigilia de Pentecostés


14 de mayo de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • Huesos secos traeré sobre vosotros espíritu, y viviréis (Ez 37, 1-14)
  • Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra (Sal 103)
  • El Espíritu intercede con gemidos inefables (Rom 8, 22-27)
  • Manarán torrentes de agua viva (Jn 7, 37-39)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Ven Espíritu Divino



Ven Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo, 
Padre amoroso del pobre, 
don en tus dones espléndido, 
luz que penetra en las almas, 
fuente del mayor consuelo. 

Ven, dulce huésped del alma, 
descanso de nuestro esfuerzo, 
tregua en el duro trabajo, 
brisa en las horas de fuego, 
gozo que enjuga las lágrimas 
y reconforta en los duelos. 

Entra hasta el fondo del alma, 
divina luz, y enriquécenos. 
Mira el vacío del hombre 
si Tú le faltas por dentro; 
mira el poder del pecado 
cuando no envías tu aliento. 

Riega la tierra en sequía, 
sana el corazón enfermo, 
lava las manchas, infunde 
calor de vida en el hielo, 
doma el espíritu indómito, 
guía al que tuerce el sendero. 

Reparte tus siete dones 
según la fe de tus siervos. 
Por tu bondad y tu gracia 
dale al esfuerzo su mérito. 
Salva al que busca salvarse 
y danos tu gozo eterno. 
Amén. Alleluia. 

VII Domingo de Pascua. La Ascensión del Señor.


8 de mayo de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • Lo vieron levantarse (Hch 1, 1-11)
  • Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas (Sal 46)
  • Lo sentó a su derecha en el cielo (Ef 1, 17-23)
  • Mientras los bendecía, iba subiendo al cielo (Lc 24, 46-53)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

La soledad

Lázár decía que la civilización de la máquina también produce en serie la soledad humana. También decía que san Pafnucio en el desierto, en lo alto de la columna, con el pelo sucio de excrementos de pájaros, no estaba tan solo como los habitantes de una gran ciudad un domingo por la tarde, perdidos entre la multitud de los cafés o de los cines.

Muy pocos soportan la idea de que no hay remedio para la soledad de la existencia. La mayoría alimenta esperanzas, se agarra a lo que puede, busca refugio en las relaciones humanas, pero a sus intentos de fuga de la cárcel de la soledad no les pone verdadera pasión ni entrega, y entonces se refugia en mil ocupaciones falsas, trabaja de sol a sol o viaja sin parar, o compra una casa grande, o los favores de mujeres con las que no tiene nada que ver, o empieza una colección de abanicos, piedras preciosas o insectos raros… Pero no sirve de nada. Y mientras se afanan en todas esas maniobras son plenamente conscientes de que no sirven para nada. Y sin embargo siguen esperando, aunque ni siquiera saben qué esperan… Ya tienen claro que el dinero en cantidades cada vez más copiosas, la colección de insectos cada vez más completa, la nueva amante, el encuentro interesante, la velada perfecta y el aún más aplaudido garden party no sirven de nada… Por eso, en su tortura y su angustia, intentan por todos los medios mantener el orden. Cada momento de vigilia lo dedican a organizar su vida. Siempre tienen un “encargo” que hacer, unos documentos que tramitar, una reunión, una cita amorosa… ¡Cualquier cosa con tal de no quedarse solos ni un momento! ¡Con tal de no ver ni por un instante esa soledad! ¡Rápido unas personas! ¡O unos perros! ¡O tapices! ¡O acciones, o esculturas góticas, o amantes! Rápido, antes de que se descubra…

VI Domingo de Pascua


1 de mayo de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables (Hch 15, 1-2. 22-29)
  • Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben (Sal 66)
  • Me enseñó la ciudad santa, que bajaba del cielo  (Ap 21, 10-14. 22-23)
  • El Espíritu Santo os irá recordando todo lo que os he dicho (Jn 14, 23-29)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Ponerse en la presencia de Dios

Para ponernos en la presencia de Dios, nos lo representaremos llenando todo el universo, y los contemplaremos en todos los lugares, como la atmósfera que lo envuelve todo. Así veremos a Dios alrededor nuestro, rodeándonos por todas partes, y existiendo nosotros en Él, como los peces existen en el mar, y los pájaros en el aire.

O bien nos retiraremos al lugar escondido de nuestro interior, para contemplar como la esencia divina llena nuestra alma, viendo con una mirada firme y tranquila, como el Padre y el Hijo producen el Espíritu Santo.

O también podemos mirar a Jesucristo en el Santo Sacramento del altar. Y para honrarlo basta con saber lo que la fe nos enseña: que es Dios hecho hombre, y que esta misma humanidad presente en el sagrario, está sentada a la derecha del Padre Eterno.

Y también podemos humillarnos y reconocernos indignos de hablar con Dios, diciendo con Abraham, nuestro padre en la fe: Que no se enfade mi Señor si me atrevo hablar, yo que soy polvo y ceniza.
Santa Juana Francisca de Chantal

Misericordia y Verdad

Catequesis parroquial nº 132

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 20 de abril de 2016

Para escuchar la charla en ivoox, pulse aquí: http://www.ivoox.com/11260164

Para escuchar la charla en YouTube, pulse aquí: 

V Domingo de Pascua


24 de abril de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • Contaron a la Iglesia lo que Dios había hecho por medio de ellos (Hch 14, 21b-27)
  • Bendeciré tu nombre por siempre jamás, Dios mío, mi rey (Sal 144)
  • Dios enjugará las lágrimas de sus ojos (Ap 21, 1-5a)
  • Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros (Jn 13, 31-33a 34-35)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

La concepción cristiana de la sexualidad


La estructura de la moral cristiana
La moral cristiana, también la moral sexual, se fundamenta siempre en el don recibido de Dios: el indicativo (lo que ha ocurrido, sucedido, el don que habéis recibido) precede y fundamenta al imperativo (lo que hay que hacer, el modo como se debe obrar). “Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspirad a las cosas de arriba, no a las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios” (Col 3,1-3). “Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros” (Col 3,13). “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? y ¿había de tomar yo los miembros de Cristo para hacerlos miembros de prostituta? ¡De ningún modo!” (1Co 6,15). “Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella” (Ef 5,25).
Sin embargo hay que reconocer que todo lo que Dios nos ha revelado en Cristo está, de algún modo, inscrito en nuestro ser más profundo, en nuestra naturaleza humana, tal como Dios la ha creado en su sabiduría. Por ello a todas las respuestas específicamente cristianas sobre los problemas sexuales corresponden motivaciones simplemente humanas, argumentos puramente racionales, que van en la misma dirección, aunque normalmente no pueden llegar tan lejos como la respuesta que nace del conocimiento de lo que Dios ha hecho por nosotros.
Esto significa que la moral (sexual) cristiana sólo podrá ser vivida, en toda su plenitud, por quienes descubran el “indicativo”, es decir, por quienes se hayan encontrado con Cristo y hayan descubierto en Él las maravillas que Dios ha hecho en favor nuestro. Pero significa también que podrá haber hombres que, incluso sin conocer de modo explícito a Cristo, siguiendo las exigencias profundas de su propio corazón, podrán vivir su sexualidad casi como si fueran cristianos.

El cristianismo es una religión del cuerpo; por eso su moral sexual es tan exigente
El cristianismo es la religión que tiene la consideración más positiva del cuerpo que haya jamás existido. Pues afirma que Dios posee un cuerpo humano, en la persona de Jesús, Hijo de Dios encarnado. Afirma también que la salvación del hombre se ha realizado a través de ese cuerpo de Jesús que fue ofrecido en la cruz y resucitado gloriosamente por Dios y sentado a la derecha del Padre en el cielo. Cree que ese cuerpo de Cristo, crucificado y resucitado, se nos da en la Eucaristía y que con él recibimos al Espíritu Santo y experimentamos un anticipo de la gloria futura. Cree que, por el bautismo, las tres divinas personas habitan en nuestro cuerpo y que, por ello, nuestro cuerpo de carne es un templo en el que habita Dios. Y cree, finalmente, que nuestro cuerpo de carne no está destinado a la muerte sino a la resurrección y a la glorificación final, a imagen del cuerpo de Cristo resucitado.
Todo esto ya permite comprender que el cristianismo va a esperar y a pedir mucho del cuerpo humano, precisamente porque le concede a él una dignidad que nadie más le otorga. Si el cuerpo humano no tuviera ningún valor, si fuera sólo un instrumento provisional y transitorio –como piensan los que creen en la reencarnación- se podría hacer con él lo que fuera, podría ser tratado de cualquier manera sin mayores consecuencias espirituales. Pero si el cuerpo está llamado a “participar de la naturaleza divina” entonces las exigencias con respecto a él serán fuertes.
 

IV Domingo de Pascua


17 de abril de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • Sabed que nos dedicamos a los gentiles (Hch 13, 14. 43-52)
  • Somos su pueblo y ovejas de su rebaño (Sal 99)
  • El Cordero será su pastor, y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas (Ap 7, 9. 14b-17)
  • Yo doy la vida eterna a mis ovejas (Jn 10, 27-30)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Para pedir la conversión

Dios y Señor de todas las cosas,
que tienes poder sobre toda vida y sobre toda alma,
tú solo puedes curarme:
escucha la plegaria de este pobre pecador.

Haz morir y desaparecer,
por la presencia de tu santo Espíritu,
la serpiente que anida en mi corazón.

Concede la humildad a mi corazón
y pensamientos convenientes a este pecador
que ha decidido convertirse.

No abandones para siempre a un alma
que quiere someterse a ti,
que ha confesado su fe en ti,
que te ha elegido y honrado
prefiriéndote al mundo entero.

Sálvame, Señor,
a pesar de mis malas costumbres
que dificultan mi deseo de ser tuyo;
porque para ti, Señor, todo es posible,
incluso lo que es imposible para los hombres.

San Simeón el Nuevo Teólogo
(949-1022)


III Domingo de Pascua


10 de abril de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo (Hch 5, 27b-32. 40b-41)
  • Te ensalzaré, Señor, porque me has librado (Sal 29)
  • Digno es el Cordero degollado de recibir el poder y la riqueza (Ap 5, 11-14)
  • Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado (Jn 21, 1-19)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

El sermón sobre la caída de Roma

Durante tres días, los visigodos de Alarico han saqueado la ciudad y arrastrado sus largas capas azules sobre la sangre de las vírgenes. Al enterarse de ello san Agustín, apenas se emociona. Desde hace años lucha contra el furor de los donatistas, y ahora que ya han sido vencidos consagra todos sus esfuerzos a devolverlos al seno de la Iglesia católica. Predica las virtudes del perdón a fieles a los que aún anima el espíritu de venganza. No se interesa por las piedras que se desmoronan (…) que el mundo caiga en las tinieblas, si el corazón de los hombres se abre a la luz de Dios. Cada día, sin embargo, los refugiados llevan a África el veneno de su desesperanza. Los paganos acusan a Dios de no haber protegido una ciudad que se había vuelto cristiana. Desde su monasterio de Belén, Jerónimo hace retumbar el impudor de sus lamentos por toda la cristiandad, gime sin reservas por la suerte de Roma entregada a las llamas y a los asaltos de los bárbaros y olvida, en su pena blasfema, que los cristianos no pertenecen al mundo sino a la eternidad de las cosas eternas. En las iglesias de Hipona, los fieles comparten sus tribulaciones y sus dudas y se vuelven hacia su obispo para descubrir de su boca a qué negro pecado deben tan terrible castigo. El pastor no debe reprochar a sus corderos sus estériles temores. Sólo debe clamarlos. Y para calmarlos, en diciembre de 410, san Agustín avanzó hacia ellos por la nave de la catedral y se situó en el ambón. Una multitud inmensa ha acudido a escucharlo y aguarda, apretujada contra las cancelas a la suave luz del invierno, que se eleve la voz que la arrancará de su pena.

Escuchad, amados míos,
nosotros, los cristianos, creemos en la eternidad de las cosas eternas a las que pertenecemos. Dios solo nos ha prometido la muerte y la resurrección. Los cimientos de nuestras ciudades no se hunden en la tierra sino en el corazón del Apóstol que el Señor eligió para edificar su Iglesia, pues Dios no nos erige ciudadelas de piedra, de carne y de mármol, Él erige fuera del mundo la ciudadela del Espíritu Santo, una ciudadela de amor que jamás caerá y se alzará aún en su gloria cuando el siglo haya quedado reducido a cenizas. Roma ha sido tomada y vuestros corazones se sienten escandalizados. A vosotros, amados míos, os pregunto, sin embargo, ¿no constituye acaso el verdadero escándalo desesperar de Dios, que os ha prometido la salvación de Su gracia? ¿Lloras porque Roma ha sido pasto de las llamas? ¿Ha prometido Dios que el mundo sería inmortal? Han caído las murallas de Cartago, el fuego de Baal se ha extinguido y los guerreros de Massinissa que hicieron caer los baluartes de Cirta han desaparecido a su vez, como se escurre la arena. Lo sabías, pero creías que Roma no caería. ¿No fue Roma construida por hombres como tú? ¿Desde cuándo crees que los hombres tienen el poder de edificar cosas eternas? El hombre construye sobre la arena. Si quieres abrazar lo que ha construido, no abrazas más que el viento. Tus manos están vacías y tu corazón afligido. Y si amas el mundo, perecerás con él.

II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia


3 de abril de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • Crecía al número de los creyentes, hombres y mujeres, que se adherían al Señor (Hch 5, 12-16)
  • Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia (Sal 117)
  • Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos de los siglos (Ap 1, 9-11a. 12-13. 17-19)
  • A los ocho días, llegó Jesús (Jn 20, 19-31)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

La paternidad responsable

En este retiro queremos, con la gracia de Dios, comprender lo que el Señor nos pide cuando en el libro del Génesis leemos: “Creced y multiplicaos y llenad la tierra” (Gn 1,28). Pero para poder comprenderlo hemos de reflexionar antes sobre la originalidad y dignidad del ser humano, el único ser que Dios ha querido por sí mismo. 

La dignidad de ser hombre y de engendrar un hombre

Cuando Dios creó el universo, lo hizo dando órdenes: “que haya luz”, “que haya un firmamento por en medio de las aguas, que las aparte unas de otras”, “que se acumulen las aguas de por debajo del firmamento en un solo conjunto, y se deje ver lo seco”, “que la tierra produzca vegetación” etc. etc. (cf. Gn 1ss). Sin embargo para crear la hombre no dio una orden, sino que se dio un consejo a Sí mismo: “hagamos al hombre a nuestra imagen, a semejanza nuestra” (Gn 1,26). La Tradición enseña que en este misterioso plural (“hagamos”) Dios se dirige a Sí mismo (Trinidad), o que habla a los ya creados ángeles, o que habla al mismo hombre que va a ser creado, como diciéndole: lo que yo quiere hacer, un ser “a imagen y semejanza” de mi propio ser, no lo puedo hacer si tú, oh hombre que vas a ser creado, no colaboras conmigo; necesito tu libre colaboración para que tú seas de verdad “imagen y semejanza” mía. Lo cual se comprende perfectamente cuando pensamos que Dios es Persona, que es Libertad, que es “Aquel que es” como reveló a Moisés en la zarza ardiente (“Yo soy el que soy”: Ex 3,14). 
Esta singular dignidad del hombre la expresa también el segundo relato de la creación del ser humano (Gn 2,4-7) en el que Dios “formó al hombre con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el hombre un ser viviente” (Gn 2,7). Lo que hace que el hombre sea hombre es, pues, una participación en el “aliento” divino, una participación en el “Espíritu de Dios”; podríamos decir “un beso” con el que Dios comunicó a aquel ser algo de su aliento, algo de su Espíritu. Dios insufló algo de su aliento sobre aquel ser que provenía de la tierra, y surgió un ser nuevo, fruto del encuentro de la tierra y del cielo, del polvo de la tierra y del soplo divino. La Sagrada Escritura no niega el hecho material: el hombre proviene de la tierra. Pero en el dinamismo evolutivo de los seres vivientes ve surgir una novedad: por el soplo divino el hombre es constituido persona, es hecho semejante con Dios. 
El surgimiento de un nuevo hombre, su aparición en el mundo, es siempre un milagro porque el ser que aparece no es un producto del esfuerzo del hombre sino que es mucho más: el esfuerzo y la inteligencia del hombre pueden producir seres de este mundo, de esta tierra; pero el hombre es más que eso, es otro que eso, puesto que posee algo del “aliento divino”. Y el aliento divino sólo lo puede dar Dios. Así lo comprendió nuestra común madre Eva cuando, al nacer su primer hijo Caín, exclamó: “He adquirido un varón con el favor del Señor” (Gn 4,1). En ese grito se expresa tanto la conciencia agradecida por un don recibido “de lo alto”, como el orgullo de haber contribuido, junto con Adán, al surgir de aquella nueva vida.
Sólo Dios es creador en sentido estricto y fuerte. Pero, al ser que Él ha creado “a imagen y semejanza Suya”, le ha concedido el don de ser procreador, es decir, de estar asociado a la obra divina de crear un nuevo ser humano. Cada vez que en la intimidad del vientre materno surge la vida, es Dios quien dice de nuevo: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” (Gn 1,26). Lo que significa, como afirmó Juan Pablo II, que “en la paternidad y maternidad humanas Dios mismo está presente de modo distinto respecto de la manera en que esto sucede en cada generación sobre la tierra”. El amor conyugal es el templo en el que Dios celebra el misterio de su amor creador. En el momento en que los cónyuges se donan recíprocamente el uno al otro en el signo del cuerpo (…) precisamente entonces pueden ellos convertirse en colaboradores de Dios para llamar a la vida a una nueva persona, que nace como don nuevo del don esponsal recíproco de los cónyuges.

El hijo no es un producto sino un misterio

“Hacer un hijo” es una expresión horrorosa y completamente falsa. Se hacen cosas, pero no se hacen personas. Un hijo no es una cosa sino una persona, un ser que viene a la existencia a través de sus padres pero de más allá que sus padres, como comprenden éstos cuando contemplan a su recién nacido. El grito de Eva sigue recorriendo la historia humana de manera silenciosa: “he adquirido un hombre con el favor del Señor”.

Vigilia Pascual


26 de marzo de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • Vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno (Gén 1, 1-2, 2)
    • Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra (Sal 103)
  • El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe (Gén 22, 1-18)
    • Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti (Sal 15)
  • Los Israelitas entraron en medio del mar, a pie enjuto (Éx 14, 15-15, 1)
    • Cantaré al Señor, sublime es su victoria (Salmo: Éx 15, 1-18)
  • Con misericordia eterna te quiere el Señor, tu redentor (Is 54, 5-14)
    • Te ensalzaré, Señor, porque me has librado (Sal 29)
  • Venid a mí, y viviréis; sellaré con vosotros alianza perpetua (Is 55, 1-11)
    • Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación (Salmo: Is 12, 2-6)
  • Caminad a la claridad del resplandor del Señor (Bar 3, 9-15. 32-4, 4)
    • Señor, tú tienes palabras de vida eterna (Sal 18)
  • Derramaré sobre vosotros un agua pura, y os daré un corazón nuevo (Ez 36, 16-28)
    • Oh Dios, crea en mí un corazón puro (Sal 50)
  • Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más (Rom 6, 3-11)
  • Aleluya, aleluya, aleluya (Sal 117)
  • ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? (Lc 24, 1-12)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Viernes Santo


25 de marzo de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • Él fue traspasado por nuestras rebeliones (Is 52, 13-53, 12)
  • Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu (Sal 30)
  • Aprendió a obedecer y se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación (Heb 4, 14-16; 5, 7-9)
  • Pasión de nuestro Señor Jesucristo (Jn 18, 1-19, 42)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Jueves Santo


24 de marzo de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • El Señor me ha ungido y me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren y derramar sobre ellos perfume de fiesta (Is 61, 1-3a. 6a. 8b-9)
  • Cantaré eternamente tus misericordias, Señor (Sal 88)
  • Nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios Padre (Ap 1, 5-8)
  • El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido (Lc 4, 16-21)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

La alegría de tu misericordia

«Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo» (Salmo 89, 14)


Que lo que colme los anhelos de mi alma y de este modo la sacie sea tu misericordia, no tu justicia, humanamente entendida como justicia retributiva con la que das a cada uno “lo suyo”, lo que cada cual merece. 
Que sea, en cambio, “tu misericordia”, es decir, esa peculiar manera tuya, Señor, de “hacer justicia” que consiste en cargar Tú con la culpa del pecador y expiarla muriendo por él en la cruz. 
Que sea este misterio tan terrible y tan dulce de tu misericordia el que invada mi alma cada mañana y la sacie, a fin de que saciada con tu misericordia, ya no tenga hambre de los bienes relativos y efímeros de este mundo. 
Y entonces toda mi vida será “alegría y júbilo”. Pues el júbilo y la alegría proceden de la adhesión a tu misericordia, Señor: eso es lo que me llena el corazón de esperanza para todo hombre, incluso para mí mismo, y me permite vivir en la alegría y el júbilo.
Que así sea.

Horarios en Semana Santa

Oficios
Jueves Santo: 19 horas
Viernes Santo: 19 horas
Vigilia Pascual
Sábado Santo: 22 horas

Domingo de Ramos


20 de marzo de 2016
(Ciclo C - Año Par)







Procesión
:

  • Bendito el que viene en nombre del Señor (Lc 19, 28-40)

Misa:
  • No me tapé el rostro ante los ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado (Is 50, 4-7)
  • Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
  • Se rebajó, por eso Dios lo levantó sobre todo (Flp 2, 6-11)
  • Pasión de nuestro Señor Jesucristo (Lc 22, 14-23, 56)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

San José


19 de marzo de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • El Señor Dios le dará el trono de David, su padre (2 Sam 7, 4-5a. 12-14a. 16)
  • Su linaje será perpetuo (Sal 88)
  • Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza (Rom 4, 13. 16-18. 22)
  • Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados (Lc 2, 41-51a)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Salmo 89 "Baje a nosotros la bondad del Señor"

Catequesis Parroquial nº 131.3
Retiro de Cuaresma 2016 (3/3)

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 18/02/2016

Para escuchar la charla, pulse aquí: http://www.ivoox.com/10772414



Dios es sólo amor y misericordia

Catequesis Parroquial nº 131.2
Retiro de Cuaresma 2016 (2/3) 

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 17/02/2016

Para escuchar la charla en ivoox, pulse aquí: http://www.ivoox.com/10759391

Para escuchar la charla en YouTube, pulse aquí: 

V Domingo de Cuaresma


13 de marzo de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • Mirad que realizo algo nuevo y apagaré la sed de mi pueblo (Is 43, 16-21)
  • El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres (Sal 125)
  • Por Cristo lo perdí todo, muriendo su misma muerte (Flp 3, 8-14)
  • El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra (Jn 8, 1-11)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

A propósito de la sexualidad

(La novela se basa en la ficción de que hay una tierra donde los hombres que llegan a ella inician una vida nueva olvidando los recuerdos de su antigua vida, de su vida pasada. En esta tierra de la vida nueva, prevalece lo universal abstracto sobre lo particular individual, que es visto como un recuerdo del pasado que hay que olvidar. Un mundo así ¿es más o menos humano que el mundo anterior del que se procede? ¿Qué es más conforme con las exigencias del corazón del hombre? Ésta es la cuestión)

A propósito de la sexualidad


(Diálogo entre Simón, un hombre adulto que ha llegado a la nueva tierra, junto con un niño que ha perdido a sus padres, y Ana, una asistente social que les atiende y por la que Simón se siente atraído)


- Rechazar los deseos no tiene nada que ver con que se sea o no monja. Sencillamente, no lo hago. No lo permito. No me gusta. Y no siento ese apetito. No lo tengo y no quiero ver lo que causa en las personas. Ni lo que le hace a un hombre.
-¿A qué se refiere con lo de "lo que le hace a un hombre"?
Ella mira fijamente al niño.
- ¿Está seguro de que quiere que siga?
- Continúe, nunca es demasiado pronto para aprender cosas sobre la vida.
- Muy bien. Usted me encuentra atractiva. Lo noto. Tal vez incluso le parezca guapa. Y como le parezco guapa, su apetito, su impulso, es abrazarme. ¿He interpretado bien las señales, los indicios que me ha dado? Sin embargo, si no me encontrase usted guapa, no sentiría ese impulso. -Él guarda silencio-. Cuánto más guapa le parezco, más acuciante se vuelve su apetito. Así funcionan esos apetitos por los que usted se guía y que sigue ciegamente. Ahora reflexione. Dígame: ¿qué tiene que ver la belleza con ese abrazo al que quiere que me preste? ¿Qué relación hay entre una cosa y la otra? Explíquemelo. -Él guarda silencio, más aún: se ha quedado mudo-. Adelante. Ha dicho usted que no le importaba que su ahijado aprendiera cosas sobre la vida.
- Entre un hombre y una mujer -dice por fin- a veces surge una atracción natural, imprevista e impremeditada. Los dos se encuentran atractivos o incluso, por utilizar la otra palabra, guapos. Por lo general, la mujer más que el hombre. Por qué una cosa sigue a la otra, la belleza y la atracción y el deseo de abrazarse, es un misterio que no puedo explicarle salvo para decir que sentirme atraído por una mujer es el único tributo que yo, en cuanto a mi ser físico, puedo pagar a la belleza de una mujer. Lo llamo tributo porque me parece una ofrenda, no un insulto.
Hace una pausa.
- Continúe, dice ella.
- Es todo lo que quería decir.
- Es todo. Y como tributo a mí, como ofrenda y no como insulto, quiere abrazarme y empujar parte de su cuerpo dentro de mí. Como tributo, dice usted. Estoy atónita. Todo me parece absurdo… me parece absurdo que quiera usted hacerlo, y que yo pudiera permitírselo.
- Sólo parece absurdo planteado así. En sí mismo no lo es. No puede serlo, puesto que se trata de un deseo natural del cuerpo. Es la naturaleza que habla en nosotros. Así son las cosas. El modo de ser de las cosas no puede ser absurdo.
- ¿De verdad? Pero ¿y si le dijera que a mí no sólo me parece absurdo, sino repugnante?
- Él mueve la cabeza con incredulidad.
- No creo que lo diga en serio. Tal vez yo le parezca viejo y poco atractivo… Yo y mis deseos. Pero no creo que opine que la naturaleza es repugnante.
- Sí. La naturaleza puede ser bella, pero también fea. Esas partes del cuerpo que usted modestamente no quiere mencionar en presencia de su ahijado: ¿le parecen hermosas?
- ¿En sí mismas? No, en sí mismas no lo son. Lo que es hermoso es el conjunto, no las partes.
- Y esas partes que no son hermosas… ¡usted pretende empujarlas dentro de mí! ¿Qué debería pensar?
- No lo sé. Dígame qué es lo que piensa.
- Que toda su palabrería sobre pagar un tributo a la belleza es una tontería. Si me considerase usted una encarnación del bien, no querría hacerme eso. ¿Por qué va a querer hacerlo si soy una encarnación de la belleza? ¿Es que la belleza es inferior al bien? Explíquese.

(…)

(Simón traba amistad con Elena, la madre -sin marido- de un niño que se ha convertido en el mejor amigo de Jesús, el niño que va con él y con quien se comporta como un tutor, mientras buscan a su madre. Una noche se quedan a dormir en casa de Elena y de su hijo)


Cuando él mismo sale del baño ella ya está en la cama y los dos niños duermen uno al lado del otro. Se envuelve en la manta que sobra y apaga la luz.
Durante un rato reina el silencio. Luego, en medio de la oscuridad, ella dice:
- Si estás incómodo, y seguro que lo estás, puedo hacerte sitio.
Se mete con ella en la cama. Silenciosa y discretamente cumplen con el trámite del sexo sin olvidar que los niños duermen al lado.
No es como él había esperado. Enseguida nota que está distraída; y en cuanto a él, las reservas de deseo acumuladas con las que había contado resultan ser una ilusión.
- ¿Ves lo que te decía? -susurra ella cuando terminan. Le acaricia los labios con un dedo-. No hemos a avanzado mucho, ¿verdad?
¿Tiene razón? ¿Debería aprender de esa experiencia y despedirse del sexo como parece haber hecho Elena? Tal vez. Pero el mero hecho de tener a una mujer entre sus brazos, aunque no sea una belleza arrebatadora, mantiene a flote sus ánimos.
- No estoy de acuerdo -responde con un murmullo-. De hecho, creo que te equivocas por completo. -Hace una pausa-. ¿Nunca te has preguntado si el precio que pagamos por esta nueva vida, el precio del olvido, no será demasiado alto?
Ella no responde, se limita a arreglarse la ropa interior y a apartarse de su lado.
Aunque no vivan juntos, le gusta pensar que Elena y él, después de esa primera noche, son una pareja, o futura pareja, y que por tanto los dos niños son hermanos o hermanastros.
A menudo ella se refiere al acto simplemente como "hacerlo", pero a veces, cuando quiere hacerle rabiar, utiliza la palabra descongelar: "Si quieres, puedes intentar descongelarme". "Descongelar" es la palabra que se le escapó a él en un momento de descuido: "¡Deja que te descongele!". A ella la idea de descongelarse para volver a la vida le pareció y aún le parece divertidísima.
Entre los dos se está desarrollando una creciente, si no intimidad, al menos amistad que él percibe sólida y fiable. No sabría decir si dicho vínculo habría surgido de todos modos, basado en la amistad de los niños y en las muchas horas que pasan juntos, o si "hacerlo" ha contribuido en algo.


(Elena percibe que en Simón surge el interés por otra mujer, por la que ha recibido a Jesús como madre, y entonces le dice a Simón:)


"Así que voy a poner en palabras algo que tenía la esperanza de que comprendieras por ti mismo. Quieres ver a otra mujer porque no te doy lo que necesitas, en concreto una pasión tormentosa. La amistad en sí misma no te basta. Sin ir acompañada de una pasión tormentosa te parece un poco deficiente. A mi entender es una manera de pensar anticuada. La gente antes siempre pensaba que le faltaba algo. El nombre que has escogido darle a eso que te falta es 'pasión'. Sin embargo, apostaría a que si mañana te ofreciese toda la pasión que necesitas, pasión a carretadas, no tardarías en echar en falta alguna otra cosa. Esta insatisfacción constante, ese anhelo de algo que echas en falta, es una forma de pensar de la que, en mi opinión, nos hemos librado. No nos falta nada. Lo que tú crees echar en falta es una ilusión. Vives por una ilusión".
(…)
(En esta tierra de la vida nueva, los burdeles son considerados como asociaciones y centros de salud para el alivio sexual. Simón quiere hacerse miembro de uno de ellos, para lo que tiene que rellenar dos formularios)
El segundo formulario es más problemático que el primero. "Solicitud de terapeuta personal -dice el encabezamiento-. Utilice el espacio de abajo para describirse a sí mismo y sus necesidades."
"Soy un hombre normal con necesidades normales -escribe-. Es decir, mis necesidades no son extravagantes. Hasta hace poco he sido tutor de un niño a tiempo completo. Desde que entregué al niño (lo que puso fin a mi tutoría) he estado un poco solo. No he sabido qué hacer con mi vida."
"Necesito a alguien que me escuche, para desahogarme. Tengo una amiga íntima, pero últimamente está un poco abstraída. Mis relaciones con ella no son verdaderamente íntimas. A mi entender, uno sólo puede desahogarse en condiciones de verdadera intimidad."
"Echo de menos la belleza -escribe-. La belleza femenina. La echo de menos. Me gusta la belleza, que según mi experiencia me inspira temor y gratitud por ser tan afortunado de tener entre los brazos a una mujer hermosa."
"Lo que no significa que no sea un hombre, con las necesidades propias de un hombre", concluye enérgicamente.
Entrega los dos formularios. La recepcionista los lee con atención de principio a fin. Los dos están solos en la sala de espera. A esa hora del día hay poco ajetreo. La belleza le inspira temor: ¿detecta una levísima sonrisa al llegar a esa afirmación? ¿Es la recepcionista pura y sencilla, o tiene su propio trasfondo de gratitud y temor?


Autor: J. M. COETZEE
Título: La infancia de Jesús
Editorial: Mondadori
Barcelona, 2013 
pp. 40-41;  67-70; 138-139)






IV Domingo de Cuaresma


6 de marzo de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • El pueblo de Dios celebra la Pascua, después de entrar en la tierra prometida (Jos 5, 9a. 10-12)
  • Gustad y ved qué bueno es el Señor (Sal 33)
  • Dios, por medio de Cristo, nos reconcilió consigo (2 Cor 5, 17-21)
  • Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido (Lc 15, 1-3. 11-32)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Cinco caminos de penitencia

¿Queréis que os recuerde los diversos caminos de penitencia? Hay ciertamente muchos, distintos y diferentes, y todos ellos conducen al cielo.

El primer camino de penitencia consiste en la acusación de los pecados: Confiesa primero tus pecados, y serás justificado. Por eso dice el salmista: Propuse: “Confesaré al Señor mi culpa”, y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. Condena, pues, tú mismo, aquello en lo que pecaste, y esta confesión te obtendrá el perdón ante el Señor, pues, quien confiesa aquello en lo que faltó, con más dificultad volverá a cometerlo; haz que tu conciencia esté siempre despierta y sea como tu acusador doméstico, y así no tendrás quien te acuse ante el tribunal de Dios.

Éste es un primer y óptimo camino de penitencia; hay también otro, no inferior al primero, que consiste en perdonar las ofensas que hemos recibido de nuestros enemigos, de tal forma que, poniendo a raya nuestra ira, olvidemos las faltas de nuestros hermanos; obrando así, obtendremos que Dios perdone aquellas deudas que ante él hemos contraído; he aquí, pues, un segundo modo de expiar nuestras culpas. Porque si perdonáis a los demás sus culpas –dice el Señor-, también vuestro padre del cielo os perdonará a vosotros.

¿Quieres conocer un tercer camino de penitencia? Lo tienes en la oración ferviente y continuada, que brota de lo íntimo del corazón.

Si deseas que te hable aún de un cuarto camino, te diré que lo tienes en la limosna: ella posee una grande y extraordinaria virtualidad.

También, si eres humilde y obras con modestia, en este proceder encontrarás, no menos que en cuanto hemos dicho hasta aquí, un modo de destruir el pecado: De ello tienes un ejemplo en aquel publicano, que, si bien no pudo recordar ante Dios su buena conducta, en lugar de buenas obras presentó su humildad y se vio descargado del gran peso de sus muchos pecados.
Te he recordado, pues, cinco caminos de penitencia: primero la acusación de los pecados; segundo, el perdonar las ofensas de nuestro prójimo; tercero, la oración; cuarto, la limosna; y quinto, la humildad.

San Juan Crisóstomo


III Domingo de Cuaresma


28 de febrero de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • "Yo soy" me envía a vosotros (Éx 3, 1-8a. 13-15)
  • El Señor es compasivo y misericordioso (Sal 102)
  • La vida del pueblo con Moisés en el desierto fue escrita para escarmiento nuestro (1 Cor 10, 1-6. 10-12)
  • Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera (Lc 13, 1-9)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Historia de Gloria

(Gloria perdió tres hijos en la guerra de Vietnam y se reúne con otras madres que han perdido también algún hijo en la misma guerra. Cada vez se reúnen en casa de una de ellas, que les muestra las fotos y los recuerdos de su hijo. Hoy se han reunido en casa de Claire, que es la más rica de todas ellas, la que vive en Central Park, mientras que Gloria, que es la más pobre de todas ellas, vive en el Bronx. Cuando está terminando la reunión ocurre lo siguiente, que nos relata Gloria) 

No sabría describir su manera de mirarme, pues hay pocas palabras con las que hacerlo; era algo que manaba, que se alzaba, una elevación sobre la superficie del agua, era la clase de cosa que no se puede expresar. Por un instante sentí como si algo se hubiera desatado a lo largo de mi espina dorsal y se me tensó la piel, pero ¿qué podía decir? Me asió la muñeca y me la pellizcó, diciéndome por segunda vez que lo comprendía y que no había tenido intención de impedirme asistir al coro. Me aparté de ella. Asunto zanjado, estaba segura de ello, felizmente solucionado, ahora el corredor brillaba, todas sonreíamos y dijimos que la siguiente vez nos veríamos en casa de Marcia, aunque tenía la sensación de que probablemente nunca habría una segunda vez, eso era lo doloroso, estaba segura de que todas habíamos tenido nuestra oportunidad, habíamos hecho revivir a nuestros chicos durante un rato, y salimos al rellano, donde Claire pulsó el botón del ascensor. 

El ascensorista abrió la puerta de hierro. Fui la última en entrar, y Claire me tomó del codo, me hizo retroceder y acercarme de nuevo a ella con el rostro entristecido. 

- ¿Sabes? –me susurró-. Te pagaría con mucho gusto, Gloria. 

(Gloria sale caminando a toda velocidad, enfadada, decidida a volver a su casa, al Bronx, andando, aunque tenga que tardar un montón de horas) 

Entonces pensé de nuevo que no debería comportarme como lo estaba haciendo, que tal vez lo había entendido todo mal, tal vez en verdad ella no fuese más que una blanca solitaria que vivía en Park Avenue, que había perdido a su hijo exactamente de la misma manera que yo perdí a tres de los míos, que me había tratado bien, no me había pedido nada, me había recibido en su casa y besado en la mejilla, se había ocupado de que mi taza estuviera siempre llena, y tan sólo había cometido el error de hablar más de la cuenta, una frasecilla tonta a la que yo permitía echarlo todo a perder. Me había gustado cuando nos atendía, y ella no había tenido ninguna mala intención, tal vez sólo estaba nerviosa. La gente es buena o medio buena o una cuarta parte buena, y eso cambia continuamente, pero ni siquiera en el mejor de los días nadie es perfecto. 

(Después de ser atracada mientras caminaba hacia el Bronx, Gloria, que no lleva encima dinero alguno, toma un taxi y decide volver a casa de Claire, que es quien pagará el taxi y la atenderá curándole las llagas que los zapatos le han hecho en sus pies. Finalmente Claire llama a un taxi y la acompaña en él hasta su casa) 

Las dos sonreíamos. Una ancha sonrisa compartida, porque cada una sabía algo de la otra: que ahora seríamos amigas, que poco era lo que podría impedírnoslo, que avanzábamos juntas por aquel camino. Podría hacer que se rebajase para entrar en mi vida y probablemente Claire podría sobrevivir a la prueba. Y ella podría hacer que me rebajara para entrar en la suya y yo podría hurgar en ella. Le tomé la mano. Ahora no sentía ningún temor. Notaba un sabor a hierro en la garganta, como si me hubiera mordido la lengua y ésta hubiera sangrado, pero era agradable. Las luces se deslizaban velozmente a nuestro lado. Recordé que, de niña, metía flores en grandes tinteros y entonces el tallo se inundaba, luego los pétalos y la flor entera se volvía negra. 

Cuando llegamos al edificio del complejo de viviendas subvencionadas, había una conmoción en el exterior. Nadie reparó siquiera en el coche. Nos deslizamos junto a la valla, ensombrecida pro el paso elevado. La luz de las farolas hacía vibrar las vigas de acero negras. Ninguna de las mujeres de la noche había salido, pero un par de chicas con falda corta estaban acurrucadas bajo la luz de la entrada. Una se apoyaba en el hombro de la otra y sollozaba. 

Salmo 91 "Es bueno dar gracias al Señor"

Catequesis Parroquial nº 131.1
Retiro de Cuaresma 2016 (1/3)

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 16/02/2016

Para escuchar la charla, pulse aquí: http://www.ivoox.com/10505156



II Domingo de Cuaresma


21 de febrero de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • Dios hace alianza con Abrahán, el creyente (Gén 15, 5-12. 17-18)
  • El Señor es mi luz y mi salvación (Sal 26)
  • Cristo nos transformará, según el modelo de su cuerpo glorioso (Flp 3, 17-4,1)
  • Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió (Lc 9, 28b-36)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Aborto y Eutanasia

Cada vez que contemplamos a un niño recién nacido nos sentimos sobrecogidos por el misterio y el milagro que cada nuevo hombre representa. Al verlo, al tocarlo, al abrazarlo, al empezar a interactuar con él comprendemos que es “mucho más” que el producto de la unión de sus padres, que, aunque él ha venido a nosotros a través de esa unión, sin embargo viene de mucho más lejos, viene del Otro que nos ha creado y nos ha dado el ser. El niño recién nacido es un misterio que nos remite al Misterio y que de este modo toca nuestro corazón, incluso hasta las lágrimas: no hace mucho me confesaba un padre que lloró cuando vio a su primera hija recién nacida. 

La dignidad de la vida humana, el carácter ‘sagrado’ de la vida humana

“Digno” es todo aquello que, por su propia naturaleza, posee un valor, una nobleza y una excelencia que lo hacen valer por sí mismo y que prohibe tratarlo como un bien intercambiable con otros bienes, como un medio o instrumento en vistas a conseguir un fin. Tal es el caso de la persona humana. Por eso decimos que la persona humana no tiene precio, ni en términos económicos, ni en términos de bienestar, ni en términos de progreso, ni en términos sociales, sino que, al contrario, ella es más bien la medida de valor para todas las cosas disponibles para el hombre. Y cuando hablamos de la dignidad de la vida humana, en realidad estamos hablando de la dignidad de la persona humana.

Dios Creador ha confiado al hombre la administración de todo lo creado. Sin embargo, ha querido proteger algunas cosas al máximo de toda prepotencia y capricho. Por eso las llamamos “sagradas”. ‘Sagrado’ significa ‘indisponible’, es decir, algo que no puede ser tratado como un simple medio para obtener un fin, algo que exige de nosotros un respeto y una consideración porque es valioso por sí mismo y porque su realidad no es un producto nuestro sino un bien que viene a nosotros de más lejos que nosotros. 

En este sentido decimos que la vida humana es sagrada. Si el hombre pudiera disponer a su propio gusto de la vida humana, ésta se volvería “calculable” y ya no sería “digna”, es decir, algo que no puede ser medido con ningún otro bien creado. Pero la vida humana es digna porque no es una realidad abstracta sino la realidad de cada persona humana singular. Y por lo tanto es de cada persona humana singular de la que decimos que es indisponible y que posee un valor único en el mundo. Todo ha sido creado para el hombre; éste, sin embargo, es “la única criatura que Dios ha querido por sí misma” (GS 24). Por tanto, la existencia de cada persona humana individual manifiesta una disposición divina particular, un acto libre de Dios por el que Él ha querido llamar al ser a ese rostro, es decir, a ese ser singular y único que es cada hombre. Y ello comporta que no sea moralmente lícito disponer sobre ese ser como si fuera un ente más de la creación, ya que no lo es porque ha sido querido por sí mismo y no en función del todo. 

“Todo es vuestro, vosotros sois de Cristo y Cristo de Dios” escribe san Pablo (1Co 3, 21-23). “Todo” significa la creación entera que ha sido creada para el hombre, así como el hombre ha sido creado para Dios. El sentido de las cosas creadas es el hombre, es hacer posible la existencia del hombre: las galaxias, las constelaciones, el universo entero, el planeta tierra, las plantas, los animales encuentran su sentido en el hombre; y el hombre encuentra su sentido en Dios. El hombre posee una relación directa e inmediata con Dios, relación que acontece en el santuario de su conciencia, de su corazón, y que es la propiedad exclusiva del ser personal. Y por eso la persona humana, a la que Dios habla en su corazón (cosa que no hace con las ballenas), no está a disposición de ninguna criatura, sino sólo a disposición de Dios. 

Dios es el único Señor de la vida y de la muerte

La Sagrada Escritura no se cansa de afirmar que Dios es el único Señor de la vida y de la muerte: “Ved ahora que yo, sólo yo soy, y que no hay otro Dios junto a mí. Yo doy la muerte y doy la vida, hiero y sano yo mismo (y no hay quien escape de mi mano)” (Dt 32,39). Cuando el rey de Israel leyó la carta que le enviaba el rey de Siria rogándole que curara de la lepra a su general Naamán, se rasgó sus vestiduras y exclamó: “¿Acaso soy yo Dios para dar muerte y vida?” (2R 5,7). Y Cristo resucitado, en el Apocalipsis, exclama con contundencia: “No temas, soy yo, el Primero y el Último, el que vive: estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la Muerte y del Hades” (Ap 1, 17-18).

Próximos ejercicios espirituales

Días 16, 17 y 18 de febrero de 2016
Lugar: Parroquia San León Magno


18:15 h - Rezo de Vísperas
18:30 h - Reflexión de D. Fernando Colomer
19:30 h - Adoración del Santísimo Sacramento
20:00 h - Eucaristía


No hace falta inscripción alguna, si deseas asistir (a todo o sólo a parte de los ejercicios) te esperamos en la Iglesia de la Parroquia.

I Domingo de Cuaresma


14 de febrero de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • Profesión de fe del pueblo escogido (Dt 26, 4-10)
  • Está conmigo, Señor, en la tribulación (Sal 90)
  • Profesión de fe del que cree en Jesucristo (Rom 10, 8-13)
  • El Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado (Lc 4, 1-13)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Cuaresma: días penitenciales


La ley de la Iglesia, recogida en el Código de derecho canónico nos instruye sobre los días penitenciales mediante los cinco cánones que reproducimos a continuación:

1249.- “Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer penitencia, sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales, en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia, a tenor de los cánones que siguen”.

1250.- “En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma”.

1251.- Todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo”.

1252.- “La ley de la abstinencia obliga a todos los que han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años. Cuiden sin embargo los pastores de almas y los padres de que también se formen en un auténtico espíritu de penitencia quienes (…) no están obligados al ayuno o a la abstinencia”.

V Domingo del Tiempo Ordinario


7 de febrero de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • Aquí estoy, mándame (Is 6, 1-2a. 3-8)
  • Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor (Sal 137)
  • Esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído (1 Cor 15, 1-11)
  • Dejándolo todo, lo siguieron (Lc 5, 1-11)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Quita de mí

Quita de mí, Señor, este corazón de piedra, quita de mí este corazón endurecido, incircunciso. Tú que purificas los corazones y amas los corazones puros, toma posesión de mi corazón y habita en él, llénalo con tu presencia, tú que eres superior a lo más grande que hay en mí y que estás más dentro de mí que mi propia intimidad. Tú que eres el modelo perfecto de la belleza y el sello de la santidad, sella mi corazón con la impronta de tu imagen; sella mi corazón, por tu misericordia, tú, Dios por quien se consume mi corazón, mi lote perpetuo. Amén.
Balduino de Canterbury