Jueves Santo


24 de marzo de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • El Señor me ha ungido y me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren y derramar sobre ellos perfume de fiesta (Is 61, 1-3a. 6a. 8b-9)
  • Cantaré eternamente tus misericordias, Señor (Sal 88)
  • Nos ha convertido en un reino y hecho sacerdotes de Dios Padre (Ap 1, 5-8)
  • El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido (Lc 4, 16-21)
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La alegría de tu misericordia

«Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo» (Salmo 89, 14)


Que lo que colme los anhelos de mi alma y de este modo la sacie sea tu misericordia, no tu justicia, humanamente entendida como justicia retributiva con la que das a cada uno “lo suyo”, lo que cada cual merece. 
Que sea, en cambio, “tu misericordia”, es decir, esa peculiar manera tuya, Señor, de “hacer justicia” que consiste en cargar Tú con la culpa del pecador y expiarla muriendo por él en la cruz. 
Que sea este misterio tan terrible y tan dulce de tu misericordia el que invada mi alma cada mañana y la sacie, a fin de que saciada con tu misericordia, ya no tenga hambre de los bienes relativos y efímeros de este mundo. 
Y entonces toda mi vida será “alegría y júbilo”. Pues el júbilo y la alegría proceden de la adhesión a tu misericordia, Señor: eso es lo que me llena el corazón de esperanza para todo hombre, incluso para mí mismo, y me permite vivir en la alegría y el júbilo.
Que así sea.

Horarios en Semana Santa

Oficios
Jueves Santo: 19 horas
Viernes Santo: 19 horas
Vigilia Pascual
Sábado Santo: 22 horas

Domingo de Ramos


20 de marzo de 2016
(Ciclo C - Año Par)







Procesión
:

  • Bendito el que viene en nombre del Señor (Lc 19, 28-40)

Misa:
  • No me tapé el rostro ante los ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado (Is 50, 4-7)
  • Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
  • Se rebajó, por eso Dios lo levantó sobre todo (Flp 2, 6-11)
  • Pasión de nuestro Señor Jesucristo (Lc 22, 14-23, 56)
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San José


19 de marzo de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • El Señor Dios le dará el trono de David, su padre (2 Sam 7, 4-5a. 12-14a. 16)
  • Su linaje será perpetuo (Sal 88)
  • Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza (Rom 4, 13. 16-18. 22)
  • Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados (Lc 2, 41-51a)
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Salmo 89 "Baje a nosotros la bondad del Señor"

Catequesis Parroquial nº 131.3
Retiro de Cuaresma 2016 (3/3)

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 18/02/2016

Para escuchar la charla, pulse aquí: http://www.ivoox.com/10772414



Dios es sólo amor y misericordia

Catequesis Parroquial nº 131.2
Retiro de Cuaresma 2016 (2/3) 

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 17/02/2016

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Para escuchar la charla en YouTube, pulse aquí: 

V Domingo de Cuaresma


13 de marzo de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • Mirad que realizo algo nuevo y apagaré la sed de mi pueblo (Is 43, 16-21)
  • El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres (Sal 125)
  • Por Cristo lo perdí todo, muriendo su misma muerte (Flp 3, 8-14)
  • El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra (Jn 8, 1-11)
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A propósito de la sexualidad

(La novela se basa en la ficción de que hay una tierra donde los hombres que llegan a ella inician una vida nueva olvidando los recuerdos de su antigua vida, de su vida pasada. En esta tierra de la vida nueva, prevalece lo universal abstracto sobre lo particular individual, que es visto como un recuerdo del pasado que hay que olvidar. Un mundo así ¿es más o menos humano que el mundo anterior del que se procede? ¿Qué es más conforme con las exigencias del corazón del hombre? Ésta es la cuestión)

A propósito de la sexualidad


(Diálogo entre Simón, un hombre adulto que ha llegado a la nueva tierra, junto con un niño que ha perdido a sus padres, y Ana, una asistente social que les atiende y por la que Simón se siente atraído)


- Rechazar los deseos no tiene nada que ver con que se sea o no monja. Sencillamente, no lo hago. No lo permito. No me gusta. Y no siento ese apetito. No lo tengo y no quiero ver lo que causa en las personas. Ni lo que le hace a un hombre.
-¿A qué se refiere con lo de "lo que le hace a un hombre"?
Ella mira fijamente al niño.
- ¿Está seguro de que quiere que siga?
- Continúe, nunca es demasiado pronto para aprender cosas sobre la vida.
- Muy bien. Usted me encuentra atractiva. Lo noto. Tal vez incluso le parezca guapa. Y como le parezco guapa, su apetito, su impulso, es abrazarme. ¿He interpretado bien las señales, los indicios que me ha dado? Sin embargo, si no me encontrase usted guapa, no sentiría ese impulso. -Él guarda silencio-. Cuánto más guapa le parezco, más acuciante se vuelve su apetito. Así funcionan esos apetitos por los que usted se guía y que sigue ciegamente. Ahora reflexione. Dígame: ¿qué tiene que ver la belleza con ese abrazo al que quiere que me preste? ¿Qué relación hay entre una cosa y la otra? Explíquemelo. -Él guarda silencio, más aún: se ha quedado mudo-. Adelante. Ha dicho usted que no le importaba que su ahijado aprendiera cosas sobre la vida.
- Entre un hombre y una mujer -dice por fin- a veces surge una atracción natural, imprevista e impremeditada. Los dos se encuentran atractivos o incluso, por utilizar la otra palabra, guapos. Por lo general, la mujer más que el hombre. Por qué una cosa sigue a la otra, la belleza y la atracción y el deseo de abrazarse, es un misterio que no puedo explicarle salvo para decir que sentirme atraído por una mujer es el único tributo que yo, en cuanto a mi ser físico, puedo pagar a la belleza de una mujer. Lo llamo tributo porque me parece una ofrenda, no un insulto.
Hace una pausa.
- Continúe, dice ella.
- Es todo lo que quería decir.
- Es todo. Y como tributo a mí, como ofrenda y no como insulto, quiere abrazarme y empujar parte de su cuerpo dentro de mí. Como tributo, dice usted. Estoy atónita. Todo me parece absurdo… me parece absurdo que quiera usted hacerlo, y que yo pudiera permitírselo.
- Sólo parece absurdo planteado así. En sí mismo no lo es. No puede serlo, puesto que se trata de un deseo natural del cuerpo. Es la naturaleza que habla en nosotros. Así son las cosas. El modo de ser de las cosas no puede ser absurdo.
- ¿De verdad? Pero ¿y si le dijera que a mí no sólo me parece absurdo, sino repugnante?
- Él mueve la cabeza con incredulidad.
- No creo que lo diga en serio. Tal vez yo le parezca viejo y poco atractivo… Yo y mis deseos. Pero no creo que opine que la naturaleza es repugnante.
- Sí. La naturaleza puede ser bella, pero también fea. Esas partes del cuerpo que usted modestamente no quiere mencionar en presencia de su ahijado: ¿le parecen hermosas?
- ¿En sí mismas? No, en sí mismas no lo son. Lo que es hermoso es el conjunto, no las partes.
- Y esas partes que no son hermosas… ¡usted pretende empujarlas dentro de mí! ¿Qué debería pensar?
- No lo sé. Dígame qué es lo que piensa.
- Que toda su palabrería sobre pagar un tributo a la belleza es una tontería. Si me considerase usted una encarnación del bien, no querría hacerme eso. ¿Por qué va a querer hacerlo si soy una encarnación de la belleza? ¿Es que la belleza es inferior al bien? Explíquese.

(…)

(Simón traba amistad con Elena, la madre -sin marido- de un niño que se ha convertido en el mejor amigo de Jesús, el niño que va con él y con quien se comporta como un tutor, mientras buscan a su madre. Una noche se quedan a dormir en casa de Elena y de su hijo)


Cuando él mismo sale del baño ella ya está en la cama y los dos niños duermen uno al lado del otro. Se envuelve en la manta que sobra y apaga la luz.
Durante un rato reina el silencio. Luego, en medio de la oscuridad, ella dice:
- Si estás incómodo, y seguro que lo estás, puedo hacerte sitio.
Se mete con ella en la cama. Silenciosa y discretamente cumplen con el trámite del sexo sin olvidar que los niños duermen al lado.
No es como él había esperado. Enseguida nota que está distraída; y en cuanto a él, las reservas de deseo acumuladas con las que había contado resultan ser una ilusión.
- ¿Ves lo que te decía? -susurra ella cuando terminan. Le acaricia los labios con un dedo-. No hemos a avanzado mucho, ¿verdad?
¿Tiene razón? ¿Debería aprender de esa experiencia y despedirse del sexo como parece haber hecho Elena? Tal vez. Pero el mero hecho de tener a una mujer entre sus brazos, aunque no sea una belleza arrebatadora, mantiene a flote sus ánimos.
- No estoy de acuerdo -responde con un murmullo-. De hecho, creo que te equivocas por completo. -Hace una pausa-. ¿Nunca te has preguntado si el precio que pagamos por esta nueva vida, el precio del olvido, no será demasiado alto?
Ella no responde, se limita a arreglarse la ropa interior y a apartarse de su lado.
Aunque no vivan juntos, le gusta pensar que Elena y él, después de esa primera noche, son una pareja, o futura pareja, y que por tanto los dos niños son hermanos o hermanastros.
A menudo ella se refiere al acto simplemente como "hacerlo", pero a veces, cuando quiere hacerle rabiar, utiliza la palabra descongelar: "Si quieres, puedes intentar descongelarme". "Descongelar" es la palabra que se le escapó a él en un momento de descuido: "¡Deja que te descongele!". A ella la idea de descongelarse para volver a la vida le pareció y aún le parece divertidísima.
Entre los dos se está desarrollando una creciente, si no intimidad, al menos amistad que él percibe sólida y fiable. No sabría decir si dicho vínculo habría surgido de todos modos, basado en la amistad de los niños y en las muchas horas que pasan juntos, o si "hacerlo" ha contribuido en algo.


(Elena percibe que en Simón surge el interés por otra mujer, por la que ha recibido a Jesús como madre, y entonces le dice a Simón:)


"Así que voy a poner en palabras algo que tenía la esperanza de que comprendieras por ti mismo. Quieres ver a otra mujer porque no te doy lo que necesitas, en concreto una pasión tormentosa. La amistad en sí misma no te basta. Sin ir acompañada de una pasión tormentosa te parece un poco deficiente. A mi entender es una manera de pensar anticuada. La gente antes siempre pensaba que le faltaba algo. El nombre que has escogido darle a eso que te falta es 'pasión'. Sin embargo, apostaría a que si mañana te ofreciese toda la pasión que necesitas, pasión a carretadas, no tardarías en echar en falta alguna otra cosa. Esta insatisfacción constante, ese anhelo de algo que echas en falta, es una forma de pensar de la que, en mi opinión, nos hemos librado. No nos falta nada. Lo que tú crees echar en falta es una ilusión. Vives por una ilusión".
(…)
(En esta tierra de la vida nueva, los burdeles son considerados como asociaciones y centros de salud para el alivio sexual. Simón quiere hacerse miembro de uno de ellos, para lo que tiene que rellenar dos formularios)
El segundo formulario es más problemático que el primero. "Solicitud de terapeuta personal -dice el encabezamiento-. Utilice el espacio de abajo para describirse a sí mismo y sus necesidades."
"Soy un hombre normal con necesidades normales -escribe-. Es decir, mis necesidades no son extravagantes. Hasta hace poco he sido tutor de un niño a tiempo completo. Desde que entregué al niño (lo que puso fin a mi tutoría) he estado un poco solo. No he sabido qué hacer con mi vida."
"Necesito a alguien que me escuche, para desahogarme. Tengo una amiga íntima, pero últimamente está un poco abstraída. Mis relaciones con ella no son verdaderamente íntimas. A mi entender, uno sólo puede desahogarse en condiciones de verdadera intimidad."
"Echo de menos la belleza -escribe-. La belleza femenina. La echo de menos. Me gusta la belleza, que según mi experiencia me inspira temor y gratitud por ser tan afortunado de tener entre los brazos a una mujer hermosa."
"Lo que no significa que no sea un hombre, con las necesidades propias de un hombre", concluye enérgicamente.
Entrega los dos formularios. La recepcionista los lee con atención de principio a fin. Los dos están solos en la sala de espera. A esa hora del día hay poco ajetreo. La belleza le inspira temor: ¿detecta una levísima sonrisa al llegar a esa afirmación? ¿Es la recepcionista pura y sencilla, o tiene su propio trasfondo de gratitud y temor?


Autor: J. M. COETZEE
Título: La infancia de Jesús
Editorial: Mondadori
Barcelona, 2013 
pp. 40-41;  67-70; 138-139)






IV Domingo de Cuaresma


6 de marzo de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • El pueblo de Dios celebra la Pascua, después de entrar en la tierra prometida (Jos 5, 9a. 10-12)
  • Gustad y ved qué bueno es el Señor (Sal 33)
  • Dios, por medio de Cristo, nos reconcilió consigo (2 Cor 5, 17-21)
  • Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido (Lc 15, 1-3. 11-32)
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Cinco caminos de penitencia

¿Queréis que os recuerde los diversos caminos de penitencia? Hay ciertamente muchos, distintos y diferentes, y todos ellos conducen al cielo.

El primer camino de penitencia consiste en la acusación de los pecados: Confiesa primero tus pecados, y serás justificado. Por eso dice el salmista: Propuse: “Confesaré al Señor mi culpa”, y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. Condena, pues, tú mismo, aquello en lo que pecaste, y esta confesión te obtendrá el perdón ante el Señor, pues, quien confiesa aquello en lo que faltó, con más dificultad volverá a cometerlo; haz que tu conciencia esté siempre despierta y sea como tu acusador doméstico, y así no tendrás quien te acuse ante el tribunal de Dios.

Éste es un primer y óptimo camino de penitencia; hay también otro, no inferior al primero, que consiste en perdonar las ofensas que hemos recibido de nuestros enemigos, de tal forma que, poniendo a raya nuestra ira, olvidemos las faltas de nuestros hermanos; obrando así, obtendremos que Dios perdone aquellas deudas que ante él hemos contraído; he aquí, pues, un segundo modo de expiar nuestras culpas. Porque si perdonáis a los demás sus culpas –dice el Señor-, también vuestro padre del cielo os perdonará a vosotros.

¿Quieres conocer un tercer camino de penitencia? Lo tienes en la oración ferviente y continuada, que brota de lo íntimo del corazón.

Si deseas que te hable aún de un cuarto camino, te diré que lo tienes en la limosna: ella posee una grande y extraordinaria virtualidad.

También, si eres humilde y obras con modestia, en este proceder encontrarás, no menos que en cuanto hemos dicho hasta aquí, un modo de destruir el pecado: De ello tienes un ejemplo en aquel publicano, que, si bien no pudo recordar ante Dios su buena conducta, en lugar de buenas obras presentó su humildad y se vio descargado del gran peso de sus muchos pecados.
Te he recordado, pues, cinco caminos de penitencia: primero la acusación de los pecados; segundo, el perdonar las ofensas de nuestro prójimo; tercero, la oración; cuarto, la limosna; y quinto, la humildad.

San Juan Crisóstomo


III Domingo de Cuaresma


28 de febrero de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • "Yo soy" me envía a vosotros (Éx 3, 1-8a. 13-15)
  • El Señor es compasivo y misericordioso (Sal 102)
  • La vida del pueblo con Moisés en el desierto fue escrita para escarmiento nuestro (1 Cor 10, 1-6. 10-12)
  • Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera (Lc 13, 1-9)
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Historia de Gloria

(Gloria perdió tres hijos en la guerra de Vietnam y se reúne con otras madres que han perdido también algún hijo en la misma guerra. Cada vez se reúnen en casa de una de ellas, que les muestra las fotos y los recuerdos de su hijo. Hoy se han reunido en casa de Claire, que es la más rica de todas ellas, la que vive en Central Park, mientras que Gloria, que es la más pobre de todas ellas, vive en el Bronx. Cuando está terminando la reunión ocurre lo siguiente, que nos relata Gloria) 

No sabría describir su manera de mirarme, pues hay pocas palabras con las que hacerlo; era algo que manaba, que se alzaba, una elevación sobre la superficie del agua, era la clase de cosa que no se puede expresar. Por un instante sentí como si algo se hubiera desatado a lo largo de mi espina dorsal y se me tensó la piel, pero ¿qué podía decir? Me asió la muñeca y me la pellizcó, diciéndome por segunda vez que lo comprendía y que no había tenido intención de impedirme asistir al coro. Me aparté de ella. Asunto zanjado, estaba segura de ello, felizmente solucionado, ahora el corredor brillaba, todas sonreíamos y dijimos que la siguiente vez nos veríamos en casa de Marcia, aunque tenía la sensación de que probablemente nunca habría una segunda vez, eso era lo doloroso, estaba segura de que todas habíamos tenido nuestra oportunidad, habíamos hecho revivir a nuestros chicos durante un rato, y salimos al rellano, donde Claire pulsó el botón del ascensor. 

El ascensorista abrió la puerta de hierro. Fui la última en entrar, y Claire me tomó del codo, me hizo retroceder y acercarme de nuevo a ella con el rostro entristecido. 

- ¿Sabes? –me susurró-. Te pagaría con mucho gusto, Gloria. 

(Gloria sale caminando a toda velocidad, enfadada, decidida a volver a su casa, al Bronx, andando, aunque tenga que tardar un montón de horas) 

Entonces pensé de nuevo que no debería comportarme como lo estaba haciendo, que tal vez lo había entendido todo mal, tal vez en verdad ella no fuese más que una blanca solitaria que vivía en Park Avenue, que había perdido a su hijo exactamente de la misma manera que yo perdí a tres de los míos, que me había tratado bien, no me había pedido nada, me había recibido en su casa y besado en la mejilla, se había ocupado de que mi taza estuviera siempre llena, y tan sólo había cometido el error de hablar más de la cuenta, una frasecilla tonta a la que yo permitía echarlo todo a perder. Me había gustado cuando nos atendía, y ella no había tenido ninguna mala intención, tal vez sólo estaba nerviosa. La gente es buena o medio buena o una cuarta parte buena, y eso cambia continuamente, pero ni siquiera en el mejor de los días nadie es perfecto. 

(Después de ser atracada mientras caminaba hacia el Bronx, Gloria, que no lleva encima dinero alguno, toma un taxi y decide volver a casa de Claire, que es quien pagará el taxi y la atenderá curándole las llagas que los zapatos le han hecho en sus pies. Finalmente Claire llama a un taxi y la acompaña en él hasta su casa) 

Las dos sonreíamos. Una ancha sonrisa compartida, porque cada una sabía algo de la otra: que ahora seríamos amigas, que poco era lo que podría impedírnoslo, que avanzábamos juntas por aquel camino. Podría hacer que se rebajase para entrar en mi vida y probablemente Claire podría sobrevivir a la prueba. Y ella podría hacer que me rebajara para entrar en la suya y yo podría hurgar en ella. Le tomé la mano. Ahora no sentía ningún temor. Notaba un sabor a hierro en la garganta, como si me hubiera mordido la lengua y ésta hubiera sangrado, pero era agradable. Las luces se deslizaban velozmente a nuestro lado. Recordé que, de niña, metía flores en grandes tinteros y entonces el tallo se inundaba, luego los pétalos y la flor entera se volvía negra. 

Cuando llegamos al edificio del complejo de viviendas subvencionadas, había una conmoción en el exterior. Nadie reparó siquiera en el coche. Nos deslizamos junto a la valla, ensombrecida pro el paso elevado. La luz de las farolas hacía vibrar las vigas de acero negras. Ninguna de las mujeres de la noche había salido, pero un par de chicas con falda corta estaban acurrucadas bajo la luz de la entrada. Una se apoyaba en el hombro de la otra y sollozaba. 

Salmo 91 "Es bueno dar gracias al Señor"

Catequesis Parroquial nº 131.1
Retiro de Cuaresma 2016 (1/3)

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 16/02/2016

Para escuchar la charla, pulse aquí: http://www.ivoox.com/10505156



II Domingo de Cuaresma


21 de febrero de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • Dios hace alianza con Abrahán, el creyente (Gén 15, 5-12. 17-18)
  • El Señor es mi luz y mi salvación (Sal 26)
  • Cristo nos transformará, según el modelo de su cuerpo glorioso (Flp 3, 17-4,1)
  • Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió (Lc 9, 28b-36)
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Aborto y Eutanasia

Cada vez que contemplamos a un niño recién nacido nos sentimos sobrecogidos por el misterio y el milagro que cada nuevo hombre representa. Al verlo, al tocarlo, al abrazarlo, al empezar a interactuar con él comprendemos que es “mucho más” que el producto de la unión de sus padres, que, aunque él ha venido a nosotros a través de esa unión, sin embargo viene de mucho más lejos, viene del Otro que nos ha creado y nos ha dado el ser. El niño recién nacido es un misterio que nos remite al Misterio y que de este modo toca nuestro corazón, incluso hasta las lágrimas: no hace mucho me confesaba un padre que lloró cuando vio a su primera hija recién nacida. 

La dignidad de la vida humana, el carácter ‘sagrado’ de la vida humana

“Digno” es todo aquello que, por su propia naturaleza, posee un valor, una nobleza y una excelencia que lo hacen valer por sí mismo y que prohibe tratarlo como un bien intercambiable con otros bienes, como un medio o instrumento en vistas a conseguir un fin. Tal es el caso de la persona humana. Por eso decimos que la persona humana no tiene precio, ni en términos económicos, ni en términos de bienestar, ni en términos de progreso, ni en términos sociales, sino que, al contrario, ella es más bien la medida de valor para todas las cosas disponibles para el hombre. Y cuando hablamos de la dignidad de la vida humana, en realidad estamos hablando de la dignidad de la persona humana.

Dios Creador ha confiado al hombre la administración de todo lo creado. Sin embargo, ha querido proteger algunas cosas al máximo de toda prepotencia y capricho. Por eso las llamamos “sagradas”. ‘Sagrado’ significa ‘indisponible’, es decir, algo que no puede ser tratado como un simple medio para obtener un fin, algo que exige de nosotros un respeto y una consideración porque es valioso por sí mismo y porque su realidad no es un producto nuestro sino un bien que viene a nosotros de más lejos que nosotros. 

En este sentido decimos que la vida humana es sagrada. Si el hombre pudiera disponer a su propio gusto de la vida humana, ésta se volvería “calculable” y ya no sería “digna”, es decir, algo que no puede ser medido con ningún otro bien creado. Pero la vida humana es digna porque no es una realidad abstracta sino la realidad de cada persona humana singular. Y por lo tanto es de cada persona humana singular de la que decimos que es indisponible y que posee un valor único en el mundo. Todo ha sido creado para el hombre; éste, sin embargo, es “la única criatura que Dios ha querido por sí misma” (GS 24). Por tanto, la existencia de cada persona humana individual manifiesta una disposición divina particular, un acto libre de Dios por el que Él ha querido llamar al ser a ese rostro, es decir, a ese ser singular y único que es cada hombre. Y ello comporta que no sea moralmente lícito disponer sobre ese ser como si fuera un ente más de la creación, ya que no lo es porque ha sido querido por sí mismo y no en función del todo. 

“Todo es vuestro, vosotros sois de Cristo y Cristo de Dios” escribe san Pablo (1Co 3, 21-23). “Todo” significa la creación entera que ha sido creada para el hombre, así como el hombre ha sido creado para Dios. El sentido de las cosas creadas es el hombre, es hacer posible la existencia del hombre: las galaxias, las constelaciones, el universo entero, el planeta tierra, las plantas, los animales encuentran su sentido en el hombre; y el hombre encuentra su sentido en Dios. El hombre posee una relación directa e inmediata con Dios, relación que acontece en el santuario de su conciencia, de su corazón, y que es la propiedad exclusiva del ser personal. Y por eso la persona humana, a la que Dios habla en su corazón (cosa que no hace con las ballenas), no está a disposición de ninguna criatura, sino sólo a disposición de Dios. 

Dios es el único Señor de la vida y de la muerte

La Sagrada Escritura no se cansa de afirmar que Dios es el único Señor de la vida y de la muerte: “Ved ahora que yo, sólo yo soy, y que no hay otro Dios junto a mí. Yo doy la muerte y doy la vida, hiero y sano yo mismo (y no hay quien escape de mi mano)” (Dt 32,39). Cuando el rey de Israel leyó la carta que le enviaba el rey de Siria rogándole que curara de la lepra a su general Naamán, se rasgó sus vestiduras y exclamó: “¿Acaso soy yo Dios para dar muerte y vida?” (2R 5,7). Y Cristo resucitado, en el Apocalipsis, exclama con contundencia: “No temas, soy yo, el Primero y el Último, el que vive: estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la Muerte y del Hades” (Ap 1, 17-18).

Próximos ejercicios espirituales

Días 16, 17 y 18 de febrero de 2016
Lugar: Parroquia San León Magno


18:15 h - Rezo de Vísperas
18:30 h - Reflexión de D. Fernando Colomer
19:30 h - Adoración del Santísimo Sacramento
20:00 h - Eucaristía


No hace falta inscripción alguna, si deseas asistir (a todo o sólo a parte de los ejercicios) te esperamos en la Iglesia de la Parroquia.

I Domingo de Cuaresma


14 de febrero de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • Profesión de fe del pueblo escogido (Dt 26, 4-10)
  • Está conmigo, Señor, en la tribulación (Sal 90)
  • Profesión de fe del que cree en Jesucristo (Rom 10, 8-13)
  • El Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado (Lc 4, 1-13)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Cuaresma: días penitenciales


La ley de la Iglesia, recogida en el Código de derecho canónico nos instruye sobre los días penitenciales mediante los cinco cánones que reproducimos a continuación:

1249.- “Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer penitencia, sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales, en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia, a tenor de los cánones que siguen”.

1250.- “En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma”.

1251.- Todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo”.

1252.- “La ley de la abstinencia obliga a todos los que han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años. Cuiden sin embargo los pastores de almas y los padres de que también se formen en un auténtico espíritu de penitencia quienes (…) no están obligados al ayuno o a la abstinencia”.

V Domingo del Tiempo Ordinario


7 de febrero de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • Aquí estoy, mándame (Is 6, 1-2a. 3-8)
  • Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor (Sal 137)
  • Esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído (1 Cor 15, 1-11)
  • Dejándolo todo, lo siguieron (Lc 5, 1-11)
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Quita de mí

Quita de mí, Señor, este corazón de piedra, quita de mí este corazón endurecido, incircunciso. Tú que purificas los corazones y amas los corazones puros, toma posesión de mi corazón y habita en él, llénalo con tu presencia, tú que eres superior a lo más grande que hay en mí y que estás más dentro de mí que mi propia intimidad. Tú que eres el modelo perfecto de la belleza y el sello de la santidad, sella mi corazón con la impronta de tu imagen; sella mi corazón, por tu misericordia, tú, Dios por quien se consume mi corazón, mi lote perpetuo. Amén.
Balduino de Canterbury

IV Domingo del Tiempo Ordinario


31 de enero de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • Te nombré profeta de las naciones (Jer 1, 4-5. 17-19)
  • Mi boca cantará tu salvación, Señor (Sal 70)
  • Quedan la fe, la esperanza, el amor; la más grande es el amor (1 Cor 12, 31-13, 13)
  • Jesús, como Elías y Eliseo, no es enviado solo a los judíos (Lc 4, 21-30)
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La reproducción artificial


¿Es hoy en día es posible “fabricar” hombres?

No es que sea posible fabricarlos sin contar con “materiales” humanos, tomados de otros hombres ya existentes. Es necesario utilizar gametos humanos, es decir, esas células capaces de unirse entre ellas y de dar lugar a un embrión humano que se llaman óvulos (de la mujer) y espermatozoides (del varón). Al menos los óvulos son, hoy por hoy, imprescindibles. Pero con estas células se pueden hacer mil combinaciones en el laboratorio para producir hombres según los deseos de sus productores. En este sentido hablamos de fabricar hombres: cuando los seres humanos son llamados a la existencia en un laboratorio por medios técnicos.

Hay tres modos básicamente distintos de fabricar seres humanos: (1) reproduciendo de modo artificial, en un recipiente del laboratorio, el proceso de fecundación que tiene lugar naturalmente en el cuerpo de la madre (fecundación in vitro), (2) manipulando los gametos de diversas maneras de modo que se consiga la fecundación dentro del cuerpo de la madre (técnicas ‘intracorpóreas’: inseminaciones y transferencias de gametos) y (3) imitando el modo en el que se reproducen algunas plantas y animales inferiores, que se multiplican sin que sea necesaria la aportación de los gametos de los dos sexos (clonación). 

La fecundación in vitro se puede hacer de diferentes maneras pero, hágase como se haga, tiene como finalidad fecundar un óvulo que, una vez fecundado, será implantado en el útero de una mujer para que dé comienzo el proceso de gestación. Puede ser homóloga u heteróloga. En el segundo caso se recurre a una persona extraña al matrimonio, que aporta sus propios gametos y que, al menos en España, la Ley civil protege con el anonimato, de modo que el hijo que surgirá no podrá conocer nunca la identidad de uno de sus padres biológicos.

La clonación se puede hacer por fisión gemelar, que consiste en provocar artificialmente lo que se produce de modo natural cuando de un óvulo fecundado provienen dos o más individuos gemelos, o por transferencia nuclear, que consiste en extraer el núcleo a un óvulo fecundado y, en su lugar, implantar el núcleo de una célula somática (no germinal) tomada del cuerpo de un adulto de la misma especie. Así se ha producido a la célebre oveja Dolly (1997), genéticamente idéntica al adulto que aportó el núcleo transferido.


El principio moral fundamental 


¿Cuál es el criterio moral con el que la Iglesia juzga y valora todas estas técnicas? El principio ético fundamental con el que la Iglesia contempla todas estas cuestiones es que a cada ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural, se le debe reconocer la dignidad de persona. Lo expresó en la Instrucción Donum vitae, de la Congregación para la doctrina de la fe, de 1988: “El fruto de la generación humana desde el primer momento de su existencia, es decir, desde la constitución del cigoto, exige el respeto incondicionado que es moralmente debido al ser humano en su totalidad corporal y espiritual. El ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción y, por eso, a partir de ese mismo momento se le deben reconocer los derechos de la persona, principalmente le derecho inviolable de todo ser humano inocente a la vida” (Donum vitae I, 1). La razón fundamental de esta afirmación es que no existe ningún indicador que nos permite afirmar que hay un cambio de naturaleza entre el óvulo fecundado y el individuo humano que nace de él (cf. Dignitas personae 5).

La manera de llamar a un ser humano a la existencia tiene que ser acorde con la dignidad de la persona humana, que ha sido creada a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,26) y que está llamada a participar de la naturaleza divina (2Pe 1,4) llegando a ser hijos de Dios (Jn 1,12). Por lo tanto no se puede, moralmente hablando, llamar a un hombre a la existencia, como se llama a la existencia a una casa, a un barco, a un coche, a cualquier objeto de producción industrial. Los hombres no “se hacen” como se hacen los diferentes objetos que produce el hombre. El ser humano no es “producido” sino “procreado”, porque el ser humano no es un objeto sino un misterio, como comprenden todos los padres en cuanto contemplan a su hijo recién nacido: inmediatamente perciben que, aunque su hijo ha venido a través de ellos, en realidad, viene de más allá de ellos porque esa criaturita no es la simple suma de ellos dos sino que es verdaderamente otro, es un ser personal.

El abrazo conyugal es el único camino adecuado para llamar a un ser humano a la existencia, porque sólo él está dotado del carácter personal necesario para que el niño que viene a la vida sea tratado, ya desde su origen mismo, conforme a lo que él es: una persona humana indisponible y no un objeto a disposición de nadie. La naturaleza personal de todo ser humano exige que los niños sean procreados por actos cuya naturaleza sea íntegramente personal. Cuando en vez de procrear niños de esta manera, se “producen” mediante técnicas de reproducción artificial, se obra injustamente con esos niños, porque se les niega algo elemental que le es debido: ser tratados como personas, como hijos, no como objetos, ya en el mismo modo y manera de ser llamados a la vida. 

III Domingo del Tiempo Ordinario


24 de enero de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • Leían el libro de la Ley, explicando el sentido (Neh 8, 2-4a. 5-6. 8-10)
  • Tus palabras, Señor, son espíritu y vida (Sal 18)
  • Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro (1 Cor 12, 12-30)
  • Hoy se ha cumplido esta Escritura (Lc 1, 1-4; 4, 14-21)
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No pedimos que nos des cosa distinta de ti

No pedimos que nos des cosa distinta de ti. Porque tú eres todo lo nuestro: nuestra vida, nuestra luz, nuestra salvación, nuestro alimento, nuestra bebida, nuestro Dios. Infunde en nuestros corazones, Jesús querido, el soplo de tu Espíritu e inflama nuestras almas en tu amor, de modo que cada uno de nosotros pueda decir con verdad: “Muéstrame al amado de mi alma, porque estoy herido de amor”.

Que no falten en mí esas heridas, Señor. Dichosa el alma que está así herida de amor. Ésa va en busca de la fuente. Ésa va a beber. Y, por más que bebe, siempre tiene sed. Siempre sorbe con ansia, porque siempre bebe con sed. Y, así, siempre va buscando con amor, porque halla la salud en las mismas heridas. Que se digne dejar impresas en lo más íntimo de nuestras almas esas saludables heridas el compasivo y bienhechor médico de nuestras almas, nuestro Dios y Señor Jesucristo, que es uno con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

San Columbano

II Domingo del Tiempo Ordinario


17 de enero de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • La alegría que encuentra el esposo con su esposa, la encontrará tu Dios contigo (Is 62, 1-5)
  • Contad las maravillas del Señor a todas las naciones (Sal 95)
  • El mismo y único Espíritu reparte a cada uno como a él le parece (1 Cor 12, 4-11)
  • En Caná de Galilea Jesús comenzó sus signos (Jn 2, 1-11)
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Las palabras y el silencio

Quien estuvo en un gueto, en un campo de concentración y en los bosques conoce el silencio de su cuerpo. En la guerra no se discute, no se agudizan las diferencias de opinión. La guerra es un invernadero para la atención y el silencio. El hambre de pan, la sed de agua, el miedo a la muerte convierten las palabras en algo superfluo. En realidad no hay necesidad de ellas. En el gueto y en el campo de concentración sólo las personas que habían perdido el juicio hablaban, daban explicaciones e intentaban convencer. La gente cuerda no hablaba.

Fue entonces cuando desarrollé mi desconfianza hacia las palabras. Una corriente fluida de vocablos despierta en mí desconfianza. Prefiero el tartamudeo: en él noto la fricción y la intranquilidad, el esfuerzo por depurar las palabras de residuos, el deseo de ofrecerte algo interior. Las frases lisas y fluidas me producen un sentimiento de falta de limpieza, de un orden que oculta el vacío.

Ese viejo principio que dice que al hombre se le juzga por sus obras cobra un doble significado en época de guerra. En los días del gueto y en los campos de concentración vi a gente culta, entre ellos médicos y abogados de renombre, que por un trozo de pan eran capaces de matar; pero, al mismo tiempo, también vi a gente que sabía renunciar, dar, anularse y morir sin haber hecho mal a nadie. La guerra reveló no sólo el carácter, sino también un elemento primordial en el ser humano, y ese elemento, por consiguiente, no era solamente oscuridad. Los egoístas y los malvados dejaron en mí miedo y repugnancia; los generosos, en cambio, el calor de su generosidad, y cuando los recuerdo me envuelve la vergüenza de no poseer ni siquiera un poquito de su virtud.
Durante la guerra vimos cuánto valían las ideologías. Comunistas que predicaban en las plazas igualdad y amor al prójimo se convirtieron, en momentos difíciles, en bestias humanas, pero hubo también comunistas cuya fe en el hombre se purificó de tal modo que al verlos parecían creyentes. Todas sus acciones eran abnegadas. Esto se manifestó también en las personas religiosas. Hubo judíos observantes a los que la guerra convirtió en materialistas y egoístas, y hubo quienes elevaron los preceptos a una esfera luminosa.

En la época de la guerra no hablaban las palabras, sino los rostros y las manos. Por el semblante aprendías hasta qué punto el hombre que tenías a tu lado quería ayudarte o te causaría daño. Las palabras no ayudaban a comprender. Los sentidos eran lo que te transmitía la información correcta. El hambre nos hace retornar a los instintos, al lenguaje que antecede a las palabras. La mano que te ofreció un trozo de pan o un trago de agua cuando caíste de rodillas a causa de la debilidad, aquella mano no la olvidarás nunca.

El Bautismo del Señor


10 de enero de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • Mirad a mi siervo, a quien prefiero (Is 42, 1-4. 6-7)
  • El Señor bendice a su pueblo con la paz (Sal 28)
  • Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo (Hch 10, 34-38)
  • Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo (Lc 3, 15-16. 21-22)
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Epifanía del Señor


6 de enero de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • La Gloria del Señor amanece sobre ti (Is 60, 1-6)
  • Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra (Sal 71)
  • Ahora ha sido revelado que también los gentiles son coherederos de la promesa (Ef 3, 2-3a. 5-6)
  • Venimos de Oriente a adorar al Rey (Mt 2, 1-12)
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Domingo II después de Navidad


3 de enero de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • La sabiduría de Dios habitó en el pueblo escogido (Eclo 24, 1-2. 8-12)
  • La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros (Sal 147)
  • Nos ha destinado en la persona de Cristo a ser sus hijos (Ef 1, 3-6. 15-18)
  • La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros (Jn 1, 1-18)
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Santa María, Madre de Dios


1 de enero de 2016
(Ciclo C - Año Par)






  • Invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré (Núm 6, 22-27)
  • El Señor tenga piedad y nos bendiga (Sal 66)
  • Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer (Gál 4, 4-7)
  • Encontraron a María y a José, y al niño. A los ocho días, le pusieron por nombre Jesús (Lc 2, 16-21)
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Los santos inocentes

Tengo siete razones –dice Dios- para amar a los inocentes asesinados por Herodes.

La primera es que les amo. Y eso basta.
Tal es la jerarquía de mi gracia.

La segunda es que me gustan. Y esto basta.
Tal es la jerarquía de mi Gracia.

La tercera es que me agrada. Y esto basta.
Tal es la jerarquía, el orden y la regla de mi Gracia.

Y ahora os voy a decir la cuarta razón:
es porque los niños no tienen en la comisura de los labios
ese rictus de ingratitud y amargura,
esa herida de envejecimiento,
ese rictus de recuerdos que vemos en todos los demás labios.

La quinta es por una especie de equivalencia.
Porque, por una especie de contrapeso,
estos inocentes pagaron por mi Hijo:
mientras yacían sobre el suelo de los caminos,
las ciudades y los pueblos,
menos tenidos en cuenta que los corderos,
los cabritos y los cochinillos,
mi Hijo huía a Egipto.

De modo que se dio una especie de “quid pro quo”,
una especie de malentendido,
porque esos inocentes fueron confundidos con mi Hijo,
y asesinados por Él, en vez de Él,
no solamente a causa de Él, sino por Él,
creyendo que era Él.

La sexta razón es que eran contemporáneos de mi Hijo,
de la misma edad, nacidos al mismo tiempo,
y todos hacemos lo que podemos por nuestros compañeros de curso
y ellos fueron del curso, de la promoción de Jesús.

La séptima razón -¿por qué voy a callármela?-
es que eran parecidos a mi Hijo.
Porque una generación de hombres –dice Dios-
una promoción de hombres es como una hermosa ola grande
que avanza de orilla a orilla sobre un mismo frente
y le ataca de golpe
y se deshace al fin al borde del mar
como una muralla de agua.
De la misma manera una generación o una promoción
de hombres es como una ola de hombres
que avanzan todos juntos sobre el mismo frente
y se estrella también como una muralla de agua
cuando toca las riberas eternas.

Mi hijo era algo tierno y nuevo como ellos,
y desconocido como ellos.
No tenía en la comisura de los labios ese pliegue
de amargura y de ingratitud,
ni ese otro pliegue de arrugas en las cejas,
el pliegue de las lágrimas y de haber visto mucho,
ni tenía en las comisuras de la memoria el pliegue
de no poder olvidar.

Ignoraba a aún las vicisitudes que le esperaban,
todo aquello que más tarde dejaría un eterno rastro:
la corona de espinas y el cetro de la caña
y la terrible agonía del Calvario,
y la aún más terrible agonía de la víspera
en el huerto de los Olivos.

Éstas son la sexta y la séptima razones que tengo
para amar a los inocentes:
que me recuerdan a mi Hijo como era
si no hubiera cambiado luego,
me lo recuerdan cuando era bello,
cuando nada de esa terrible aventura había sucedido todavía.

He aquí por qué amo a los niños inocentes:
porque entre todos son ellos los testigos mejores de mi Hijo,
los niños-Jesús que no se harán grandes ya nunca.

Charles Péguy

La Sagrada Familia: Jesús, María y José


27 de diciembre de 2015
(Ciclo C- Año Par)






  • El que teme al Señor honra a sus padres (Eclo 3, 2-6. 12-14)
  • Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos (Sal 127)
  • La vida de familia vivida en el Señor (Col 3, 12-21 )
  • Los padres de Jesús lo encuentran en medio de los maestros (Lc 2, 41-52)
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La misericordia



Existe en la vida
frente a tantas asperezas una sola ternura:
la misericordia
frente a tantos extravíos una sola certeza:
la misericordia
frente a tantos exilios una sola morada:
la misericordia.

La misericordia es el irrumpir de Dios
por el que nos llama a la Vida
y por el que todo va siendo transmutado en una libertad nueva.

La existencia se convierte entonces
en un camino y una espera.
Y en la espera todo se hace responsabilidad,
es decir, dolor.
Tu fragilidad, el caminar del hermano,
los acontecimientos del mundo, el corazón de la Iglesia:
todo se hace en ti un peso insoportable
que tienes que asumir
en un deseo profundo de apasionada totalidad.

Y como Dios no está nunca en la división
sino siempre en la unidad más grande,
este breve texto
quiere ser un frágil signo exterior
de esa comunión que Su intervención
va madurando definitivamente entre nosotros.

Para que cada uno viva la memoria
de tanta gratuidad
y realice cada día,
con decisión,
su propia fidelidad
“en la espera de que se cumpla la feliz esperanza
y venga nuestro Salvador Jesucristo”

(Fernando Tagliabue)

Natividad del Señor (Misa de medianoche)


25 de diciembre de 2015
(Ciclo C - Año Par)






  • Un hijo se nos ha dado (Is 9, 1-6)
  • Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor (Sal 95)
  • Ha aparecido la gracia de Dios a todos los hombres (Tit 2, 11-14)
  • Hoy os ha nacido un Salvador (Lc 2, 1-14)
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Himno a la Fuente que brota eternamente del Corazón de Cristo

¡OH BELLEZA INEFABLE DEL DIOS ALTÍSIMO,
Destello purísimo de la eterna luz,
Vida que comunica la vida a todos los vivientes,
Luz que da su resplandor a toda luz,
Tú que conservas
en su inmutable esplendor y en su diversidad
a los astros que brillan
desde la primera aurora,
ante el trono de tu divinidad!

¡OH MANANTIAL ETERNO E INACCESIBLE,
lleno de luz y de dulzura,
que brota de esta Fuente escondida a todas las miradas humanas!
¡Profundidad sin fondo, altura sin límite,
grandeza inconmensurable y pureza inviolable!
De Ti mana el río
que alegra la ciudad de Dios (Sal 45,5)
y es gracias a Ti
como nuestras aclamaciones y acciones de gracias
se convierten en un cántico de alabanza,
pues podemos testimoniar, por experiencia, 
que en Ti está la fuente de la vida,
y que por tu luz
vemos la luz (Sal 35, 10).

(San Buenaventura +1274) 

La liberación en la libertad: la indulgencia plenaria

Catequesis parroquial nº 130 

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 16 de diciembre de 2015

Para escuchar la charla en ivoox, pulse aquí: http://www.ivoox.com/9787881

Para escuchar la charla en YouTube, pulse aquí: 


IV Domingo de Adviento


20 de diciembre de 2015
(Ciclo C - Año Par)






  • De ti saldrá el jefe de Israel (Miq 5, 1-4a)
  • Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve (Sal 79)
  • Aquí estoy para hacer tu voluntad (Heb 10, 5-10)
  • ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? (Lc 1, 39-45)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Próxima catequesis parroquial


El próximo miércoles 16, a las 18:30 horas, tendrá lugar la primera catequesis parroquial en torno al Jubileo Extraordinario de la Misericordia cuyo título será "La liberación en la libertad: la indulgencia plenaria".

El misterio de la singularidad de cada hombre

Nacimiento de Magdalena, mi segunda hija. Siendo el hombre inmortal, cada nacimiento es un nuevo abismo. Abismo sobre Dios, sobre el Infinito, sobre lo Irreparable, sobre lo absoluto…

La personalidad, la individualidad humana escrita y firmada por Dios sobre cada rostro, y algunas veces impresa de un modo formidable sobre el de un gran hombre, es cosa del todo sagrada, cosa para la Resurrección, para la vida eterna, para la Unión beatífica. Cada fisonomía humana es una puerta muy particular del Paraíso, imposible de confundir con las otras y por la cual no entrará más que una sola alma… La personalidad, la individualidad, es la visión particular que cada hombre tiene de Dios.

En lo absoluto, todo hombre tiene su misión, al igual que toda planta tiene su virtud, bienhechora o maligna. No se sabe siempre cuál es esta misión y, de saberse, es en raras ocasiones. Sin embargo la misión es segura. Pero sucede que la mayoría de las veces aborta. Un grano germina sobre millones de granos confiados a la tierra. ¡Cuántos poetas, cuántos artistas, cuántos santos se pudrieron en vano en el estercolero de la política o de los negocios! ¡Y cuántas sorpresas cuando todo será revelado!

El hombre, mísero de él, cree saber quién es, porque sabe el nombre de su padre y el que ha recibido en el bautismo, aunque no sabe el de su alma y, en consecuencia, se ignora a sí mismo con una ignorancia infinita. Ése es el secreto de Dios y, hasta la muerte, nuestra identidad nos es desconocida e impenetrable (…) Cuando un alma es suficientemente profunda para comprender esta ignorancia, le queda felizmente el recurso de las lágrimas, y entonces tiene la visión crepuscular de la identidad de todos los hombres con el nuevo Adán, que es Nuestro Señor Jesucristo.

Se puede vivir sin pan, sin vino, sin techo, sin amor, sin felicidad; pero no se puede vivir sin Misterio. La naturaleza humana exige esa dependencia.

Sé paciente y dulce hacia ti mismo. Es infinitamente probable que Dios no hará nada de lo que tú sueñas. Lo hará mejor.

III Domingo de Adviento


13 de diciembre de 2015
(Ciclo C - Año Par)






  • El Señor se alegra con júbilo en ti (Sof 3, 14-18a)
  • Gritad jubilosos: "Qué grande es en medio de ti el Santo de Israel" (Salmo: Is 12, 2-6)
  • El Señor está cerca (Flp 4, 4-7)
  • ¿Qué hemos de hacer? (Lc 3, 10-18)
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Consagración a la Inmaculada


Virgen Inmaculada, Santa Madre de Dios, Auxiliadora de los cristianos, Madre de los desamparados, me ofrezco y me entrego a Ti como hijo tuyo y te ruego que me tomes y me aceptes como tal, y que ejerzas, con mucho poder y con mucha fuerza, tu maternidad sobre mí, haciendo con mi espíritu, con mi psiquismo y con mi cuerpo, con mi ser y con mi tener, con mi vida y con mi muerte, con mi tiempo y con mi eternidad, cuanto a Ti te complazca, con tal de que yo sea completamente tuyo y un instrumento eficaz en tus manos al servicio de la Iglesia, para alabanza de gloria del Padre del cielo. Amén.

(Inspirada en San Maximiliano Kolbe)

Oración en formato pdf

II Domingo de Adviento


6 de diciembre de 2015
(Ciclo C - Año Par)






  • Dios mostrará tu esplendor (Bar 5, 1-9)
  • El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres (Sal 125)
  • Que lleguéis al día de Cristo limpios e irreprochables (Flp 1, 4-6. 8-11)
  • Todos verán la salvación de Dios (Lc 3, 1-6)
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A Jesús


Oh Jesús, en la riqueza de tu misericordia,
Tú llamaste a los publicanos y los pecadores, vuélvete ahora, de igual modo, hacia mí, que soy como ellos, 
y acepta ni alabanza como el incienso de la tarde:

Jesús, fuerza invencible,
Jesús, ternura infinita,
Jesús, belleza radiante,
Jesús amor inefable,
Jesús, Hijo de Dios vivo,
Jesús, ten piedad de mí que soy un pecador,
Jesús, sácame de mi ignorancia,
Jesús, disipa mis tinieblas con tu luz,
Jesús, purifícame de todas mis faltas,
Jesús, como al hijo pródigo, condúceme a la casa paterna,

JESÚS, HIJO DE DIOS, TEN MISERICORDIA DE MÍ QUE SOY UN POBRE PECADOR.

El ciego escuchó tus pasos, Señor,
y se puso a gritar: “Hijo de David, ten piedad de mí”.
Tú lo llamaste y le devolviste la vista.
De igual modo, en tu ternura, Señor,
ilumina los ojos de mi corazón. También yo, suplicando, te digo:

Jesús, Creador de los ángeles,
Jesús, Redentor de los hombres,
Jesús, Vencedor del infierno,
Jesús, que has revestido de belleza a todas tus criaturas,
Jesús, reconforta mi alma,
Jesús, ilumina mi inteligencia,
Jesús, colma mi corazón de alegría,
Jesús, da la salud a mi cuerpo,
Jesús, Salvador mío, sálvame,
Jesús, Luz del mundo, ilumíname,
Jesús, de todo tormento, líbrame,

JESÚS, HIJO DE DIOS, TEN MISERICORDIA DE MÍ QUE SOY UN POBRE PECADOR.

Cuando viste a la viuda con el corazón partido,
tuviste piedad, Señor,
y resucitaste a su hijo que ya iban a enterrar.
También yo te suplico,
a Ti, amigo de los hombres,
que devuelvas el vigor a mi alma.

Jesús, Dios desde siempre y para siempre,
Jesús, Maestro muy paciente,
Jesús, Salvador lleno de compasión,
Jesús, inmensa bondad, guárdame,
Jesús, purifícame de mi pecado,
Jesús, aparta tu mirada de mi culpa,
Jesús libra mi corazón de toda mentira, 
Jesús, en Ti espero, no me abandones,
Jesús, no me rechaces lejos de Ti,
Jesús, mi Creador, no me olvides,
Jesús, el único buen Pastor, cuida de mí,

JESÚS, HIJO DE DIOS, TEN MISERICORDIA DE MÍ QUE SOY UN POBRE PECADOR.