Paz a los hombres de mala voluntad

Que sea tenido en cuenta el bien y no el mal.
Con ocasión del Yom Kipour, ¡paz a los hombres de mala voluntad!
Que cese la venganza…

Los crímenes han superado toda medida.
Hay demasiados mártires.
No midas, Señor, sus sufrimientos con el peso de tu justicia,
ni cargues esos sufrimientos en la cuenta de los verdugos
para hacerles pagar una terrible factura.

Que sean pagados de otra manera.
Cuenta, Señor, a favor de los verdugos,
de los delatores, de los traidores y de todos los hombres de mala voluntad,
el coraje y la fuerza espiritual de los otros,
su humildad, su dignidad, su lucha interior constante
y su invencible esperanza;
la sonrisa que restañaba las lágrimas, su amor,
sus corazones rotos que permanecían firmes y confiados
ante la misma muerte, sí, incluso en los momentos
de la más extrema debilidad…

Que todo eso sea depositado ante Ti, oh Señor,
para el perdón de los pecados,
como rescate para el triunfo de la justicia:
¡Que sea tenido en cuenta el bien y no el mal!
Y que permanezcamos en el recuerdo de nuestros enemigos
no como sus víctimas, no como una pesadilla,
no como unos espectros que siguen sus pasos,
sino como una ayuda en su combate,
para destruir la furia de sus pasiones criminales.
Nosotros no les pedimos nada más.

Y cuando todo esto habrá terminado,
concédenos vivir como hombres en medio de los hombres,
y que la paz vuelva sobre nuestra pobre tierra.
Paz para los hombres de buena voluntad
Y paz también para todos los demás.




Oración de un judío anónimo, escrita en yiddish, encontrada en el campo de exterminio de Birkenau


XXVII Domingo del Tiempo Ordinario

8 de octubre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • La viña del Señor del universo es la casa de Israel (Is 5, 1-7)
  • La viña del Señor es la casa de Israel (Sal 79)
  • Ponedlo por obra, y el Dios de la paz estará con vosotros (Flp 4, 6-9)
  • Arrendará la viña a otros labradores (Mt 21, 33-43)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

La ejecución del oficial alemán

(Esta larga novela tiene como protagonista a un sacerdote francés, el abate Gastón, que es un hombre de escasos recursos expresivos, pero profundamente bueno y creyente. Es un patriota convencido, que participó como capellán castrense en la Gran Guerra y que es uno de los sacerdotes colaboradores de una de las parroquias de París. Allí le ha sorprendido la ocupación de la ciudad por el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial y allí, por las curiosas circunstancias de la vida, ha conocido a una judía austriaca que ha huido de su país y que corre peligro de ser descubierta y deportada. La ha ayudado a escapar de la Gestapo, aunque sorprendentemente un oficial de la Gestapo se ha enamorado de ella y quiere huir de París con ella. Los dos se aman y recurren a la bondad del abate Gastón para que les ayude a escapar en un París que ya empiezan a controlar los miembros de la resistencia, muchos de ellos comunistas convencidos. El abate accede y en su huida son descubiertos y apresados, en las afueras de París. La escena que vamos a leer es la de la ejecución del oficial alemán, que es católico y ha pedido confesarse con el abate Gastón)

Los tres guardias salieron de la habitación. El abate extrajo del bolsillo de su sotana la delgada estola de seda que siempre llevaba consigo. Era una estola blanca de un lado y violeta del otro. El lado blanco era para administrar la Santa Comunión, y el violeta, para oír las confesiones. El abate se colocó la estola sobre los hombros, con el lado violeta hacia fuera. Sabía que no habría ocasión para usar el lado blanco.

El sol llegaba a la ventana, cuando acabó de oír la confesión del oficial. Estaba suspendido sobre los árboles como un enorme globo y cubría de veloces lucecitas brillantes todo el piso. El dibujo de las luces sobre el piso hacía un efecto de agua movediza.

- No es fácil morir una mañana como ésta –dijo el oficial alemán.

- Pronto habrá terminado todo –lo consoló el abate.

- Pero de todos modos, debe sufrirse algo.

- Tal vez un dolorcito rápido; pero será un dolorcito muy rápido y nada más.

- No es el dolor lo que me da miedo, sino dejar a Raquel –explicó el oficial. Amo a Raquel. Quería seguir amándola mucho tiempo. Quería seguir amándola cuando fuese vieja, y pensar en lo mucho que la había amado cuando era joven. Tenía un nuevo vestido verde. Nunca la vi con su nuevo vestido verde.

- Son cosas duras las que dices, pero más allá de ellas hay una gran dulzura –dijo el abate Gastón. Ese es el verdadero misterio: que todas las cosas duras se convierten en dulzura. 

XXVI Domingo del Tiempo Ordinario

1 de octubre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Cuando el malvado se convierte de la maldad, salva su propia vida (Ez 18, 25-28)
  • Recuerda, Señor, tu ternura (Sal 24)
  • Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús (Flp 2, 1-11)
  • Se arrepintió y fue. Los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios (Mt 21, 28-32)
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La esperanza cristiana

La esperanza es, precisamente, lo que nos permite caminar hacia el futuro, confiando en aquellos brotes que nos preanuncian la plenitud que anhelamos y que, además, nos permiten vencer los temores. Pues la vida humana tiene lugares donde surgen esos brotes de esperanza. Pensemos en la experiencia del amor, que contiene siempre una promesa de eternidad y permite a los enamorados imaginar un futuro de nuevas posibilidades. O en la experiencia de la generación de un hijo, donde, en el asombro por el nacimiento del hijo, experimentamos que en el origen de todo lo que somos y hacemos hay un don, un “tú” que nos ha reglado el don de la vida sin esperar nada a cambio; un gran amor que nos ha acogido en una familia y ha velado en todo momento por nosotros.

Pero todas estas esperanzas, por sí solas, se quedan cortas. Si podemos acogerlas es porque brilla ya en ellas esa gran esperanza de la que hablaba el papa emérito Benedicto XVI en su encíclica Spe salvi (cf. nº 39). Es la esperanza de Dios, la confianza de que la vida puede llegar a su meta y vencer todos los temores, incluido el de la muerte: esta esperanza es como la pepita de oro que brilla en el fondo de la batea, dando su verdadera medida a las esperanzas cotidianas.

El encuentro con el amor de Jesús contiene una promesa que nos hace capaces de esperar por encima de nuestras fuerzas. Cuando nos apoyamos en Cristo, estamos seguros de que él puede garantizar la esperanza más grande, aquella que va más lejos del simple optimismo. Esta es la verdadera esperanza teologal, porque tiene su sentido (logos) en la bondad de Dios (theos): Dios tiene un plan universal para salvarnos y lo ha realizado en su Hijo Jesús. Una tal esperanza nos permite apoyarnos en Dios como futuro absoluto y no en nuestros propios proyectos o planes, sometidos a tantas limitaciones: esta es la seguridad que da la esperanza.

XXV Domingo del Tiempo Ordinario

24 de septiembre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Mis planes no son vuestros planes (Is 55, 6-9)
  • Cerca está el Señor de los que lo invocan (Sal 144)
  • Para mí la vida es Cristo (Flp 1, 20c-24. 27a)
  • ¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno? (Mt 20, 1-16)
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El combate contra el diablo



La vida cristiana como lucha

La vida del hombre sobre la tierra comporta siempre un combate espiritual en el que el hombre se debate entre el Bien y el Mal, entre Dios y el Maligno. Así lo recuerda el concilio Vaticano II: “A través de toda la historia humana existe una dura batalla contra el poder de las tinieblas, que, iniciada en los orígenes del mundo, durará, como dice el Señor, hasta el día final (Mt 24, 13; 13, 24-30 y 36-43). Enzarzado en esta pelea, el hombre ha de luchar continuamente para acatar el Bien, y sólo a costa de grandes esfuerzos, con la ayuda de la gracia de Dios, es capaz de establecer la unidad en sí mismo” (GS 37).

La catequesis tradicional de la Iglesia se ha referido a ese combate como una lucha entre el alma, es decir, el hombre interior que quiere ser fiel a Dios, y sus tres enemigos: mundo demonio y carne. San Juan de la Cruz nos ilustra sobre este combate diciendo: “El mundo es el enemigo menos dificultoso. El demonio es más oscuro de entender; pero la carne es más tenaz que todos, y duran sus acometimientos mientras dura el hombre viejo. Para vencer a uno destos enemigos es menester vencerlos a todos tres; y, enflaquecido uno, se enflaquecen los otros dos; y vencidos todos tres, no le queda al alma más guerra” (Cautelas 2-3). 

En realidad, en el origen de todo está el Demonio, que fue quien indujo al primer Adán al pecado, una de cuyas consecuencias fue lo que denominamos la carne, es decir, la escisión interior que nos desgarra. También el mundo, como organización de la existencia contra Dios, es fruto de ese primer pecado. Por eso, en rigor de términos, es el Demonio quien se aprovecha del mundo y de la carne para inducirnos al mal.

Esta última dimensión del combate espiritual nos la revela san Pablo cuando afirma que “nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del mal que están en las alturas” (Ef 6, 12). Con estas palabras san Pablo nos dice que no basta con luchar contra las malas tendencias que llevamos dentro de nosotros (la carne) y contra las influencias perniciosas del ambiente (el mundo), sino que, en último término, se trata de luchar contra los demonios. Así nos lo recuerda la Iglesia cuando, el día de nuestro bautismo, nos pregunta si estamos dispuestos a renunciar a Satanás, a sus obras (los pecados) y a sus seducciones (las mentiras con las que intenta convencernos de que lo más inteligente que podemos hacer es pecar).

XXIV Domingo del Tiempo Ordinario

17 de septiembre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Perdona la ofensa a tu prójimo y, cuando reces, tus pecados te serán perdonados (Eclo 27,30 - 28,7)
  • El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia (Sal 102)
  • Ya vivamos, ya muramos, somos del Señor (Rom 14, 7-9)
  • No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete (Mt 18, 21-35)
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(Nota.- Al no disponer de la homilía correspondiente al día, se ha puesto una homilía que hace referencia al Cantar de los Cantares).

Oración a la Virgen María

¡Oh María, tú eres mi esperanza y mi paz!
¡Cuando te amo y pienso en ti, oh María,
la alegría se apodera de mi corazón!
Si un disgusto turba mi espíritu,
basta que pronuncie tu nombre
para que desaparezca.
Sobre el mar del mundo
tú eres la estrella bienaventurada
que orienta mi nave.
Bajo tu amparo quiero vivir y morir.
Sí, tú eres mi Madre
porque tú eres Madre de mi Dios.
¿Qué puedo temer yo, María,
si tú me amas?
Reina poderosa sobre el corazón de Dios,
declara solamente que somos tus hijos,
y Dios tendrá piedad de nosotros
y seremos salvados.












San Alfonso María Ligorio (+ 1787)

Oración en formato pdf

XXIII Domingo del Tiempo Ordinario

10 de septiembre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Si no hablas al malvado, te pediré cuenta de su sangre (Ez 33, 7-9)
  • Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: "No endurezcáis vuestro corazón" (Sal 94)
  • La plenitud de la ley es el amor (Rom 13, 8-10)
  • Si te hace caso, has salvado a tu hermano (Mt 18, 15-20)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Cuatro pequeños trozos de pan

(Recogemos aquí algunas reflexiones de Magda Hollander-Lafon, judía húngara, deportada al campo de Auschwitz-Birkenau cuando tenía dieciséis años. Su familia fue completamente exterminada. Ella sobrevivió y, refugiada al final de la guerra en Francia, se convirtió al catolicismo y fue bautizada. Es madre de cuatro hijos y abuela de varios nietos)

En Birkenau, una agonizante me hizo una señal: abrió su mano, que contenía cuatro pequeños trozos de pan enmohecido y, con una voz apenas audible, me dijo: “Toma. Tu eres joven, tú debes vivir para testimoniar de lo que ocurre aquí. Tú debes decirlo para que esto no vuelva a ocurrir nunca más en el mundo.” Yo tomé esos cuatro trocitos de pan y me los comí delante de ella. y leí en su rostro, a la vez, la bondad y el abandono. Yo era muy joven y me sentí superada por este gesto y por la carga que lo sustentaba (73).

* * *

Se nos arrancaba toda identidad: recuerdos, vestidos, e incluso cabellos o dientes si estaban coronados de oro. Pero la fraternidad permanecía en el corazón de algunas e irradiaba.

Todavía escucho la voz cálida de una camarada que estaba allí desde hacía cinco años y nos decía: “Tened confianza en la vida. No cedáis a la desesperación. Cultivemos la amistad entre nosotras. Reagrupemos nuestras fuerzas. No perdamos el ánimo: los débiles no viven aquí. Es necesario sobrevivir. Hacen falta testigos”.

Estas palabras procedían de una hermana desconocida. Pero echaron raíces en mí y me han ayudado a vivir en los momentos de agotamiento.

Si hoy yo recorro, llena de agujetas, el puente de mi memoria, es para que viva durante mucho tiempo el recuerdo de estas palabras y de aquellos a los que se les robó su vida y que quisieron, hasta el final, darnos el coraje de vivir (51).

* * *

El misterio de los encuentros personales existe y me ha sostenido mediante su luz, y me ha dado varias veces la vida.

Hoy (1977) yo sé con certeza que el amor creador de mi esposo, mi amigo, me ha pacificado porque ha sabido creer en mí. Nosotros continuamos con las alegrías y las dificultades de cada día, pero con pasión, desde hace veintiún años, a reinventar el Amor.

Su familia se ha convertido también en la mía. Sus padres supieron decirle sin conocerme: “Si tú la has elegido, es que ella es buena”. Su confianza llenó de calor mi corazón y me ayudó en el camino de la reconciliación. 

Los mil milagros de la amistad me han permitido releer mi pasado con una mirada de esperanza (69).

XXII Domingo del Tiempo Ordinario

3 de septiembre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • La palabra del Señor me ha servido de oprobio (Jer 20, 7-9)
  • Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío (Sal 62)
  • Presentad vuestros cuerpos como sacrificio vivo (Rom 12, 1-2)
  • Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo (Mt 16, 21-27)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf
(Nota.- Al no disponer de la homilía correspondiente al día, se ha puesto una homilía que hace referencia al Cantar de los Cantares).

XXI Domingo del Tiempo Ordinario

27 de agosto de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Pongo sobre sus hombros la llave del palacio de David (Is 22, 19-23)
  • Señor, tu misericordia es eterna, no abandones la obra de tus manos (Sal 137)
  • De él, por él y para él existe todo (Rom 11, 33-36)
  • Tú eres Pedro, y te daré las llaves del reino de los cielos (Mt 16, 13-20)
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(Nota.- Al no disponer de la homilía correspondiente al día, se ha puesto una homilía que hace referencia al Cantar de los Cantares).

Hacer siempre el bien

Si las personas son irrazonables, inconsecuentes y egoístas, ámalas de todos modos.

Si haces el bien, te acusarán de tener oscuros motivos egoístas, haz el bien de todos modos. 

El bien que hagas hoy será olvidado mañana, haz el bien de todos modos.

La sinceridad y la franqueza te hacen vulnerable, sé sincero y franco de todos modos.

Lo que has tardado años en construir puede ser destruido en una noche, vuélvelo a construir de todos modos.

Alguien que necesita ayuda de verdad puede atrasarte si lo ayudas, ayúdale de todos modos.

Da al mundo lo mejor que tienes y te golpearán a pesar de ello, da al mundo lo mejor que tienes de todos modos.

Porque Dios conoce nuestras debilidades y nos ama de todos modos.

Madre Teresa de Calcuta


XX Domingo del Tiempo Ordinario

20 de agosto de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • A los extranjeros los traeré a mi monte santo (Is 56, 1. 6-7)
  • Oh, Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben (Sal 66)
  • Los dones y la llamada de Dios son irrevocables para Israel (Rom 11, 13-15. 29-32)
  • Mujer, qué grande es tu fe (Mt 15, 21-28)
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(Nota.- Al no disponer de la homilía correspondiente al día, se ha puesto una homilía que hace referencia al Cantar de los Cantares).

La familia y los medios de comunicación social

José Luis Restán

Siempre pienso que la problemática generada por el mundo de la comunicación social, se resuelve en última instancia “fuera” de ese ámbito. A fin de cuentas los medios son instrumentos, y aunque generan y moldean un tipo de cultura, también son tributarios de una cultura y una sociedad que son previas. Y esto vale también para la familia.

Partimos de un dato que se puede constatar: la cultura de fondo que domina en los grandes medios de comunicación social, provoca una sospecha respecto al valor de la familia, entendida como compromiso público y estable adquirido por un hombre y una mujer, abierto a la transmisión de la vida y dedicado a la educación de los hijos.

1.- Algunos rasgos dominantes de la cultura determinada por la comunicación global.

a) Individualismo y disgregación. Atravesamos un momento de intensa ruptura de vínculos, tanto con el pasado (Tradición) como en el presente (debilidad de la pertenencia a las comunidades naturales: familia, pueblo, escuela, comunidades religiosas…). El hombre se contempla como “mero experimento de sí mismo”, y esto anula la idea misma de educación, de traditio. El resultado es que la persona se reduce cada vez más a “individuo” aislado que se sitúa en un contexto de cambios acelerados sobre los que no acierta a tener un juicio claro. Su conexión con un cierto patrimonio común, con una idea compartida del mundo, se la ofrece entonces la comunicación global. Y no dispone de elementos de criba, de discernimiento. El hombre supuestamente autónomo, en su burbuja, se vuelve mucho más vulnerable al impacto de unos mensajes/imágenes masivos, que se gestan en un ámbito absolutamente inasequible para el receptor.

b) La sustitución educativa. Todo esto sucede no sólo ni principalmente por la potencia de los MCS (tecnología, redes, etc…) sino por la incapacidad educativa de los lugares a los que (poco o mucho) siguen ligadas las personas. Ni la familia, ni la escuela, ni las comunidades sociales, incluidas las religiosas, tienen hoy, en general, una relevancia educativa clara: éste es el drama. Y en este contexto de debilidad, los medios asumen un papel educativo totalmente abusivo, que no les corresponde. Si a ello añadimos una creciente tentación moralizante o de diseño social, que alimentan los poderes mediáticos, tenemos el cóctel perfecto: ciudadano anónimo y desvinculado, que navega sin rumbo en el océano de una comunicación global en la que hay de todo, pero cuyos vectores son los del pensamiento dominante.

XIX Domingo del Tiempo Ordinario

13 de agosto de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Permanece de pie en el monte ante el Señor (1 Re 19, 9a. 11-13a)
  • Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación (Sal 84)
  • Desearía ser un proscrito por el bien de mis hermanos (Rom 9, 1-5)
  • Mándame ir a ti sobre el agua (Mt 14, 22-33)
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(Nota.- Al no disponer de la homilía correspondiente a la fiesta de la Transfiguración del Señor, se ha puesto una homilía que hace referencia al Cantar de los Cantares).

Amigo de los hombres

¡Amigo de los hombres,
Salvador bendito, alabado y exaltado!
Tú eres refugio fortificado, abrigo seguro,
bondad que excluye toda maldad,
Tú perdonas el pecado y curas toda herida,
Tú realizas lo imposible y alcanzas lo inaccesible,

Camino de vida,
Tú eres el primer guía en el camino del Amor,
Tú me conduces con dulzura en mi marcha hacia la Luz,
Tú me das confianza y no me abandonas en mis caídas,

Liberador desinteresado,
Tú no quieres que ningún hombre se condene,
Tú das plenamente la salvación sin pedir nada a cambio,
Tú enriqueces con tu gloria la oscuridad de mi barro,

Claridad sin sombra,
Tú me envuelves y me cubres, en mi miseria,
Tú me iluminas con los rayos de tu grandeza infinita,
Tú me vuelves a hacer glorioso en tu luz,
Tú me renuevas y me devuelves mi belleza primera,

Remedio infalible de vida,
Tú reparas las faltas de mi libertad cautiva,
Tú devuelves la vida a los muertos sin aliento,
Tú eres Salvador de quienes te suplican,

Creador de todas las cosas,
Tú no permites que se dude de tu poder infinito,
Tú restauras a quien ha sido quemado por el fuego,
Tú recompones a quien ha sido dispersado a los cuatro vientos,
Tú reconstruyes a quien ha sido devorado por los dientes de las fieras,
Tú, en un abrir y cerrar de ojos, resucitas a los muertos.

Tu Nombre ha sido proclamado:
¡HIJO DE DIOS!
¡A Ti que lo has creado todo,
A Ti que reinas sobre todo,
por quien todo existe,
a Ti la gloria de parte de todos,
por los siglos de los siglos!
AMÉN.

San Gregorio de Narek
(944-1010)

Domingo. Transfiguración del Señor.

6 de agosto de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Su vestido era blanco como nieve (Dan 7, 9-10. 13-14)
  • El Señor reina, Altísimo sobre toda la tierra (Sal 96)
  • Esta voz del cielo es la que oímos (2 Pe 1, 16-19)
  • Su rostro resplandecía como el sol (Mt 17, 1-9)
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(Nota.- Al no disponer de la homilía correspondiente a la fiesta de la Transfiguración del Señor, se ha puesto una homilía que hace referencia al Cantar de los Cantares).

La voluntad de poder


(O’Brien, miembro del Partido interior, es decir, de la esencia del Partido, está intentando “reeducar” a Winston Smith, utilizando la tortura cuando sus respuestas no son las adecuadas)

-Ahora dime, ¿por qué nos aferramos al poder? ¿Cuál es nuestro motivo? ¿Por qué deseamos el poder? Habla -añadió al ver que Winston no le respondía.

(…)

-Nos gobernáis por nuestro propio bien -dijo débilmente Smith-. Creéis que los seres humanos no están capacitados para gobernarse, y en vista de ello…

Estuvo a punto de gritar. Una punzada de dolor se le había clavado en el cuerpo. O’Brien había presionado la palanca y la aguja de la esfera marcaba treinta y cinco.

Eso fue una estupidez, Winston; has dicho una tontería. Deberías de tener un poco más de sensatez.

Volvió a soltar la palanca y prosiguió:

-Ahora te diré la respuesta a mi pregunta. Se trata de esto: el Partido quiere tener el poder por amor al poder mismo. No nos interesa el bienestar de los demás; sólo nos interesa el poder. No la riqueza ni el lujo, ni la longevidad ni la felicidad; sólo el poder, el poder puro. Ahora comprenderás lo que significa el poder puro. Somos diferentes de todas las oligarquías del pasado porque sabemos lo que estamos haciendo. Todos los demás, incluso los que se parecían a nosotros, eran cobardes o hipócritas. Los nazis alemanes y los comunistas rusos se acercaban mucho a nosotros por sus métodos, pero nunca tuvieron el valor de reconocer sus propios motivos. Pretendían, y quizás lo creían sinceramente, que se habían apoderado de los mandos contra su voluntad y para un tiempo limitado y que a la vuelta de la esquina, como quien dice, había un paraíso donde todos los seres humanos serían libres e iguales. Nosotros no somos así. Sabemos que nadie se apodera del mando con la intención de dejarlo. El poder no es un medio, sino un fin en sí mismo. No se establece una dictadura para salvaguardar una revolución; se hace la revolución para establecer una dictadura. El objeto de la persecución no es más que la persecución misma. La tortura sólo tiene como finalidad la misma tortura. Y el objeto del poder no es más que el poder. ¿Empiezas a entenderme?

Somos los sacerdotes del poder -dijo-. El poder es Dios. Pero ahora el poder es sólo una palabra en lo que a ti respecta. Y ya es hora de que tengas una idea de lo que el poder significa. Primero debes darte cuenta de que el poder es colectivo. El individuo sólo detenta poder en tanto deja de ser un individuo. Ya conoces la consigna del Partido: “La libertad es la esclavitud”. ¿Se te ha ocurrido pensar que esta frase es reversible? Sí, la esclavitud es la libertad. El ser humano es derrotado siempre que está solo, siempre que es libre. Ha de ser así porque todo ser humano está condenado a morir irremisiblemente y la muerte es el mayor de todos los fracasos; pero si el hombre logra someterse plenamente, si puede escapar de su propia identidad, si es capaz de fundirse con el Partido de modo que él es el Partido, entonces será todopoderoso e inmortal. 

Lo segundo que tienes que darte cuenta es que el poder es poder sobre los seres humanos. Sobre el cuerpo, pero especialmente sobre el espíritu. El poder sobre la materia…, la realidad externa, como tú la llamarías…, carece de importancia. Nuestro control sobre la materia es, desde luego, absoluto (…) El verdadero poder, el poder por el que tenemos que luchar día y noche, no es poder sobre las cosas, sino sobre los hombres. -Después de una pausa, asumió de nuevo su aire de maestro de escuela examinando a un discípulo prometedor-: Vamos a ver, Winston, ¿cómo afirma un hombre su poder sobre otro?

XVII Domingo del Tiempo Ordinario

30 de julio de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Pediste para ti inteligencia (1 Re 3, 5. 7-12)
  • ¡Cuánto amo tu ley, Señor! (Sal 118)
  • Nos predestinó a reproducir la imagen de su Hijo (Rom 8, 28-30)
  • Vende todo lo que tiene y compra el campo (Mt 13, 44-52)
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Las tres virtudes

La virtud que más me gusta, dice Dios, es la esperanza.
La fe es algo que no me extraña,
que no tiene nada de raro.
Porque ¡brillo de tal manera en mi creación!

En el sol, en la luna y en las estrellas,
en todas mis criaturas.
En los astros del firmamento y en los peces del mar,
en las plantas y en los animales y en las bestias de la selva,
y en el hombre,
mi criatura.

(…)

La caridad, dice Dios, es algo que no me extraña en absoluto,
que no tiene nada de extraño.
Estas pobres criaturas son tan desdichadas que, a menos de tener un corazón de piedra ¿cómo no iban a tener caridad las unas con las otras?
¿Cómo no iban a tener caridad con sus hermanos?
¿Cómo no se iban a quitar el pan de la boca, el pan de cada día, para dárselo a los pobres niños que van de puerta en puerta?

XVI Domingo del Tiempo Ordinario

23 de julio de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Concedes el arrepentimiento a los pecadores (Sab 12, 13. 16-19)
  • Tú, Señor, eres bueno y clemente (Sal 85)
  • El Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables (Rom 8, 26-27)
  • Dejadlos crecer juntos hasta la siega (Mt 13, 24-43)
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Nueve cosas que le gustan al Diablo

En este retiro queremos considerar, con la ayuda de Dios, nueve cosas que le agradan al Diablo y que están muy presentes en nuestro mundo, en nuestra sociedad. Señalarlas debe encender en cada uno de nosotros las correspondientes alarmas, para apartarnos de ellas y no entrar en el juego de nuestro Enemigo. 


EL PLAN DE DIOS Y EL PLAN DEL DIABLO SOBRE LAS CRIATURAS: COMUNIÓN FRENTE A ABSORCIÓN


Razona el Diablo por boca de C. S. Lewis: “Para nosotros (los demonios), un humano es, ante todo, un alimento, nuestra meta es absorber su voluntad en la nuestra, el aumento a su expensa de nuestra propia área de personalidad. Pero la obediencia que el Enemigo exige de los hombres es otra cuestión. Hay que encararse con el hecho de que toda la palabrería acerca de Su amor a los hombres, y de que Su servicio es la libertad perfecta, no es (como uno creería con gusto) mera propaganda, sino espantosa verdad. Él realmente quiere llenar el universo de un montón de odiosas réplicas de Sí mismo: criaturas cuya vida, a escala reducida, será cualitativamente como la Suya propia, no porque Él las haya absorbido, sino porque sus voluntades se pliegan libremente a la Suya. Nosotros queremos ganado que pueda finalmente convertirse en alimento; Él quiere siervos que finalmente puedan convertirse en hijos. Nosotros queremos sorber; Él quiere dar. Nosotros estamos vacíos y querríamos estar llenos; Él está lleno y rebosa. Nuestro objetivo de guerra es un mundo en el que Nuestros Padre de las Profundidades haya absorbido en su interior a todos los demás seres; el Enemigo desea un mundo lleno de seres unidos a Él, pero todavía distintos y libres frente a Él. En consecuencia, Dios no puede seducir. Sólo puede cortejar. Porque su innoble idea es comerse el pastel y conservarlo; las criaturas han de ser una sola cosa con Él, pero también ellas mismas; meramente cancelarlas, o asimilarlas, no le serviría”.

Lo demoníaco consistiría, pues, en una incapacidad total para la comunión, es decir, para entablar una relación en la que se respete la alteridad del otro y se entre en relación con él sin destruirlo, sin anularlo. El demonio no sabe o no quiere hacer esto, sino que lo que quiere es absorber al otro, destruyéndolo y convirtiéndolo en su propia sustancia, pero desapareciendo el otro en su alteridad. En consecuencia, todo lo que destruye al hombre le agrada al Diablo. Por ejemplo:


1) La libertad entendida sólo como negatividad, como capacidad de decir “no”


Para la mayoría de nuestros contemporáneos la libertad consiste en la posibilidad de decir “no” al bien que se le presenta al hombre. La libertad es entendida como el derecho a no obedecer, olvidando, en primer lugar, que la libertad no es un derecho sino un riesgo, un coraje que hay que correr continuamente, tanto en el terreno político como en el del espíritu.

XV Domingo del Tiempo Ordinario

16 de julio de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • La lluvia hace germinar la tierra (Is 55, 10-11)
  • La semilla cayó en tierra buena, y dio fruto (Sal 64)
  • La creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios (Rom 8, 18-23)
  • Salió el sembrador a sembrar (Mt 13, 1-23)
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Fuego y luz












Fuego y luz que resplandeces
en el rostro de Cristo,
fuego cuya venida es palabra,
fuego cuyo silencio es luz,
fuego que instauras los corazones
en la acción de gracias,
ven, Espíritu Santo,
impregna nuestras almas de la dulzura de tu Amor.

Tú que reposas en Cristo,
Espíritu de inteligencia y sabiduría,
Espíritu de consejo y de fuerza,
Espíritu de ciencia y de temor,
ven, Espíritu Santo,
ilumina nuestras mentes con la luz de la Verdad.

Tú que escrutas las profundidades de Dios,
Tú que iluminas las tinieblas de nuestro corazón,
Tú que te unes a nuestro espíritu,
Tú por quien reflejamos el rostro del Señor,
ven, Espíritu Santo,
sacia con tu agua viva la sed de nuestro corazón.

XIV Domingo del Tiempo Ordinario

9 de julio de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Mira a tu rey que viene a ti pobre (Zac 9, 9-10)
  • Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey (Sal 144)
  • Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis (Rom 8, 9. 11-13)
  • Soy manso y humilde de corazón (Mt 11, 25-30)
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La muerte del abuelo

En primavera supimos que mi abuelo, el padre de mi madre, había caído gravemente enfermo y que sus días estaban contados. Mi abuelo recibió la amarga noticia en silencio. Su mirada circular se redondeó aún más. Por la noche le dijo a mi madre: “Esta separación que hay entre los vivos y los muertos es una separación imaginaria. El tránsito es más fácil de lo que nosotros suponemos. Se trata tan sólo de cambiar de lugar y pasar a un nivel más alto”. Al oír sus palabras mi madre se echó a llorar como una criatura.

Sus hábitos cotidianos no se vieron afectados en modo alguno. Por la mañana iba a rezar y a la vuelta comía algo y se sentaba en la terraza, lo que constituía para él una especie de preparación a la lectura diaria. A veces estudiaba el mismo libro durante muchos días y en otras ocasiones cambiaba, pero en su mesa no había nunca más de un libro. Cada cierto tiempo mi madre le llevaba una taza de té con limón. El abuelo le daba las gracias y le preguntaba algo, y mi madre se sentaba a su lado. Era evidente que quería a su hija y que le alegraba tenerla cerca.

Una vez al día yo entraba a verlo. Solía acariciarme la cabeza mientras me mostraba las letras de un libro que estaba leyendo y me contaba una pequeña historia o una parábola. Una vez me contó algo que no llegué a comprender. Él probablemente se dio cuenta de que no lo había captado y me dijo: “No importa, lo importante es amar esta mañana”. Tampoco entendí esta expresión y, a pesar de todo, ha permanecido grabada en mi memoria hasta el día de hoy como un enigma agradable. Era tan diferente de nosotros que a veces me parecía que no nos pertenecía, sino que había venido a visitarnos desde otros mundos.

En primavera seguía todavía en el pueblo donde habían nacido él, sus padres y los padres de sus padres. Al principio se negaba a abandonar su propiedad, pero cuando su enfermedad empeoró y requirió tratamientos en el hospital, aceptó venir a la ciudad. Mi madre le preparó una habitación y fue a buscarlo en el carruaje. 

XIII Domingo del Tiempo Ordinario

2 de julio de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Es un hombre santo de Dios; se retirará aquí (2 Re 4, 8-11. 14-16a)
  • Cantaré eternamente las misericordias del Señor (Sal 88)
  • Sepultados con él por el bautismo, andemos en una vida nueva (Rom 6, 3-4. 8-11)
  • El que no carga con la cruz no es digno de mí. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí (Mt 10, 37-42)
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(Nota.- Al no disponer de la homilía correspondiente al XIII Domingo del Tiempo Ordinario, se ha puesto una homilía que hace referencia al Cantar de los Cantares).

El silencio

“El silencio absoluto es una cruz en la que el hombre se crucifica con todas sus pasiones y sus concupiscencias”, decía san Serafín de Sarov completando la enseñanza de san Isaac el Sirio que afirmaba: “El silencio es un misterio del siglo venidero, las palabras son instrumentos de este mundo”.

Cuando permanecemos en silencio, nuestro enemigo, el demonio, no puede penetrar en nuestro corazón, en esto consiste la sabiduría del silencio. 

Soledad y silencio engendran el fervor y la mansedumbre que fluyen a través del corazón del hombre como las aguas de Siloé, sin ruido ni turbulencia.


San Serafín de Sarov

XII Domingo del Tiempo Ordinario

25 de junio de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Libera la vida del pobre de las manos de gente perversa (Jer 20, 10-13)
  • Señor, que me escuche tu gran bondad (Sal 68)
  • No hay proporción entre el delito y el don (Rom 5, 12-15)
  • No tengáis miedo a los que matan el cuerpo (Mt 10, 26-33)
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La mentalidad demoniaca


LA FE DE LOS DEMONIOS Y  LA FE DE LOS CRISTIANOS

La diferencia entre la fe de los demonios y la de los cristianos se puede expresar esquemáticamente diciendo que la primera “se tiene” mientras que la segunda “nos tiene”. La fe hace que el fiel entre en una oscuridad más profunda que la noche del ateísmo, que es sólo una noche superficial, y en una luz más deslumbrante que las claridades de Satán, que son claridades a su medida. Se ve mejor qué deficiente puede ser la expresión “tener fe”. Sólo los demonios tienen fe como se tiene un objeto en la palma de la mano y se maneja a voluntad. Pero la fe formada por la caridad, más que poseerla el fiel, lo desposee a él de sí mismo. Es un tener que le hace perder todo, incluso él mismo, por Cristo. Tan cierto es que no tiene la fe, que la fe lo tiene a él, que lo desnuda y lo deja abrazarse en el amor . 

El modelo de esa virtud lo revela de inmediato. María no se planta ante la Revelación como ante la claridad de un teorema, ni disfruta de la fe como del más romántico de los sentimientos. Camina en la ignorancia más que en el conocimiento. Y conoce el desgarro más que las delicias: Y a ti una espada te atravesará el alma, le profetiza el viejo Simeón (Lc 2, 35). Para ella, el misterio es aún más misterioso, pues su oscuridad no procede de un defecto, sino de un exceso de luz. Su fe es más perfecta porque la arroja mejor en brazos de lo incomprensible. Su noche es más intensa porque es más bien una noche de bodas. El episodio del niño perdido y hallado en el Templo lo dice literalmente. Aquella cuya fe no desfalleció no deja de gritar retomando y sobrepasando los gritos de Job: Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando (Lc 2, 48). ¿Cómo? ¿María preguntándole a Dios: Por qué nos has hecho esto? ¿María expresando un tormento suyo causado por Jesús? La fe de María es una fe sin falta; no es una fe, sin embargo, sin fractura: sufre aquí abajo algo comparable a las penas del infierno y que consiste en la espada de ese amor que abre en su corazón una fractura lo bastante grande para acoger en ella la plenitud desgarradora del misterio divino. A su pregunta: ¿Por qué nos has hecho esto? Dios responde con su voz de niño de doce años. Una revelación directa de la que María y José deberían estar al corriente a partir de entonces. Pero el Evangelio declara: Ellos no comprendieron la respuesta que les dio (Lc 2, 50). ¿Qué la distingue entonces de aquellos otros de los que el Hijo dirá, citando a Isaías, que oyen sin entender (Lc 8, 10)? Simplemente esto: su madre conservaba cuidadosamente estas cosas en su corazón (Lc 2, 51). La Palabra es una espada, su corazón es vaina para ella. Allí donde otros lo cierran, el suyo sigue abierto para que lo incomprensible more en él con todo su cortante filo . 

Así Teresa de Calcuta: “El sitio de Dios en mi alma está vacío. En blanco. No está Dios en mí… Mi alma no es más que un trozo de hielo. No tengo nada que decir. Me escribe usted: ‘Está tan cerca de usted que usted no puede verLo, ni escucharLo, ni siquiera gustar de Su presencia’. No comprendo lo que tal cosa quiere decir, padre, y sin embargo me gustaría mucho poder comprenderlo… Siento en mi alma exactamente ese mismo dolor terrible de la pérdida -la pérdida de Dios que no me quiere- de Dios que no es Dios -de Dios que, en realidad, no existe (Jesús, por favor, ¡perdona mis blasfemias!- me han pedido que lo escriba todo). Esas tinieblas me rodean por todas partes. No puedo elevarme hacia Dios: ninguna luz, ninguna inspiración penetra mi alma. Hablo del amor a las almas, de un tierno amor por Dios-las palabras franquean mis labios y yo desespero de creer en ellas. ¿Para qué trabajo? Si no hay ningún Dios no puede haber ninguna alma. Y si no hay alma, entonces -Jesús- Tú tampoco, Tú no eres verdadero… El Cielo, ¡qué vacío! Ni la menor idea del Cielo entra en mi espíritu. Porque no hay esperanza. Estoy horrorizada por notar todas esas terribles cosas que atraviesan mi alma. Deben herirte” . 

Domingo. Santísimo cuerpo y sangre de Cristo.

18 de junio de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres (Dt 8, 2-3. 14b-16a)
  • Glorifica al Señor, Jerusalén (Sal 147)
  • El pan es uno; nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo (1 Cor 10, 16-17)
  • Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida (Jn 6, 51-58)
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Oración a María

¡Virgen muy pura y digna de toda alabanza,
santuario consagrado a Dios,
tierra intacta,
campo que no ha sido arado,
viña en flor,
fuente de abundantes aguas,
virgen fecunda
y madre que no ha conocido varón,
tesoro escondido de inocencia,
gloria y santidad!
Ruega por nosotros Virgen María,
en tu autoridad maternal,
tú que siempre eres escuchada
por el Señor creador de todas las cosas,
tu hijo nacido de ti sin padre terrestre:
toma en tus manos el timón de la Iglesia
y condúcenos al puerto de la Paz.

San Germán de Constantinopla

Domingo. Santísima Trinidad

11 de junio de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso (Éx 34, 4b-6. 8-9)
  • ¡A ti gloria y alabanza por los siglos! (Salmo: Dan 3, 52-56)
  • La gracia de Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo (2 Cor 13, 11-13)
  • Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por él (Jn 3, 16-18)
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Saber caer

(Asistimos al diálogo entre Marcus, un estudiante de la universidad de Monclair, en el estado de New Hampshire, y su profesor de literatura, Harry Quebert. Entre ellos se ha establecido una relación de amistad, que va más allá de lo estrictamente académico, en la que comparten su pasión por la literatura y también por el boxeo, deporte que ambos admiran y practican. Marcus ha cursado el bachillerato en su estado de New York, en el instituto de Felton, donde ha conseguido tener una fama de ser un tipo sensacional en el deporte y en los estudios, aunque esa fama no corresponde a su realidad; ha sido el típico “fantasma” que ha tenido éxito y ha conseguido hacer creer a todos que él era “el Formidable”, que fue el apodo que le pusieron, con gran complacencia suya, en su instituto. Pero la realidad es que él era un estudiante vanidoso, gandul y narcisista. Harry Quebert lo ha “calado” y quiere hacer de él un gran escritor, pero ante todo y en primer lugar, un hombre)

“Harry, si tuviera que quedarme con una sola de todas sus lecciones, ¿cuál sería?

-Le devuelvo la pregunta.

- Para mí sería la importancia de saber caer.

-Estoy completamente de acuerdo con usted. La vida es una larga caída, Marcus. Lo más importante es saber caer.”

-Mire, Marcus, sé exactamente qué tipo de persona es usted: un pequeño pretencioso de primera que se piensa que Montclair es el centro del mundo. Un poco como los europeos pensaban serlo en la Edad Media, antes de coger un barco y descubrir que la mayoría de las civilizaciones más allá del océano estaban más desarrolladas que la suya, cosa que intentaron disimular a base de grandes masacres. Lo que quiero decir, Marcus, es que es usted un tipo sensacional, pero corre el peligro de apagarse si no se espabila un poco. Sus textos son buenos. Pero hay que revisarlo todo: el estilo, las frases, los conceptos, las ideas. Tiene que ponerse en cuestión y trabajar mucho más. Su problema es que no trabaja lo suficiente. Se contenta usted con muy poco, desgrana palabras sin elegirlas bien y eso se nota. Se cree usted un genio, ¿eh? Se equivoca. Su trabajo es una chapuza y en consecuencia no vale nada. Queda todo por hacer. ¿Me sigue?

-No mucho…

Estaba furioso: ¿cómo se atrevía, por muy Quebert que fuera? ¿Cómo se atrevía a dirigirse de esa forma a alguien a quien llaman “el Formidable”? Él prosiguió:

Domingo de Pentecostés

4 de junio de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar (Hch 2, 1-11)
  • Envía tu Espíritu, y repuebla la faz de la tierra (Sal 103)
  • Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo (1 Cor 12, 3b-7. 12-13)
  • Secuencia: Ven, Espíritu divino.
  • Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo; recibid el Espíritu Santo (Jn 20, 19-23)
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Vigilia de Pentecostés

3 de junio de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Se llama Babel, porque allí confundió el Señor la lengua de toda la tierra (1ª Gén 11, 1-9)
  • Dichoso el pueblo que Dios se escogió como heredad (Sal 32)
  • El Espíritu intercede por nosotros con gemidos inefables (Rom 8, 22-27)
  • Manarán ríos de agua viva (Jn 7, 37-39)
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El Mesías Rey (Salmo 2)

Catequesis parroquial nº 139

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 17 de mayo de 2017

Para escuchar la charla en ivoox, pulse aquí: http://www.ivoox.com/18935327

Para escuchar la charla en YouTube, pulse aquí: 


VII Domigno de Pascua. La Ascensión del Señor.

28 de mayo de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • A la vista de ellos, fue elevado al cielo (Hch 1, 1-11)
  • Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas (Sal 46)
  • Lo sentó a su derecha en el cielo (Ef 1, 17-23)
  • Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra (Mt 28, 16-20)
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La Gracia

(El texto recoge la conversación entre el señor Lamy, que es el juez encargado de Menores de París, con un educador de uno de los centros donde son enviados los menores sin familia, o que han delinquido, o que presentan problemas especiales. Este educador, al que todos llaman por su apodo “Colmillo Blanco”, acaba de ser padre. El juez se ha trasladado en plena noche para intentar abordar el problema que ha creado uno de los recluidos, Alain Robert, al fugarse del centro junto con otros, un chico sin familia, cuya obsesión es encontrar a sus padres. La conversación se articula sobre dos posiciones en relación a estos muchachos y lo que ellos representan: la de quienes creen que “no hay nada que hacer” y la del juez Lamy, que cree en el milagro, que tiene esperanza y que decide jugar la carta de la esperanza)

- ¿Y Mamy? ¿Cómo está Mamy?

La sonrisa a la que Colmillo Blanco debía su apodo reapareció tan resplandeciente que el señor Lamy añadió, sin esperar:

- ¿Qué! ¿No me dice usted lo que hay?

- Sí, la noche pasada; ¡un niño!

- ¡Entonces todo se arreglará, Colmillo blanco! Lo mejor y lo peor no pueden vivir juntos mucho tiempo.

-¡Oh, sí! En cada uno de nuestros niños, y en cada uno de nosotros, también…

El señor Lamy se inclinó hacia él.

- ¿Y tiene usted padrino para el niño? Y a propósito, ¿qué nombre escogió usted?

- Pascual.

- Ahora –dijo el señor Lamy, poniendo la mano sobre el brazo de Colmillo Blanco-, tengo una súplica que hacerle: elija usted a Alain Robert…

VI Domingo de Pascua

21 de mayo de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo (Hch 8, 5-8. 14-17)
  • Aclamad al Señor, tierra entera (Sal 65)
  • Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu (1 Pe 3, 15-18)
  • Le pediré al Padre que os dé otro Paráclito (Jn 14, 15-21)
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El pecado de los ángeles


ÁNGELES Y HOMBRES EN EL DESIGNIO DE LA GRACIA: LA INVERSIÓN DEL ORDEN NATURAL 

En el orden de la creación, el ángel es el primogénito según la perfección natural. Sin embargo, en el orden de la gracia, en el designio salvífico divino, el hombre es el heredero de Dios, el heredero del mundo futuro, y los ángeles entran en esta herencia como servidores del heredero, exactamente como servidores de la conducta providencial del hombre en camino hacia su felicidad en Dios. Aunque los ángeles son los hermanos mayores, Dios no los ha nombrado a ellos herederos, pues en la historia de la salvación ocurre, a menudo, que es el pequeño quien hereda, sin que ello signifique la supresión de la primogenitura del mayor. Pero Dios se complace en hacer que el mayor, precisamente porque es el más grande, el más fuerte, entre en la herencia a través del pequeño. Es un modo divino de recordarle que es el mayor por pura gracia y que su derecho de primogenitura no es un derecho que él pueda reivindicar frente a Dios. Dios se complace en retomar a contrapelo la jerarquía natural en su designio de gracia “para que ninguna criatura pueda gloriarse ante Él” (1 Co 1,29).

El ángel está por lo tanto referido al misterio de la filiación divina por gracia, misterio que alcanza en el hombre su punto culminante. ¿Por qué en el hombre? Probablemente porque para el hombre es más fácil, en razón de su misma pobreza, recibir más plenamente la gracia y dejarse atraer con más agradecimiento hacia la paternidad misericordiosa de Dios. El ángel, en cambio, dado que es el hermano mayor y que está siempre junto al Padre, posee hacia Él un temor reverencial tan grande, una veneración tan inmensa, que tal vez le dificulta llegar al corazón del Padre y se considera únicamente como servidor: la conciencia tan aguda de la transcendencia divina que posee, le dificulta ir más allá.

EL PECADO DE LOS ÁNGELES

La aceptación de este designio de gracia constituyó la prueba ante la cual tropezó Lucifer. Para que los ángeles tuvieran siempre muy presente que su perfección es un don de amor, una gracia, Dios quiso que su misterio trinitario se reflejara, no en las criaturas incorporales (los ángeles), sino en la criatura espiritual encarnada que es el hombre. No es por azar por lo que empleamos para la Trinidad términos como “Padre”, “Hijo” y “generación”; términos que, por muy imperfectos que sean para dar cumplida cuenta del misterio trinitario, constituyen sin embargo las palabras que Él ha inspirado y a través de las cuales Él se ha revelado en la Biblia. Pues estos términos expresan algo de ese misterio trinitario, reflejado en la única naturaleza humana que se comunica y existe en diversas personas. Aunque la imagen sea muy lejana, pues las personas divinas no son individuos, como lo son las personas humanas, sin embargo dice algo a propósito de un tipo de unidad que no conoce el mundo angélico: la unidad entre varios sujetos en una misma naturaleza.

V Domingo de Pascua

14 de mayo de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Eligieron a siete hombres llenos del Espíritu Santo (Hch 6, 1-7)
  • Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti (Sal 32)
  • Vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real (1 Pe 2, 4-9)
  • Yo soy el camino y la verdad y la vida (Jn 14, 1-12)
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Oración de Alejandro Solzhenitsyn

¡Qué fácil me resulta vivir contigo, Señor! ¡Qué fácil me resulta creer en Ti! 

Cuando, en la perplejidad, mi espíritu se oculta o se doblega, cuando los más inteligentes no ven más allá de esta tarde, y no saben qué es lo que habrá que hacer mañana, Tú me infundes la serena certeza de que Tú existes y de que Tú velas para que todos los caminos del bien no estén cerrados.

Sobre la cresta de la gloria terrestre, contemplo con asombro este camino a través de la desesperanza. Este camino en el que, incluso yo, he podido enviar a la humanidad un reflejo de tus rayos.

Todo lo que sea necesario que yo refleje todavía, Tú me lo concederás. Y todo lo que yo no consiga reflejar, Tú lo asignarás a otros.

Alejandro Solzhenitsyn

IV Domingo de Pascua

7 de mayo de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Dios lo ha constituido Señor y Mesías (Hch 2, 14a. 36-41)
  • El Señor es mi pastor, nada me falta (Sal 22)
  • Os habéis convertido al pastor de vuestras almas (1 Pe 2, 20b-25)
  • Yo soy la puerta de las ovejas (Jn 10, 1-10)
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Entrar en una iglesia

Ayer por la tarde, después de despedirme de ti, Julia querida, como no encontré a la persona que tenía que ver, ni a nadie más, y teniendo necesidad de librarme de las muchas preocupaciones que oprimen, dentro de mi débil organismo, a mi alma fatigada, entré -era ya tarde, pero todavía llegué a tiempo- en una iglesia, en la pequeña, recogida y entrañable iglesia de Santa Maria della Pace.

Entrar en una iglesia siempre es una liberación: entrar en una iglesia significa librarse de de las terribles preocupaciones, de las angustias que las potencias del mal introducen en el alma de los hombres. Recuerdo que, en la iglesia de Grottaferrata, apenas se entra está escrito: “Oh vosotros, que entráis en la casa del Señor, dejad fuera las preocupaciones que os embriagan, a fin de que podáis encontrar aquí dentro un juez benigno”.

Yo ayer por la tarde entré, pues, en Santa Maria della Pace y, ciertamente, no pude dejar fuera las preocupaciones que me embriagaban; sin embargo, al asistir a aquel austero oficio, en aquella iglesia casi vacía y casi en penumbra, me pareció que era transportado lejos, a una región celestial en la que sólo estaba el Señor y la Virgen y unas voces argentinas que oraban y suplicaban la gracia de Dios.

Y en el alma obsesivamente atormentada se hizo una paz repentina e infinita, un silencio maravilloso y misterioso, una especie de liberación de las preocupaciones de la vida. Y bajo los ojos benignos del Señor, que es Caridad, las preocupaciones de la vida se desvanecían como si fueran nieve que se deshacía bajo el sol, y quedaba sólo un alma pecadora que vivía y suplicaba Misericordia al Señor de la Misericordia, al Padre de la Misericordia.

El Dios del Consuelo estaba allí, y ¿qué quería -qué puede querer- sino consolar? Recemos siempre a Dios, Julia: Él es el Camino, y la Verdad, y nuestra Vida. Te quiero. Y soy tú.



Autor: Giuseppe CAPOGRASSI
Título: Pensaments per a Giulia. Antologia
Editorial Denes, Col•lecció Rent nº 5, Paiporta (València), 2009, pp. 61-62