- Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno (Gén 1, 1 - 2, 2)
- Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra (Sal 103)
- El sacrificio de Abrahán , nuestro padre en la fe (Gén 22, 1-18)
- Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti (Sal 15)
- Los hijos de Israel entraron en medio del mar, por lo seco (Éx 14, 15-15,1a)
- Cantaré al Señor, gloriosa es su victoria (Sal: Éx 15, 1-18)
- Con amor eterno te quiere el Señor, tu libertador (Is 54, 5-14)
- Te ensalzaré, Señor, porque me has librado (Sal 29)
- Venid a mí y viviréis. Sellaré con vosotros una alianza perpetua (Is 55, 1-11)
- Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación (Sal: Is 12, 2-6)
- Camina al resplandor del Señor (Bar 3, 9-15. 32-4,4)
- Señor, tú tienes palabras de vida eterna (Sal 18)
- Derramaré sobre vosotros un agua pura, y os daré un corazón nuevo (Ez 36, 16-17a. 18-28)
- Oh, Dios, crea en mí un corazón puro (Sal 41)
- Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más (Rom 6, 3-11)
- Ha resucitado y va por delante de vosotros a Galilea (Mt 28, 1-10)
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Vigilia Pascual
Viernes Santo
- Él fue traspasado por nuestras rebeliones (Is 52,13-53,12)
- Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu (Sal 30)
- Aprendió a obedecer; y se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación (Heb 4, 14-16; 5, 7-9)
- Pasión de nuestro Señor Jesucristo (Jn 18, 1- 19,42)
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Jueves Santo
- Prescripciones sobre la cena pascual (Éx 12, 1-8. 11-14)
- El cáliz de la bendición es comunión de la sangre de Cristo (Sal 115)
- Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor (1 Cor 11, 23-26)
- Los amó hasta el extremo (Jn 13, 1-15)
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Pureza de corazón
DISCÍPULO: ¿Cuáles son los indicios de que uno ha alcanzado la pureza del corazón? ¿Cuándo sabe uno que su corazón ha llegado a esa pureza?
MAESTRO: Quien ve la belleza en todos los hombres y ninguno le parece impuro o contaminado, éste se mantiene verdaderamente en la pureza. Pues, de otra manera, ¿cómo podría cumplirse la palabra del Apóstol cuando afirma que “aquel que se mantiene en la virtud plena piensa que todos los demás son mejores que él, en el corazón y en verdad”? (cf. Flp 2,3), si este hombre no ha llegado a lo que está escrito en otro lugar: “Los ojos puros no ven el mal” (cf. Tit 1,35).
Isaac de Nínive – Siglo VII
Domingo de Ramos
Procesión
- Bendito el que viene en nombre del Señor (Mt 21, 1-10)
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Misa
- No escondí el rostro ante ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado (Is 50, 4-7)
- Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? (Sal 21)
- Se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó sobre todo (Flp 2, 6-11)
- Pasión de nuestro Señor Jesucristo (Mc 14, 1 - 15, 47)
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Todavía soy débil
Señor, tú que no eres más que dulzura y suavidad,
soporta mi enfermedad,
que me hace desfallecer,
alejando con frecuencia mi pensamiento de ti.
Pero si tú me sostienes, no sucumbiré.
Apoyándome en ti, seré fortalecido.
Porque todavía soy débil e inestable.
Pero tú tienes piedad de mí,
porque estás lleno de dulzura y de ternura,
y tu misericordia es inmensa
para todos los que te invocan.
soporta mi enfermedad,
que me hace desfallecer,
alejando con frecuencia mi pensamiento de ti.
Pero si tú me sostienes, no sucumbiré.
Apoyándome en ti, seré fortalecido.
Porque todavía soy débil e inestable.
Pero tú tienes piedad de mí,
porque estás lleno de dulzura y de ternura,
y tu misericordia es inmensa
para todos los que te invocan.
V Domingo de Cuaresma
- Haré una alianza nueva y no recordaré los pecados (Jer 31, 31-34)
- Oh, Dios, crea en mí un corazón puro (Sal 50)
- Aprendió a obedecer; y se convirtió en autor de salvación eterna (Heb 5, 7-9)
- Si el grano de trigo cae en tierra y muere, da mucho fruto (Jn 12, 20-33)
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¿Un mundo nuevo?
(La novela se basa en la ficción de que hay una tierra donde los hombres que llegan a ella inician una vida nueva olvidando los recuerdos de su antigua vida, de su vida pasada. En esta tierra de la vida nueva, prevalece lo universal abstracto sobre lo particular individual, que es visto como un recuerdo del pasado que hay que olvidar. Un mundo así ¿es más o menos humano que el mundo anterior del que se procede? ¿Qué es más conforme con las exigencias del corazón del hombre? Ésta es la cuestión que subyace a toda la novela)
(Simón traba amistad con Elena, la madre -sin marido- de un niño que se ha convertido en el mejor amigo de Jesús, el niño que va con él y con quien se comporta como un tutor, mientras buscan a su madre. Sobre la necesidad de suprimir todos los recuerdos, afirma Simón:)
- Es cierto: no tengo recuerdos. Pero las imágenes persisten, sombras de imágenes. No sabría explicar por qué. También persiste algo más profundo que yo llamo "el recuerdo de haber tenido recuerdos".
- Estoy empezando a pensar que hay algo en mi forma de hablar que da a entender que sigo anclado en el pasado, que no he olvidado.
- Olvidar lleva su tiempo -dice Elena-. Una vez hayas olvidado de verdad, desaparecerá tu sensación de inseguridad y todo será mucho más fácil.
- Por favor, Elena, no me malinterpretes. No valoro tanto mis viejos recuerdos. Estoy de acuerdo contigo: no son más que una carga. No, lo que me resisto a dejar atrás es otra cosa, no son los recuerdos en sí mismos, sino la sensación de habitar un cuerpo con un pasado, un cuerpo empapado en su pasado. ¿Lo entiendes?
- Una vida nueva es una vida nueva -dice Elena-, no volver a vivir la antigua en un sitio distinto.
- Pero ¿de qué sirve una vida nueva -le interrumpe él-, si no nos transforma ni nos transfigura? A mí no me ha transfigurado.
(Mientras viaja en un autobús con Elena y su hijo Fidel, así como con Jesús)
Los dos niños, en el asiento de delante, están susurrando y riéndose. Él toma la mano de Elena entre las suyas. Ella no intenta soltarse. No obstante, de ese modo inescrutable en que habla el cuerpo, su mano responde. Muere como un pez fuera del agua.
- ¿Puedo preguntarle -dice- si es incapaz de sentir algo por un hombre?
- No es que no sienta nada -responde ella despacio y midiendo las palabras-. Al contrario, siento buena voluntad, mucha buena voluntad. Por usted y por su hijo. Afecto y buena voluntad.
- ¿Por buena voluntad se refiere a que nos desea lo mejor? Estoy intentando entenderlo. ¿Siente benevolencia por nosotros?
- Sí, eso es.
- Debo decirle que esa benevolencia es lo que encontramos constantemente. Todo el mundo nos desea lo mejor y está dispuesto a ayudarnos. Nos vemos transportados literalmente por una nube de buena voluntad. Pero todo es un poco abstracto. ¿Puede la buena voluntad satisfacer por sí sola todas nuestras necesidades? ¿No es parte de nuestra naturaleza anhelar algo más tangible?
Situaciones cristianamente irregulares en la convivencia conyugal
IV Domingo de Cuaresma
- La ira y la misericordia del Señor serán manifestadas en el exilio y en la liberación del pueblo (2 Crón 36, 14-16. 19-23)
- Que se me pegue la lengua al paladar si no me acuerdo de ti (Sal 136)
- Muertos por los pecados, estáis salvados por pura gracia (Ef 2, 4-10)
- Dios envió a su Hijo para que el mundo se salve por él (Jn 3, 14-21)
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Situaciones cristianamente irregulares de convivencia conyugal
1.- Los grandes principios que determinan la postura (disciplina) de la Iglesia en esta materia.
a) El cuerpo forma parte del ser de la persona humana.
El hombre no tiene cuerpo sino que es corporal. La categoría del “tener” no es aplicable de manera adecuada al cuerpo humano porque el cuerpo del hombre no es un instrumento ajeno a su ser personal y manejado por él, sino que forma parte del ser personal del hombre. De modo que cuanto acontece a mi cuerpo me acontece a mí. Si alguien me da una bofetada o un beso no está abofeteando o besando un instrumento mío sino que me está abofeteando o besando a mí.
b) Ser cristiano es pertenecer a Otro, a Cristo, ser Suyo por completo.
El cristiano, por el bautismo, pertenece a Cristo íntegramente, en alma y cuerpo, y no puede, por lo tanto, disponer de su ser autónomamente porque ese ser no es suyo sino de Cristo: sólo cuando Cristo le entregue a otro es cuando él podrá entregarse. Quienes no son cristianos pueden ver esto como una forma de esclavitud, de pertenencia a otro. Pero se trata de una esclavitud y de una pertenencia libre, realizada por amor: “Que mi amado es para mí y yo soy para mi amado” (Ct 2,16).
c) El concepto bíblico de amor.
Amar es hacer alianza con alguien. No es una cuestión de sentimientos o de gustos, sino de libre decisión de mi voluntad: nadie está obligado a hacer alianza con alguien, pero si libremente la hace, una vez hecha, el único desafío humano que queda es ser fiel a esa alianza libremente contraída. El libro de Rut expresa bellamente lo que significa hacer alianza con alguien en las palabras que Rut le dirige a Noemí: “No insistas en que te abandone y me separe de ti, porque donde tú vayas, yo iré, donde habites, habitaré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios” (Rut 1,16).
Lo propio de la alianza matrimonial es que comporta una exclusividad y una radicalidad única, pues consiste en decir: «después de Dios, tú eres para mí la persona más importante, no eres ni serás nunca “una más”, sino la única: “Sesenta son las reinas, ochenta las concubinas (e innumerables las doncellas). Única es mi paloma, mi perfecta” (Ct 6,8-9)». Esto exige una fidelidad total y absoluta, por la cual sé que puedo contar contigo siempre, que siempre estarás ahí, a mi lado, junto a mí, como yo estaré contigo y junto a ti y que ocurra lo que ocurra y pase lo que pase siempre estaré contigo.
d) Qué es casarse por la Iglesia.
“Casarse por la Iglesia”, recibir el sacramento del matrimonio, no es algo puramente humano sino algo divino, que se le regala a una decisión humana –la de unir para siempre las dos vidas por amor-, pero que convierte esta decisión humana en un sacramento, es decir, en un signo eficaz del amor de Dios a los hombres, de la obra salvífica de Cristo. Los novios cristianos le dan a Cristo su proyecto de vida, su unión para siempre, y Cristo la acepta y la convierte en un signo eficaz del amor que Él tiene a su Esposa, la Iglesia. Ese amor es un amor siempre fiel, incluso cuando su esposa, la Iglesia, le es infiel; por lo tanto es un amor que conoce el perdón y el dar la vida por el otro. Por eso escribe san Pablo: “Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a su Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola por el baño del agua, en virtud de la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada” (Ef 5, 25-27).
III Domingo de Cuaresma
- La ley se dio por medio de Moisés (Jn 1, 17)
- Señor, tú tienes palabras de vida eterna (Sal 18)
- Predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los hombres; pero para los llamados es sabiduría de Dios (1 Cor 1, 22-25)
- Destruid este templo, y en tres días lo levantaré (Jn 2, 13-25)
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Las mortificaciones - La vía media
No hay que exagerar en nada, sino propiciar que nuestro amigo el cuerpo nos siga siendo fiel y contribuya al desarrollo de las virtudes.
Es un insensato aquel que debilita voluntariamente su propio cuerpo, aunque sea con el propósito de llegar a la perfección.
No emprendas nada que esté por encima de tus fuerzas. De lo contrario, caerás y el enemigo se burlará de ti.
La vía media es la mejor. Hay que darle al espíritu lo que es espiritual, y al cuerpo lo necesario.
No hay que desentenderse de lo que la vida social exige legítimamente de cada uno de nosotros: “Dad al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22,21).
Hay que ser paciente consigo mismo y soportar los propios defectos como se soportan los del prójimo, pero sin dejarse llevar por la pereza y esforzándose continuamente por obrar mejor.
Si hemos comido demasiado o hecho algo reprensible, no nos indignemos ni añadamos un mal a otro, sino que, guardando la paz interior, hemos de procurar animosamente enderezarnos.
San Serafín de Sarov
Penitencia y Reparación - Retiro Cuaresma 2018 (3/3)
"Completo lo que falta a las tribulaciones de Cristo en mi carne, en favor de su cuerpo, que es la Iglesia" (Col 1, 24): Penitencia y reparación
Catequesis parroquial nº 144
Autor: D. Fernando Colomer FerrándizFecha: 22 de febrero de 2018
Para escuchar la charla en ivoox, pulse aquí: http://www.ivoox.com/24037720
Para escuchar la charla en YouTube, pulse aquí:
Pecado y Redención - Retiro Cuaresma 2018 (2/3)
"Dios hizo a Cristo pecado en favor nuestro" (2 Co 5, 21): Pecado y redención
Catequesis parroquial nº 143
Autor: D. Fernando Colomer FerrándizFecha: 21 de febrero de 2018
Para escuchar la charla en ivoox, pulse aquí: http://www.ivoox.com/24020693
Para escuchar la charla en YouTube, pulse aquí:
La contemplación del Cordero inmolado - Retiro Cuaresma 2018 (1/3)
"Mirarán al que traspasaron" (Jn 19,37): La contemplación del Cordero inmolado
Catequesis parroquial nº 142
Autor: D. Fernando Colomer FerrándizFecha: 20 de febrero de 2018
Para escuchar la charla en ivoox, pulse aquí: http://www.ivoox.com/23987598
Para escuchar la charla en YouTube, pulse aquí:
II Domingo de Cuaresma
- El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe (Gén 22, 1-2. 9a. 10-13. 15-18)
- Caminaré en presencia del Señor en el país de los vivos (Sal 115)
- Dios no se reservó a su propio Hijo (Rom 8, 31b-34)
- Este es mi Hijo, el amado (Mc 9, 2-10)
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La dedicación de una Iglesia
¿Es posible que Dios habite en un lugar?
La dedicación de una iglesia es la consagración de un lugar como lugar de la presencia de Dios, como lugar en el que Dios, de algún modo, habita, mora. Es, por lo tanto, reconocer y constituir ese lugar como “templo”. Al reflexionar sobre ello, la primera cuestión que se nos plantea es la de preguntarnos si tiene sentido creer que Dios, que ha creado el universo entero, que es su Señor absoluto y que es soberanamente libre, se va a comprometer a estar especialmente presente en un lugar.
En todas las religiones el templo representa el lugar en el que Dios se hace presente de modo especial, para recibir el culto de sus fieles y dispensar sus favores. Es un lugar que se convierte en sagrado por la presencia de la divinidad. El templo es el lugar de la presencia invisible de Dios, es la casa de Dios, el lugar en el que habita para siempre. Tal es la pretensión que el creyente tiene en relación al templo: que sea siempre un lugar en el que mora la divinidad y se hace alcanzable para el hombre.
La Biblia, sin embargo, matiza esta pretensión humana enseñando que Dios no puede estar “encerrado” en el templo –“porque los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener” (1Re 8,27)- y que cuando el creyente ora en el templo Dios lo escucha desde el cielo, que es el lugar donde Él reside (1Re 8,30). El Deuteronomio precisa que sólo el Nombre de Dios habita en el templo, el Nombre que expresa y representa la persona (Dt 12, 5.11). Por lo tanto, la presencia de Dios en el templo es un don que no se ejerce de manera mágica y que Dios puede retirar si el pueblo es infiel. De hecho los profetas lucharon mucho para que la adhesión de los israelitas al templo no se transformara en una creencia supersticiosa en la eficacia casi mágica de la presencia de Dios, como si Dios estuviese obligado a defender el templo a cualquier precio (Jr 7,4), incluso si el pueblo no practica la ley, o si el culto que se celebra en él es superficial (Is 1,11-17) o incluso idolátrico (Ez 8,7-18). Y como las advertencias de los profetas no consiguieron evitar esos graves defectos, Dios, para salvar el sentido auténtico del culto, permitió la destrucción del templo por manos de Nabucodonosor (2Re 25,8-17).
I Domingo de Cuaresma
- Pacto de Dios con Noé liberado del diluvio de las aguas (Gén 9, 8-15)
- Tus sendas, Señor, son misericordia y lealtad para los que guardan tu alianza (Sal 24)
- El bautismo que actualmente os está salvando (1 Pe 3, 18-22)
- Era tentado por Satanás, y los ángeles lo servían (Mc 1, 12-15)
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Himno al Dios incognoscible
¡Oh Trinidad creadora del Universo,
cuya gloria es incomprensible,
cuyas obras son inexplicables,
y cuya esencia es inmutable!
¡Oh Dios, Vida de todas las cosas,
oh más allá de todos los esplendores,
oh Principio del Verbo Eterno,
oh mi Dios más que eterno,
Tú que nunca jamás has sido hecho
sino que eres sin comienzo!
¿Cómo descubrirte por completo
a Ti que me llevas en Ti?
¿Quién me concederá percibirte
a Ti que yo llevo en mí?
(San Simeón el Nuevo Teólogo +1022)
VI Domingo del Tiempo Ordinario
- El leproso vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento (Lev 13, 1-2. 44-46)
- Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación (Sal 31)
- Sed imitadores míos como yo lo soy de Cristo (1 Cor 10, 31 - 11,1)
- La lepra se le quitó, y quedó limpio (Mc 1, 40-45)
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La bondad sin sentido
La mayoría de los hombres que viven en la Tierra no se proponen como objetivo definir el “bien”. ¿En qué consiste el bien? ¿Bien para quién? ¿De quién? ¿Existe un bien común, aplicable a todos los seres, a todas las tribus, a todas las circunstancias? ¿O tal vez mi bien es el mal para ti y el bien de mi pueblo, el mal para el tuyo? ¿Es eterno e inmutable el bien, o quizás el bien de ayer es el vicio de hoy, y el mal de ayer se ha transformado en el bien de hoy?
Ni siquiera Herodes derramó sangre en nombre del mal: la derramó en nombre de su propio bien. Una nueva fuerza había venido al mundo, una fuerza que amenazaba con destruirle a él y a su familia, destrozar a sus amigos y favoritos, su reino, su ejército.
Yo vi la fuerza inquebrantable de la idea del bien social que nació en mi país. Vi esa fuerza en el periodo de la colectivización total, la vi en 1937. Vi cómo se aniquilaba a las personas en nombre de un ideal tan hermoso y humano como el ideal del cristianismo. Vi pueblos enteros muriéndose de hambre, vi niños campesinos pereciendo en la nieve siberiana. Vi trenes con destino a Siberia que transportaban a cientos y miles de hombres y mujeres de Moscú, Leningrado, de todas las ciudades de Rusia, acusados de ser enemigos de la grande y luminosa idea del bien social.
Ahora el gran horror del fascismo alemán se ha levantado sobre el mundo. El aire está lleno de los gritos y los gemidos de los torturados. El cielo se ha vuelto negro, el sol se ha apagado en el humo de los hornos crematorios.
El bien no está en la naturaleza, tampoco en los sermones de los maestros religiosos ni de los profetas, no está en las doctrinas de los grandes sociólogos y líderes populares, no está en la ética de los filósofos. Son las personas corrientes las que llevan en sus corazones el amor por todo cuanto vive; aman y cuidan de la vida de modo natural y espontáneo. Al final del día prefieren el calor del hogar a encender hogueras en las plazas.
V Domingo del Tiempo Ordinario
- Me harto de dar vueltas hasta el alba (Job 7, 1-4. 6-7)
- Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados (Sal 146)
- Ay de mí si no anuncio el Evangelio (1 Cor 9, 16-19. 22-23)
- Curó a muchos enfermos de diversos males (Mc 1, 29-39)
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IV Domingo del Tiempo Ordinario
- Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca (Dt 18, 15-20)
- Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: "No endurezcáis vuestro corazón" (Sal 94)
- La soltera se preocupa de los asuntos del Señor, de ser santa (1 Cor 7, 32-35)
- Les enseñaba con autoridad (Mc 1, 21b-28)
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No negaría a Jesús por nada en el mundo
Soy católica.
He sobrevivido a dos años de torturas
en un campo de entrenamiento de Boko Haram.
He visto cómo han matado a mi hijo
y he sido madre de otro,
fruto de la violación de un terrorista.
Ni un solo día me he apartado del amor de Dios.
Siempre ha estado conmigo.
No pudieron separarme de mi fe,
a pesar de la violencia ejercida contra mí
por no convertirme al Islam.
La presión física y psicológica
a la que me sometieron los terroristas fue enorme.
Me obligaban a renegar de Jesús
y a recitar el Corán cinco veces al día.
Cada vez que me inclinaba de rodillas hacia La Meca,
oraba en mi interior diciendo:
“En el nombre de Jesús;
Te amo, Señor Jesús”
He sobrevivido a dos años de torturas
en un campo de entrenamiento de Boko Haram.
He visto cómo han matado a mi hijo
y he sido madre de otro,
fruto de la violación de un terrorista.
Ni un solo día me he apartado del amor de Dios.
Siempre ha estado conmigo.
No pudieron separarme de mi fe,
a pesar de la violencia ejercida contra mí
por no convertirme al Islam.
La presión física y psicológica
a la que me sometieron los terroristas fue enorme.
Me obligaban a renegar de Jesús
y a recitar el Corán cinco veces al día.
Cada vez que me inclinaba de rodillas hacia La Meca,
oraba en mi interior diciendo:
“En el nombre de Jesús;
Te amo, Señor Jesús”
“No negaría a Jesús por nada en el mundo”
Rebeca, víctima de Boko Haram en Nigeria
III Domingo del Tiempo Ordinario
- Los ninivitas habían abandonado el mal camino (Jon 3, 1-5. 10)
- Señor, enséñame tus caminos (Sal 24)
- La representación de este mundo se termina (1 Cor 7, 29-31)
- Convertíos y creed en el Evangelio (Mc 1, 14-20)
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El Templo de la Nueva Alianza
El templo de la Nueva Alianza es el cuerpo físico de Cristo, inmolado en la Cruz y entregado a nosotros en la Eucaristía
El texto capital donde se muestra que el cuerpo físico de Cristo es el verdadero y único santuario de los tiempos mesiánicos es el que nos entrega Juan en el diálogo inmediatamente posterior a la expulsión de los vendedores del Templo: "Los judíos entonces replicaron diciéndole: «¿Qué signo nos muestras para obrar así?» Jesús les respondió: «Destruid este santuario y en tres días lo levantaré.» Los judíos le contestaron: «Cuarenta y seis años se ha tardado en construir este santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero él hablaba del santuario de su cuerpo. Cuando fue levantado, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús" (Jn 2,18-22). En este texto se afirman dos verdades decisivas: que el verdadero templo es el cuerpo de Cristo, pero que para serlo ha de pasar por una destrucción y una reedificación.
"El último día de la fiesta, el más solemne, Jesús puesto en pie, gritó: «Si alguno tiene sed, que venga a mí, y beberá el que cree en mí, como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva" (Jn 7,37-38). Estas palabras de Jesús en la fiesta de las tiendas, en Jerusalén, indican que Jesús se identificaba con la Roca de la que Moisés había hecho brotar el agua, y también con el templo de Ezequiel, de Zacarías y de Joel, de cuyo costado debía brotar un manantial. "Aquel día habrá una fuente abierta para la casa de David, y para los habitantes de Jerusalén, para la purificación del pecado y de la inmundicia" (Zac 13,1). Y cuando del costado de Cristo muerto en la cruz y atravesado por la lanza del soldado broten "sangre y agua" se verá que Él es el verdadero y definitivo Templo anunciado por los profetas.
Él es el verdadero santuario, mas no llega a serlo sino pasando por un "bautismo" (= inmersión y resurgimiento: Mt 10,38; Lc 12,50), por una muerte y una resurrección, ideas en cuya comprensión no entraron los apóstoles sino después de la experiencia pascual, pese a que Jesús había aludido con frecuencia a ellas. Anunciar que su cuerpo no llegaría a ser ese santuario sino pasando por una condena a muerte y una exaltación, equivale, asimismo, a hacernos saber que el único santuario verdadero es el cuerpo inmolado de Cristo.
II Domingo del Tiempo Ordinario
- Habla, Señor, que tu siervo escucha (1 Sam 3, 3b-10. 19)
- Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad (Sal 39)
- ¡Vuestros cuerpos son miembros de Cristo! (1 Cor 6, 13c-15a. 17-20)
- Vieron dónde vivía y se quedaron con él (Jn 1, 35-42)
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Plegaria a Cristo
mira mi cobardía,
mira mi falta de fuerza,
mira también mi pobreza,
mira mi debilidad,
y ten piedad de mí, oh Verbo de Dios!
Resplandece sobre mí ahora,
como lo hiciste en el pasado,
e ilumina mi alma,
ilumina mis ojos para verte,
a Ti, luz del mundo,
a Ti, alegría, felicidad y vida eterna,
a Ti, que eres el Reino de los cielos.
¿Por qué ocultas tu rostro?
Tú sabes que yo te amo
y que te busco con toda mi alma.
¡Revélate, según tu palabra,
y manifiéstate a mí!
¡Ábreme de par en par
la sala del banquete de bodas, Dios mío;
no me cierres la puerta de tu luz,
oh Cristo, mi Señor y mi Dios!
San Simeón el Nuevo Teólogo (+1022)
Bautismo del Señor
- Mirad a mi siervo, en quien me complazco (Is 42, 1-4. 6-7)
- El Señor bendice a su pueblo con la paz (Sal 28)
- Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo (Hch 10, 34-38)
- Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco (Mc 1, 7-11)
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Epifanía del Señor
- La gloria del Señor amanece sobre ti (Is 60, 1-6)
- Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra (Sal 71)
- Ahora ha sido revelado que los gentiles son coherederos de la promesa (Ef 3, 2-3a. 5-6)
- Venimos a adorar al Rey (Mt 2, 1-12)
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La belleza traicionada
El hombre que no se asombra ya no es hombre. Pero para asombrarse, el hombre necesita de una belleza delante de sí, de una belleza que no produce él, que no posee, es decir, una belleza donada. El verdadero misterio de la belleza que identifica el hombre desde el origen es su gratuidad. El hombre está hecho para percibir y acoger la belleza como don, para reflejar y por tanto manifestar la belleza como gratuidad dada, como gratuidad de Otro.
El relato del Génesis no ha olvidado esto cuando describe la dinámica del pecado. Hasta ese momento toda la creación llenaba de asombro a Adán y a Eva. Incluso entre ellos, sobre todo entre ellos, no se miraban con concupiscencia, es decir, con deseo de poseer y de construir la belleza del otro, sino con asombro, es decir, poseyéndose mutuamente como belleza donada, como don de Otro. La posesión entre ellos no agotaba el asombro, y por tanto el goce, porque no agotaba la naturaleza de don que tiene toda criatura, la belleza inagotable de lo que es dado por Otro.
La primera rendición de Eva a la tentación, y quizá el verdadero pecado original, no fue tanto consumir el fruto prohibido, sino la mirada en la que el asombro original se corrompió reduciéndose a concupiscencia, y la belleza que había donado el Misterio se desnaturalizó convirtiéndose en belleza juzgada y calculada por el hombre: “Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido, que también comió. Se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos; y entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron” (Gn 3,6-7).
La mirada de los primeros padres que reducía la belleza del fruto prohibido a una valoración calculada por ellos mismos y no por el Dios infinito que lo creaba y lo donaba, esta mirada concupiscente, carente ya de asombro, hirió toda la belleza de la creación. La hirió allí donde toda belleza tiene sentido y se cumple, es decir, en el corazón del hombre hecho para asombrarse de todo aquello que es donado por Dios. Porque incluso el fruto prohibido había sido donado, y la prohibición de comer no quitaba nada a su belleza donada al hombre, es más, la exaltaba, acentuaba su misterio. Creaba un espacio de deseo más grande, una duración sin medida del asombro, una educación, un entrenamiento para hacer el asombro más intenso.
¿En qué se convierte el asombro cuando es traicionado, cuando la concupiscencia posesiva lo hiere? ¿Qué reemplaza al asombro en el corazón humano cuando la avidez lo aplasta y lo destruye?
En el relato del Génesis, el primer sentimiento que aflora en el corazón del hombre pecador después de la traición del asombro es el miedo. «Cuando oyeron la voz del Señor Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, Adán y su mujer se escondieron de la vista del Señor Dios entre los árboles del jardín. El Señor Dios llamó a Adán y le dijo: “¿Dónde estás?”. Él contestó: “Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo y me escondí”» (Gn 3,8-10).
No dice: “me dio vergüenza porque estaba desnudo”, sino “me dio miedo”. La realidad, que antes era solo bella y buena, que antes te hacía contener la respiración por el asombro como a los niños, ahora quita el aliento y agita el corazón que antes ensanchaba de alegría. Ahora la realidad da miedo, es enemiga. Ya no es misterio: es incógnita. Ya no es cielo abierto lleno de estrellas, o de sol, sino “selva oscura”, como diría Dante, de la que solo se espera peligro, amenaza y muerte. La belleza ha sido traicionada y en vez del asombro tenemos el miedo.
Santa María, Madre de Dios
- Invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré (Núm 6, 22-27)
- Que Dios tenga piedad y nos bendiga (Sal 66)
- Envió Dios a su Hijo, nacido de mujer (Gál 4, 4-7)
- Encontraron a María y a José y al niño. Y a los ocho días, le pusieron por nombre Jesús (Lc 2, 16-21)
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Sagrada Familia
- Quien teme al Señor honrará a sus padres (Eclo 3, 2-6. 12-14)
- Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos (Sal 127)
- La vida de familia en el Señor (Col 3, 12-21)
- El niño iba creciendo, lleno de sabiduría (Lc 2, 22-40)
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La pobreza y la caridad
Sí, la pobreza es un valor cristiano. El pobre es el que sabe que él solo no puede vivir. Necesita a Dios y a los demás para existir, desarrollarse y crecer. Los ricos, al contrario, no esperan nada de nadie. Pueden satisfacer sus necesidades sin recurrir ni a los demás ni a Dios. En este sentido, la riqueza puede conducir a una gran tristeza y a una auténtica soledad humana, o a una espantosa miseria espiritual. Si un hombre necesita de otro para comer y sanar, genera necesariamente una gran dilatación del corazón. Por eso los pobres están más cerca de Dios y viven entre ellos una gran solidaridad: obtienen de esta fuente divina la capacidad de permanecer atento al otro.
La Iglesia no debe combatir la pobreza, sino librar una batalla contra la miseria y, especialmente, contra la miseria material y espiritual. Es vital comprometerse para que todos los hombres tengan lo mínimo con que vivir. Desde los primeros tiempos de su historia, la Iglesia busca transformar los corazones para desplazar las fronteras de la miseria. La Gaudium et spes nos invita a luchar contra las miserias, no contra la pobreza: “El espíritu de pobreza y de caridad son gloria y testimonio de la Iglesia de Cristo”.
No tenemos derecho a confundir miseria y pobreza, porque haríamos mucho daño al Evangelio. Recordemos lo que nos ha dicho Cristo: “A los pobres los tendréis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis” (Jn 12, 8). Quienes quieren erradicar la pobreza hacen mentir al Hijo de Dios. Caen en el error y la mentira. El lenguaje de la ONU y de sus agencias, que quieren eliminar la pobreza confundiéndola con la miseria, no es el de la Iglesia de Cristo.
La miseria más profunda es no tener a Dios. Cor unum siempre intenta aportar ayuda material urgente, pero sin olvidar el consuelo de Dios. La caridad es servicio al hombre, y no se puede servir a la humanidad sin hablarle de Dios, pues muchas veces la raíz más profunda del sufrimiento humano es la ausencia de Dios.
Navidad - Misa del día
- Verán los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios (Is 52, 7-10)
- Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios (Sal 97)
- Dios nos ha hablado por el Hijo (Heb 1, 1-6)
- El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1, 1-18)
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Navidad - Misa de medianoche
- Un hijo se nos ha dado (Is 9, 1-6)
- Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor (Sal 95)
- Se ha manifestado la gracia de Dios para todos los hombres (Tit 2, 11-14)
- Hoy os ha nacido un Salvador (Lc 2, 1-14)
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La esperanza (Retiro de Adviento)
Catequesis parroquial nº 141
Autor: D. Fernando Colomer FerrándizFecha: 20 de diciembre de 2017
Para escuchar la charla en ivoox, pulse aquí: http://www.ivoox.com/22789867
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IV Domingo de Adviento
- El reino de David se mantendrá siempre firme ante el Señor (2 Sam 7, 1-5. 8b-12. 14a. 16)
- Cantaré eternamente tus misericordias, Señor (Sal 88)
- El misterio mantenido en secreto durante siglos eternos ha sido manifestado ahora (Rom 16, 25-27)
- Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo (Lc 1, 26-38)
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El sacerdocio de la Nueva Alianza
Jesucristo es el único sacerdote y la única víctima sacrificial de la Nueva Alianza
En el sacerdocio hay una doble mediación, descendente y ascendente, tal como escribe santo Tomás de Aquino: “El oficio propio del sacerdote es ser mediador entre Dios y el pueblo, pues por una parte trasmite al pueblo las cosas divinas… y por otra ofrece a Dios las oraciones del pueblo, por cuyos pecados satisface, en cierta manera, ante Dios”. Cristo, sacerdote de la nueva ley, ejerce de un modo perfecto la mediación descendente y ascendente.
El oficio de mediador consiste en reconciliar las partes entre las que existe una diferencia, o al menos en acercarlas una a otra. El mediador, para cumplir bien su oficio, ha de tener relaciones con las dos partes que se han de reconciliar o unir. Cristo es mediador en este sentido porque une a los hombres con Dios, los reconcilia con Él. No ejerce mediación en su naturaleza divina sino en cuanto hombre: es en cuanto hombre como Cristo une a los hombres con Dios. El Verbo encarnado es mediador en su humanidad, en cuanto que esta humanidad es la de una persona divina. La unión hipostática es el fundamento de esta mediación y de su perfección, pues gracias a esta unión hay en Cristo plenitud de gracia. En la unidad de su persona, es la unión viviente de Dios y del hombre.
Esta afirmación es una doctrina de fe, íntimamente relacionada con el texto de 1Tm 2,5: “No hay más que un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, el cual se entregó a sí mismo para rescatarlos a todos”. Jesús, por su consubstancialidad con el Padre según la divinidad y por su identidad de naturaleza con nosotros, según la humanidad, tiene la posibilidad de desempeñar con plena efectividad la función esencial del sacerdocio, que consiste en establecer una mediación entre Dios y los hombres, garantizando la máxima eficacia a esta mediación.
A la oferta de animales y productos de la tierra, a los sacrificios de cosas materiales y a los sacrificios rituales, propios del sistema cultual del Antiguo Testamento, los sustituye Jesús, superándolos y dándoles cumplimiento, con la novedad, la originalidad y el carácter inconfundible de su ofrecimiento personal. Jesús, pues, no es una de tantas víctimas; es la víctima que supera y trasciende todas las demás; no es uno de tantos sacerdotes; es el único verdadero sacerdote.
III Domingo de Adviento
- Desbordo de gozo en el Señor (Is 61, 1-2a. 10-11)
- Me alegro con mi Dios (Lc 1, 46-50. 53-54)
- Que vuestro espíritu, alma y cuerpo se mantenga hasta la venida del Señor (1 Tes 5, 16-24)
- En medio de vosotros hay uno que no conocéis (Jn 1, 6-8. 19-28)
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Oración por la Iglesia
por la santa viña de David, tu servidor,
que nos diste a conocer
por medio de Jesús, tu Hijo.
¡Gloria a Ti por los siglos!
Te damos gracias, oh Padre nuestro,
por la vida y el conocimiento
que nos manifestaste
por medio de Jesús, tu Hijo.
¡Gloria a Ti por los siglos!
Así como este pan que rompemos,
en otro tiempo diseminado por las colinas,
ha sido reunido para no formar más que uno,
así reúne a tu Iglesia
desde los confines de la tierra
en la unidad de tu reino.
Porque tuya es la gloria y el poder
por Jesucristo eternamente.
Te damos gracias, oh Padre santo,
por tu santo Nombre,
que hiciste morar en nuestros corazones,
y por el conocimiento y la fe y la inmortalidad
que nos diste a conocer
por medio de Jesús, tu Hijo.
¡Gloria a Ti por los siglos!
Tú, Señor omnipotente
creaste todas las cosas por causa de tu Nombre
y diste a los hombres
comida y bebida para su disfrute.
Pero a nosotros nos has dado
una comida y bebida espiritual
para la vida eterna.
Ante todo te damos gracias
porque eres poderoso.
A Ti sea la gloria por los siglos.
Acuérdate, Señor, de tu Iglesia,
líbrala de todo mal,
hazla perfecta en tu amor,
y reúnela de los cuatro vientos,
santificada,
en el reino que Tú has preparado.
Porque tuyo es el poder y la gloria por los siglos.
¡Maranatha!
¡Que venga el Señor!
¡Que pase este mundo!
Hosanna al Dios de David!
¡Ven Señor Jesús!
De la Didaché, s. II
II Domingo de Adviento
- Preparadle un camino al Señor (Is 40, 1-5. 9-11)
- Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación (Sal 84)
- Esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva (2 Pe 3, 8-14)
- Enderezad los senderos del Señor (Mc 1, 1-8)
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Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María
- Pongo hostilidad entre tu descendencia y la descendencia de la mujer (Gén 3, 9-15. 20)
- Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas (Sal 97)
- Dios nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo (Ef 1, 3-6. 11-12)
- Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo (Lc 1, 26-38)
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¿Por qué leer buena literatura?
Marilyne Robinson, la escritora norteamericana ganadora del Premio Pulitzer del año 2005 con su novela Gilead, escribe en uno de sus ensayos: “Añoro la civilización y quiero que me la devuelvan”.
Muchos hemos tenido momentos similares de añoranza en los últimos años. Añoranza de un mundo rico en ideas y debates sobre lo que somos y hacemos, y lo que deberíamos ser y hacer. Desearíamos volver a creer en el “arte de vivir” como un acto de buena fe entre los seres humanos, y entender que el acto más crítico para avanzar en el pensamiento y la democracia es nuestra capacidad de interactuar y debatir entre nosotros.
De forma similar a la capa fértil de la tierra, esos pocos centímetros de materia orgánica que constituyen el nutriente de nuestro planeta, la civilización es frágil. Cuando se erosiona, cuesta regenerarla, y si se consigue es a costa del esfuerzo de varias generaciones.
¿Cómo nos reencontramos con la civilización y cómo evitamos que se escurra entre nuestros dedos esa tierra fértil para la convivencia, el diálogo y el conocimiento? En un mundo en el que vamos estrechando el foco del aprendizaje, en el que el experto es el rey, nos encontramos con un modelo de conocimiento en el que cada día sabemos más y más de menos y menos cosas.
Los libros nos enseñan a comprender cosas de un modo mucho más profundo que otras formas fáciles de información. En la actualidad no se trata de tener más información. Más que nunca se trata de tener criterio, de saber elegir lo que es relevante. Hoy se trata de saber descartar la información superflua y de adquirir un buen conocimiento. El poeta T. S. Eliot (1888-1965) lo formuló magistralmente en estos versos:
“¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?”
Lo primero que es necesario después de una inundación, sea de la magnitud que sea, siempre es una simple cosa: agua potable. Nuestro mundo ha sido arrollado por el tsunami del Internet, por la sobreinformación. Para conservar el equilibrio, la salud, la armonía y la paz es necesaria, más que nunca, agua potable, agua filtrada, justo la necesaria, nada de más y, sobre todo, filtrada.
Leer cosas buenas y hacerlo bien es como beber agua potable en un mundo colmado de agua insalubre, desbordado por una inundación en la que sobreabunda (como es propio de una inundación) lo que en su mayoría es muy malo, por trivial, por falso, por engañoso. Leer buena literatura es disfrutar de algo sano, de algo sabio, de algo profundo, de algo bello, de algo verdadero.
Pero hay una segunda razón más hermosa, fina delicada y profunda: “Entre dos cirujanos igualmente competentes, procure que le opere el haya leído a Chéjov” como escribió Simon Leys (1935-2014). Si nos tiene que operar un cirujano, si es igual de bueno uno que otro, pero uno de los dos se emociona leyendo a Antón Chéjov (1860-1904), estaremos menos solos con este último en la mesa de operaciones. Quien haya leído y se haya conmovido con Chéjov (o con otro autor igual, aunque haya pocos a su nivel) tendrá una profundidad de mirada que le hará ser mejor persona y, por tanto, mejor cirujano. O mejor panadero, mejor padre, mejor músico, mejor hijo… Casi sin duda: mejor lo que sea. Porque habrá tocado la esencia de la pregunta, habrá rozado el matiz; habrá dudado y habrá sacado la mejor versión de sí mismo, debido a que la belleza y la verdad son necesarias, entre otras cosas, porque nos transforman.
Añadamos que hay que leer reposadamente, huyendo de la velocidad, tal como afirma Fernando Valverde en un artículo titulado “Los libros no tienen prisa”: “La reivindicación de la prisa no sirve para los libros; el libro exige tiempo lento, la vuelta al placer. Prisa y lectura no casan”. La lectura reposada aporta intensidad y profundidad, con lo que se crean las condiciones para alcanzar una cierta serenidad. Es tiempo de pararse y pensar, sentir, ser conscientes. Estar aquí y ahora. Menos es más, también en la lectura y en la información. Leemos –cuando leemos bien- cosas de mayor calidad y mejores. Y las mejores lecturas nos hacen mejores. O menos peores.
Leer buenos libros nos enseña a convivir con las contradicciones de la existencia, nos enseña los modos de lidiar con ellas sin padecer esquizofrenia.
Autor: Jordi NADAL
Título: Libroterapia. Leer es vida
Editorial: Plataforma Editorial, Barcelona, 2017
I Domingo de Adviento
- ¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses! (Is 63, 16c-17. 19c; 64, 2b-7)
- Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve (Sal 79)
- Aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo (1 Cor 1, 3-9)
- Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa (Mc 13, 33-37)
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Amar en exceso
«¿Qué diré de Vos, Dios mío? Diré que vuestro amor y vuestra misericordia se han unido en el exceso. Diré que me habéis amado sin ninguna medida. Diré que Vos que hacéis todas las cosas en número, peso y medida (Sb 11,20), en el amarme habéis sobrepasado todo peso, modo y medida».
San Juan Bosco
Domingo. Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo
- A vosotros, mi rebaño, yo voy a juzgar entre oveja y oveja (Ez 34, 11-12. 15-17)
- El Señor es mi pastor, nada me falta (Sal 22)
- Entregará el reino a Dios Padre, y así Dios será todo en todos (1 Cor 15, 20-26. 28)
- Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros (Mt 25, 31-46)
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