IV Domingo del Tiempo Ordinario

3 de febrero de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Te constituí profeta de las naciones (Jer 1, 4-5. 17-19)
  • Mi boca contará tu salvación, Señor (Sal 70)
  • Quedan la fe, la esperanza y el amor. La más grande es el amor (1 Cor 12, 31-13,13)
  • Jesús, como Elías y Eliseo, no solo es enviado a los judíos (Lc 4, 21-30)
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El corazón de Jesús y el corazón del hombre


Charla dada por D. Fernando Colomer en la capilla de Adoración Eucarística Perpetua de Murcia, para profundizar en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús (1 de febrero de 2019)

Señor, has sido bueno con tu tierra (Salmo 84)



Catequesis parroquial nº 148

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 19 de diciembre de 2018
(Audio no disponible)


1 Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Salmo 

Comenta san Jerónimo: Todo salmo que se titule “de los hijos de Coré” no trata de nada triste, sino siempre de hechos alegres. Pues aunque Coré, Datán y Abirón fueron castigados por el Señor por sublevarse contra Moisés, los hijos de Coré, que no se comportaron como su padre, fueron bendecidos con una eterna alegría. Dado que “Coré” significa “calvario”, y es manifiesto que el término “Calvario” designa el lugar de la resurrección, todo aquel que es hijo de Coré es hijo de la resurrección y no puede tener tristeza alguna.


2 Señor, has sido bueno con tu tierra, has restaurado la suerte de Jacob,


San Agustín explica que el profeta habla en pasado narrando como acontecido lo que ha de acontecer, porque para Dios lo que ha de acontecer ya aconteció. Pues estas palabras, como afirma san Jerónimo, se refieren a la venida de Cristo, nuestro Salvador. La tierra que había ofendido a Dios, que se había manchado con idolatrías, que había producido abrojos y espinas (cf. Gn 3,18), ha sido salvada con la venida de Cristo, nuestro Salvador. 

El cristianismo y las religiones




Autor
Fernando Colomer Ferrándiz 

Título
El Cristianismo y las Religiones 

Edita 
Instituto Teológico “San Fulgencio” (Murcia) 

ISBN 
978-84-09-07061-9 



Pedidos a:

Librería Diocesana 

Teléfono
(+ 34) 968 21 24 89 

Correo electrónico
librerias@diocesisdecartagena.org

III Domingo del Tiempo Ordinario

27 de enero de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Leyeron el libro de la Ley, explicando su sentido (Neh 8, 2-4a. 5-6. 8-10)
  • Tus palabras, Señor, son espíritu y vida (Sal 18)
  • Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro (1 Cor 12, 12-30)
  • Hoy se ha cumplido esta Escritura (Lc 1, 1-4; 4, 14-21)
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La salvación de todos

Según el espíritu del Amor de Cristo no es extraño, sino algo perfectamente natural, compartir la responsabilidad de la falta de quien amamos e incluso reivindicarla íntegramente. Más aún, es asumiendo la falta de otro como se revela la autenticidad del amor y se adquiere la verdadera conciencia de él; ¿dónde estaría el sentido del amor, si no se conservara más que por su lado agradable? Cuando se toman libremente sobre sí la falta y el castigo del ser amado, entonces alcanza el amor la perfección en todas sus dimensiones.

Muchos hombres no pueden o no quieren aceptar de buen grado las consecuencias del pecado original de Adán. Dicen: “Adán y Eva han comido la fruta prohibida, ¿en qué me concierne eso? Estoy dispuesto a responder de mis pecados, pero solamente de los míos y no de los pecados de los demás”. Y no comprenden que con esta reacción de su corazón repiten en sí mismos el pecado de nuestros primeros padres. Adán negó su responsabilidad desembarazándose de su falta en Eva y en Dios, que le había dado a ésta como mujer, y a causa de ello rompió la unidad del ser humano y su unión con Dios. Así, cada vez que rehusamos asumir nuestra responsabilidad del mal universal, de los actos de nuestro prójimo, repetimos el mismo pecado y rompemos la unidad del ser humano y su unión con Dios. En el Paraíso el Señor llamó a Adán al arrepentimiento, es lícito pensar que si, en vez de justificarse, Adán hubiera asumido la responsabilidad del pecado común, del suyo y del de Eva, el destino del mundo hubiese sido distinto. Del mismo modo, el destino del mundo será distinto si respondemos positivamente al Señor venido en la carne que renueva su llamada al arrepentimiento, y si cargamos sobre nosotros el peso de las faltas de nuestro prójimo.

El amor de Cristo no soporta la pérdida de ningún hombre y en su deseo de salvarlos a todos y en vistas a alcanzar este objetivo, sigue el camino del sacrificio. El Señor da al monje el amor del Espíritu Santo, y este amor llena el corazón del monje de dolor por los hombres, porque estos no están todos ellos en el camino de la salvación. El Señor mismo se afligió tanto por el pueblo que se entregó a la muerte en cruz. La Madre de Dios lleva en su corazón esta misma compasión por los hombres; y como su Hijo amado, deseaba con todo su ser la salvación de todos. Es el mismo Espíritu Santo que el Señor entregó a los Apóstoles, a nuestros Santos Padres y a los pastores de la Iglesia.

San Silouan del Monte Athos


II Domingo del Tiempo Ordinario

20 de enero de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Se regocija el marido con su esposa (Is 62, 1-5)
  • Contad las maravillas del Señor a todas las naciones (Sal 95)
  • El mismo y único Espíritu reparte a cada uno en particular como él quiere (1 Cor 12, 4-11)
  • Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea (Jn 2, 1-11)
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Alma de Cristo

Alma de Cristo, santifícame
Cuerpo de Cristo, sálvame
Sangre de Cristo, embriágame
Agua del costado de Cristo, lávame
Pasión de Cristo, fortaléceme
¡Oh buen Jesús, óyeme!
Dentro de tus llagas, escóndeme
No permitas que me aparte (sea separado) de ti
Del maligno enemigo, defiéndeme
En la hora de mi muerte llámame y mándame ir a ti,
para que con tus santos te alabe
por los siglos de los siglos. Amén.


Esta conocida oración la encontramos por primera vez en algunos manuscritos de los siglos XIV y XV, y debió de alcanzar una gran difusión como lo demuestra el hecho de que san Ignacio de Loyola la recomienda en sus Ejercicios Espirituales denominándola simplemente con el título Anima Christi suponiendo, evidentemente, que todos sus lectores la conocían. Pero sobre su autor no sabemos nada con certeza.

Una cosa es cierta: que esta oración nos sitúa en el corazón de la teología católica, que es Cristo presente en medio de nosotros, también después de la resurrección y ascensión al cielo, con su realidad verdadera, aunque velada, en el organismo de la Iglesia y en el sacramento del altar. Y lo hace subrayando la importancia de la humanidad de Cristo. De hecho esta oración se desarrolló, al principio, como oración ante la Hostia consagrada o como oración de acción de gracias después de la comunión, a partir del siglo XIX. Es evidente que la oración es muy idónea para tomar conciencia de la realidad de la Eucaristía, del don que se estaba contemplando o se acababa de recibir.

La oración está compuesta por once aspiraciones dirigidas al Redentor: las cinco primeras a través de alguna realidad de su humanidad (alma, cuerpo, sangre…) y las cinco siguientes dirigidas directamente a Él, a su Persona. Las cinco primeras aspiraciones subrayan el “de Cristo”, puesto que todo el valor del alma, del cuerpo, de la sangre, del agua y de la pasión procede del hecho de que son “de Cristo”, que no es un hombre cualquiera sino que es el Hijo de Dios, Dios él mismo.

Alma de Cristo, santifícame

En el Nuevo Testamento encontramos tan solo tres veces el sustantivo “alma” referido a Cristo. Uno en referencia inminente a la pasión, cuando Cristo dice que su alma esta “turbada” (Jn 12, 27) y los otros dos referidos al mismo episodio, la oración de Jesús en el huerto de Getsemaní (Mc 14, 34; Mt 26, 38). Conviene recordar que el Hijo de Dios, al encarnarse, ha asumido un alma humana (CEC 427), que, como toda alma humana, es sede del entendimiento, de la memoria y de la voluntad. En la oración del huerto el alma humana de Jesús posee un papel fundamental, puesto que Cristo pide que no se haga su voluntad humana sino la voluntad de su Padre del cielo, con lo que está pidiendo su santificación, ya que la santificación consiste en la fusión de la voluntad humana con la divina. «En la hora de Getsemaní, Jesús ha transformado nuestra voluntad humana rebelde en voluntad conforme y unida a la voluntad divina. Ha sufrido todo el drama de nuestra autonomía y entregando precisamente nuestra voluntad en las manos de Dios, nos ha dado la verdadera libertad diciendo: “no como yo quiero, sino como quieres tú”», afirmó el cardenal Ratzinger en la homilía de la misa pro eligendo pontifice.

Bautismo del Señor

13 de enero de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Mirad a mi siervo, en quien me complazco (Is 42, 1-4. 6-7)
  • El Señor bendice a su pueblo con la paz (Sal 28)
  • Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo (Hch 10, 34-38)
  • Jesús fue bautizado; y, mietras oraba, se abrieron los cielos (Lc 3, 15-16. 21-22)
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Fuente de vida

Oh Cristo, fuente de vida,
haz que sea digno de saborearte a ti,
y que mis ojos sean luminosos.

Oh Misericordia y Compasión enviada al mundo,
esperanza de la creación,
hazme gustar la dulzura de tu esperanza,
para que me vuelva ciego para el mundo
pero iluminado en el Espíritu;
y que por medio de tu amor
mi vida quede embriagada
hasta que abandone el mundo y sus caminos.

  
Isaac de Nínive (Siglo VII)

Epifanía del Señor

6 de enero de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • La gloria del Señor amanece sobre ti (Is 60, 1-6)
  • Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra (Sal 71)
  • Ahora ha sido revelado que los gentiles son coherederos de la promesa (Ef 3, 2-3a. 5-6)
  • Venimos a adorar al Rey (Mt 2, 1-12)
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Somos una misma cosa

(El texto reproduce fragmentos de una larga conversación que, Liss, el oficial alemán de las SS que gobierna un campo de prisioneros, durante la Segunda Guerra Mundial, mantiene con Mijáil Sídorovich, un comunista convencido prisionero en el campo, al que, precisamente por su cultura y profunda convicción comunista, ha invitado a sus habitaciones privadas para conversar con él. La tesis que Liss mantiene es que ambos son dos modalidades distintas de la misma esencia, dos encarnaciones diferentes del mismo principio espiritual, a lo que se opone interiormente Mijáil Sídorovich con todas sus fuerzas, aunque no puede evitar que una terrible duda se abra paso en su interior)

Liss meneó la cabeza. Y las palabras que siguieron fueron todavía más turbadoras, inesperadas, espantosas y disparatadas: 

- Cuando nos miramos el uno al otro, no sólo vemos un rostro que odiamos, contemplamos un espejo. Ésa es la tragedia de nuestra época. ¿Acaso no se reconocen a ustedes mismos, su voluntad, en nosotros? ¿Hay algo que pueda hacerles titubear o detenerse?

Liss aproximó su rostro al de Mostovskói:

- ¿Me comprendes? No domino el ruso a la perfección, pero deseo tanto que me comprenda… Ustedes creen que nos odian, pero es sólo una apariencia: se odian a ustedes mismos en nosotros. Terrible, ¿no es cierto? ¿Me comprende?

Mijáil Sídorovich decidió guardar silencio; no dejaría que Liss le arrastrara a aquella conversación.

Santa María, Madre de Dios

1 de enero de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré (Núm 6, 22-27)
  • Que Dios tenga piedad y nos bendiga (Sal 66)
  • Envió Dios a su Hijo, nacido de mujer (Gál 4, 4-7)
  • Encontraron a María y a José y al niño. Y a los ocho días, le pusieron por nombre Jesús (Lc 2, 16-21)
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Sagrada Familia: Jesús, María y José

30 de diciembre de 2018
(Ciclo C - Año impar)






  • Quien teme al Señor honrará a sus padres (Eclo 3, 2-6. 12-14)
  • Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos (Sal 127)
  • La vida de familia en el Señor (Col 3, 12-21)
  • Los padres de Jesús lo encontraron en medio de los maestros (Lc 2, 41-52)
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La oración

¿Cuántas veces no me sentí sobrecogido por el silencio que reinaba en la iglesia mientras los padres rezaban? Al principio me colocaba al fondo del edificio y contemplaba a aquellos hombres preguntándome qué hacían, arrodillados o sentados en penumbra, sin decir una palabra… Sin embargo, daban la impresión de estar escuchando y conversando con alguien envueltos por la semioscuridad de la iglesia, iluminada por velas. Me fascinaban la práctica de la oración y la atmósfera de paz que genera. Creo que es justo afirmar que existe una auténtica forma de heroicidad, de grandeza y de nobleza en esa vida de oración habitual. El hombre solo es grande cuando se arrodilla ante Dios.

Los grandes momentos de una vida son las horas de oración y adoración. Alumbran al ser, configuran nuestra verdadera identidad, afianzan una existencia en el misterio. El encuentro cotidiano con el Señor en la oración: ese es el fundamento de mi vida. Empecé cuidando esos instantes desde niño, en familia y a través de mi contacto con los espiritanos de Ourous. Cuando hemos de vivir la Pasión, necesitamos retirarnos al huerto de Getsemaní, en la soledad de la noche.

En este mundo ajetreado donde no existe tiempo ni para la familia ni para uno mismo, y menos para Dios, la auténtica reforma consiste en redescubrir el sentido de la oración, el sentido del silencio, el sentido de la eternidad. Por desgracia, nada más concluir el concilio, la Constitución sobre la liturgia no se comprendió a partir del primado fundamental de la adoración, de la humilde genuflexión de la Iglesia ante la grandeza de Dios, sino más bien como un libro de recetas. Vimos a toda clase de creativos y animadores que buscaban más bien artimañas para presentar la liturgia de modo atrayente, más comunicativo, implicando cada vez a más gente, pero olvidando que la liturgia está hecha para Dios. Si Dios se convierte en el gran ausente, podemos llegar a toda clase de desviaciones, desde las más triviales a las más abyectas.

Natividad del Señor

25 de diciembre de 2018
(Ciclo C - Año impar)






  • Verán los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios (Is 52, 7-10)
  • Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios (Sal 97)
  • Dios nos ha hablado por el Hijo (Heb 1, 1-6)
  • El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1, 1-18)
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IV Domingo de Adviento

23 de diciembre de 2018
(Ciclo C - Año impar)






  • De ti voy a sacar al gobernador de Israel (Miq 5, 1-4a)
  • Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve (Sal 79)
  • He aquí que vengo para hacer tu voluntad (Heb 10, 5-10)
  • ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? (Lc 1, 39-45)
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Los hijos son una gracia, no un proyecto

Es muy duro ser un hijo deseado. Tu existencia pende completamente de la decisión de tus padres. Sus deseos son órdenes. Si te permites algún extravío, pobre de ti: te lloverán las bofetadas, te dejarán sin postre, las recriminaciones lacrimosas te culpabilizarán hasta los huesos, hasta la médula, hasta los gametos que te dieron la vida. Porque tú existes, al fin y al cabo, para que florezca la feminidad de tu señora madre, y debes compensar con tu éxito las frustraciones de tu papá. Tu madre tiene que recuperar su línea anterior al embarazo. Tu padre tiene que renovar su ambición anterior al fracaso. El sonajero que te ofrecen no es más que un adelanto para tu entrada en la Escuela de Minas. Sobre todo, no debes decepcionar. No llorar demasiado durante la noche. Y después brillar durante el día. Todas las esperanzas están puestas en ti, de forma aplastante, porque son otras tantas desesperanzas inconfesadas.

Tengo buenas razones para pensar que los infanticidas y los parricidas van a multiplicarse con la eugenesia. Desde que el pequeño comience a emanciparse, la madre podrá echarle en cara -una cara cuyos rasgos habrán sido diseñados por ella con el genetista: “Soy yo quien te ha querido así, no rubio y con los ojos azules, como los fascistas, sino mestizo, con ojos claros, con pene de negro, con genes de médico judío, y con cromosomas del sistema inmunitario no deficientes jamás… Soy yo quien te ha concebido, no sólo como concibe una madre, a ciegas, sino como concibe el ingeniero, trazando su modelo con la regla, eliminando todos los prototipos defectuosos, adaptándose a la demanda, asegurándote en el huevo un porvenir profesional y sentimental… ¡Y tú me haces eso a mí, a tu madre, más aún, a tu creador!”.

Ése será el pecado original. Ya no se trata del drama auroral de la maternidad recibida, se trata del drama tenebroso de la maternidad elegida. Habríamos podido aceptar dejarnos sorprender por un ser tan nuevo que desgarrara la trama de nuestros proyectos. Hemos preferido inscribirlo, por supuesto en nombre de una previsión llena de piedad, como un gasto útil. Pero no tarda en llegar el momento en que nuestro pequeño nos muestra que él no es un ingrediente en la receta de nuestra felicidad. Aparece como irreductible. Se convierte en indeseable. Ahora bien, hace ya quince años que han pasado los plazos de una eliminación legal. Por eso si se quiere dotar al proyecto parental de todas las garantías, aconsejo al legislador que extienda ese plazo bastante más allá de las doce semanas, digamos que hasta los cuarenta años.

III Domingo de Adviento

16 de diciembre de 2018
(Ciclo C - Año impar)






  • El Señor exulta y se alegra contigo (Sof 3, 14-18a)
  • Gritad jubilosos, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel (Is 12)
  • El Señor está cerca (Flp 4, 4-7)
  • Y nosotros, ¿qué debemos hacer? (Lc 3, 10-18)
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Acción de gracias por el martirio

Señor, Dios todopoderoso, Padre de tu Hijo muy amado, Jesucristo,
por quien hemos recibido el conocimiento de tu nombre,
Dios de los ángeles, de las potestades, de toda la creación,
y de la raza de los justos que viven en tu presencia,
yo te bendigo por haberme juzgado digno
de formar parte de tus testigos
y de participar del cáliz de Cristo.
Que pueda ser yo admitido con ellos en tu presencia
como una ofrenda que te es agradable.
Por esta gracia y por todas las cosas
yo te alabo y te glorifico
por Jesucristo tu Hijo muy amado.

(San Policarpo de Esmirna + 167)

(Oración que pronunció poco antes de que encendieran la hoguera en la que fue martirizado)


II Domingo de Adviento

9 de diciembre de 2018
(Ciclo C - Año impar)






  • Dios mostrará tu esplendor (Bar 5, 1-9)
  • El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres (Sal 125)
  • Que lleguéis al Día de Cristo limpios e irreprochables (Flp 1, 4-6. 8-11)
  • Toda carne verá la salvación de Dios (Lc 3, 1-6)
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Inmaculada Concepción de la Virgen María

8 de diciembre de 2018
(Ciclo C - Año impar)






  • Pongo hostilidad entre tu descendencia y la descendencia de la mujer (Gén 3, 9-15. 20)
  • Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas (Sal 97)
  • Dios nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo (Ef 1, 3-6. 11-12)
  • Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo (Lc 1, 26-38)
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La infidelidad de mi mujer


(Kafuku es un actor, que ha vivido felizmente casado durante veinte años, pero que acaba de enviudar y contrata a una chica joven –Misaki- como chófer para sus desplazamientos de ida y vuelta al teatro donde trabaja. Durante los desplazamientos en su coche, conducido por Misaki, normalmente él recita en voz alta el papel de la obra de teatro que está representando; y aunque la chica es muy silenciosa, se va creando entre ellos una cierta atmósfera que da lugar a que Kafuku se confidencie con ella. Así le habla de lo que fue su relación con el último amante de su mujer)

Mientras iba en el asiento del copiloto, Kafuku solía pensar con frecuencia en su difunta esposa. Por algún motivo, desde que Misaki trabajaba para él como chófer, había empezado a acordarse a menudo de ella. Su mujer, que también había sido actriz, era dos años más joven que él y muy bella. Kafuku la amaba. Se había sentido fuertemente atraído por ella justo desde el momento en que la conoció (a los veintinueve años), sentimiento que había permanecido invariable hasta el día que ella murió (entonces él ya había cumplido los cuarenta y nueve). Mientras su matrimonio duró, jamás se acostó con otra mujer. No era que no hubiera tenido ocasión, sino que nunca había sentido el deseo de hacerlo. 

Sin embargo, ella sí se acostaba a veces con otros. Que él supiera, los amantes habían sido, en total, cuatro. Ella, como es obvio, nunca se lo había revelado, pero él, en cada ocasión, enseguida se había dado cuenta de que estaba haciendo el amor con otro hombre en alguna parte. Kafuku siempre había tenido intuición para esas cosas y, cuando uno ama de verdad, es difícil no percibir las señales. Incluso, por el tono que su mujer empleaba al hablar de ellos, adivinó fácilmente quiénes eran los amantes. Todos eran, sin excepción, coprotagonistas de las películas en las que actuaba. Y la mayoría más jóvenes que ella. La relación duraba lo que duraba el rodaje y por lo general acababa de forma espontánea una vez terminado éste. El patrón se había repetido cuatro veces.


I Domingo de Adviento

2 de diciembre de 2018
(Ciclo C - Año impar)






  • Suscitaré a David un vástago legítimo (Jer 33, 14-16)
  • A ti, Señor, levanto mi alma (Sal 24)
  • Que el Señor afiance vuestros corazones, para cuando venga Cristo (1 Tes 3, 12- 4,2)
  • Se acerca vuestra liberación (Lc 21, 25-28. 34-36)
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¿Por qué?

Abba Antonio escrutaba la profundidad de los juicios de Dios, y preguntó: "Señor, ¿por qué algunos mueren después de una vida corta, mientras otros alcanzan una prolongada ancianidad? ¿Por qué unos carecen de todo y otros nadan en la abundancia? ¿Por qué los malos viven en la opulencia y los justos padecen extrema pobreza?". Y vino una voz que le dijo: "Antonio, ocúpate de ti mismo. Así son los juicios de Dios y no te conviene conocerlos". 




Título: Apotegmas de los padres del desierto
Editorioal: Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2017, XV, 1







Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo

25 de noviembre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Su poder es un poder eterno (Dan 7, 13-14)
  • El Señor reina, vestido de majestad (Sal 92)
  • El príncipe de los reyes de la tierra nos ha hecho reino y sacerdotes para Dios (Ap 1, 5-8)
  • Tú lo dices: soy rey (Jn 18, 33b-37)
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La experiencia originaria del ser: el seno materno

Antes de ser “arrojado al mundo” el hombre es un ser acogido. Su primera morada es el vientre de una madre: “Así, lo más original que perciben los sentidos, en su transcendencia más esencial, es el acto de un amor que protege y que calienta” . El calor del seno es indisociablemente vida y ternura. El cachorro de hombre se abre a una primera relación con el espacio como confianza. Porque antes de ser sistema métrico o tridimensional, el espacio es primeramente afectivo. Como dice Fabrice Hadjadj de sí mismo: “Viví en primer lugar en el vientre de una judía alta, rubia, guapa, que era militante maoísta y diplomada en inglés. Allí, mi recogimiento era monástico pese a todo; mi posición, la de una adoración perfecta en pirueta. Me llevaban de acá para allá en las calles de Túnez y los restaurantes de París, pero yo no abandonaba mi ermita viviente, encontrándome con la gente sólo a través del tamiz de una mucosa que me los hacía a todos cálidos. Así debuté en la vida. En un tabernáculo de carne. La inquietud vendría sólo después, con la disipación. Sin embargo, si creo el célebre verso de Wordsworth -“el Hijo es el padre del Hombre”- es imposible que esta primera experiencia de lo real no fuera el fundamento de todas las que siguieron”.

En el recinto maternal, ser y amor, espacio y confianza, alimento y abrazo no son distintos. ¿Hay alimento acaso sin los fervorosos abrazos íntimos de la madre, y sin la unión física con sus senos? Gustave Siewerth insiste en el carácter fundamental de esta experiencia uterina que se prolonga en los brazos de los padres. El hijo amado tiene la percepción de que todos sus gozos provienen de una fuente de abnegación y de clemencia. El rostro del don precede al descubrimiento del propio rostro. El biberón preparado para él, al mismo tiempo que una bebida agradable, es un gesto de devoción. El pañal que le es cambiado, al mismo tiempo que un acto de higiene, es un abrazo gratuito. Su sensualidad está conformada completamente por la ofrenda. El puré de zanahorias es un plato de caricias. El gusto a chocolate es inseparable del sabor de un beso. Por eso, más tarde, deseará al otro por encima de todo, y el placer sensible separado apenas le interesará: “Sólo cuando el amor le ha sido negado, sólo entonces los contenidos de los sentidos se vuelven preciosos e importantes para él, porque los ha experimentado de manera aislada, y su corazón debe contentarse con ellos solos” .

Tal es la profundidad del sexo femenino: su ambiente subyace a nuestra presencia en el mundo. Ese ambiente no es nunca un burdel donde los hombres van a emborracharse. Es una cartuja, en la que el feto se establece en la confianza, bañado de un calor transcendente. Así podemos comprender la conmoción de Pasolini en 1975: “Estoy traumatizado por la legislación sobre al aborto, porque la considero, al igual que muchos, como una legislación sobre el homicidio. En mis sueños y en mi comportamiento cotidiano -es algo común a todos los hombres- vivo mi vida prenatal, mi dichosa inmersión en las aguas maternales: sé que allí yo estaba vivo” . ¿Qué “cínica prevaricación” puede transformar el santuario mismo de la vida en cámara mortuoria? ¿Cómo se pueden enviar las pirañas a esta piscina de la “dichosa inmersión”? El realizador de Teorema denuncia un contrasentido visceral.

XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario

18 de noviembre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Entonces se salvará tu pueblo (Dan 12, 1-3)
  • Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti (Sal 15)
  • Con una sola ofrenda ha perfeccionado definitivamente a los que van siendo santificados (Heb 10, 11-14. 18)
  • Reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos (Mc 13, 24-32)
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Fuego eterno, abismo de caridad

¡Oh Dios eterno, hogar de toda luz,
oh fuego por encima de cualquier otro fuego,
único fuego que arde sin consumirse,
fuego que destruye en el alma todo pecado
y todo amor propio;
fuego que no destruye el alma
sino que la alimenta con un amor insaciable,
de tal modo que el alma, saciada de Ti,
te desea cada vez más,
y cuanto más te desea,
más te posee y te gusta,
oh fuego soberano, fuego eterno, abismo de caridad!

Oh Dios infinito,
el amor solo y siempre el amor,
te ha empujado a crearnos a tu imagen y semejanza,
a colmarnos de gracias infinitas y de dones sin medida.
Oh bondad por encima de toda bondad,
Tú nos has dado el Verbo, tu Hijo único,
para que viviera con nosotros,
en contacto con nuestro ser de corrupción
y con nuestras tinieblas.
El amor fue la causa de este don.
Oh Grandeza eterna, Tú te has abajado,
te has hecho pequeña, para hacer al hombre grande.
E incluso antes de que existiéramos,
Tú nos has amado.
Verdaderamente hacia cualquier lado que mire
no encuentro otra cosa más que el abismo de tu caridad.

Santa Catalina de Siena

XXXII Domingo del Tiempo Ordinario

11 de noviembre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • La viuda preparó con su harina una pequeña torta y se la llevó a Elías (1 Re 17, 10-16)
  • Alaba, alma mía, al Señor (Sal 145)
  • Cristo se ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos (Heb 9, 24-28)
  • Esta viuda pobre ha echado más que nadie (Mc 12, 38-44)
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La mujer

Cierto día -¡ah, ese recuerdo no se le borraría jamás!- le había hablado un Personaje, un sacerdote de luenga barba patriarcal, que llevaba la cruz pectoral y la amatista y parecía llegar de las soledades de los confines del mundo, donde pasean, bajo cielos terribles, los leones evangélicos del Episcopado.

Viendo llorar a una niña tan joven, se acercó a ella, la miró con bondad y, lentamente, moviendo los labios con dulzura, la bendijo. Luego, poniendo la mano sobre la cabeza de ella, a la manera de un dominador de almas, le dijo:

- Hija mía… ¿por qué llora usted?

Aun oía ella esa voz serena y penetrante que le parecía la de un ser sobrehumano. Pero ¿qué podía contestar en ese momento sino que moría del deseo de vivir? Con sus grandes ojos de corza extraviada, en los que se leía su pena, lo miró en silencio. Fue entonces cuando el desconocido pronunció esas palabras sorprendentes que ella no olvidaría jamás:

- Alguna vez han debido hablarle a usted de Eva, la Madre del género humano. Aunque casi no se la honre en este Occidente, donde su nombre es mezclado con frecuencia en reflexiones profanas, a los ojos de la Iglesia es una gran Santa, a quien invoca siempre nuestra cristiandad del viejo Oriente, que conserva mejor las tradiciones antiguas. Su nombre significa Madre de los Vivientes… Dios, que inspira todos nuestros pensamientos, ha querido, sin duda, que yo la recuerde al verla a usted. Diríjase, entonces, a esa Madre, que está más cerca de usted que aquella que la engendró. Sólo Ella, créalo, puede socorrerla, puesto que usted no se parece a nadie, pobre niña que tiene sed de Vida. Puede ser, además, que el Espíritu Santo haya puesto en usted su temible Signo, pues los caminos son ignorados… Adiós, mi dulce niña. Dentro de unos instantes volveré a partir para tierras lejanas, y soy tan viejo, que acaso no regrese jamás… No la olvidaré, sin embargo… Cuando se encuentre entre las llamas, acuérdese del viejo misionero, que rezará por usted en el fondo de los desiertos.

XXXI Domingo del Tiempo Ordinario

4 de noviembre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Escucha Israel: Amarás al Señor con todo tu corazón (Dt 6, 2-6)
  • Yo te amo, Señor: tú eres mi fortaleza (Sal 17)
  • Como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa (Heb 7, 23-28)
  • Amarás al Señor, tu Dios. Amarás a tu prójimo (Mc 12, 28b-34)
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Todos los santos

1 de noviembre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas (Ap 7, 2-4. 9-14)
  • Esta es la generación que busca tu rostro, Señor (Sal 23)
  • Veremos a Dios tal cual es (1 Jn 3, 1-3)
  • Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo (Mt 5, 1-12a)
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La enseñanza de los Padres del desierto I: Humildad y Silencio

Catequesis parroquial nº 147

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 24 de octubre de 2018

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XXX Domingo del Tiempo Ordinario

28 de octubre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Guiaré entre consuelos a los ciegos y los cojos (Jer 31, 7-9)
  • El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres (Sal 125)
  • Tú eres sacerdote para siempre según el rito de Melquisedec (Heb 5, 1-6)
  • "Rabbuní", haz que recobre la vista (Mc 10, 46-52)
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La misericordia

Si eres de verdad misericordioso, cuando te priven de manera inicua e injusta de aquello que es tuyo, no te enojes ni dentro ni fuera de ti. No muestres a los otros lo que estás soportando; por el contrario, haz que las injurias de la injusticia que has sufrido queden devoradas por la pasión de la misericordia, como la fuerza del vino queda atemperada con la mucha agua.

Recuerda esto a propósito de Aquel que dispone cada cosa: las acciones de todos los hombres están delante de sus ojos y resplandecen ante él más que el sol; y si él quisiera, sería capaz de destruir a todos los hombres con el soplo de su boca. 

Tú, en cambio, no has sido constituido para clamar venganza en contra de las acciones y en contra de aquellos que las cometen, sino para invocar sobre el mundo la misericordia, para velar por la salvación de todo y para unirte al sufrimiento de cada hombre, de los justos y de los pecadores.

Sé amigo de todos los hombres y solitario en tu pensamiento. Únete al sufrimiento de cada uno y aléjate de cada uno con tu cuerpo. No amonestes a ninguno, no reprendas a ninguno, ni siquiera a aquellos cuya conducta es muy mala.

Extiende tu manto sobre el que cae y cúbrelo. Si no puedes tomar sobre ti mismo sus pecados y recibir en su puesto el castigo por ellos, soporta al menos que te tomen como desvergonzado para no avergonzarle a él.

Isaac de Nínive (Siglo VII)



XXIX Domingo del Tiempo Ordinario

21 de octubre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Al entregar su vida como expiación, verá su descendencia, prolongará sus años (Is 53, 10-11)
  • Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti (Sal 32)
  • Comparezcamos confiados ante el trono de la gracia (Heb 4, 14-16)
  • El Hijo del hombre ha venido a dar su vida en rescate por muchos (Mc 10, 35-45)
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La solidaridad carnal entre los hombres

El matrimonio es a la vez un contrato y más que un contrato. Al tener como fin algo que excede las posibilidades de un contrato, esto es, la comunión de las personas y el nacimiento de los hijos, presenta la propiedad extraña de no poder ser roto sin una violencia íntima, aun cuando las dos partes quisieran separarse amistosamente. La comunión que supone el “Te quiero” prohíbe toda ruptura: su término es el otro, y no tal o cual de sus cualidades. Si yo sólo hubiera dicho: “Quiero tu culo”, o “Quiero tu éxito”, habría podido desdecirme en el momento en que mi cónyuge fracasara o su trasero se deformara. Pero dije: “Te quiero, a ti”, es decir, a tu persona en su totalidad sucesiva, a lo que es hoy, pero también a lo que será mañana y que no conozco todavía. No ocurre como en un contrato con una empresa, que puedo rescindir cuando soy decepcionado o cuando se ha conseguido el objetivo.

Por otro lado, esta unión hace madurar un fruto natural. El hijo no es un acta redactada en papel. Es irrompible. Aun cuando yo ya no quisiera estar con su madre, estoy forzado a vernos unidos, a su madre y a mí, en su figura. Este extraño contrato produce, pues, una realidad que excede las libertades que lo establecieron, de modo que esas libertades no pueden deshacerlo de la misma manera que lo concluyeron. El matrimonio es a la vez natural y libre: es una elección que se hace sobre el fondo natural de la ordenación recíproca de los sexos; es una naturalización de la libertad por la culminación de esa elección en el hijo.

Finalmente, el matrimonio, lejos de negar la historia, prolonga la herencia de dos familias. Pero la asume en un consentimiento apasionado. Los padres y las madres ven en la unión de sus hijos un desarrollo de su aventura. Y al mismo tiempo los hijos, por esta unión, dejan a sus padres y a sus madres y forman una sola carne nueva, que añade a la epopeya un canto nuevo, como si fuera autónomo.

XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario

14 de octubre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Al lado de la sabiduría en nada tuve la riqueza (Sab 7, 7-11)
  • Sácianos de tu misericordia, Señor, y estaremos alegres (Sal 89)
  • La palabra de Dios juzga los deseos e intenciones del corazón (Heb 4, 12-13)
  • Vende lo que tienes y sígueme (Mc 10, 17-30)
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Termina tu obra en mí

Oh Dios que escrutas los riñones y los corazones,
tú penetras los secretos de mi pensamiento.
Ante ti está al descubierto lo que tú has sembrado en mi alma
y que te puede ser ofrecido;
tú conoces también lo que yo mismo
o el ‘hombre malo’ hemos sembrado en ella.

Alimenta lo que tú has sembrado
y hazlo crecer hasta su acabamiento.
Del mismo modo que yo no puedo
iniciar nada bueno sin ti,
tampoco puedo terminarlo lejos de ti.

No me juzgues, oh Dios de misericordia,
según lo que te disgusta en mí;
arranca de mí lo que no ha sido puesto por ti,
porque yo no puedo corregirme a mí mismo sin ti.







San Anselmo de Cantorbery (+1109)

XXVII Domingo del Tiempo Ordinario

7 de octubre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Y serán los dos una sola carne (Gén 2, 18-24)
  • Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida (Sal 127)
  • El santificador y los santificados proceden todos del mismo (Heb 2, 9-11)
  • Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre (Mc 10, 2-16)
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La vida no es sencilla


(María es una mujer, madre de dos mellizos, que ha sido abandonada por su marido, que ha resultado ser homosexual. Ella es fruto de un encuentro fortuito que tuvo su madre, en un viaje al extranjero, cuando tenía diecinueve años. Después su madre se casó con Björn, que ha sido la única figura paterna que María ha conocido y a quien ella llama papá. Pero inesperadamente su madre le anuncia que su padre biológico ha venido a Islandia y que quiere conocerla. Ella accede, comen juntos y después se despide. Pero a los dos días de esta comida su padre fallece inesperadamente en el hotel donde se aloja. Entonces resulta que su padre la ha nombrado a ella heredera universal y quiere que sea ella quien se haga cargo de sus cenizas y las lleve al país donde él ha vivido. En este contexto se produce el diálogo entre María y su madre que reproducimos a continuación)


- Y hay algo más –dice mi madre-. Él quería que te ocupases tú de las cenizas y las llevases al cementerio que hay al lado de su casa de campo, junto al mar.

Le digo que eso no va a poder ser.

- No me resultaría nada sencillo marcharme al extranjero, justo ahora –le digo.

Le pregunto a mi madre si no quiere ocuparse ella de este contratiempo.

- No, no es posible –me dice-. Tienes que ocuparte del papeleo de sus propiedades.

- ¿Tengo que ocuparme de las propiedades de un desconocido? ¿No hay ningún amigo ni familiar que pueda hacerse cargo?

- No, no hay nadie más. Dejó especificado en su testamento que deseaba que tú te encargases de sus propiedades. Su abogado te recibirá en su casa.

- Conocí a Albert dos días antes de su muerte y apenas sé nada sobre él.

- Una no lo puede prever todo. Siempre hay algo que nos coge por sorpresa en la vida. No tendrías que estar fuera más que unos días en este viaje. Los mellizos pueden quedarse con nosotros. El abuelo va a enseñarles a mover las piezas del ajedrez.

XXVI Domingo del Tiempo Ordinario

30 de septiembre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • ¿Estás tú celoso por mí? ¡Ojalá todo el pueblo profetizara! (Núm 11, 25-29)
  • Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón (Sal 18)
  • Vuestra riqueza está podrida (Sant 5, 1-6)
  • El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Si tu mano te induce a pecar, córtatela (Mc 9, 38-43. 45. 47-48)
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La finalidad de la vida cristiana

La oración, el ayuno, las vigilias y otras actividades cristianas, por muy buenas que parezcan en sí mismas, no constituyen la finalidad de la vida cristiana, aunque sin duda ayudan a conseguirla. 

La verdadera finalidad de la vida cristiana consiste en la adquisición del Espíritu Santo de Dios. 

La oración, el ayuno, las vigilias, la limosna y todas las demás buenas obras hechas en nombre de Cristo no son más que medios para la adquisición del Espíritu Santo.

San Serafín de Sarov

XXV Domingo del Tiempo Ordinario

23 de septiembre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Lo condenaremos a muerte ignominiosa (Sab 2, 12. 17-20)
  • El Señor sostiene mi vida (Sal 53)
  • El fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz (Sant 3, 16-4,3)
  • El Hijo del hombre va a ser entregado. Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos (Mc 9, 30-37)
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El abrazo humano

Sobre el abrazo humano: unión de los rostros y no sólo de los cuerpos 

Lo que nos distingue profundamente de las bestias es poder “hacer la bestia de las dos espaldas”. Los demás mamíferos hacen la bestia de una sola espalda. El macho se convierte de repente en bípedo, trepa sobre la hembra, se repantiga sobre su espinazo. En cambio, en el ser humano, ya no existe una hembra a la que se ataca por la espalda. Existe una mujer a la que hay que afrontar de cara. Los luchadores gozan de las mismas armas. Se exponen el uno al otro con igual vulnerabilidad. San Alberto Magno insiste en esta excepción para convertirla en regla: “Puesto que sólo las mujeres [entre las hembras] tienen la vulva por delante, el acto venéreo debe realizarse por delante”. Más que ver en ello una norma moral, yo percibiría un signo más de exigencia y de prueba. El rostro despliega en la materia algo que no es material: abre una interioridad en su superficie. Por lo tanto, en una primera aproximación, se podría decir que el poder de unirse “por delante” exige que la unión sexual se realice en una unión espiritual: que cada uno acoja el rostro del otro, que cada uno le permita al otro imprimirse en sí mismo como en el velo de la Verónica. 

La unión de los sexos permite también la unión de las bocas: Que me bese con los besos de su boca, dice la Esposa del Cantar de los cantares (Ct 1, 2). ¿Qué hacen las bocas cuando se deshacen una contra otra? Esas bocas quisieran comerse al otro sin triturarlo, para hacérselo totalmente interior. Hay como una aspiración eucarística: comer la carne del otro sin destruirlo. Es preciso creer que toda la moral sexual, la verdadera, podría resumirse en este imperativo: “Cuando beses, besa de verdad, besa a fondo, sin traiciones, sin reservas, sin detenerte en medio de ese impulso hacia el otro acogido en tu alma y en tu cuerpo”. Pero casi nunca llegamos al final de lo que ese beso postula. Nosotros besuqueamos. Damos besitos. Y aunque no besemos en plan de burla, siempre lo hacemos al estilo de Judas, emboscados. ¿Qué hacer para que nuestra postura no se convierta en impostura? ¿Quién nos rescatará de todos esos besos a medias y de todos esos falsos besuqueos? Existe, en el oficio del Viernes Santo, el rito del beso de la Cruz.

La promesa del abrazo 

“Imaginemos la sorpresa de quien, sin tener conocimiento alguno de ello, y por medio de alguna maquinación, descubriera sin ser visto los raptos amorosos de una mujer cuya distinción le hubiera impresionado. Los vería como una enfermedad. Algo parecido a la rabia de los perros. Como si una perra enrabiada hubiera venido a sustituir la personalidad de aquella que sabía recibir las visitas con tanta dignidad”, escribe G. Bataille . Se podría concluir con Ch. Baudelaire: “La voluptuosidad única y suprema del amor yace en la certeza de hacer el mal”. Pero, ese mal que se hace con el amor, ¿en qué consiste? Baudelaire habla de la “pérdida del gobierno de uno mismo”.

XXIV Domingo del Tiempo Ordinario

16 de septiembre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Ofrecí la espalda a los que me golpeaban (Is 50, 5-9a)
  • Caminaré en presencia del Señor en el país de los vivos (Sal 114)
  • La fe, si no tiene obras, está muerta (Sant 2, 14-18)
  • Tú eres el Mesías. El Hijo del hombre tiene que padecer mucho (Mc 8, 27-35)
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Tú que eres experto en mis debilidades

Señor mío y Dios mío, que visitas tu creación;
tú conoces bien nuestras pasiones,
las debilidades de nuestra naturaleza
y la fuerza de nuestro enemigo;
escóndeme de su malicia,
porque su poder es fuerte,
nuestra naturaleza miserable
y nuestro poder débil.
Por eso, tú que eres dulce
y experto en nuestras debilidades,
tú que cargas con las penas de nuestra pequeñez,
guárdame del tumulto de los pensamientos
y de la violencia de las pasiones,
y hazme digno de ser discípulo tuyo;
que no corrompa con las pasiones,
el deleite de tu servicio,
para que no me vuelva impúdico ante ti,
cuando me encuentres.
Que pueda hallarme más bien ante ti,
con pensamientos luminosos
y límpida intención,
conforme a la belleza de tu santidad.

  
Isaac de Nínive (Siglo VII)

XXIII Domingo del Tiempo Ordinario

9 de septiembre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Los oídos de los sordos se abrirán, y cantará la lengua del mudo (Is 35, 4-7a)
  • Alaba, alma mía, al Señor (Sal 145)
  • ¿Acaso no eligió Dios a los pobres como herederos del Reino? (Sant 2, 1-5)
  • Hace oír a los sordos y hablar a los mudos (Mc 7, 31-37)
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Tener un hijo

(Se trata de fragmentos de una larga carta que un pastor metodista), casado en segundas nupcias en su ancianidad, escribe al hijo que ha tenido en este matrimonio -del matrimonio anterior tuvo una hijita que murió muy pronto, así como su madre, Luisa- ante la conciencia que tiene de que su muerte no está lejos. Vive en un pequeño pueblo -Gilead- y es muy amigo de otro pastor, Boughton, que es algo más mayor que él)

Nunca creí que vería a una esposa mía idolatrando a un hijo mío. Todavía me asombra cada vez que lo pienso. Escribo esto, en parte, para decirte que si alguna vez te preguntas qué has hecho en tu vida, y todo el mundo se lo pregunta en un momento u otro, sepas que has sido para mí la gracia de Dios, un milagro, algo más que un milagro. Tal vez no me recuerde muy bien y quizá no te parezca gran cosa haber sido el hijo querido de un viejo en un pueblecito de mala muerte que, sin duda, habrás dejado atrás. Ojalá tuviera palabras para expresarme. Todo eso está bien, pero la razón por la que te quiero es por tu existencia, sobre todo. La existencia me parece ahora lo más extraordinario que haya imaginado nunca. Estoy a punto de escenificar la perdurabilidad. En un instante, en un centelleo de la mirada.

* * *

(Hablando del cielo, afirma:) No creo que olvidemos todas nuestras penas por completo. Significaría olvidar que hemos vivido, humanamente hablando. Pienso que la pena es un componente esencial de la sustancia de la vida humana. Por ejemplo, en este momento me invade una especie de pena amorosa por ti mientras lees esto, porque no te conozco y porque has crecido sin padre, mi pobre hijo, tumbado ahora boca abajo al sol, con Soapy durmiendo encima de tu rabadilla. Estás haciendo esos espantosos dibujitos que me traerás para que los admire y que yo admiraré, porque no tengo valor para decir una palabra que pudieras recordar contra mí.