Las mortificaciones - La vía media

No hay que exagerar en nada, sino propiciar que nuestro amigo el cuerpo nos siga siendo fiel y contribuya al desarrollo de las virtudes.

Es un insensato aquel que debilita voluntariamente su propio cuerpo, aunque sea con el propósito de llegar a la perfección.

No emprendas nada que esté por encima de tus fuerzas. De lo contrario, caerás y el enemigo se burlará de ti.

La vía media es la mejor. Hay que darle al espíritu lo que es espiritual, y al cuerpo lo necesario. 

No hay que desentenderse de lo que la vida social exige legítimamente de cada uno de nosotros: “Dad al césar lo que es del césar y a Dios lo que es de Dios” (Mt 22,21).

Hay que ser paciente consigo mismo y soportar los propios defectos como se soportan los del prójimo, pero sin dejarse llevar por la pereza y esforzándose continuamente por obrar mejor.

Si hemos comido demasiado o hecho algo reprensible, no nos indignemos ni añadamos un mal a otro, sino que, guardando la paz interior, hemos de procurar animosamente enderezarnos.

San Serafín de Sarov

Penitencia y Reparación - Retiro Cuaresma 2018 (3/3)

"Completo lo que falta a las tribulaciones de Cristo en mi carne, en favor de su cuerpo, que es la Iglesia" (Col 1, 24): Penitencia y reparación



Catequesis parroquial nº 144

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 22 de febrero de 2018

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Pecado y Redención - Retiro Cuaresma 2018 (2/3)

"Dios hizo a Cristo pecado en favor nuestro" (2 Co 5, 21): Pecado y redención



Catequesis parroquial nº 143

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 21 de febrero de 2018

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La contemplación del Cordero inmolado - Retiro Cuaresma 2018 (1/3)

"Mirarán al que traspasaron" (Jn 19,37): La contemplación del Cordero inmolado


Catequesis parroquial nº 142

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 20 de febrero de 2018

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II Domingo de Cuaresma

25 de febrero de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe (Gén 22, 1-2. 9a. 10-13. 15-18)
  • Caminaré en presencia del Señor en el país de los vivos (Sal 115)
  • Dios no se reservó a su propio Hijo (Rom 8, 31b-34)
  • Este es mi Hijo, el amado (Mc 9, 2-10)
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La dedicación de una Iglesia


¿Es posible que Dios habite en un lugar?

La dedicación de una iglesia es la consagración de un lugar como lugar de la presencia de Dios, como lugar en el que Dios, de algún modo, habita, mora. Es, por lo tanto, reconocer y constituir ese lugar como “templo”. Al reflexionar sobre ello, la primera cuestión que se nos plantea es la de preguntarnos si tiene sentido creer que Dios, que ha creado el universo entero, que es su Señor absoluto y que es soberanamente libre, se va a comprometer a estar especialmente presente en un lugar.

En todas las religiones el templo representa el lugar en el que Dios se hace presente de modo especial, para recibir el culto de sus fieles y dispensar sus favores. Es un lugar que se convierte en sagrado por la presencia de la divinidad. El templo es el lugar de la presencia invisible de Dios, es la casa de Dios, el lugar en el que habita para siempre. Tal es la pretensión que el creyente tiene en relación al templo: que sea siempre un lugar en el que mora la divinidad y se hace alcanzable para el hombre.

La Biblia, sin embargo, matiza esta pretensión humana enseñando que Dios no puede estar “encerrado” en el templo –“porque los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener” (1Re 8,27)- y que cuando el creyente ora en el templo Dios lo escucha desde el cielo, que es el lugar donde Él reside (1Re 8,30). El Deuteronomio precisa que sólo el Nombre de Dios habita en el templo, el Nombre que expresa y representa la persona (Dt 12, 5.11). Por lo tanto, la presencia de Dios en el templo es un don que no se ejerce de manera mágica y que Dios puede retirar si el pueblo es infiel. De hecho los profetas lucharon mucho para que la adhesión de los israelitas al templo no se transformara en una creencia supersticiosa en la eficacia casi mágica de la presencia de Dios, como si Dios estuviese obligado a defender el templo a cualquier precio (Jr 7,4), incluso si el pueblo no practica la ley, o si el culto que se celebra en él es superficial (Is 1,11-17) o incluso idolátrico (Ez 8,7-18). Y como las advertencias de los profetas no consiguieron evitar esos graves defectos, Dios, para salvar el sentido auténtico del culto, permitió la destrucción del templo por manos de Nabucodonosor (2Re 25,8-17).

I Domingo de Cuaresma

18 de febrero de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Pacto de Dios con Noé liberado del diluvio de las aguas (Gén 9, 8-15)
  • Tus sendas, Señor, son misericordia y lealtad para los que guardan tu alianza (Sal 24)
  • El bautismo que actualmente os está salvando (1 Pe 3, 18-22)
  • Era tentado por Satanás, y los ángeles lo servían (Mc 1, 12-15)
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Himno al Dios incognoscible

¡Oh Trinidad creadora del Universo,
cuya gloria es incomprensible,
cuyas obras son inexplicables,
y cuya esencia es inmutable!
¡Oh Dios, Vida de todas las cosas,
oh más allá de todos los esplendores,
oh Principio del Verbo Eterno,
oh mi Dios más que eterno,
Tú que nunca jamás has sido hecho
sino que eres sin comienzo!
¿Cómo descubrirte por completo
a Ti que me llevas en Ti?
¿Quién me concederá percibirte
a Ti que yo llevo en mí?

(San Simeón el Nuevo Teólogo +1022)

VI Domingo del Tiempo Ordinario

11 de febrero de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • El leproso vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento (Lev 13, 1-2. 44-46)
  • Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación (Sal 31)
  • Sed imitadores míos como yo lo soy de Cristo (1 Cor 10, 31 - 11,1)
  • La lepra se le quitó, y quedó limpio (Mc 1, 40-45)
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La bondad sin sentido

La mayoría de los hombres que viven en la Tierra no se proponen como objetivo definir el “bien”. ¿En qué consiste el bien? ¿Bien para quién? ¿De quién? ¿Existe un bien común, aplicable a todos los seres, a todas las tribus, a todas las circunstancias? ¿O tal vez mi bien es el mal para ti y el bien de mi pueblo, el mal para el tuyo? ¿Es eterno e inmutable el bien, o quizás el bien de ayer es el vicio de hoy, y el mal de ayer se ha transformado en el bien de hoy?

Ni siquiera Herodes derramó sangre en nombre del mal: la derramó en nombre de su propio bien. Una nueva fuerza había venido al mundo, una fuerza que amenazaba con destruirle a él y a su familia, destrozar a sus amigos y favoritos, su reino, su ejército.

Yo vi la fuerza inquebrantable de la idea del bien social que nació en mi país. Vi esa fuerza en el periodo de la colectivización total, la vi en 1937. Vi cómo se aniquilaba a las personas en nombre de un ideal tan hermoso y humano como el ideal del cristianismo. Vi pueblos enteros muriéndose de hambre, vi niños campesinos pereciendo en la nieve siberiana. Vi trenes con destino a Siberia que transportaban a cientos y miles de hombres y mujeres de Moscú, Leningrado, de todas las ciudades de Rusia, acusados de ser enemigos de la grande y luminosa idea del bien social.

Ahora el gran horror del fascismo alemán se ha levantado sobre el mundo. El aire está lleno de los gritos y los gemidos de los torturados. El cielo se ha vuelto negro, el sol se ha apagado en el humo de los hornos crematorios.

El bien no está en la naturaleza, tampoco en los sermones de los maestros religiosos ni de los profetas, no está en las doctrinas de los grandes sociólogos y líderes populares, no está en la ética de los filósofos. Son las personas corrientes las que llevan en sus corazones el amor por todo cuanto vive; aman y cuidan de la vida de modo natural y espontáneo. Al final del día prefieren el calor del hogar a encender hogueras en las plazas.

V Domingo del Tiempo Ordinario

4 de febrero de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Me harto de dar vueltas hasta el alba (Job 7, 1-4. 6-7)
  • Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados (Sal 146)
  • Ay de mí si no anuncio el Evangelio (1 Cor 9, 16-19. 22-23)
  • Curó a muchos enfermos de diversos males (Mc 1, 29-39)
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IV Domingo del Tiempo Ordinario

28 de enero de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Suscitaré un profeta y pondré mis palabras en su boca (Dt 18, 15-20)
  • Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: "No endurezcáis vuestro corazón" (Sal 94)
  • La soltera se preocupa de los asuntos del Señor, de ser santa (1 Cor 7, 32-35)
  • Les enseñaba con autoridad (Mc 1, 21b-28)
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No negaría a Jesús por nada en el mundo

Soy católica.
He sobrevivido a dos años de torturas
en un campo de entrenamiento de Boko Haram.
He visto cómo han matado a mi hijo
y he sido madre de otro,
fruto de la violación de un terrorista.

Ni un solo día me he apartado del amor de Dios.
Siempre ha estado conmigo.
No pudieron separarme de mi fe,
a pesar de la violencia ejercida contra mí
por no convertirme al Islam.

La presión física y psicológica
a la que me sometieron los terroristas fue enorme.
Me obligaban a renegar de Jesús
y a recitar el Corán cinco veces al día.

Cada vez que me inclinaba de rodillas hacia La Meca,
oraba en mi interior diciendo:
“En el nombre de Jesús;
Te amo, Señor Jesús”

“No negaría a Jesús por nada en el mundo”


Rebeca, víctima de Boko Haram en Nigeria


III Domingo del Tiempo Ordinario

21 de enero de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Los ninivitas habían abandonado el mal camino (Jon 3, 1-5. 10)
  • Señor, enséñame tus caminos (Sal 24)
  • La representación de este mundo se termina (1 Cor 7, 29-31)
  • Convertíos y creed en el Evangelio (Mc 1, 14-20)
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El Templo de la Nueva Alianza


El templo de la Nueva Alianza es el cuerpo físico de Cristo, inmolado en la Cruz y entregado a nosotros en la Eucaristía

El texto capital donde se muestra que el cuerpo físico de Cristo es el verdadero y único santuario de los tiempos mesiánicos es el que nos entrega Juan en el diálogo inmediatamente posterior a la expulsión de los vendedores del Templo: "Los judíos entonces replicaron diciéndole: «¿Qué signo nos muestras para obrar así?» Jesús les respondió: «Destruid este santuario y en tres días lo levantaré.» Los judíos le contestaron: «Cuarenta y seis años se ha tardado en construir este santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» Pero él hablaba del santuario de su cuerpo. Cuando fue levantado, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús" (Jn 2,18-22). En este texto se afirman dos verdades decisivas: que el verdadero templo es el cuerpo de Cristo, pero que para serlo ha de pasar por una destrucción y una reedificación.

"El último día de la fiesta, el más solemne, Jesús puesto en pie, gritó: «Si alguno tiene sed, que venga a mí, y beberá el que cree en mí, como dice la Escritura: De su seno correrán ríos de agua viva" (Jn 7,37-38). Estas palabras de Jesús en la fiesta de las tiendas, en Jerusalén, indican que Jesús se identificaba con la Roca de la que Moisés había hecho brotar el agua, y también con el templo de Ezequiel, de Zacarías y de Joel, de cuyo costado debía brotar un manantial. "Aquel día habrá una fuente abierta para la casa de David, y para los habitantes de Jerusalén, para la purificación del pecado y de la inmundicia" (Zac 13,1). Y cuando del costado de Cristo muerto en la cruz y atravesado por la lanza del soldado broten "sangre y agua" se verá que Él es el verdadero y definitivo Templo anunciado por los profetas.

Él es el verdadero santuario, mas no llega a serlo sino pasando por un "bautismo" (= inmersión y resurgimiento: Mt 10,38; Lc 12,50), por una muerte y una resurrección, ideas en cuya comprensión no entraron los apóstoles sino después de la experiencia pascual, pese a que Jesús había aludido con frecuencia a ellas. Anunciar que su cuerpo no llegaría a ser ese santuario sino pasando por una condena a muerte y una exaltación, equivale, asimismo, a hacernos saber que el único santuario verdadero es el cuerpo inmolado de Cristo.

II Domingo del Tiempo Ordinario

14 de enero de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Habla, Señor, que tu siervo escucha (1 Sam 3, 3b-10. 19)
  • Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad (Sal 39)
  • ¡Vuestros cuerpos son miembros de Cristo! (1 Cor 6, 13c-15a. 17-20)
  • Vieron dónde vivía y se quedaron con él (Jn 1, 35-42)
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Plegaria a Cristo

¡Mira, oh Cristo, mi angustia,
mira mi cobardía,
mira mi falta de fuerza,
mira también mi pobreza,
mira mi debilidad,
y ten piedad de mí, oh Verbo de Dios!

Resplandece sobre mí ahora,
como lo hiciste en el pasado,
e ilumina mi alma,
ilumina mis ojos para verte,
a Ti, luz del mundo,
a Ti, alegría, felicidad y vida eterna,
a Ti, que eres el Reino de los cielos.

¿Por qué ocultas tu rostro?
Tú sabes que yo te amo
y que te busco con toda mi alma.
¡Revélate, según tu palabra,
y manifiéstate a mí!
¡Ábreme de par en par
la sala del banquete de bodas, Dios mío;
no me cierres la puerta de tu luz,
oh Cristo, mi Señor y mi Dios!

San Simeón el Nuevo Teólogo (+1022)

Bautismo del Señor

7 de enero de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Mirad a mi siervo, en quien me complazco (Is 42, 1-4. 6-7)
  • El Señor bendice a su pueblo con la paz (Sal 28)
  • Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo (Hch 10, 34-38)
  • Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco (Mc 1, 7-11)
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Epifanía del Señor

6 de enero de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • La gloria del Señor amanece sobre ti (Is 60, 1-6)
  • Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra (Sal 71)
  • Ahora ha sido revelado que los gentiles son coherederos de la promesa (Ef 3, 2-3a. 5-6)
  • Venimos a adorar al Rey (Mt 2, 1-12)
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La belleza traicionada

El hombre que no se asombra ya no es hombre. Pero para asombrarse, el hombre necesita de una belleza delante de sí, de una belleza que no produce él, que no posee, es decir, una belleza donada. El verdadero misterio de la belleza que identifica el hombre desde el origen es su gratuidad. El hombre está hecho para percibir y acoger la belleza como don, para reflejar y por tanto manifestar la belleza como gratuidad dada, como gratuidad de Otro.

El relato del Génesis no ha olvidado esto cuando describe la dinámica del pecado. Hasta ese momento toda la creación llenaba de asombro a Adán y a Eva. Incluso entre ellos, sobre todo entre ellos, no se miraban con concupiscencia, es decir, con deseo de poseer y de construir la belleza del otro, sino con asombro, es decir, poseyéndose mutuamente como belleza donada, como don de Otro. La posesión entre ellos no agotaba el asombro, y por tanto el goce, porque no agotaba la naturaleza de don que tiene toda criatura, la belleza inagotable de lo que es dado por Otro.

La primera rendición de Eva a la tentación, y quizá el verdadero pecado original, no fue tanto consumir el fruto prohibido, sino la mirada en la que el asombro original se corrompió reduciéndose a concupiscencia, y la belleza que había donado el Misterio se desnaturalizó convirtiéndose en belleza juzgada y calculada por el hombre: “Entonces la mujer se dio cuenta de que el árbol era bueno de comer, atrayente a los ojos y deseable para lograr inteligencia; así que tomó de su fruto y comió. Luego se lo dio a su marido, que también comió. Se les abrieron los ojos a los dos y descubrieron que estaban desnudos; y entrelazaron hojas de higuera y se las ciñeron” (Gn 3,6-7).

La mirada de los primeros padres que reducía la belleza del fruto prohibido a una valoración calculada por ellos mismos y no por el Dios infinito que lo creaba y lo donaba, esta mirada concupiscente, carente ya de asombro, hirió toda la belleza de la creación. La hirió allí donde toda belleza tiene sentido y se cumple, es decir, en el corazón del hombre hecho para asombrarse de todo aquello que es donado por Dios. Porque incluso el fruto prohibido había sido donado, y la prohibición de comer no quitaba nada a su belleza donada al hombre, es más, la exaltaba, acentuaba su misterio. Creaba un espacio de deseo más grande, una duración sin medida del asombro, una educación, un entrenamiento para hacer el asombro más intenso.

¿En qué se convierte el asombro cuando es traicionado, cuando la concupiscencia posesiva lo hiere? ¿Qué reemplaza al asombro en el corazón humano cuando la avidez lo aplasta y lo destruye?

En el relato del Génesis, el primer sentimiento que aflora en el corazón del hombre pecador después de la traición del asombro es el miedo. «Cuando oyeron la voz del Señor Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, Adán y su mujer se escondieron de la vista del Señor Dios entre los árboles del jardín. El Señor Dios llamó a Adán y le dijo: “¿Dónde estás?”. Él contestó: “Oí tu ruido en el jardín, me dio miedo, porque estaba desnudo y me escondí”» (Gn 3,8-10).

No dice: “me dio vergüenza porque estaba desnudo”, sino “me dio miedo”. La realidad, que antes era solo bella y buena, que antes te hacía contener la respiración por el asombro como a los niños, ahora quita el aliento y agita el corazón que antes ensanchaba de alegría. Ahora la realidad da miedo, es enemiga. Ya no es misterio: es incógnita. Ya no es cielo abierto lleno de estrellas, o de sol, sino “selva oscura”, como diría Dante, de la que solo se espera peligro, amenaza y muerte. La belleza ha sido traicionada y en vez del asombro tenemos el miedo.

Santa María, Madre de Dios

1 de enero de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré (Núm 6, 22-27)
  • Que Dios tenga piedad y nos bendiga (Sal 66)
  • Envió Dios a su Hijo, nacido de mujer (Gál 4, 4-7)
  • Encontraron a María y a José y al niño. Y a los ocho días, le pusieron por nombre Jesús (Lc 2, 16-21)
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Sagrada Familia

31 de diciembre de 2017
(Ciclo B - Año par)






  • Quien teme al Señor honrará a sus padres (Eclo 3, 2-6. 12-14)
  • Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos (Sal 127)
  • La vida de familia en el Señor (Col 3, 12-21)
  • El niño iba creciendo, lleno de sabiduría (Lc 2, 22-40)
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La pobreza y la caridad

Sí, la pobreza es un valor cristiano. El pobre es el que sabe que él solo no puede vivir. Necesita a Dios y a los demás para existir, desarrollarse y crecer. Los ricos, al contrario, no esperan nada de nadie. Pueden satisfacer sus necesidades sin recurrir ni a los demás ni a Dios. En este sentido, la riqueza puede conducir a una gran tristeza y a una auténtica soledad humana, o a una espantosa miseria espiritual. Si un hombre necesita de otro para comer y sanar, genera necesariamente una gran dilatación del corazón. Por eso los pobres están más cerca de Dios y viven entre ellos una gran solidaridad: obtienen de esta fuente divina la capacidad de permanecer atento al otro.

La Iglesia no debe combatir la pobreza, sino librar una batalla contra la miseria y, especialmente, contra la miseria material y espiritual. Es vital comprometerse para que todos los hombres tengan lo mínimo con que vivir. Desde los primeros tiempos de su historia, la Iglesia busca transformar los corazones para desplazar las fronteras de la miseria. La Gaudium et spes nos invita a luchar contra las miserias, no contra la pobreza: “El espíritu de pobreza y de caridad son gloria y testimonio de la Iglesia de Cristo”.

No tenemos derecho a confundir miseria y pobreza, porque haríamos mucho daño al Evangelio. Recordemos lo que nos ha dicho Cristo: “A los pobres los tendréis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis” (Jn 12, 8). Quienes quieren erradicar la pobreza hacen mentir al Hijo de Dios. Caen en el error y la mentira. El lenguaje de la ONU y de sus agencias, que quieren eliminar la pobreza confundiéndola con la miseria, no es el de la Iglesia de Cristo.

La miseria más profunda es no tener a Dios. Cor unum siempre intenta aportar ayuda material urgente, pero sin olvidar el consuelo de Dios. La caridad es servicio al hombre, y no se puede servir a la humanidad sin hablarle de Dios, pues muchas veces la raíz más profunda del sufrimiento humano es la ausencia de Dios.

Navidad - Misa del día

25 de diciembre de 2017
(Ciclo B - Año par)






  • Verán los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios (Is 52, 7-10)
  • Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios (Sal 97)
  • Dios nos ha hablado por el Hijo (Heb 1, 1-6)
  • El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1, 1-18)
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Navidad - Misa de medianoche

25 de diciembre de 2017
(Ciclo B - Año par)






  • Un hijo se nos ha dado (Is 9, 1-6)
  • Hoy nos ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor (Sal 95)
  • Se ha manifestado la gracia de Dios para todos los hombres (Tit 2, 11-14)
  • Hoy os ha nacido un Salvador (Lc 2, 1-14)
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La esperanza (Retiro de Adviento)

Catequesis parroquial nº 141

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 20 de diciembre de 2017

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IV Domingo de Adviento

24 de diciembre de 2017
(Ciclo B - Año par)






  • El reino de David se mantendrá siempre firme ante el Señor (2 Sam 7, 1-5. 8b-12. 14a. 16)
  • Cantaré eternamente tus misericordias, Señor (Sal 88)
  • El misterio mantenido en secreto durante siglos eternos ha sido manifestado ahora (Rom 16, 25-27)
  • Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo (Lc 1, 26-38)
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El sacerdocio de la Nueva Alianza


Jesucristo es el único sacerdote y la única víctima sacrificial de la Nueva Alianza 

En el sacerdocio hay una doble mediación, descendente y ascendente, tal como escribe santo Tomás de Aquino: “El oficio propio del sacerdote es ser mediador entre Dios y el pueblo, pues por una parte trasmite al pueblo las cosas divinas… y por otra ofrece a Dios las oraciones del pueblo, por cuyos pecados satisface, en cierta manera, ante Dios”. Cristo, sacerdote de la nueva ley, ejerce de un modo perfecto la mediación descendente y ascendente.

El oficio de mediador consiste en reconciliar las partes entre las que existe una diferencia, o al menos en acercarlas una a otra. El mediador, para cumplir bien su oficio, ha de tener relaciones con las dos partes que se han de reconciliar o unir. Cristo es mediador en este sentido porque une a los hombres con Dios, los reconcilia con Él. No ejerce mediación en su naturaleza divina sino en cuanto hombre: es en cuanto hombre como Cristo une a los hombres con Dios. El Verbo encarnado es mediador en su humanidad, en cuanto que esta humanidad es la de una persona divina. La unión hipostática es el fundamento de esta mediación y de su perfección, pues gracias a esta unión hay en Cristo plenitud de gracia. En la unidad de su persona, es la unión viviente de Dios y del hombre.

Esta afirmación es una doctrina de fe, íntimamente relacionada con el texto de 1Tm 2,5: “No hay más que un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, el cual se entregó a sí mismo para rescatarlos a todos”. Jesús, por su consubstancialidad con el Padre según la divinidad y por su identidad de naturaleza con nosotros, según la humanidad, tiene la posibilidad de desempeñar con plena efectividad la función esencial del sacerdocio, que consiste en establecer una mediación entre Dios y los hombres, garantizando la máxima eficacia a esta mediación.

A la oferta de animales y productos de la tierra, a los sacrificios de cosas materiales y a los sacrificios rituales, propios del sistema cultual del Antiguo Testamento, los sustituye Jesús, superándolos y dándoles cumplimiento, con la novedad, la originalidad y el carácter inconfundible de su ofrecimiento personal. Jesús, pues, no es una de tantas víctimas; es la víctima que supera y trasciende todas las demás; no es uno de tantos sacerdotes; es el único verdadero sacerdote.

III Domingo de Adviento

17 de diciembre de 2017
(Ciclo B - Año par)






  • Desbordo de gozo en el Señor (Is 61, 1-2a. 10-11)
  • Me alegro con mi Dios (Lc 1, 46-50. 53-54)
  • Que vuestro espíritu, alma y cuerpo se mantenga hasta la venida del Señor (1 Tes 5, 16-24)
  • En medio de vosotros hay uno que no conocéis (Jn 1, 6-8. 19-28)
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Oración por la Iglesia

Te damos gracias, oh Padre nuestro,
por la santa viña de David, tu servidor,
que nos diste a conocer
por medio de Jesús, tu Hijo.
¡Gloria a Ti por los siglos!

Te damos gracias, oh Padre nuestro,
por la vida y el conocimiento
que nos manifestaste
por medio de Jesús, tu Hijo.
¡Gloria a Ti por los siglos!

Así como este pan que rompemos,
en otro tiempo diseminado por las colinas,
ha sido reunido para no formar más que uno,
así reúne a tu Iglesia
desde los confines de la tierra
en la unidad de tu reino.
Porque tuya es la gloria y el poder
por Jesucristo eternamente.

Te damos gracias, oh Padre santo,
por tu santo Nombre,
que hiciste morar en nuestros corazones,
y por el conocimiento y la fe y la inmortalidad
que nos diste a conocer
por medio de Jesús, tu Hijo.
¡Gloria a Ti por los siglos!

Tú, Señor omnipotente
creaste todas las cosas por causa de tu Nombre
y diste a los hombres
comida y bebida para su disfrute.
Pero a nosotros nos has dado
una comida y bebida espiritual
para la vida eterna.

Ante todo te damos gracias
porque eres poderoso.
A Ti sea la gloria por los siglos.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia,
líbrala de todo mal,
hazla perfecta en tu amor,
y reúnela de los cuatro vientos,
santificada,
en el reino que Tú has preparado.
Porque tuyo es el poder y la gloria por los siglos.

¡Maranatha!
¡Que venga el Señor!
¡Que pase este mundo!
Hosanna al Dios de David!
¡Ven Señor Jesús!

De la Didaché, s. II

II Domingo de Adviento

10 de diciembre de 2017
(Ciclo B - Año par)






  • Preparadle un camino al Señor (Is 40, 1-5. 9-11)
  • Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación (Sal 84)
  • Esperamos unos cielos nuevos y una tierra nueva (2 Pe 3, 8-14)
  • Enderezad los senderos del Señor (Mc 1, 1-8)
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Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María

8 de diciembre de 2017
(Ciclo B - Año par)






  • Pongo hostilidad entre tu descendencia y la descendencia de la mujer (Gén 3, 9-15. 20)
  • Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas (Sal 97)
  • Dios nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo (Ef 1, 3-6. 11-12)
  • Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo (Lc 1, 26-38)
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¿Por qué leer buena literatura?

Marilyne Robinson, la escritora norteamericana ganadora del Premio Pulitzer del año 2005 con su novela Gilead, escribe en uno de sus ensayos: “Añoro la civilización y quiero que me la devuelvan”.

Muchos hemos tenido momentos similares de añoranza en los últimos años. Añoranza de un mundo rico en ideas y debates sobre lo que somos y hacemos, y lo que deberíamos ser y hacer. Desearíamos volver a creer en el “arte de vivir” como un acto de buena fe entre los seres humanos, y entender que el acto más crítico para avanzar en el pensamiento y la democracia es nuestra capacidad de interactuar y debatir entre nosotros.

De forma similar a la capa fértil de la tierra, esos pocos centímetros de materia orgánica que constituyen el nutriente de nuestro planeta, la civilización es frágil. Cuando se erosiona, cuesta regenerarla, y si se consigue es a costa del esfuerzo de varias generaciones.

¿Cómo nos reencontramos con la civilización y cómo evitamos que se escurra entre nuestros dedos esa tierra fértil para la convivencia, el diálogo y el conocimiento? En un mundo en el que vamos estrechando el foco del aprendizaje, en el que el experto es el rey, nos encontramos con un modelo de conocimiento en el que cada día sabemos más y más de menos y menos cosas. 

Los libros nos enseñan a comprender cosas de un modo mucho más profundo que otras formas fáciles de información. En la actualidad no se trata de tener más información. Más que nunca se trata de tener criterio, de saber elegir lo que es relevante. Hoy se trata de saber descartar la información superflua y de adquirir un buen conocimiento. El poeta T. S. Eliot (1888-1965) lo formuló magistralmente en estos versos:

“¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?”

Lo primero que es necesario después de una inundación, sea de la magnitud que sea, siempre es una simple cosa: agua potable. Nuestro mundo ha sido arrollado por el tsunami del Internet, por la sobreinformación. Para conservar el equilibrio, la salud, la armonía y la paz es necesaria, más que nunca, agua potable, agua filtrada, justo la necesaria, nada de más y, sobre todo, filtrada.

Leer cosas buenas y hacerlo bien es como beber agua potable en un mundo colmado de agua insalubre, desbordado por una inundación en la que sobreabunda (como es propio de una inundación) lo que en su mayoría es muy malo, por trivial, por falso, por engañoso. Leer buena literatura es disfrutar de algo sano, de algo sabio, de algo profundo, de algo bello, de algo verdadero.

Pero hay una segunda razón más hermosa, fina delicada y profunda: “Entre dos cirujanos igualmente competentes, procure que le opere el haya leído a Chéjov” como escribió Simon Leys (1935-2014). Si nos tiene que operar un cirujano, si es igual de bueno uno que otro, pero uno de los dos se emociona leyendo a Antón Chéjov (1860-1904), estaremos menos solos con este último en la mesa de operaciones. Quien haya leído y se haya conmovido con Chéjov (o con otro autor igual, aunque haya pocos a su nivel) tendrá una profundidad de mirada que le hará ser mejor persona y, por tanto, mejor cirujano. O mejor panadero, mejor padre, mejor músico, mejor hijo… Casi sin duda: mejor lo que sea. Porque habrá tocado la esencia de la pregunta, habrá rozado el matiz; habrá dudado y habrá sacado la mejor versión de sí mismo, debido a que la belleza y la verdad son necesarias, entre otras cosas, porque nos transforman.

Añadamos que hay que leer reposadamente, huyendo de la velocidad, tal como afirma Fernando Valverde en un artículo titulado “Los libros no tienen prisa”: “La reivindicación de la prisa no sirve para los libros; el libro exige tiempo lento, la vuelta al placer. Prisa y lectura no casan”. La lectura reposada aporta intensidad y profundidad, con lo que se crean las condiciones para alcanzar una cierta serenidad. Es tiempo de pararse y pensar, sentir, ser conscientes. Estar aquí y ahora. Menos es más, también en la lectura y en la información. Leemos –cuando leemos bien- cosas de mayor calidad y mejores. Y las mejores lecturas nos hacen mejores. O menos peores.

Leer buenos libros nos enseña a convivir con las contradicciones de la existencia, nos enseña los modos de lidiar con ellas sin padecer esquizofrenia.


Autor: Jordi NADAL
Título: Libroterapia. Leer es vida
Editorial: Plataforma Editorial, Barcelona, 2017
(pp. 15-24)






I Domingo de Adviento

3 de diciembre de 2017
(Ciclo B - Año par)






  • ¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses! (Is 63, 16c-17. 19c; 64, 2b-7)
  • Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve (Sal 79)
  • Aguardamos la manifestación de nuestro Señor Jesucristo (1 Cor 1, 3-9)
  • Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa (Mc 13, 33-37)
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Amar en exceso

«¿Qué diré de Vos, Dios mío? Diré que vuestro amor y vuestra misericordia se han unido en el exceso. Diré que me habéis amado sin ninguna medida. Diré que Vos que hacéis todas las cosas en número, peso y medida (Sb 11,20), en el amarme habéis sobrepasado todo peso, modo y medida».

San Juan Bosco

Domingo. Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo

26 de noviembre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • A vosotros, mi rebaño, yo voy a juzgar entre oveja y oveja (Ez 34, 11-12. 15-17)
  • El Señor es mi pastor, nada me falta (Sal 22)
  • Entregará el reino a Dios Padre, y así Dios será todo en todos (1 Cor 15, 20-26. 28)
  • Se sentará en el trono de su gloria y separará a unos de otros (Mt 25, 31-46)
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El culto de la Nueva Alianza. Un culto en espíritu y en verdad.



La tentación del hombre religioso

Hay una tentación que acompaña siempre al hombre religioso en su relación con Dios y que consiste en creer que a Dios se le puede tener contento ofreciéndoles una serie de “cosas” –animales, frutos de la tierra, limosnas- que le entregamos en el “culto” que le damos en su Templo, y que, procediendo así, Dios está de nuestra parte y nos otorga la seguridad y la protección que sólo Él puede dar frente a nuestros enemigos. Es como si Dios se conformara con que le entreguemos estos dones, sin que le entreguemos la conversión de nuestra vida, sin que le demos nuestro propio corazón . 

Los profetas insistieron mucho en que la posesión por parte de Israel de la alianza (Mq 2,6s), del Templo (Mq 3,11; Jr 7,2s), de la Ley (Jr 8,8), de la condición de hijos de Abraham (Ez 33,24), era como nada a los ojos de Dios si no iba unida a la conversión personal (Amós), al verdadero conocimiento de Yahveh (Oseas). Amós y Oseas insisten en la necesidad de una auténtica conversión interior: no se trata de acudir a tal o cual lugar de culto y allí ofrecer sacrificios. "Es a Yahveh a quien hay que buscar" (Am 5,4).

Los profetas afirmaron la primacía absoluta de la relación personal, viva y auténtica, con el Dios vivo sobre una relación totalmente externa, sin exigencia de conversión, basada en el ofrecimiento de sacrificios. Amós habla de la necesidad del derecho y la justicia (5,24), Oseas del amor verdadero ("porque yo quiero amor, no sacrifico" 6,6), Miqueas habla del amor y de "caminar humildemente con tu Dios" (6,6-8), el Salmo 50 habla de "un corazón contrito y humillado" (v. 19). Israel aprenderá durante el exilio que esta relación interior auténtica con Dios exige una transformación del corazón que supone una renovación total del propio ser, tan grande y tan radical que sólo Dios la puede otorgar por gracia. Y así se lo proclaman dos grandes profetas, Jeremías anunciando una nueva alianza en la que Dios escribirá su Ley en los corazones de los fieles (31,31-34), y Ezequiel hablando de un corazón nuevo y un espíritu nuevo (18,31; 36,26) .

XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario

19 de noviembre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Trabaja con la destreza de sus manos (Prov 31, 10-13. 19-20. 30-31)
  • Dichosos los que temen al Señor (Sal 127)
  • Que el Día del Señor no os sorprenda como un ladrón (1 Tes 5, 1-6)
  • Como has sido fiel en lo poco, entra en el gozo de tu señor (Mt 25, 14-30)
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Himno a Dios

Oh Tú, el más allá de todo,
¿no es eso todo lo que se puede cantar de Ti?
¿Qué himno te dirá el lenguaje?
Ninguna palabra te expresa,
¿a qué se puede aferrar el espíritu?
Tú superas toda comprensión.
Solo, Tú eres indecible
porque todo lo que se dice ha salido de Ti.
Solo, Tú eres incognoscible,
porque todo lo que se piensa ha salido de Ti.
Todos los seres,
los que hablan y los que son mudos,
te proclaman.
Todos los seres,
los que piensan y los que no tienen pensamiento,
te rinden homenaje.
El deseo universal,
el universal gemido tiende hacia Ti.
Todo lo que existe te ruega,
y todo ser que piensa tu universo
eleva hasta Ti un himno de silencio.
Todo lo que permanece, permanece por Ti,
por Ti subsiste el movimiento universal.
Tú eres el fin de todos los seres,
Tú eres todo ser y no eres ninguno.
Tú no eres un solo ser,
Tú no eres su conjunto,
Tú tienes todos los nombres,
¿y cómo te nombraría yo a Ti,
al único que no se puede nombrar?
¿Qué espíritu celeste podrá penetrar las nubes
que cubren el mismo cielo?
Ten piedad, oh Tú, el más allá de todo,
¿no es esto todo lo que se puede cantar de Ti?

San Gregorio Nacianceno

XXXII Domingo del Tiempo Ordinario

12 de noviembre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Quienes buscan la sabiduría la encuentran (Sab 6, 12-16)
  • Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío (Sal 62)
  • Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto (1 Tes 4, 13-18)
  • ¡Que llega el esposo, salid al encuentro! (Mt 25, 1-13)
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La complejidad inextricable de la vida

(Dell es un muchacho de quince años que se encuentra totalmente solo en la vida, porque sus padres están encarcelados y su única hermana ha huido de casa antes de que lleguen los servicios sociales de EE UU y los ingresen en un orfanato. Desde la cárcel, la madre ha aceptado la propuesta de una amiga suya de esconder a su hijo en Canadá, en casa de un hermano suyo llamado Arthur, que vive refugiado allí desde hace muchos años, para evitar que crezca con el estigma de unos padres delincuentes. Ahora el chico se encuentra en Canadá, a cargo de Arthur, que le ha dado como alojamiento una habitación dentro de una casucha, que parece casi una choza, en una aldea abandonada llamada Partreau, donde no vive prácticamente nadie y desde la que se desplaza cada día a siete kilómetros de distancia, en bicicleta, para fregar los suelos en el hotel que Arthur posee en una ciudad llamada Fort Royal. Arthur tiene una amiga, Florence, a la que le gusta pintar; es una mujer que ha llevado una vida alegre, que tiene varios hijos que ya no viven con ella. Florence está pintando un paisaje cerca de la casucha en la que vive Dell, el cual se acerca a ver cómo pinta y empieza a hablar con ella)

- ¿Sabe por qué me tiene aquí el señor Arthur Remlinger? -pregunté. 

No pensaba decir eso. Pero era un gran desahogo hablar con alguien a quien parecía gustarle.

- ¿Estás preocupado porque no te ha hecho ningún caso?

- A veces.

Deseé haber dicho «sí», ya que era verdad.

- Bien, no dejes que eso te preocupe -dijo Florence, metiendo la punta del pincel en la lata que tenía junto a los pies, en el pavimento-. La gente como Arthur no conecta espontáneamente con el mundo. Lo ves enseguida. Seguramente ni se ha dado cuenta de que no te hace ningún caso. Es un hombre muy inteligente. Estudió en Harvard. Puede que piense que es importante para ti que te adaptes al hecho de estar solo. La gente, además, no hace nunca lo que esperas que haga. Arthur te está haciendo un favor. Para él quizá eres una novedad. -Me dirigió una sonrisa traviesa y miró las nubes-. Odio esos cielos de mármol.

Alzó el pincel y trazó una línea de equis en el aire, como si pudiera pintar de otro color el cielo. Luego volvió a meter el pincel en la lata, y lo dejó dentro.

XXXI Domingo del Tiempo Ordinario

5 de noviembre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Os habéis separado del camino recto y habéis hecho que muchos tropiecen en la ley (Mal 1, 14b-2, 2b. 8-10)
  • Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor (Sal 130)
  • Deseábamos entregaros no solo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas (1 Tes 2, 7b-9. 13)
  • Ellos dicen, pero no hacen (Mt 23, 1-12)
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Todos los santos

1 de noviembre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas (Ap 7, 2-4. 9-14)
  • Esta es la generación que busca tu rostro, Señor (Sal 23)
  • Veremos a Dios tal cual es (1 Jn 3, 1-3)
  • Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo (Mt 5, 1-12a)
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¿Qué es lo más dañino que está trayendo la globalización?

Un discurso de derechos sin deberes.
Un feminismo radical que cambia la identidad de la mujer.
Y, al hacerlo, también interfiere en la identidad del hombre.
Un democratismo que habla de una igualdad
que es imposible de conseguir,
pero que además viene con un individualismo
que ciega a la gente para ver las necesidades de los demás.
Nos encerramos cada vez más en el yo,
en mis intereses
y dejamos a muchos fuera.

Antoinette KANKINDI
Congoleña, profesora de filosofía en la universidad de Nairobi

XXX Domingo del Tiempo Ordinario

29 de octubre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Si explotáis a viudas y a huérfanos, se encenderá mi ira contra vosotros (Éx 22, 20-26)
  • Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza (Sal 17)
  • Os convertisteis, abandonando los ídolos, para servir a Dios y vivir aguardando la vuelta de su Hijo (1 Tes 1, 5c-10)
  • Amarás al Señor tu Dios, y a tu prójimo como a ti mismo (Mt 22, 34-40)
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Los dos caminos (Salmo 1)

Catequesis parroquial nº 140

Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 18 de octubre de 2017

Para escuchar la charla en ivoox, pulse aquí: http://www.ivoox.com/21639933

Para escuchar la charla en YouTube, pulse aquí: 


XXIX Domingo del Tiempo Ordinario

22 de octubre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Yo he tomado de la mano a Ciro, para doblegar ante él las naciones (Is 45, 1. 4-6)
  • Aclamad la gloria y el poder del Señor (Sal 95)
  • Recordamos vuestra fe, vuestro amor y vuestra esperanza (1 Tes 1, 1-5b)
  • Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios (Mt 22, 15-21)
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"La fe, un don que cambia la vida"


Charla sobre la fe impartida por D. Fernando Colomer en la sede del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Murcia (16/10/2017).

El misterio del templo en la historia de la salvación


El misterio del Templo es el misterio de los diferentes modos de presencia, de habitación, de Dios en medio de los hombres. Pues el templo es esencialmente el “lugar” en el que el hombre puede encontrar a Dios y relacionarse de manera especial con Él, para darle gracias, suplicar su perdón, pedirle su ayuda, ofrecerle su reconocimiento etc. etc. La idea del templo es una idea profundamente humana, que encontramos plasmada en todas las religiones y en todas las culturas. En esta catequesis queremos meditar sobre este misterio a la luz de la Revelación; queremos contemplar lo que Dios ha revelado al respecto a lo largo de la historia de la salvación, considerando los diferentes modos en que Dios nos ha propuesto su Presencia en medio de nosotros en el transcurso de esta historia.

Y en este sentido, como vamos a ver, la Revelación bíblica está articulada sobre una paradoja: por un lado se contesta la posibilidad de un templo, se la declara innecesaria e incluso imposible, y sin embargo se da paso y legitimidad a la construcción del templo de Jerusalén, aunque dicha construcción va acompañada de una misteriosa promesa que acabará haciendo superflua la existencia de ese mismo templo (cf. 1R 8, 27; Is 66, 1-2).

EL TEMPLO CÓSMICO


El primero de estos modos consiste en la creación, es decir, en la presencia de Dios en las cosas a fin de que, simplemente, sean. Pues las cosas, por el simple hecho de existir, de ser y de ser tales o cuales, representan un reflejo lejano de una u otra perfección de Dios, quien las realiza todas en forma supereminente y con una absoluta simplicidad. Para que existan los seres distintos de Dios es necesaria la intervención de la potencia creadora de Dios. De suerte que Dios está presente en todas las cosas por su potencia y según una semejanza, un parentesco, lejanos aunque reales. Podríamos decir que se trata de una “presencia distante”. Y sin embargo, la causalidad de Dios, que hace existir todas las cosas, al ser Dios mismo, entraña la presencia de la Esencia divina que no puede dejar de henchir con su Presencia, desde que existe su creación, ese mundo al que ha dado el ser y con respecto al cual continúa siendo transcendente.


XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario

15 de octubre de 2017
(Ciclo A - Año Impar)






  • Preparará el Señor un festín, y enjugará las lágrimas de todos los rostros (Is 25, 6-10a)
  • Habitaré en la casa del Señor por años sin término (Sal 22)
  • Todo lo puedo en aquel que me conforta (Flp 4, 12-14. 19-20)
  • A todos los que encontréis, llamadlos a la boda (Mt 22, 1-14)
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