La identidad de cada hombre

Pobre hombre, crees saber quién eres, porque sabes el nombre de tu padre y el otro, que has recibido en el bautismo, pero no sabes el nombre de tu alma y, en consecuencia, te ignoras a ti mismo con una ignorancia infinita. Ése es el secreto de Dios y, hasta la muerte, nuestra identidad nos es desconocida e impenetrable. Sólo Adán, antes de la Caída, pudo conocer la suya.

La personalidad, la individualidad humana escrita y firmada por Dios en cada rostro, y algunas veces impresa de modo formidable sobre el de un gran hombre, es algo del todo sagrado, algo para la Resurrección, para la Vida eterna, para la Unión beatífica.

Cada fisonomía humana es una puerta muy particular del Paraíso, imposible de confundir con las otras, y por la que no entrará más que una sola alma (…) La personalidad, la individualidad, es la visión particular que cada hombre tiene de Dios.


Léon Bloy