Lo mejor y lo peor

“Nunca se me habría ocurrido rezar para que pasaran las mejores cosas que de hecho me han pasado. Ni en un millón de años. Las peores llegan como el mal tiempo. Una hace lo que puede” .

Estas palabras de Lila, la que no es del todo creyente, creo que manifiestan un gran sentido común humano y cristiano, porque reconocen que los bienes recibidos han sido gracias, es decir, bienes inesperados, que jamás uno habría podido imaginar, de los que cabría decir lo que san Pablo afirma del cielo: “ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni vino a la mente del hombre lo que Dios ha preparado para los que le aman” (1Co 2, 9). Dios, con su gracia, ha sobrepasado nuestras mejores expectativas.

Y por otro lado, la vida nos ha dado disgustos y problemas con los que no contábamos, que siempre han aparecido “en el peor momento” y que hemos afrontado como hemos podido. Y Dios es testigo de ello y siempre ha estado junto a nosotros dándonos su gracia. Ni más, ni menos.




Autor: Marilynne ROBINSON
Título: Lila
Editorial: Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2015, (pp. 270-271)




I Domingo de Cuaresma

 


I Domingo de Cuaresma
(Ciclo A - Año par)
22 de febrero de 2026

Oración para después de comulgar

Dios mío,
cuando aceptas que te reciba, te coma y te beba,
y por un momento estableces tu morada en mí,
haz que mi corazón palpite con el tuyo.

Purifícalo de todo lo que es terrenal,
de todo lo que es orgullo y sensualidad,
de todo lo que es duro y cruel,
de toda perversidad, de todo desorden, de toda mortalidad.

Llénalo tanto de ti que ni los acontecimientos del momento,
ni las circunstancias de la época tengan poder de alterarlo,
sino que en tu amor y en tu temor pueda hallarse en paz.


San John Henry Newman

Miércoles de Ceniza

 


Miércoles de Ceniza
(Ciclo A - Año par)
18 de febrero de 2026


VI Domingo del Tiempo Ordinario

 


VI Domingo del Tiempo Ordinario
(Ciclo A - Año par)
15 de febrero de 2026


Bondad y desprendimiento

Un día vi lo que no se ve nunca. Vi como alguien moría de amor. Fue en un café, un otoño, en París. La joven que hablaba conmigo acababa de ser abandonada por un hombre de corazón de oro. Habían compartido su pan diez años completos. La abandonó como uno deja de leer un libro, ganado en un segundo por un sueño analfabeto. Había bastado un gesto que nada anunciaba para que aquella joven se hubiera descubierto tan vana como un libro tirado en el parqué de una habitación. Desde entonces, iba como un fantasma por las calles superpobladas de rostros inútiles. El cuchillo de la separación se había hundido en su corazón y su mano se movía con cada respiración. No maldecía ni se lamentaba. Intentaba comprender lo que ni siquiera podían comprender los ángeles, enloquecidos a su alrededor como abejas que han perdido el camino de la colmena. No sabía hablar de otra cosa más que de su amigo, ninguna palabra era suficiente para expresar su grandeza y su inteligencia. En la palabra de ella, él era como la nieve en pleno verano, cuando parece que una magia blanca como esa no volverá jamás. El mundo en que vivimos está encantado por el amor y sin ese encantamiento no permaneceríamos en él ni un segundo. Desde nuestro nacimiento, somos arrojados a un reducto en el que no podríamos más que perecer, si no tuviéramos el tragaluz del corazón mirando al cielo. Lo único real en esta vida es el corazón. Entonces ¿por qué nos empeñamos en soñar con otras cosas? Los vagos sentimentalismos con los que las personas se quitan el frío unas a otras son como las ramitas que sirven para encender un fuego: arden y mueren inmediatamente. La llama que daba a los rostros de aquella mujer y de su amigo el rojo y el oro de una pintura de Georges de La Tour se nutría de un alimento mucho más bello. Dios se paseaba maravillado por las palabras de los dos como un campesino por sus tierras. Si Dios no está en nuestras historias de amor, entonces nuestras historias de anublan, se desmoronan y se hunden. No es esencial que se nombre a Dios. Ni siquiera es indispensable que conozcan su nombre los que se aman: basta con que se encuentren en el cielo en esta tierra. Aquella mujer había conocido esa gracia, y esa gracia se le retiraba. En el café donde yo la escuchaba aquel día, ella hablaba del cielo y de su amigo, de su fuga, como si nada, y su palabra era como dos manos apretadas contra una herida por donde la luz brotaba a chorros. La sala donde estábamos sentados era tan atroz como la ciudad que la rodeaba, enervante y ruidosa –como si hubieran puesto una música estridente en la habitación de un agonizante-. Si dejamos de respirar en el cielo, nos ahogamos en la nada: así de simple y de claro.





Autor: Christian BOBIN
Texto: Resucitar
Editorial: Encuentro, Madrid, 2017, (pp. 94-96)






V Domingo del Tiempo Ordinario

 

V Domingo del Tiempo Ordinario
(Ciclo A - Año par)
8 de febrero de 2026

Frases...

Lucidez espiritual

“El que ve sus pecados es más grande que el que ve a Dios”


Isaac el Sirio

IV Domingo del Tiempo Ordinario

 


IV Domingo del Tiempo Ordinario
(Ciclo A - Año par)
1 de febrero de 2026

  • Dejaré en medio de ti un pueblo humilde y pobre (Sof 2, 3; 3, 12-13)
  • Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos (Sal 145)
  • Dios ha escogido lo débil del mundo (1 Cor 1, 26-31)
  • Bienaventurados los pobres en el espíritu (Mt 5, 1-12a)
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