La verdadera vocación del hombre

A menudo tenemos el sentimiento de ser prisioneros de una especie de adhesión a la tierra que nos impide mirar las realidades celestes. Es como si estuviéramos cogidos en unas arenas movedizas. ¿Cómo despegarse del mundo? ¿Cómo arrancarse del ruido? Cómo arrancarnos de esa noche obscura que nos oprime y que obstruye nuestro caminar hacia el cielo, que nos embrutece y nos hace olvidar lo esencial.

Dios nos ha creado para estar y vivir con Él. Dios, que ha querido todo cuanto existe, no ha creado la naturaleza para sí misma. Dios no nos ha creado para una perfección solamente natural. Dios, al crearnos, tenía una finalidad infinitamente superior a la perfección natural: el orden sobrenatural, el don de puro amor que llamamos gracia y que nos hace participar de la propia naturaleza de Dios, la comunicación de su propia vida que hace de nosotros sus hijos, capaces de conocerle y amarle en toda su intimidad, como él se conoce y se ama a sí mismo. Hemos sido creados para conocer y amar a Dios en toda su realidad de Dios. El hombre es absolutamente incapaz por sí mismo de esta vida sobrenatural, de la que le separa un abismo infinito, y que es un don gratuito de Dios. Cuando Cristo explica a los hombres hacia dónde deben tender, no les dice: “Sed plenamente y perfectamente hombres, desarrollaos hasta la perfección de vuestra naturaleza humana”, sino: “Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto”, es decir, nos propone la perfección misma de Dios.

Sagrada Familia

 


Sagrada Familia: Jesús, María y José
(Ciclo A - Año par)
28 de diciembre de 2025



Frases...

"La verdadera locura es convertir el corazón, la casa de la vida eterna, en un cajero automático"

Jesús Montiel

Solemnidad de la Natividad del Señor

 


Solemnidad de la Natividad del Señor
(Ciclo A - Año par)
25 de diciembre de 2025


Ilumina las tinieblas de mi alma

Señor, Dios de todos,
Poderoso en todo,
Sede infinita e incomprensible de todas las cosas;

Con todo tu Ser Tú estás cerca de todos;
Tú no estás encerrado en un espacio,
Y no hay ningún lugar en el que no estés Tú.

Tú no eres visible a los ojos,
Y sin embargo no hay visión alguna sin el concurso de tu luz.

¡Gloria temible,
Nombre incomprensible,
Apelación majestuosa,
Palabra infinita,
Esencia inescrutable!

Inaccesiblemente Alejado,
y sin embargo inmediatamente Cercano.

Tú estás atento al gemido,
Tú percibes la miseria,
Tú te acercas en la desgracia.

¡Tú remedias todo lo que es irremediable,
Padre muy compasivo,
Tú muestras tu misericordia,
Dios de consuelo!

En la misericordia de tu luz
ilumina las tinieblas de mi alma
para curarla, perdonarla y vivificarla,
oh Fuerza incorruptible.

A Ti la gloria en todo.
Amén.


San Gregorio de Narek
(944-1010)

IV Domingo de Adviento


 

IV Domingo de Adviento
(Ciclo A - Año par)
21 de diciembre de 2025


El consumismo

El hiperconsumo crece como un sucedáneo de la vida a la que se aspira, funciona a la manera de un paliativo de los deseos defraudados de cada cual. Cuanto más se multiplican los desengaños y las frustraciones de la vida privada, más se dispara el consumismo como consuelo, como satisfacción compensatoria, como una forma de “levantar el ánimo”.

Algunos proponen que haya un numerus clausus en la adquisición de bienes duraderos, para limitar el consumo. Pero esto es problemático. ¿Cómo determinar lo que es superfluo y lo que es necesario? ¿Dónde comienzan y dónde terminan las “falsas” necesidades? ¿Se va a impedir a los turistas que viajen en avión porque supone un derroche de energía? Los enemigos de la vida comercializada tienen razón al decir que la carrera desenfrenada del consumo no da la felicidad, pero su ataque contra lo “inútil” está demasiado impregnado de ascetismo. Algunas de nuestras alegrías se basan en frivolidades, en placeres fáciles, en pequeños lujos: es una de las dimensiones del deseo y de la vida humana. Se puede pensar que esta parte inútil, en las condiciones actuales, es un exceso, pero no hay que buscar su erradicación pura y simple. Sería mayor el mal que el bien obtenido, porque solo una sociedad autoritaria y antidemocrática puede imponer una alteración semejante en la vida cotidiana. La “sencillez voluntaria” acabaría siendo enseguida sencillez despótica.

III Domingo de Adviento

 


III Domingo de Adviento
(Ciclo A - Año par)
14 de diciembre de 2025



Frases...

"Cuando uno es feliz está dispuesto a soportar cualquier clase de disciplina"

Graham Green

Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María

 



Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María
(Ciclo A - Año par)
8 de diciembre de 2025


  • Pongo hostilidad entre tu descendencia y la descendencia de la mujer (Gen 3, 9-15. 20)
  • Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas (Sal 97)
  • Dios nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo (Ef 1, 3-6. 11-12)
  • Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo (Lc 1, 26-38)
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II Domingo de Adviento

 


II Domingo de Adviento
(Ciclo A - Año par)
7 de diciembre de 2025


Luchar contra los ídolos

Tenemos una tendencia natural a fabricarnos ídolos es decir, falsas imágenes de Dios. La mayoría de las veces lo hacemos inconscientemente, y de varias formas.

La primera es fácil de descubrir: cuando algo nos acapara por completo y se convierte en nuestro único objetivo. Ciertamente, no adoramos ya el dinero como lo adoraron los Hebreos, momentáneamente extraviados, en el episodio del becerro de oro (Ex 3, 23). Pero sigue habiendo hoy comportamientos muy similares. Consagramos todas nuestras energías al dinero, al amor humano, al éxito, al cuerpo, de tal manera que no nos queda ningún espacio libre. Estamos vueltos exclusivamente hacia todo eso, en vez de hacerlo hacia otra cosa aunque no nos atrevamos a llamarle Dios. En cualquier caso, el sitio de “Dios” está ocupado, la estatua levantada y el corazón repleto.

Existe una segunda manera de fabricar ídolos, más sutil y mucho más peligrosa que la anterior ya que hunde sus raíces en nuestras mejores intenciones. Cuando creemos en Jesucristo e intentamos seguirle, ponemos en el empeño lo mejor de nosotros mismos. Es así como nos vamos atando a la imagen que de él nos hacemos, a las formas de servicio, de oración y de acción que nos hemos forjado por su causa y por amor a él. Todo es así de natural y no podemos hacer otra cosa. Pero la amenaza de la idolatría sigue latente y surge cuando nos aferramos a nuestras maneras de ver las cosas. Identificamos a Dios con nuestro caminar hacia él. Y cuando surgen enfrentamientos entre los cristianos, sufrimos mucho. Se nos rompe nuestro ídolo y caen por tierra nuestras seguridades. Es así como nos vemos obligados a reconocer que Dios es más grande y más libre de lo que nos habíamos imaginado. Sólo así nos vemos libres de la idolatría. Si los cristianos aceptamos el hecho de ser diferentes, de tener maneras distintas de percibir al mismo Dios estamos extirpando de raíz la tendencia a la idolatría.