II Domingo de Cuaresma

17 de marzo de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Dios inició un pacto fiel con Abrahán (Gén 15, 5-12. 17-18)
  • El Señor es mi luz y mi salvación (Sal 26)
  • Cristo nos configurará según su cuerpo glorioso (Flp 3, 17- 4, 1)
  • Mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió (Lc 9, 28b-36)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

La reconciliación

Retiro de Cuaresma 2019 (3/3)



Catequesis parroquial nº 151
Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 14 de marzo de 2019
Para escuchar la charla, pulse aquí: https://www.ivoox.com/33383199

La necesidad de perdonar siempre

Retiro de Cuaresma 2019 (2/3)



Catequesis parroquial nº 150
Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 13 de marzo de 2019
Para escuchar la charla, pulse aquí: https://www.ivoox.com/33351310

La necesidad de arrepentirnos y pedir perdón

Retiro de Cuaresma 2019 (1/3)



Catequesis parroquial nº 149
Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 12 de marzo de 2019
Para escuchar la charla, pulse aquí: https://www.ivoox.com/33317797

I Domingo de Cuaresma

10 de marzo de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Profesión de fe del pueblo elegido (Dt 26, 4-10)
  • Quédate conmigo, Señor, en la tribulación (Sal 90)
  • Profesión de fe del que cree en Cristo (Rom 10, 8-13)
  • El Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado (Lc 4, 1-13)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

El desafío del tiempo

(Gueorgui Vorotíntsev es un joven oficial del Ejército Ruso, adscrito al Estado Mayor del frente en la guerra contra los alemanes en 1914. Se halla inspeccionando las tropas rusas en la Prusia recién invadida, y mientras afronta una cabalgada de seis días en solitario, para conocer bien el terreno, va reflexionando sobre su matrimonio con la joven y bella Alina)

A decir verdad, había aún otra causa de la sensación de ligereza que entonces experimentaba.

Se sentía ahora tan a gusto en primera línea porque se había separado de su mujer.

En un primer momento, ni siquiera había dado crédito a esta sensación: la separación nunca había sido antes motivo de alegría o de alivio. Pero tres semanas atrás, en Moscú, cuando en el Estado Mayor de la circunscripción se recibió la orden de la movilización general y toda su cabeza y todo su pecho quedaron invadidos por el problema común al conjunto del país, Vorotíntsev advirtió cómo por los peñascos de la guerra se deslizaba cual una irisada lagartija este pensamiento: ahora, como es lógico, se vería apartado por largo tiempo de su mujer, descansaría de ella.

¿De su mujer, a la que amaba? ¡No lo habría creído! Ocho años atrás había llevado al altar a aquella etérea maravilla blanca con el único temor de que ella pudiera volverse atrás en el último minuto; ¡no lo habría creído!

Se conocieron a raíz de su regreso de la guerra contra el Japón, cuando se hallaba poseído del particular entusiasmo posbélico de vivir: ¡Me he salvado! ¡Ahora viviré largamente! ¡Ahora quiero ser feliz! ¡Ha llegado el momento de casarse! Y desde el primer paso que dio hacia ella y le besó la mano, desde la primera palabra que le oyó decir, lo decidió: ¡es ella, es ella! -cuando todavía sin tener conciencia la miraba, la comparaba con cuantas la rodeaban-, es la única, la mejor de la tierra; ha sido creada para mí. Ella no lo comprendió así de buenas a primeras, su declaración la recibió con cierto coqueteo, sin decidirse a darle el sí, ¡pero él lo comprendió al instante!

VIII Domingo del Tiempo Ordinario

3 de marzo de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • No elogies a nadie antes de oírlo hablar (Eclo 27, 4-7)
  • Es bueno darte gracias, Señor (Sal 91)
  • Nos da la victoria por medio de Jesucristo (1 Cor 15, 54-58)
  • De lo que rebosa el corazón habla la boca (Lc 6, 39-45)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Sobre el silencio

El abba Isaías dijo: "Ama callar más que hablar. Puesto que el callar economiza y el hablar dispersa" (IV, 18).

El abba Macario el Grande, decía en Scitia a los hermanos después de la misa en la iglesia: "Huid, hermanos". Y uno de los Padres le dijo: "¿Dónde podremos huir más lejos de este desierto?". El abba puso su dedo en la boca y dijo: "Huid de esto"; y él entró en su celda y, cerrando la puerta, se quedaba solo (IV, 30).

El abba Titoés decía: "Nuestra verdadera peregrinación es dominar nuestra propia boca" (IV, 52).

Otro hermano preguntó al mismo abba Pastor diciendo: "Si veo alguna cosa, ¿quieres que te lo diga?". El anciano le respondió: "Está escrito: Aquel que responde antes de escuchar, acarrea necedad y deshonra sobre sí [Prov 18,13]. Si has sido interrogado, habla; pero si no, guarda silencio" (X, 86).

Un hermano principiante preguntó a un anciano: "¿Qué es lo mejor: callar o hablar?". Él le dijo: "Si las palabras son inútiles, déjalas y calla; pero si son buenas, dale lugar al bien y habla. Sin embargo, aunque sean buenas, no prolongues el final del discurso, y estarás en el descanso" (X, 163).

Un hermano dijo a un anciano: "Dime una práctica". El anciano le respondió: "Aparta de ti la discusión acerca de cualquier asunto, y serás salvo" (X, 179).



Título: Apotegmas de los padres del desierto
Editorial: Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2017







VII Domingo del Tiempo Ordinario

24 de febrero de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • El Señor te ha entregado hoy en mi poder, pero yo no he querido extender la mano (1 Sam 26, 2. 7-9. 12-13. 22-23)
  • El Señor es compasivo y misericordioso (Sal 102)
  • Lo mismo que hemos llevado la imagen del hombre terrenal, llevaremos también la imagen del celestial (1 Cor 15, 45-49)
  • Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso (Lc 6, 27-38)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Lo demoníaco y lo femenino

Pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar (Gn 3, 15). Según este versículo, lo que va contra lo demoníaco y acaba por aplastar la cresta de su orgullo son estas dos cosas: lo femenino y la filiación. 

Conviene definir lo femenino. Conocemos la concretísima definición de Aristóteles en su De generatione animalium: “Entendemos por macho aquel ser que engendra en otro y por hembra aquel ser que engendra en sí”. Lo masculino corresponde a una operación transitiva y, por eso, visible: arroja su simiente fuera de sí mismo; su tiempo sexual es corto, su espacio, el de afuera; es el espacio-tiempo de la eyaculación. Lo femenino corresponde a una operación inmanente y por eso invisible: acoge en sí algo que se hace incluso a pesar suyo; su tiempo sexual es largo, su espacio, el de la interioridad; es el espacio-tiempo de la gestación. Llevar al otro en sí, dejar que se opere en su seno un oscuro crecimiento, ¿no son esas cualidades de lo femenino exactamente las del alma en su relación con su Creador y Salvador? Porque el alma -y el Cantar de los Cantares bastaría para probarlo al presentar al pueblo elegido bajo la figura de la esposa- debe estar metafísicamente en una postura femenina en relación con Dios: la de una receptividad a la gracia que opera en nosotros a pesar nuestro, como en la parábola propia de Marcos que compara el Reino con un grano que crece por sí solo. 

De esta postura femenina es precisamente de la que reniega lo demoníaco. El diablo no tiene entrañas. No acoge al otro en su corazón, como aquello que sería más querido que uno mismo. Por supuesto, esta división entre lo femenino y lo masculino no se corresponde con exactitud a la de la mujer y el hombre. Ambos pueden dejarse seducir por lo demoníaco y entonces, como el hombre ya no es masculino, sino fálico, la mujer ya no es femenina, sino histérica: “La Venus eterna (capricho, histeria, fantasía) es una de las formas seductoras del Diablo”, afirma Baudelaire. Esta Venus eterna es la mujer que renuncia a las profundidades de la matriz, es decir, a un recogimiento profundo de lo invisible. 

VI Domingo del Tiempo Ordinario

17 de febrero de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Maldito quien confía en el hombre; bendito quien confía en el Señor (Jer 17, 5-8)
  • Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor (Sal 1)
  • Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido (1 Cor 15, 12. 16-20)
  • Bienaventurados los pobres. Ay de vosotros, los ricos (Lc 6, 17. 20-26)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Tu belleza es inaccesible

Tu belleza es inaccesible,
tu esplendor no tiene igual,
tu gloria es incomparable.
¿Quién te ha visto o podría verte por completo, a Ti, Dios mío?
¿Qué ojo tendrá la fuerza de contemplar el Todo?
¿Quién podrá percibir al que está por encima del Todo
y comprender y contemplar al que mantiene unidos todos los seres,
que está fuera de ellos
y que, llenando el Todo y todo lo que contiene,
se encuentra siempre, de un modo inexplicable,
todo entero fuera del Todo?


(San Simeón el Nuevo Teólogo, +1022)

V Domingo del Tiempo Ordinario

10 de febrero de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Aquí estoy, mándame (Is 6, 1-2a. 3-8)
  • Delante de los ángeles tañeré para ti, Señor (Sal 137)
  • Predicamos así, y así lo creísteis vosotros (1 Cor 15, 1-11)
  • Dejándolo todo, lo siguieron (Lc 5, 1-11)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

La muerte del amigo

(El P. Francisco Chisholm, sacerdote escocés misionero en China, ha creado un humilde dispensario para atender las necesidades sanitarias de la pobre gente que le rodea. En esa tarea le ayuda, desde la lejana Escocia, un amigo suyo de la infancia y adolescencia, que es médico y que le envía paquetes con material sanitario. Para sorpresa suya, este viejo amigo suyo, Willie Tulloch, decide trasladarse a China por un tiempo, para ayudarle a él en esa labor. Nada más llegar, se declara la peste y ellos dos, junto con la madre María Verónica, una aristócrata alemana que no congenia para nada con el estilo sencillo y humilde del P. Francisco, pero que es muy eficiente como en la atención a los enfermos, y un teniente del ejército chino llamado Shon, se prodigan atendiendo a los pacientes. El Dr. Tulloch es un agnóstico recalcitrante, que ya de joven discutía con Francisco de cuestiones religiosas, sin ponerse nunca de acuerdo, pero queriéndose siempre mucho como amigos. La peste termina por afectar al Dr. Tulloch y Francisco, tiene que asistir, impotente y desconcertado, a la muerte de su amigo)

Francisco se aproximó al lecho. Sentía un gran temor. La muerte les había acompañado a lo largo de aquellas semanas como algo familiar, terrible, pero común. Pero ahora que la sombra de la muerte cubría a su amigo, sentía un dolor terrible.

Tulloch no había perdido la consciencia y reconoció a Francisco. Procuró sonreír:

- Vine en busca de aventuras y parece que las he encontrado.

Y un momento después, entornando los ojos, añadió como si se le acabase de ocurrir una idea:

-Soy débil como un gato, Francisco.

IV Domingo del Tiempo Ordinario

3 de febrero de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Te constituí profeta de las naciones (Jer 1, 4-5. 17-19)
  • Mi boca contará tu salvación, Señor (Sal 70)
  • Quedan la fe, la esperanza y el amor. La más grande es el amor (1 Cor 12, 31-13,13)
  • Jesús, como Elías y Eliseo, no solo es enviado a los judíos (Lc 4, 21-30)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

El corazón de Jesús y el corazón del hombre


Charla dada por D. Fernando Colomer en la capilla de Adoración Eucarística Perpetua de Murcia, para profundizar en la devoción al Sagrado Corazón de Jesús (1 de febrero de 2019)

Señor, has sido bueno con tu tierra (Salmo 84)



Catequesis parroquial nº 148
Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 19 de diciembre de 2018
(Audio no disponible)


1 Del maestro de coro. De los hijos de Coré. Salmo 

Comenta san Jerónimo: Todo salmo que se titule “de los hijos de Coré” no trata de nada triste, sino siempre de hechos alegres. Pues aunque Coré, Datán y Abirón fueron castigados por el Señor por sublevarse contra Moisés, los hijos de Coré, que no se comportaron como su padre, fueron bendecidos con una eterna alegría. Dado que “Coré” significa “calvario”, y es manifiesto que el término “Calvario” designa el lugar de la resurrección, todo aquel que es hijo de Coré es hijo de la resurrección y no puede tener tristeza alguna.


2 Señor, has sido bueno con tu tierra, has restaurado la suerte de Jacob,


San Agustín explica que el profeta habla en pasado narrando como acontecido lo que ha de acontecer, porque para Dios lo que ha de acontecer ya aconteció. Pues estas palabras, como afirma san Jerónimo, se refieren a la venida de Cristo, nuestro Salvador. La tierra que había ofendido a Dios, que se había manchado con idolatrías, que había producido abrojos y espinas (cf. Gn 3,18), ha sido salvada con la venida de Cristo, nuestro Salvador. 

Nueva publicación




Autor
Fernando Colomer Ferrándiz 

Título
El Cristianismo y las Religiones 

Edita 
Instituto Teológico “San Fulgencio” (Murcia) 

ISBN 
978-84-09-07061-9 



Pedidos a:

Librería Diocesana 

Teléfono
(+ 34) 968 21 24 89 

Correo electrónico
librerias@diocesisdecartagena.org

III Domingo del Tiempo Ordinario

27 de enero de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Leyeron el libro de la Ley, explicando su sentido (Neh 8, 2-4a. 5-6. 8-10)
  • Tus palabras, Señor, son espíritu y vida (Sal 18)
  • Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro (1 Cor 12, 12-30)
  • Hoy se ha cumplido esta Escritura (Lc 1, 1-4; 4, 14-21)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

La salvación de todos

Según el espíritu del Amor de Cristo no es extraño, sino algo perfectamente natural, compartir la responsabilidad de la falta de quien amamos e incluso reivindicarla íntegramente. Más aún, es asumiendo la falta de otro como se revela la autenticidad del amor y se adquiere la verdadera conciencia de él; ¿dónde estaría el sentido del amor, si no se conservara más que por su lado agradable? Cuando se toman libremente sobre sí la falta y el castigo del ser amado, entonces alcanza el amor la perfección en todas sus dimensiones.

Muchos hombres no pueden o no quieren aceptar de buen grado las consecuencias del pecado original de Adán. Dicen: “Adán y Eva han comido la fruta prohibida, ¿en qué me concierne eso? Estoy dispuesto a responder de mis pecados, pero solamente de los míos y no de los pecados de los demás”. Y no comprenden que con esta reacción de su corazón repiten en sí mismos el pecado de nuestros primeros padres. Adán negó su responsabilidad desembarazándose de su falta en Eva y en Dios, que le había dado a ésta como mujer, y a causa de ello rompió la unidad del ser humano y su unión con Dios. Así, cada vez que rehusamos asumir nuestra responsabilidad del mal universal, de los actos de nuestro prójimo, repetimos el mismo pecado y rompemos la unidad del ser humano y su unión con Dios. En el Paraíso el Señor llamó a Adán al arrepentimiento, es lícito pensar que si, en vez de justificarse, Adán hubiera asumido la responsabilidad del pecado común, del suyo y del de Eva, el destino del mundo hubiese sido distinto. Del mismo modo, el destino del mundo será distinto si respondemos positivamente al Señor venido en la carne que renueva su llamada al arrepentimiento, y si cargamos sobre nosotros el peso de las faltas de nuestro prójimo.

El amor de Cristo no soporta la pérdida de ningún hombre y en su deseo de salvarlos a todos y en vistas a alcanzar este objetivo, sigue el camino del sacrificio. El Señor da al monje el amor del Espíritu Santo, y este amor llena el corazón del monje de dolor por los hombres, porque estos no están todos ellos en el camino de la salvación. El Señor mismo se afligió tanto por el pueblo que se entregó a la muerte en cruz. La Madre de Dios lleva en su corazón esta misma compasión por los hombres; y como su Hijo amado, deseaba con todo su ser la salvación de todos. Es el mismo Espíritu Santo que el Señor entregó a los Apóstoles, a nuestros Santos Padres y a los pastores de la Iglesia.

San Silouan del Monte Athos


II Domingo del Tiempo Ordinario

20 de enero de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Se regocija el marido con su esposa (Is 62, 1-5)
  • Contad las maravillas del Señor a todas las naciones (Sal 95)
  • El mismo y único Espíritu reparte a cada uno en particular como él quiere (1 Cor 12, 4-11)
  • Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea (Jn 2, 1-11)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Alma de Cristo

Alma de Cristo, santifícame
Cuerpo de Cristo, sálvame
Sangre de Cristo, embriágame
Agua del costado de Cristo, lávame
Pasión de Cristo, fortaléceme
¡Oh buen Jesús, óyeme!
Dentro de tus llagas, escóndeme
No permitas que me aparte (sea separado) de ti
Del maligno enemigo, defiéndeme
En la hora de mi muerte llámame y mándame ir a ti,
para que con tus santos te alabe
por los siglos de los siglos. Amén.


Esta conocida oración la encontramos por primera vez en algunos manuscritos de los siglos XIV y XV, y debió de alcanzar una gran difusión como lo demuestra el hecho de que san Ignacio de Loyola la recomienda en sus Ejercicios Espirituales denominándola simplemente con el título Anima Christi suponiendo, evidentemente, que todos sus lectores la conocían. Pero sobre su autor no sabemos nada con certeza.

Una cosa es cierta: que esta oración nos sitúa en el corazón de la teología católica, que es Cristo presente en medio de nosotros, también después de la resurrección y ascensión al cielo, con su realidad verdadera, aunque velada, en el organismo de la Iglesia y en el sacramento del altar. Y lo hace subrayando la importancia de la humanidad de Cristo. De hecho esta oración se desarrolló, al principio, como oración ante la Hostia consagrada o como oración de acción de gracias después de la comunión, a partir del siglo XIX. Es evidente que la oración es muy idónea para tomar conciencia de la realidad de la Eucaristía, del don que se estaba contemplando o se acababa de recibir.

La oración está compuesta por once aspiraciones dirigidas al Redentor: las cinco primeras a través de alguna realidad de su humanidad (alma, cuerpo, sangre…) y las cinco siguientes dirigidas directamente a Él, a su Persona. Las cinco primeras aspiraciones subrayan el “de Cristo”, puesto que todo el valor del alma, del cuerpo, de la sangre, del agua y de la pasión procede del hecho de que son “de Cristo”, que no es un hombre cualquiera sino que es el Hijo de Dios, Dios él mismo.

Alma de Cristo, santifícame

En el Nuevo Testamento encontramos tan solo tres veces el sustantivo “alma” referido a Cristo. Uno en referencia inminente a la pasión, cuando Cristo dice que su alma esta “turbada” (Jn 12, 27) y los otros dos referidos al mismo episodio, la oración de Jesús en el huerto de Getsemaní (Mc 14, 34; Mt 26, 38). Conviene recordar que el Hijo de Dios, al encarnarse, ha asumido un alma humana (CEC 427), que, como toda alma humana, es sede del entendimiento, de la memoria y de la voluntad. En la oración del huerto el alma humana de Jesús posee un papel fundamental, puesto que Cristo pide que no se haga su voluntad humana sino la voluntad de su Padre del cielo, con lo que está pidiendo su santificación, ya que la santificación consiste en la fusión de la voluntad humana con la divina. «En la hora de Getsemaní, Jesús ha transformado nuestra voluntad humana rebelde en voluntad conforme y unida a la voluntad divina. Ha sufrido todo el drama de nuestra autonomía y entregando precisamente nuestra voluntad en las manos de Dios, nos ha dado la verdadera libertad diciendo: “no como yo quiero, sino como quieres tú”», afirmó el cardenal Ratzinger en la homilía de la misa pro eligendo pontifice.

Bautismo del Señor

13 de enero de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Mirad a mi siervo, en quien me complazco (Is 42, 1-4. 6-7)
  • El Señor bendice a su pueblo con la paz (Sal 28)
  • Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo (Hch 10, 34-38)
  • Jesús fue bautizado; y, mietras oraba, se abrieron los cielos (Lc 3, 15-16. 21-22)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Fuente de vida

Oh Cristo, fuente de vida,
haz que sea digno de saborearte a ti,
y que mis ojos sean luminosos.

Oh Misericordia y Compasión enviada al mundo,
esperanza de la creación,
hazme gustar la dulzura de tu esperanza,
para que me vuelva ciego para el mundo
pero iluminado en el Espíritu;
y que por medio de tu amor
mi vida quede embriagada
hasta que abandone el mundo y sus caminos.

  
Isaac de Nínive (Siglo VII)



Epifanía del Señor

6 de enero de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • La gloria del Señor amanece sobre ti (Is 60, 1-6)
  • Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos de la tierra (Sal 71)
  • Ahora ha sido revelado que los gentiles son coherederos de la promesa (Ef 3, 2-3a. 5-6)
  • Venimos a adorar al Rey (Mt 2, 1-12)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Somos una misma cosa

(El texto reproduce fragmentos de una larga conversación que, Liss, el oficial alemán de las SS que gobierna un campo de prisioneros, durante la Segunda Guerra Mundial, mantiene con Mijáil Sídorovich, un comunista convencido prisionero en el campo, al que, precisamente por su cultura y profunda convicción comunista, ha invitado a sus habitaciones privadas para conversar con él. La tesis que Liss mantiene es que ambos son dos modalidades distintas de la misma esencia, dos encarnaciones diferentes del mismo principio espiritual, a lo que se opone interiormente Mijáil Sídorovich con todas sus fuerzas, aunque no puede evitar que una terrible duda se abra paso en su interior)

Liss meneó la cabeza. Y las palabras que siguieron fueron todavía más turbadoras, inesperadas, espantosas y disparatadas: 

- Cuando nos miramos el uno al otro, no sólo vemos un rostro que odiamos, contemplamos un espejo. Ésa es la tragedia de nuestra época. ¿Acaso no se reconocen a ustedes mismos, su voluntad, en nosotros? ¿Hay algo que pueda hacerles titubear o detenerse?

Liss aproximó su rostro al de Mostovskói:

- ¿Me comprendes? No domino el ruso a la perfección, pero deseo tanto que me comprenda… Ustedes creen que nos odian, pero es sólo una apariencia: se odian a ustedes mismos en nosotros. Terrible, ¿no es cierto? ¿Me comprende?

Mijáil Sídorovich decidió guardar silencio; no dejaría que Liss le arrastrara a aquella conversación.

Santa María, Madre de Dios

1 de enero de 2019
(Ciclo C - Año impar)






  • Invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré (Núm 6, 22-27)
  • Que Dios tenga piedad y nos bendiga (Sal 66)
  • Envió Dios a su Hijo, nacido de mujer (Gál 4, 4-7)
  • Encontraron a María y a José y al niño. Y a los ocho días, le pusieron por nombre Jesús (Lc 2, 16-21)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Sagrada Familia: Jesús, María y José

30 de diciembre de 2018
(Ciclo C - Año impar)






  • Quien teme al Señor honrará a sus padres (Eclo 3, 2-6. 12-14)
  • Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos (Sal 127)
  • La vida de familia en el Señor (Col 3, 12-21)
  • Los padres de Jesús lo encontraron en medio de los maestros (Lc 2, 41-52)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

La oración

¿Cuántas veces no me sentí sobrecogido por el silencio que reinaba en la iglesia mientras los padres rezaban? Al principio me colocaba al fondo del edificio y contemplaba a aquellos hombres preguntándome qué hacían, arrodillados o sentados en penumbra, sin decir una palabra… Sin embargo, daban la impresión de estar escuchando y conversando con alguien envueltos por la semioscuridad de la iglesia, iluminada por velas. Me fascinaban la práctica de la oración y la atmósfera de paz que genera. Creo que es justo afirmar que existe una auténtica forma de heroicidad, de grandeza y de nobleza en esa vida de oración habitual. El hombre solo es grande cuando se arrodilla ante Dios.

Los grandes momentos de una vida son las horas de oración y adoración. Alumbran al ser, configuran nuestra verdadera identidad, afianzan una existencia en el misterio. El encuentro cotidiano con el Señor en la oración: ese es el fundamento de mi vida. Empecé cuidando esos instantes desde niño, en familia y a través de mi contacto con los espiritanos de Ourous. Cuando hemos de vivir la Pasión, necesitamos retirarnos al huerto de Getsemaní, en la soledad de la noche.

En este mundo ajetreado donde no existe tiempo ni para la familia ni para uno mismo, y menos para Dios, la auténtica reforma consiste en redescubrir el sentido de la oración, el sentido del silencio, el sentido de la eternidad. Por desgracia, nada más concluir el concilio, la Constitución sobre la liturgia no se comprendió a partir del primado fundamental de la adoración, de la humilde genuflexión de la Iglesia ante la grandeza de Dios, sino más bien como un libro de recetas. Vimos a toda clase de creativos y animadores que buscaban más bien artimañas para presentar la liturgia de modo atrayente, más comunicativo, implicando cada vez a más gente, pero olvidando que la liturgia está hecha para Dios. Si Dios se convierte en el gran ausente, podemos llegar a toda clase de desviaciones, desde las más triviales a las más abyectas.

Benedicto XVI ha recordado con frecuencia que la liturgia no puede considerarse una obra de creatividad personal. Si hacemos una liturgia para nosotros mismos, se aleja de lo divino: se convierte en una representación teatral ridícula, vulgar y aburrida. Y se desemboca en liturgias que parecen operetas, fiestas dominicales para divertirse o disfrutar juntos después de una semana de trabajo y de afanes de todo tipo. Después de la celebración eucarística, los fieles vuelven a casa sin haberse encontrado personalmente con Dios y sin haberle escuchado en lo más íntimo de su corazón. Falta ese cara a cara con Dios contemplativo y silencioso que nos transforma y nos devuelve las energías que permiten revelarlo a un mundo cada vez más indiferente a las cuestiones espirituales.

La oración es la necesidad más importante del mundo actual, el instrumento para reformar el mundo. En un siglo que ya no reza, el tiempo queda como suprimido y la vida se transforma en una carrera desenfrenada. Por eso la oración proporciona al hombre la medida de sí mismo y de lo invisible. Me gustaría que no olvidáramos el camino que decidió tomar Benedicto XVI para la Iglesia el día de su renuncia a la sede de Pedro. Eligió un camino exclusivamente dedicado a la oración, a la contemplación y a la escucha de Dios. Es el camino más importante porque sigue la dirección de la gloria de Dios.

Natividad del Señor

25 de diciembre de 2018
(Ciclo C - Año impar)






  • Verán los confines de la tierra la salvación de nuestro Dios (Is 52, 7-10)
  • Los confines de la tierra han contemplado la salvación de nuestro Dios (Sal 97)
  • Dios nos ha hablado por el Hijo (Heb 1, 1-6)
  • El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1, 1-18)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

IV Domingo de Adviento

23 de diciembre de 2018
(Ciclo C - Año impar)






  • De ti voy a sacar al gobernador de Israel (Miq 5, 1-4a)
  • Oh, Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve (Sal 79)
  • He aquí que vengo para hacer tu voluntad (Heb 10, 5-10)
  • ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? (Lc 1, 39-45)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Los hijos son una gracia, no un proyecto

Es muy duro ser un hijo deseado. Tu existencia pende completamente de la decisión de tus padres. Sus deseos son órdenes. Si te permites algún extravío, pobre de ti: te lloverán las bofetadas, te dejarán sin postre, las recriminaciones lacrimosas te culpabilizarán hasta los huesos, hasta la médula, hasta los gametos que te dieron la vida. Porque tú existes, al fin y al cabo, para que florezca la feminidad de tu señora madre, y debes compensar con tu éxito las frustraciones de tu papá. Tu madre tiene que recuperar su línea anterior al embarazo. Tu padre tiene que renovar su ambición anterior al fracaso. El sonajero que te ofrecen no es más que un adelanto para tu entrada en la Escuela de Minas. Sobre todo, no debes decepcionar. No llorar demasiado durante la noche. Y después brillar durante el día. Todas las esperanzas están puestas en ti, de forma aplastante, porque son otras tantas desesperanzas inconfesadas.

Tengo buenas razones para pensar que los infanticidas y los parricidas van a multiplicarse con la eugenesia. Desde que el pequeño comience a emanciparse, la madre podrá echarle en cara -una cara cuyos rasgos habrán sido diseñados por ella con el genetista: “Soy yo quien te ha querido así, no rubio y con los ojos azules, como los fascistas, sino mestizo, con ojos claros, con pene de negro, con genes de médico judío, y con cromosomas del sistema inmunitario no deficientes jamás… Soy yo quien te ha concebido, no sólo como concibe una madre, a ciegas, sino como concibe el ingeniero, trazando su modelo con la regla, eliminando todos los prototipos defectuosos, adaptándose a la demanda, asegurándote en el huevo un porvenir profesional y sentimental… ¡Y tú me haces eso a mí, a tu madre, más aún, a tu creador!”.

Ése será el pecado original. Ya no se trata del drama auroral de la maternidad recibida, se trata del drama tenebroso de la maternidad elegida. Habríamos podido aceptar dejarnos sorprender por un ser tan nuevo que desgarrara la trama de nuestros proyectos. Hemos preferido inscribirlo, por supuesto en nombre de una previsión llena de piedad, como un gasto útil. Pero no tarda en llegar el momento en que nuestro pequeño nos muestra que él no es un ingrediente en la receta de nuestra felicidad. Aparece como irreductible. Se convierte en indeseable. Ahora bien, hace ya quince años que han pasado los plazos de una eliminación legal. Por eso si se quiere dotar al proyecto parental de todas las garantías, aconsejo al legislador que extienda ese plazo bastante más allá de las doce semanas, digamos que hasta los cuarenta años.

III Domingo de Adviento

16 de diciembre de 2018
(Ciclo C - Año impar)






  • El Señor exulta y se alegra contigo (Sof 3, 14-18a)
  • Gritad jubilosos, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel (Is 12)
  • El Señor está cerca (Flp 4, 4-7)
  • Y nosotros, ¿qué debemos hacer? (Lc 3, 10-18)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Acción de gracias por el martirio

Señor, Dios todopoderoso, Padre de tu Hijo muy amado, Jesucristo,
por quien hemos recibido el conocimiento de tu nombre,
Dios de los ángeles, de las potestades, de toda la creación,
y de la raza de los justos que viven en tu presencia,
yo te bendigo por haberme juzgado digno
de formar parte de tus testigos
y de participar del cáliz de Cristo.
Que pueda ser yo admitido con ellos en tu presencia
como una ofrenda que te es agradable.
Por esta gracia y por todas las cosas
yo te alabo y te glorifico
por Jesucristo tu Hijo muy amado.

(San Policarpo de Esmirna + 167)

(Oración que pronunció poco antes de que encendieran la hoguera en la que fue martirizado)


II Domingo de Adviento

9 de diciembre de 2018
(Ciclo C - Año impar)






  • Dios mostrará tu esplendor (Bar 5, 1-9)
  • El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres (Sal 125)
  • Que lleguéis al Día de Cristo limpios e irreprochables (Flp 1, 4-6. 8-11)
  • Toda carne verá la salvación de Dios (Lc 3, 1-6)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Inmaculada Concepción de la Virgen María

8 de diciembre de 2018
(Ciclo C - Año impar)






  • Pongo hostilidad entre tu descendencia y la descendencia de la mujer (Gén 3, 9-15. 20)
  • Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas (Sal 97)
  • Dios nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo (Ef 1, 3-6. 11-12)
  • Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo (Lc 1, 26-38)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

La infidelidad de mi mujer


(Kafuku es un actor, que ha vivido felizmente casado durante veinte años, pero que acaba de enviudar y contrata a una chica joven –Misaki- como chófer para sus desplazamientos de ida y vuelta al teatro donde trabaja. Durante los desplazamientos en su coche, conducido por Misaki, normalmente él recita en voz alta el papel de la obra de teatro que está representando; y aunque la chica es muy silenciosa, se va creando entre ellos una cierta atmósfera que da lugar a que Kafuku se confidencie con ella. Así le habla de lo que fue su relación con el último amante de su mujer)

Mientras iba en el asiento del copiloto, Kafuku solía pensar con frecuencia en su difunta esposa. Por algún motivo, desde que Misaki trabajaba para él como chófer, había empezado a acordarse a menudo de ella. Su mujer, que también había sido actriz, era dos años más joven que él y muy bella. Kafuku la amaba. Se había sentido fuertemente atraído por ella justo desde el momento en que la conoció (a los veintinueve años), sentimiento que había permanecido invariable hasta el día que ella murió (entonces él ya había cumplido los cuarenta y nueve). Mientras su matrimonio duró, jamás se acostó con otra mujer. No era que no hubiera tenido ocasión, sino que nunca había sentido el deseo de hacerlo. 

Sin embargo, ella sí se acostaba a veces con otros. Que él supiera, los amantes habían sido, en total, cuatro. Ella, como es obvio, nunca se lo había revelado, pero él, en cada ocasión, enseguida se había dado cuenta de que estaba haciendo el amor con otro hombre en alguna parte. Kafuku siempre había tenido intuición para esas cosas y, cuando uno ama de verdad, es difícil no percibir las señales. Incluso, por el tono que su mujer empleaba al hablar de ellos, adivinó fácilmente quiénes eran los amantes. Todos eran, sin excepción, coprotagonistas de las películas en las que actuaba. Y la mayoría más jóvenes que ella. La relación duraba lo que duraba el rodaje y por lo general acababa de forma espontánea una vez terminado éste. El patrón se había repetido cuatro veces.


I Domingo de Adviento

2 de diciembre de 2018
(Ciclo C - Año impar)






  • Suscitaré a David un vástago legítimo (Jer 33, 14-16)
  • A ti, Señor, levanto mi alma (Sal 24)
  • Que el Señor afiance vuestros corazones, para cuando venga Cristo (1 Tes 3, 12- 4,2)
  • Se acerca vuestra liberación (Lc 21, 25-28. 34-36)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

¿Por qué?

Abba Antonio escrutaba la profundidad de los juicios de Dios, y preguntó: "Señor, ¿por qué algunos mueren después de una vida corta, mientras otros alcanzan una prolongada ancianidad? ¿Por qué unos carecen de todo y otros nadan en la abundancia? ¿Por qué los malos viven en la opulencia y los justos padecen extrema pobreza?". Y vino una voz que le dijo: "Antonio, ocúpate de ti mismo. Así son los juicios de Dios y no te conviene conocerlos". 




Título: Apotegmas de los padres del desierto
Editorioal: Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2017, XV, 1







Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo

25 de noviembre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Su poder es un poder eterno (Dan 7, 13-14)
  • El Señor reina, vestido de majestad (Sal 92)
  • El príncipe de los reyes de la tierra nos ha hecho reino y sacerdotes para Dios (Ap 1, 5-8)
  • Tú lo dices: soy rey (Jn 18, 33b-37)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

La experiencia originaria del ser: el seno materno

Antes de ser “arrojado al mundo” el hombre es un ser acogido. Su primera morada es el vientre de una madre: “Así, lo más original que perciben los sentidos, en su transcendencia más esencial, es el acto de un amor que protege y que calienta” . El calor del seno es indisociablemente vida y ternura. El cachorro de hombre se abre a una primera relación con el espacio como confianza. Porque antes de ser sistema métrico o tridimensional, el espacio es primeramente afectivo. Como dice Fabrice Hadjadj de sí mismo: “Viví en primer lugar en el vientre de una judía alta, rubia, guapa, que era militante maoísta y diplomada en inglés. Allí, mi recogimiento era monástico pese a todo; mi posición, la de una adoración perfecta en pirueta. Me llevaban de acá para allá en las calles de Túnez y los restaurantes de París, pero yo no abandonaba mi ermita viviente, encontrándome con la gente sólo a través del tamiz de una mucosa que me los hacía a todos cálidos. Así debuté en la vida. En un tabernáculo de carne. La inquietud vendría sólo después, con la disipación. Sin embargo, si creo el célebre verso de Wordsworth -“el Hijo es el padre del Hombre”- es imposible que esta primera experiencia de lo real no fuera el fundamento de todas las que siguieron”.

En el recinto maternal, ser y amor, espacio y confianza, alimento y abrazo no son distintos. ¿Hay alimento acaso sin los fervorosos abrazos íntimos de la madre, y sin la unión física con sus senos? Gustave Siewerth insiste en el carácter fundamental de esta experiencia uterina que se prolonga en los brazos de los padres. El hijo amado tiene la percepción de que todos sus gozos provienen de una fuente de abnegación y de clemencia. El rostro del don precede al descubrimiento del propio rostro. El biberón preparado para él, al mismo tiempo que una bebida agradable, es un gesto de devoción. El pañal que le es cambiado, al mismo tiempo que un acto de higiene, es un abrazo gratuito. Su sensualidad está conformada completamente por la ofrenda. El puré de zanahorias es un plato de caricias. El gusto a chocolate es inseparable del sabor de un beso. Por eso, más tarde, deseará al otro por encima de todo, y el placer sensible separado apenas le interesará: “Sólo cuando el amor le ha sido negado, sólo entonces los contenidos de los sentidos se vuelven preciosos e importantes para él, porque los ha experimentado de manera aislada, y su corazón debe contentarse con ellos solos” .

Tal es la profundidad del sexo femenino: su ambiente subyace a nuestra presencia en el mundo. Ese ambiente no es nunca un burdel donde los hombres van a emborracharse. Es una cartuja, en la que el feto se establece en la confianza, bañado de un calor transcendente. Así podemos comprender la conmoción de Pasolini en 1975: “Estoy traumatizado por la legislación sobre al aborto, porque la considero, al igual que muchos, como una legislación sobre el homicidio. En mis sueños y en mi comportamiento cotidiano -es algo común a todos los hombres- vivo mi vida prenatal, mi dichosa inmersión en las aguas maternales: sé que allí yo estaba vivo” . ¿Qué “cínica prevaricación” puede transformar el santuario mismo de la vida en cámara mortuoria? ¿Cómo se pueden enviar las pirañas a esta piscina de la “dichosa inmersión”? El realizador de Teorema denuncia un contrasentido visceral.

XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario

18 de noviembre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Entonces se salvará tu pueblo (Dan 12, 1-3)
  • Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti (Sal 15)
  • Con una sola ofrenda ha perfeccionado definitivamente a los que van siendo santificados (Heb 10, 11-14. 18)
  • Reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos (Mc 13, 24-32)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Fuego eterno, abismo de caridad

¡Oh Dios eterno, hogar de toda luz,
oh fuego por encima de cualquier otro fuego,
único fuego que arde sin consumirse,
fuego que destruye en el alma todo pecado
y todo amor propio;
fuego que no destruye el alma
sino que la alimenta con un amor insaciable,
de tal modo que el alma, saciada de Ti,
te desea cada vez más,
y cuanto más te desea,
más te posee y te gusta,
oh fuego soberano, fuego eterno, abismo de caridad!

Oh Dios infinito,
el amor solo y siempre el amor,
te ha empujado a crearnos a tu imagen y semejanza,
a colmarnos de gracias infinitas y de dones sin medida.
Oh bondad por encima de toda bondad,
Tú nos has dado el Verbo, tu Hijo único,
para que viviera con nosotros,
en contacto con nuestro ser de corrupción
y con nuestras tinieblas.
El amor fue la causa de este don.
Oh Grandeza eterna, Tú te has abajado,
te has hecho pequeña, para hacer al hombre grande.
E incluso antes de que existiéramos,
Tú nos has amado.
Verdaderamente hacia cualquier lado que mire
no encuentro otra cosa más que el abismo de tu caridad.

Santa Catalina de Siena

XXXII Domingo del Tiempo Ordinario

11 de noviembre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • La viuda preparó con su harina una pequeña torta y se la llevó a Elías (1 Re 17, 10-16)
  • Alaba, alma mía, al Señor (Sal 145)
  • Cristo se ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos (Heb 9, 24-28)
  • Esta viuda pobre ha echado más que nadie (Mc 12, 38-44)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

La mujer

Cierto día -¡ah, ese recuerdo no se le borraría jamás!- le había hablado un Personaje, un sacerdote de luenga barba patriarcal, que llevaba la cruz pectoral y la amatista y parecía llegar de las soledades de los confines del mundo, donde pasean, bajo cielos terribles, los leones evangélicos del Episcopado.

Viendo llorar a una niña tan joven, se acercó a ella, la miró con bondad y, lentamente, moviendo los labios con dulzura, la bendijo. Luego, poniendo la mano sobre la cabeza de ella, a la manera de un dominador de almas, le dijo:

- Hija mía… ¿por qué llora usted?

Aun oía ella esa voz serena y penetrante que le parecía la de un ser sobrehumano. Pero ¿qué podía contestar en ese momento sino que moría del deseo de vivir? Con sus grandes ojos de corza extraviada, en los que se leía su pena, lo miró en silencio. Fue entonces cuando el desconocido pronunció esas palabras sorprendentes que ella no olvidaría jamás:

- Alguna vez han debido hablarle a usted de Eva, la Madre del género humano. Aunque casi no se la honre en este Occidente, donde su nombre es mezclado con frecuencia en reflexiones profanas, a los ojos de la Iglesia es una gran Santa, a quien invoca siempre nuestra cristiandad del viejo Oriente, que conserva mejor las tradiciones antiguas. Su nombre significa Madre de los Vivientes… Dios, que inspira todos nuestros pensamientos, ha querido, sin duda, que yo la recuerde al verla a usted. Diríjase, entonces, a esa Madre, que está más cerca de usted que aquella que la engendró. Sólo Ella, créalo, puede socorrerla, puesto que usted no se parece a nadie, pobre niña que tiene sed de Vida. Puede ser, además, que el Espíritu Santo haya puesto en usted su temible Signo, pues los caminos son ignorados… Adiós, mi dulce niña. Dentro de unos instantes volveré a partir para tierras lejanas, y soy tan viejo, que acaso no regrese jamás… No la olvidaré, sin embargo… Cuando se encuentre entre las llamas, acuérdese del viejo misionero, que rezará por usted en el fondo de los desiertos.

XXXI Domingo del Tiempo Ordinario

4 de noviembre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Escucha Israel: Amarás al Señor con todo tu corazón (Dt 6, 2-6)
  • Yo te amo, Señor: tú eres mi fortaleza (Sal 17)
  • Como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa (Heb 7, 23-28)
  • Amarás al Señor, tu Dios. Amarás a tu prójimo (Mc 12, 28b-34)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

Todos los santos

1 de noviembre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas (Ap 7, 2-4. 9-14)
  • Esta es la generación que busca tu rostro, Señor (Sal 23)
  • Veremos a Dios tal cual es (1 Jn 3, 1-3)
  • Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo (Mt 5, 1-12a)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

La enseñanza de los Padres del desierto I: Humildad y Silencio


Catequesis parroquial nº 147
Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 24 de octubre de 2018
Para escuchar la charla, pulse aquí: https://www.ivoox.com/29691640

XXX Domingo del Tiempo Ordinario

28 de octubre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Guiaré entre consuelos a los ciegos y los cojos (Jer 31, 7-9)
  • El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres (Sal 125)
  • Tú eres sacerdote para siempre según el rito de Melquisedec (Heb 5, 1-6)
  • "Rabbuní", haz que recobre la vista (Mc 10, 46-52)
  • Homilía: pulsar aquí para leer la homilía en formato pdf

La misericordia

Si eres de verdad misericordioso, cuando te priven de manera inicua e injusta de aquello que es tuyo, no te enojes ni dentro ni fuera de ti. No muestres a los otros lo que estás soportando; por el contrario, haz que las injurias de la injusticia que has sufrido queden devoradas por la pasión de la misericordia, como la fuerza del vino queda atemperada con la mucha agua.

Recuerda esto a propósito de Aquel que dispone cada cosa: las acciones de todos los hombres están delante de sus ojos y resplandecen ante él más que el sol; y si él quisiera, sería capaz de destruir a todos los hombres con el soplo de su boca. 

Tú, en cambio, no has sido constituido para clamar venganza en contra de las acciones y en contra de aquellos que las cometen, sino para invocar sobre el mundo la misericordia, para velar por la salvación de todo y para unirte al sufrimiento de cada hombre, de los justos y de los pecadores.

Sé amigo de todos los hombres y solitario en tu pensamiento. Únete al sufrimiento de cada uno y aléjate de cada uno con tu cuerpo. No amonestes a ninguno, no reprendas a ninguno, ni siquiera a aquellos cuya conducta es muy mala.

Extiende tu manto sobre el que cae y cúbrelo. Si no puedes tomar sobre ti mismo sus pecados y recibir en su puesto el castigo por ellos, soporta al menos que te tomen como desvergonzado para no avergonzarle a él.

Isaac de Nínive (Siglo VII)