III Domingo de Adviento

16 de diciembre de 2018
(Ciclo C - Año impar)






  • El Señor exulta y se alegra contigo (Sof 3, 14-18a)
  • Gritad jubilosos, porque es grande en medio de ti el Santo de Israel (Is 12)
  • El Señor está cerca (Flp 4, 4-7)
  • Y nosotros, ¿qué debemos hacer? (Lc 3, 10-18)
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Acción de gracias por el martirio

Señor, Dios todopoderoso, Padre de tu Hijo muy amado, Jesucristo,
por quien hemos recibido el conocimiento de tu nombre,
Dios de los ángeles, de las potestades, de toda la creación,
y de la raza de los justos que viven en tu presencia,
yo te bendigo por haberme juzgado digno
de formar parte de tus testigos
y de participar del cáliz de Cristo.
Que pueda ser yo admitido con ellos en tu presencia
como una ofrenda que te es agradable.
Por esta gracia y por todas las cosas
yo te alabo y te glorifico
por Jesucristo tu Hijo muy amado.

(San Policarpo de Esmirna + 167)

(Oración que pronunció poco antes de que encendieran la hoguera en la que fue martirizado)


II Domingo de Adviento

9 de diciembre de 2018
(Ciclo C - Año impar)






  • Dios mostrará tu esplendor (Bar 5, 1-9)
  • El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres (Sal 125)
  • Que lleguéis al Día de Cristo limpios e irreprochables (Flp 1, 4-6. 8-11)
  • Toda carne verá la salvación de Dios (Lc 3, 1-6)
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Inmaculada Concepción de la Virgen María

8 de diciembre de 2018
(Ciclo C - Año impar)






  • Pongo hostilidad entre tu descendencia y la descendencia de la mujer (Gén 3, 9-15. 20)
  • Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas (Sal 97)
  • Dios nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo (Ef 1, 3-6. 11-12)
  • Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo (Lc 1, 26-38)
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La infidelidad de mi mujer


(Kafuku es un actor, que ha vivido felizmente casado durante veinte años, pero que acaba de enviudar y contrata a una chica joven –Misaki- como chófer para sus desplazamientos de ida y vuelta al teatro donde trabaja. Durante los desplazamientos en su coche, conducido por Misaki, normalmente él recita en voz alta el papel de la obra de teatro que está representando; y aunque la chica es muy silenciosa, se va creando entre ellos una cierta atmósfera que da lugar a que Kafuku se confidencie con ella. Así le habla de lo que fue su relación con el último amante de su mujer)

Mientras iba en el asiento del copiloto, Kafuku solía pensar con frecuencia en su difunta esposa. Por algún motivo, desde que Misaki trabajaba para él como chófer, había empezado a acordarse a menudo de ella. Su mujer, que también había sido actriz, era dos años más joven que él y muy bella. Kafuku la amaba. Se había sentido fuertemente atraído por ella justo desde el momento en que la conoció (a los veintinueve años), sentimiento que había permanecido invariable hasta el día que ella murió (entonces él ya había cumplido los cuarenta y nueve). Mientras su matrimonio duró, jamás se acostó con otra mujer. No era que no hubiera tenido ocasión, sino que nunca había sentido el deseo de hacerlo. 

Sin embargo, ella sí se acostaba a veces con otros. Que él supiera, los amantes habían sido, en total, cuatro. Ella, como es obvio, nunca se lo había revelado, pero él, en cada ocasión, enseguida se había dado cuenta de que estaba haciendo el amor con otro hombre en alguna parte. Kafuku siempre había tenido intuición para esas cosas y, cuando uno ama de verdad, es difícil no percibir las señales. Incluso, por el tono que su mujer empleaba al hablar de ellos, adivinó fácilmente quiénes eran los amantes. Todos eran, sin excepción, coprotagonistas de las películas en las que actuaba. Y la mayoría más jóvenes que ella. La relación duraba lo que duraba el rodaje y por lo general acababa de forma espontánea una vez terminado éste. El patrón se había repetido cuatro veces.


I Domingo de Adviento

2 de diciembre de 2018
(Ciclo C - Año impar)






  • Suscitaré a David un vástago legítimo (Jer 33, 14-16)
  • A ti, Señor, levanto mi alma (Sal 24)
  • Que el Señor afiance vuestros corazones, para cuando venga Cristo (1 Tes 3, 12- 4,2)
  • Se acerca vuestra liberación (Lc 21, 25-28. 34-36)
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¿Por qué?

Abba Antonio escrutaba la profundidad de los juicios de Dios, y preguntó: "Señor, ¿por qué algunos mueren después de una vida corta, mientras otros alcanzan una prolongada ancianidad? ¿Por qué unos carecen de todo y otros nadan en la abundancia? ¿Por qué los malos viven en la opulencia y los justos padecen extrema pobreza?". Y vino una voz que le dijo: "Antonio, ocúpate de ti mismo. Así son los juicios de Dios y no te conviene conocerlos". 




Título: Apotegmas de los padres del desierto
Editorioal: Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2017, XV, 1







Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo

25 de noviembre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Su poder es un poder eterno (Dan 7, 13-14)
  • El Señor reina, vestido de majestad (Sal 92)
  • El príncipe de los reyes de la tierra nos ha hecho reino y sacerdotes para Dios (Ap 1, 5-8)
  • Tú lo dices: soy rey (Jn 18, 33b-37)
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La experiencia originaria del ser: el seno materno

Antes de ser “arrojado al mundo” el hombre es un ser acogido. Su primera morada es el vientre de una madre: “Así, lo más original que perciben los sentidos, en su transcendencia más esencial, es el acto de un amor que protege y que calienta” . El calor del seno es indisociablemente vida y ternura. El cachorro de hombre se abre a una primera relación con el espacio como confianza. Porque antes de ser sistema métrico o tridimensional, el espacio es primeramente afectivo. Como dice Fabrice Hadjadj de sí mismo: “Viví en primer lugar en el vientre de una judía alta, rubia, guapa, que era militante maoísta y diplomada en inglés. Allí, mi recogimiento era monástico pese a todo; mi posición, la de una adoración perfecta en pirueta. Me llevaban de acá para allá en las calles de Túnez y los restaurantes de París, pero yo no abandonaba mi ermita viviente, encontrándome con la gente sólo a través del tamiz de una mucosa que me los hacía a todos cálidos. Así debuté en la vida. En un tabernáculo de carne. La inquietud vendría sólo después, con la disipación. Sin embargo, si creo el célebre verso de Wordsworth -“el Hijo es el padre del Hombre”- es imposible que esta primera experiencia de lo real no fuera el fundamento de todas las que siguieron”.

En el recinto maternal, ser y amor, espacio y confianza, alimento y abrazo no son distintos. ¿Hay alimento acaso sin los fervorosos abrazos íntimos de la madre, y sin la unión física con sus senos? Gustave Siewerth insiste en el carácter fundamental de esta experiencia uterina que se prolonga en los brazos de los padres. El hijo amado tiene la percepción de que todos sus gozos provienen de una fuente de abnegación y de clemencia. El rostro del don precede al descubrimiento del propio rostro. El biberón preparado para él, al mismo tiempo que una bebida agradable, es un gesto de devoción. El pañal que le es cambiado, al mismo tiempo que un acto de higiene, es un abrazo gratuito. Su sensualidad está conformada completamente por la ofrenda. El puré de zanahorias es un plato de caricias. El gusto a chocolate es inseparable del sabor de un beso. Por eso, más tarde, deseará al otro por encima de todo, y el placer sensible separado apenas le interesará: “Sólo cuando el amor le ha sido negado, sólo entonces los contenidos de los sentidos se vuelven preciosos e importantes para él, porque los ha experimentado de manera aislada, y su corazón debe contentarse con ellos solos” .

Tal es la profundidad del sexo femenino: su ambiente subyace a nuestra presencia en el mundo. Ese ambiente no es nunca un burdel donde los hombres van a emborracharse. Es una cartuja, en la que el feto se establece en la confianza, bañado de un calor transcendente. Así podemos comprender la conmoción de Pasolini en 1975: “Estoy traumatizado por la legislación sobre al aborto, porque la considero, al igual que muchos, como una legislación sobre el homicidio. En mis sueños y en mi comportamiento cotidiano -es algo común a todos los hombres- vivo mi vida prenatal, mi dichosa inmersión en las aguas maternales: sé que allí yo estaba vivo” . ¿Qué “cínica prevaricación” puede transformar el santuario mismo de la vida en cámara mortuoria? ¿Cómo se pueden enviar las pirañas a esta piscina de la “dichosa inmersión”? El realizador de Teorema denuncia un contrasentido visceral.

XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario

18 de noviembre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Entonces se salvará tu pueblo (Dan 12, 1-3)
  • Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti (Sal 15)
  • Con una sola ofrenda ha perfeccionado definitivamente a los que van siendo santificados (Heb 10, 11-14. 18)
  • Reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos (Mc 13, 24-32)
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Fuego eterno, abismo de caridad

¡Oh Dios eterno, hogar de toda luz,
oh fuego por encima de cualquier otro fuego,
único fuego que arde sin consumirse,
fuego que destruye en el alma todo pecado
y todo amor propio;
fuego que no destruye el alma
sino que la alimenta con un amor insaciable,
de tal modo que el alma, saciada de Ti,
te desea cada vez más,
y cuanto más te desea,
más te posee y te gusta,
oh fuego soberano, fuego eterno, abismo de caridad!

Oh Dios infinito,
el amor solo y siempre el amor,
te ha empujado a crearnos a tu imagen y semejanza,
a colmarnos de gracias infinitas y de dones sin medida.
Oh bondad por encima de toda bondad,
Tú nos has dado el Verbo, tu Hijo único,
para que viviera con nosotros,
en contacto con nuestro ser de corrupción
y con nuestras tinieblas.
El amor fue la causa de este don.
Oh Grandeza eterna, Tú te has abajado,
te has hecho pequeña, para hacer al hombre grande.
E incluso antes de que existiéramos,
Tú nos has amado.
Verdaderamente hacia cualquier lado que mire
no encuentro otra cosa más que el abismo de tu caridad.

Santa Catalina de Siena

XXXII Domingo del Tiempo Ordinario

11 de noviembre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • La viuda preparó con su harina una pequeña torta y se la llevó a Elías (1 Re 17, 10-16)
  • Alaba, alma mía, al Señor (Sal 145)
  • Cristo se ofreció una sola vez para quitar los pecados de todos (Heb 9, 24-28)
  • Esta viuda pobre ha echado más que nadie (Mc 12, 38-44)
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La mujer

Cierto día -¡ah, ese recuerdo no se le borraría jamás!- le había hablado un Personaje, un sacerdote de luenga barba patriarcal, que llevaba la cruz pectoral y la amatista y parecía llegar de las soledades de los confines del mundo, donde pasean, bajo cielos terribles, los leones evangélicos del Episcopado.

Viendo llorar a una niña tan joven, se acercó a ella, la miró con bondad y, lentamente, moviendo los labios con dulzura, la bendijo. Luego, poniendo la mano sobre la cabeza de ella, a la manera de un dominador de almas, le dijo:

- Hija mía… ¿por qué llora usted?

Aun oía ella esa voz serena y penetrante que le parecía la de un ser sobrehumano. Pero ¿qué podía contestar en ese momento sino que moría del deseo de vivir? Con sus grandes ojos de corza extraviada, en los que se leía su pena, lo miró en silencio. Fue entonces cuando el desconocido pronunció esas palabras sorprendentes que ella no olvidaría jamás:

- Alguna vez han debido hablarle a usted de Eva, la Madre del género humano. Aunque casi no se la honre en este Occidente, donde su nombre es mezclado con frecuencia en reflexiones profanas, a los ojos de la Iglesia es una gran Santa, a quien invoca siempre nuestra cristiandad del viejo Oriente, que conserva mejor las tradiciones antiguas. Su nombre significa Madre de los Vivientes… Dios, que inspira todos nuestros pensamientos, ha querido, sin duda, que yo la recuerde al verla a usted. Diríjase, entonces, a esa Madre, que está más cerca de usted que aquella que la engendró. Sólo Ella, créalo, puede socorrerla, puesto que usted no se parece a nadie, pobre niña que tiene sed de Vida. Puede ser, además, que el Espíritu Santo haya puesto en usted su temible Signo, pues los caminos son ignorados… Adiós, mi dulce niña. Dentro de unos instantes volveré a partir para tierras lejanas, y soy tan viejo, que acaso no regrese jamás… No la olvidaré, sin embargo… Cuando se encuentre entre las llamas, acuérdese del viejo misionero, que rezará por usted en el fondo de los desiertos.

XXXI Domingo del Tiempo Ordinario

4 de noviembre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Escucha Israel: Amarás al Señor con todo tu corazón (Dt 6, 2-6)
  • Yo te amo, Señor: tú eres mi fortaleza (Sal 17)
  • Como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa (Heb 7, 23-28)
  • Amarás al Señor, tu Dios. Amarás a tu prójimo (Mc 12, 28b-34)
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Todos los santos

1 de noviembre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas (Ap 7, 2-4. 9-14)
  • Esta es la generación que busca tu rostro, Señor (Sal 23)
  • Veremos a Dios tal cual es (1 Jn 3, 1-3)
  • Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo (Mt 5, 1-12a)
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La enseñanza de los Padres del desierto I: Humildad y Silencio


Catequesis parroquial nº 147
Autor: D. Fernando Colomer Ferrándiz
Fecha: 24 de octubre de 2018
Para escuchar la charla, pulse aquí: https://www.ivoox.com/29691640

XXX Domingo del Tiempo Ordinario

28 de octubre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Guiaré entre consuelos a los ciegos y los cojos (Jer 31, 7-9)
  • El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres (Sal 125)
  • Tú eres sacerdote para siempre según el rito de Melquisedec (Heb 5, 1-6)
  • "Rabbuní", haz que recobre la vista (Mc 10, 46-52)
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La misericordia

Si eres de verdad misericordioso, cuando te priven de manera inicua e injusta de aquello que es tuyo, no te enojes ni dentro ni fuera de ti. No muestres a los otros lo que estás soportando; por el contrario, haz que las injurias de la injusticia que has sufrido queden devoradas por la pasión de la misericordia, como la fuerza del vino queda atemperada con la mucha agua.

Recuerda esto a propósito de Aquel que dispone cada cosa: las acciones de todos los hombres están delante de sus ojos y resplandecen ante él más que el sol; y si él quisiera, sería capaz de destruir a todos los hombres con el soplo de su boca. 

Tú, en cambio, no has sido constituido para clamar venganza en contra de las acciones y en contra de aquellos que las cometen, sino para invocar sobre el mundo la misericordia, para velar por la salvación de todo y para unirte al sufrimiento de cada hombre, de los justos y de los pecadores.

Sé amigo de todos los hombres y solitario en tu pensamiento. Únete al sufrimiento de cada uno y aléjate de cada uno con tu cuerpo. No amonestes a ninguno, no reprendas a ninguno, ni siquiera a aquellos cuya conducta es muy mala.

Extiende tu manto sobre el que cae y cúbrelo. Si no puedes tomar sobre ti mismo sus pecados y recibir en su puesto el castigo por ellos, soporta al menos que te tomen como desvergonzado para no avergonzarle a él.

Isaac de Nínive (Siglo VII)



XXIX Domingo del Tiempo Ordinario

21 de octubre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Al entregar su vida como expiación, verá su descendencia, prolongará sus años (Is 53, 10-11)
  • Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti (Sal 32)
  • Comparezcamos confiados ante el trono de la gracia (Heb 4, 14-16)
  • El Hijo del hombre ha venido a dar su vida en rescate por muchos (Mc 10, 35-45)
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La solidaridad carnal entre los hombres

El matrimonio es a la vez un contrato y más que un contrato. Al tener como fin algo que excede las posibilidades de un contrato, esto es, la comunión de las personas y el nacimiento de los hijos, presenta la propiedad extraña de no poder ser roto sin una violencia íntima, aun cuando las dos partes quisieran separarse amistosamente. La comunión que supone el “Te quiero” prohíbe toda ruptura: su término es el otro, y no tal o cual de sus cualidades. Si yo sólo hubiera dicho: “Quiero tu culo”, o “Quiero tu éxito”, habría podido desdecirme en el momento en que mi cónyuge fracasara o su trasero se deformara. Pero dije: “Te quiero, a ti”, es decir, a tu persona en su totalidad sucesiva, a lo que es hoy, pero también a lo que será mañana y que no conozco todavía. No ocurre como en un contrato con una empresa, que puedo rescindir cuando soy decepcionado o cuando se ha conseguido el objetivo.

Por otro lado, esta unión hace madurar un fruto natural. El hijo no es un acta redactada en papel. Es irrompible. Aun cuando yo ya no quisiera estar con su madre, estoy forzado a vernos unidos, a su madre y a mí, en su figura. Este extraño contrato produce, pues, una realidad que excede las libertades que lo establecieron, de modo que esas libertades no pueden deshacerlo de la misma manera que lo concluyeron. El matrimonio es a la vez natural y libre: es una elección que se hace sobre el fondo natural de la ordenación recíproca de los sexos; es una naturalización de la libertad por la culminación de esa elección en el hijo.

Finalmente, el matrimonio, lejos de negar la historia, prolonga la herencia de dos familias. Pero la asume en un consentimiento apasionado. Los padres y las madres ven en la unión de sus hijos un desarrollo de su aventura. Y al mismo tiempo los hijos, por esta unión, dejan a sus padres y a sus madres y forman una sola carne nueva, que añade a la epopeya un canto nuevo, como si fuera autónomo.

XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario

14 de octubre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Al lado de la sabiduría en nada tuve la riqueza (Sab 7, 7-11)
  • Sácianos de tu misericordia, Señor, y estaremos alegres (Sal 89)
  • La palabra de Dios juzga los deseos e intenciones del corazón (Heb 4, 12-13)
  • Vende lo que tienes y sígueme (Mc 10, 17-30)
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Termina tu obra en mí

Oh Dios que escrutas los riñones y los corazones,
tú penetras los secretos de mi pensamiento.
Ante ti está al descubierto lo que tú has sembrado en mi alma
y que te puede ser ofrecido;
tú conoces también lo que yo mismo
o el ‘hombre malo’ hemos sembrado en ella.

Alimenta lo que tú has sembrado
y hazlo crecer hasta su acabamiento.
Del mismo modo que yo no puedo
iniciar nada bueno sin ti,
tampoco puedo terminarlo lejos de ti.

No me juzgues, oh Dios de misericordia,
según lo que te disgusta en mí;
arranca de mí lo que no ha sido puesto por ti,
porque yo no puedo corregirme a mí mismo sin ti.







San Anselmo de Cantorbery (+1109)

XXVII Domingo del Tiempo Ordinario

7 de octubre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Y serán los dos una sola carne (Gén 2, 18-24)
  • Que el Señor nos bendiga todos los días de nuestra vida (Sal 127)
  • El santificador y los santificados proceden todos del mismo (Heb 2, 9-11)
  • Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre (Mc 10, 2-16)
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La vida no es sencilla


(María es una mujer, madre de dos mellizos, que ha sido abandonada por su marido, que ha resultado ser homosexual. Ella es fruto de un encuentro fortuito que tuvo su madre, en un viaje al extranjero, cuando tenía diecinueve años. Después su madre se casó con Björn, que ha sido la única figura paterna que María ha conocido y a quien ella llama papá. Pero inesperadamente su madre le anuncia que su padre biológico ha venido a Islandia y que quiere conocerla. Ella accede, comen juntos y después se despide. Pero a los dos días de esta comida su padre fallece inesperadamente en el hotel donde se aloja. Entonces resulta que su padre la ha nombrado a ella heredera universal y quiere que sea ella quien se haga cargo de sus cenizas y las lleve al país donde él ha vivido. En este contexto se produce el diálogo entre María y su madre que reproducimos a continuación)


- Y hay algo más –dice mi madre-. Él quería que te ocupases tú de las cenizas y las llevases al cementerio que hay al lado de su casa de campo, junto al mar.

Le digo que eso no va a poder ser.

- No me resultaría nada sencillo marcharme al extranjero, justo ahora –le digo.

Le pregunto a mi madre si no quiere ocuparse ella de este contratiempo.

- No, no es posible –me dice-. Tienes que ocuparte del papeleo de sus propiedades.

- ¿Tengo que ocuparme de las propiedades de un desconocido? ¿No hay ningún amigo ni familiar que pueda hacerse cargo?

- No, no hay nadie más. Dejó especificado en su testamento que deseaba que tú te encargases de sus propiedades. Su abogado te recibirá en su casa.

- Conocí a Albert dos días antes de su muerte y apenas sé nada sobre él.

- Una no lo puede prever todo. Siempre hay algo que nos coge por sorpresa en la vida. No tendrías que estar fuera más que unos días en este viaje. Los mellizos pueden quedarse con nosotros. El abuelo va a enseñarles a mover las piezas del ajedrez.

XXVI Domingo del Tiempo Ordinario

30 de septiembre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • ¿Estás tú celoso por mí? ¡Ojalá todo el pueblo profetizara! (Núm 11, 25-29)
  • Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón (Sal 18)
  • Vuestra riqueza está podrida (Sant 5, 1-6)
  • El que no está contra nosotros está a favor nuestro. Si tu mano te induce a pecar, córtatela (Mc 9, 38-43. 45. 47-48)
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La finalidad de la vida cristiana

La oración, el ayuno, las vigilias y otras actividades cristianas, por muy buenas que parezcan en sí mismas, no constituyen la finalidad de la vida cristiana, aunque sin duda ayudan a conseguirla. 

La verdadera finalidad de la vida cristiana consiste en la adquisición del Espíritu Santo de Dios. 

La oración, el ayuno, las vigilias, la limosna y todas las demás buenas obras hechas en nombre de Cristo no son más que medios para la adquisición del Espíritu Santo.

San Serafín de Sarov

XXV Domingo del Tiempo Ordinario

23 de septiembre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Lo condenaremos a muerte ignominiosa (Sab 2, 12. 17-20)
  • El Señor sostiene mi vida (Sal 53)
  • El fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz (Sant 3, 16-4,3)
  • El Hijo del hombre va a ser entregado. Quien quiera ser el primero, que sea el servidor de todos (Mc 9, 30-37)
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El abrazo humano

Sobre el abrazo humano: unión de los rostros y no sólo de los cuerpos 

Lo que nos distingue profundamente de las bestias es poder “hacer la bestia de las dos espaldas”. Los demás mamíferos hacen la bestia de una sola espalda. El macho se convierte de repente en bípedo, trepa sobre la hembra, se repantiga sobre su espinazo. En cambio, en el ser humano, ya no existe una hembra a la que se ataca por la espalda. Existe una mujer a la que hay que afrontar de cara. Los luchadores gozan de las mismas armas. Se exponen el uno al otro con igual vulnerabilidad. San Alberto Magno insiste en esta excepción para convertirla en regla: “Puesto que sólo las mujeres [entre las hembras] tienen la vulva por delante, el acto venéreo debe realizarse por delante”. Más que ver en ello una norma moral, yo percibiría un signo más de exigencia y de prueba. El rostro despliega en la materia algo que no es material: abre una interioridad en su superficie. Por lo tanto, en una primera aproximación, se podría decir que el poder de unirse “por delante” exige que la unión sexual se realice en una unión espiritual: que cada uno acoja el rostro del otro, que cada uno le permita al otro imprimirse en sí mismo como en el velo de la Verónica. 

La unión de los sexos permite también la unión de las bocas: Que me bese con los besos de su boca, dice la Esposa del Cantar de los cantares (Ct 1, 2). ¿Qué hacen las bocas cuando se deshacen una contra otra? Esas bocas quisieran comerse al otro sin triturarlo, para hacérselo totalmente interior. Hay como una aspiración eucarística: comer la carne del otro sin destruirlo. Es preciso creer que toda la moral sexual, la verdadera, podría resumirse en este imperativo: “Cuando beses, besa de verdad, besa a fondo, sin traiciones, sin reservas, sin detenerte en medio de ese impulso hacia el otro acogido en tu alma y en tu cuerpo”. Pero casi nunca llegamos al final de lo que ese beso postula. Nosotros besuqueamos. Damos besitos. Y aunque no besemos en plan de burla, siempre lo hacemos al estilo de Judas, emboscados. ¿Qué hacer para que nuestra postura no se convierta en impostura? ¿Quién nos rescatará de todos esos besos a medias y de todos esos falsos besuqueos? Existe, en el oficio del Viernes Santo, el rito del beso de la Cruz.

La promesa del abrazo 

“Imaginemos la sorpresa de quien, sin tener conocimiento alguno de ello, y por medio de alguna maquinación, descubriera sin ser visto los raptos amorosos de una mujer cuya distinción le hubiera impresionado. Los vería como una enfermedad. Algo parecido a la rabia de los perros. Como si una perra enrabiada hubiera venido a sustituir la personalidad de aquella que sabía recibir las visitas con tanta dignidad”, escribe G. Bataille . Se podría concluir con Ch. Baudelaire: “La voluptuosidad única y suprema del amor yace en la certeza de hacer el mal”. Pero, ese mal que se hace con el amor, ¿en qué consiste? Baudelaire habla de la “pérdida del gobierno de uno mismo”.

XXIV Domingo del Tiempo Ordinario

16 de septiembre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Ofrecí la espalda a los que me golpeaban (Is 50, 5-9a)
  • Caminaré en presencia del Señor en el país de los vivos (Sal 114)
  • La fe, si no tiene obras, está muerta (Sant 2, 14-18)
  • Tú eres el Mesías. El Hijo del hombre tiene que padecer mucho (Mc 8, 27-35)
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Tú que eres experto en mis debilidades

Señor mío y Dios mío, que visitas tu creación;
tú conoces bien nuestras pasiones,
las debilidades de nuestra naturaleza
y la fuerza de nuestro enemigo;
escóndeme de su malicia,
porque su poder es fuerte,
nuestra naturaleza miserable
y nuestro poder débil.
Por eso, tú que eres dulce
y experto en nuestras debilidades,
tú que cargas con las penas de nuestra pequeñez,
guárdame del tumulto de los pensamientos
y de la violencia de las pasiones,
y hazme digno de ser discípulo tuyo;
que no corrompa con las pasiones,
el deleite de tu servicio,
para que no me vuelva impúdico ante ti,
cuando me encuentres.
Que pueda hallarme más bien ante ti,
con pensamientos luminosos
y límpida intención,
conforme a la belleza de tu santidad.

  
Isaac de Nínive (Siglo VII)

XXIII Domingo del Tiempo Ordinario

9 de septiembre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Los oídos de los sordos se abrirán, y cantará la lengua del mudo (Is 35, 4-7a)
  • Alaba, alma mía, al Señor (Sal 145)
  • ¿Acaso no eligió Dios a los pobres como herederos del Reino? (Sant 2, 1-5)
  • Hace oír a los sordos y hablar a los mudos (Mc 7, 31-37)
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Tener un hijo

(Se trata de fragmentos de una larga carta que un pastor metodista), casado en segundas nupcias en su ancianidad, escribe al hijo que ha tenido en este matrimonio -del matrimonio anterior tuvo una hijita que murió muy pronto, así como su madre, Luisa- ante la conciencia que tiene de que su muerte no está lejos. Vive en un pequeño pueblo -Gilead- y es muy amigo de otro pastor, Boughton, que es algo más mayor que él)

Nunca creí que vería a una esposa mía idolatrando a un hijo mío. Todavía me asombra cada vez que lo pienso. Escribo esto, en parte, para decirte que si alguna vez te preguntas qué has hecho en tu vida, y todo el mundo se lo pregunta en un momento u otro, sepas que has sido para mí la gracia de Dios, un milagro, algo más que un milagro. Tal vez no me recuerde muy bien y quizá no te parezca gran cosa haber sido el hijo querido de un viejo en un pueblecito de mala muerte que, sin duda, habrás dejado atrás. Ojalá tuviera palabras para expresarme. Todo eso está bien, pero la razón por la que te quiero es por tu existencia, sobre todo. La existencia me parece ahora lo más extraordinario que haya imaginado nunca. Estoy a punto de escenificar la perdurabilidad. En un instante, en un centelleo de la mirada.

* * *

(Hablando del cielo, afirma:) No creo que olvidemos todas nuestras penas por completo. Significaría olvidar que hemos vivido, humanamente hablando. Pienso que la pena es un componente esencial de la sustancia de la vida humana. Por ejemplo, en este momento me invade una especie de pena amorosa por ti mientras lees esto, porque no te conozco y porque has crecido sin padre, mi pobre hijo, tumbado ahora boca abajo al sol, con Soapy durmiendo encima de tu rabadilla. Estás haciendo esos espantosos dibujitos que me traerás para que los admire y que yo admiraré, porque no tengo valor para decir una palabra que pudieras recordar contra mí.

XXII Domingo del Tiempo Ordinario

2 de septiembre de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • No añadáis nada a lo que yo os mando... observaréis los preceptos del Señor (Dt 4, 1-2.6-8)
  • Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?
  • Poned en práctica la palabra (Sant 1, 16b-18. 21b-22. 27)
  • Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres (Mc 7, 1-8. 14-15. 21-23)
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XXI Domingo del Tiempo Ordinario

26 de agosto de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Serviremos al Señor, ¡porque él es nuestro Dios! (Jos 24, 1-2a. 15-17. 18b)
  • Gustad y ved qué bueno es el Señor (Sal 33)
  • Es este un gran misterio: y yo lo refiero a Cristo y a la Iglesia (Ef 5, 21-32)
  • ¿A quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna (Jn 6, 60-69)
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Quién es cristiano

El cristiano no es quien confía demasiado en la grandeza del hombre, sino quien reconoce con agradecimiento la grandeza de Dios, su generosidad y su capacidad comunicativa.

La gran riqueza del cristiano es su incorporación a Cristo, el habernos hecho un cuerpo con Él. Como miembros de la Iglesia, hemos sido vinculados a ella en una conexión corporal visible. No formamos parte de un partido o de una organización humana, sino que por el bautismo somos miembros de un cuerpo vivo y participamos todos del mismo principio vital, el amor de Dios. Nuestra riqueza es la comunión íntima con Dios: Él está en nosotros y nosotros en Él. Nos hacemos Dios, porque queremos lo que quiere Dios. Cada uno es lo que ama.

La clave para entender esta divinización operada en nosotros y proclamada solemnemente en el Prefacio III del tiempo de Navidad es, por tanto, el amor. San Ireneo de Lyon fue el primer Padre en formular de modo explícito que Dios se hizo hombre para que el hombre se hiciera Dios. Posteriormente lo harían otros Padres latinos como san Agustín o san León Magno al cantar la Natividad del Señor. Por su parte, fue Clemente Alejandrino quien utilizó por primera vez el concepto de divinización del hombre. La encarnación del Hijo de Dios, por tanto, causa nuestra divinización, mientras que la resurrección es la que introduce este cambio radical en la humanidad.

Cualquiera puede constatar que todo amor auténticamente humano comporta una participación en el otro: cuando amo me hago uno con la otra persona y le digo: “Tú estás en mí”. El amor es mucho más que una relación entre dos seres totalmente independientes. En el amor auténtico descubrimos que nuestra vida se transforma y abandona su aislamiento para unirse a la vida del amado. Nos descubrimos en dependencia radical del otro: una dependencia buena, creativa, enriquecedora para nuestra vida, que potencia lo mejor de nosotros y nos ayuda a superar aquello que nos avergüenza.

La gran riqueza del hombre y su gran esperanza es que la naturaleza humana esté siempre abierta a la posibilidad de ser penetrada y transformada por la transcendencia del amor de Dios.






Autor: Gerhard cardenal MÜLLER
Título: Informe sobre la esperanza. Diálogos con Carlos Granados
Editorial: Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2016, pp. 31-33






XX Domingo del Tiempo Ordinario

19 de agosto de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Comed de mi pan, bebed el vino que he mezclado (Prov 9, 1-6)
  • Gustad y ved qué bueno es el Señor (Sal 33)
  • Daos cuenta de lo que el Señor quiere (Ef 5, 15-20)
  • Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida (Jn 6, 51-58)
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Sobre la desnudez y el tacto

Aristóteles no se cansaba de exaltar la ‘pilosidad’ humana, distinguiéndola del pelaje de los animales: “El hombre posee pestañas en los dos párpados y pelo en las axilas así como en el pubis. Ningún otro animal posee ni uno ni otro de esos tipos de pelo, ni tampoco pestañas en el párpado inferior”, afirma en su Historia de los animales. Si el vello púbico es animal, es propio, por tanto, de ese animal que somos nosotros. Declara nuestra humanidad y, con ella, nuestra madurez sexual. En el momento en que adviene la pubertad, señala, escondiéndolo, ese lugar que en las bestias sigue estando calvo. Esa especificidad es desconcertante. Aristóteles no extrae de ella ninguna conclusión precisa, no más que la que se desprende de esta exorbitante afirmación: “Las partes inferiores del bajo vientre son como el rostro por su carácter descarnado o metido en carnes”.

El erotismo, en consecuencia, no puede explicarse mediante una dialéctica de lo humano y lo animal. Las partes pudendas son tan humanas como el resto del cuerpo. Lo que nos empuja a velarlas no es su carácter animal, sino su vehemente intimación. Son íntimas y por eso intiman. Desde el momento en que se descubren me intiman a entrar en su intimidad y, por tanto, a exponer la mía.

Si la desnudez de la mujer amada me pone fuera de mí no es, pues, porque dicha desnudez no sea espiritual, sino porque, de alguna manera lo es en demasía. No es, entonces, el deseo de poseer lo que me posee, sino el estupor de impropia desposesión: ¿Cómo consigue atraparme de una forma tan soberana, sin robo ni esfuerzo, e incluso a pesar de sí misma, con una dulzura más violenta que la violencia misma? Lo adivino: más que a cubrirla para recobrarme, me llama a una ofrenda más completa, en la que mi espíritu consienta en dejarse atrapar a su vez. Su desnudez, como una flecha, con su punta pilosa, me traspasa hasta el corazón.

XIX Domingo del Tiempo Ordinario

12 de agosto de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Con la fuerza de aquella comida, caminó hasta el monte de Dios (1 Re 19, 4-8)
  • Gustad y ved qué bueno es el Señor (Sal 33)
  • Vivid en el amor como Cristo (Ef 4, 30 - 5, 2)
  • Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo (Jn 6, 41-51)
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Antes de dormir

Señor,
concede a mis párpados un sueño ligero
para que mi voz no permanezca muda mucho tiempo.
Durante la noche, tu creación velará
y salmodiará con los ángeles.
Que mi sueño esté todo el tiempo habitado por tu presencia.
Que la noche no retenga
ninguna de las manchas del día que ha pasado;
y que las locuras de la noche
no vengan a visitar mis sueños.
¡A ti, Señor, honor, gloria y poder
por los siglos de los siglos!
Amén.












(San Gregorio Nazianceno +389)

XVIII Domingo del Tiempo Ordinario

5 de agosto de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Haré llover pan del cielo para vosotros (Éx 16, 2-4. 12-15)
  • El Señor les dio pan del cielo (Sal 77)
  • Revestíos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios (Ef 4, 17. 20-24)
  • El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed (Jn 6, 24-35)
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Cómo se rompió mi matrimonio

(En esta novela, Frank, su protagonista, es un periodista deportivo, que tiene que viajar mucho para cubrir los diferentes eventos deportivos por todo el país y que nos cuenta algunas vicisitudes de su vida intentando comprender por qué se rompió su matrimonio, después de haber tenido tres hijos y de haber perdido a uno de ellos, que falleció inesperadamente. Se refiere a su antigua esposa sin decir nunca su nombre, designándola con la letra X. En este texto nos narra lo que desencadenó la repentina decisión que tomó su mujer de romper el matrimonio. Todo empezó en uno de sus múltiples viajes para cubrir acontecimientos deportivos, donde conoció a una mujer que acababa de abandonar a su marido)

Desde luego es la ironía de las ironías que X me dejara por las cartas de Peggy Conmover, cuando Peggy y yo jamás cometimos la más mínima indiscreción.

La conocí en el avión de Kansas City a Minneapolis, y a lo largo de una tarde, durante la cena y las horas que siguieron, llegué a saber sobre ella todo lo que se puede averiguar de alguien en ese intervalo de tiempo. Tenía treinta y dos años y no era una mujer atractiva. Era regordeta, con enormes dientes blancos y una perfecta cara de torta. Había dejado a su marido y a sus cuatro hijos en el pueblo de Blanding, Kansas –donde su marido vendía material aislante-, para irse a vivir con su hermana al norte de Minnesota y dedicarse a la poesía. Era una mujer afable, con una agradable sonrisa, y en el avión empezó a contarme su vida. Había ido a Antioquia, había estudiado historia, jugaba a jockey sobre hierba, había participado en marchas por la paz y escrito poemas. Me contó que sus padres eran emigrantes suecos y que a ella siempre le había dado vergüenza, y que muchas veces soñaba con gigantescos camiones que se precipitaban por despeñaderos y se despertaba aterrada. También me contó que había escrito algunos poemas y que cuando se los había enseñado a su marido, Van, éste se había burlado, aunque más tarde reconoció que estaba orgulloso de ella. Me dijo que en su época de estudiante era muy sexy, y que se había casado con Van, que era de Miami, Ohio, porque le quería. Pero no eran del mismo nivel cultural y aunque entonces no le había importado, ahora sí, y había decidido dejarle.

Cuando bajamos del avión y nos detuvimos en el vestíbulo, me preguntó dónde me hospedaba. Le contesté que en el Ramada y ella me propuso acompañarme y cenar juntos, porque le gustaba hablar conmigo. Y como yo no tenía otra cosa que hacer, acepté.

XVII Domingo del Tiempo Ordinario

29 de julio de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Comerán y sobrará (2 Re 4, 42-44)
  • Abres tú la mano, Señor, y nos sacias (Sal 144)
  • Un solo cuerpo, un Señor, una fe, un bautismo (Ef 4, 1-6)
  • Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron (Jn 6, 1-15)
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La humildad según los padres del desierto


Preguntaron a un anciano: “¿Qué es la humildad?” Y respondió: “La humildad es algo muy grande, divino. El camino de la humildad es éste: entregarse a la penitencia corporal, reconocerse pecador y someterse a todos”. Y un hermano preguntó: “¿Qué es someterse a todos?” Y contestó el anciano: “No fijarse en los pecados de los demás, sino considerar siempre los propios y rogar continuamente a Dios”.

Preguntaron a un anciano: ¿Qué es la humildad? Y respondió: “Perdonar al hermano que ha pecado contra ti antes de que te pida perdón”.

Un hermano muy austero, que no comía más que pan, fue a visitar a un anciano. Y llegaron también, muy a propósito, otros peregrinos. Y el anciano preparó para todos un poco de papilla. Se pusieron a comer y aquel hermano tan austero tomó tan sólo un garbanzo durante la comida. Y al levantarse de la mesa, el anciano le llamó aparte y le dijo: “Hermano, cuando visites a alguno, no des a conocer allí tu modo de proceder. Si lo quieres guardar quédate en tu celda y no salgas nunca de ella”. El hermano obedeció al anciano y en adelante hacía en todo vida común cuando se encontraba con otros hermanos.

XVI Domingo del Tiempo Ordinario

22 de julio de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Reuniré el resto de mis ovejas, y les pondré pastores (Jer 23, 1-6)
  • El Señor es mi pastor, nada me falta (Sal 22)
  • Él es nuestra paz: el que de los dos pueblos ha hecho uno (Ef 2, 13-18)
  • Andaban como ovejas que no tienen pastor (Mc 6, 30-34)
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La raíz o la rama

Los intelectuales no adoptan la retórica del chamán por estupidez o por mala fe, aunque en ocasiones se puede sospechar que vanidad y arrogancia se han colado en sus escritos. Pero, en líneas generales, el grueso de los intelectuales de un país, educado en sus mejores escuelas, ha sido expuesto a los “valores burgueses”. Es en el transcurso de su vida cuando abandonan esos valores y se radicalizan en el sentido etimológico de la palabra, es decir, quieren ir a la raíz de los problemas. No se conforman con los problemas socioeconómicos puntuales, quieren ir al fondo. “Nuestro problema es mucho más grande, mucho más hondo”, se lamentaba Ortega en 1914.

Un siglo después, esa radicalidad orteguiana no es criticada por ser pretenciosa, sino que sigue siendo alabada por nuestros intelectuales más influyentes. Ortega es visto como “un pensador vivísimo, jovial, subversivo, pletórico de estímulos, radicalmente ateo y anticatólico, radicalmente vitalista, radicalmente radical, porque va a la raíz de los problemas” (J. Cercas), que “quería ser un gran pensador y un gran escritor para cambiar a España de raíz” y “llevar a gobernar el país a sus hijos más cultos, inteligentes y decentes” (M. Vargas Llosa). El viaje a la raíz es un deseo omnipresente en nuestros líderes de opinión. Nos conminan sin denuedo a “ser radicales. Literalmente: volver a la raíz” (J. Gallego). Y los políticos recogen el guante: “Yo nunca voy a negar que soy radical porque creo que hay que ir a la raíz de los problemas y no quedarse en la superficie”, afirma el líder de izquierda Alberto Garzón.

Ir a la raíz de los problemas políticos es intelectualmente loable, pero, en términos prácticos, resulta nefasto. Para comprender por qué ocurre, podemos acercarnos al trabajo de Charles Lindblom, quien clasificó las formas de hacer política en dos tipos contrapuestos: el método-raíz y el método-rama. El primero sigue una lógica encantadora: vayamos a la raíz de los problemas, identifiquemos la causa de fondo y tratemos de subsanarla. Pero, a la hora de la verdad, este método no funciona porque hay que computar parámetros en muchas variables. Las causas, y los responsables, de fondo de los problemas colectivos son múltiples, cambiantes, difíciles de medir. ¿Quién ha provocado la Gran Recesión? ¿Qué conduce a la desigualdad? Son preguntas inabarcables. Las raíces de estos macrofenómenos se pierden más allá de las fronteras a través del tiempo.

XV Domingo del Tiempo Ordinario

15 de julio de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Ve, profetiza a mi pueblo (Am 7, 12-15)
  • Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación (Sal 84)
  • Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo (Ef 1, 3-14)
  • Los fue enviando (Mc 6, 7-13)
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Deseo de Dios (San Anselmo)

Ea, hombrecillo, deja un momento tus ocupaciones habituales, entra en un instante en ti mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos. Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes; aparta de ti tus inquietudes trabajosas. Dedícate algún rato a Dios y descansa siquiera un momento en su presencia. Entra en el aposento de tu alma, excluye todo, excepto Dios y lo que pueda ayudarte para buscarle; y así, cerradas todas las puertas, ve en pos de él. Di, pues, alma mía, di a Dios: “Busco tu rostro; Señor, anhelo ver tu rostro”.

Y ahora, Señor, mi Dios, enseña a mi corazón dónde y cómo buscarte, dónde y cómo encontrarte. Señor, si no estás aquí, ¿dónde te buscaré, estando ausente? Si estás por doquier, ¿cómo no descubro tu presencia? Cierto es que habitas en una claridad inaccesible. Pero ¿dónde se halla esa inaccesible claridad?, ¿cómo me acercaré a ella?, ¿quién me conducirá hasta ahí para verte en ella? Y luego, ¿con qué señales, bajo qué rasgo te buscaré? Nunca jamás te vi, Señor, Dios mío; no conozco tu rostro. ¿Qué hará, altísimo Señor, éste tu desterrado tan lejos de ti? ¿Qué hará tu servidor, ansioso de tu amor y tan lejos de tu rostro?

Anhela verte y tu rostro está muy lejos de él. Desea acercarse a ti y tu morada es inaccesible. Arde en el deseo de encontrarte e ignora dónde vives. No suspira más que por ti y jamás ha visto tu rostro. Señor, tú eres mi Dios, mi dueño y, con todo, nunca te vi. Tú me has creado y renovado, me has concedido todos los bienes que poseo y aún no te conozco. Me creaste, en fin, para verte y todavía nada he hecho de aquello para lo que fui creado.

Entonces, Señor, ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuando te olvidarás de nosotros, apartando de nosotros tu rostro? ¿Cuándo, por fin, nos mirarás y escucharás? ¿Cuándo llenarás de luz nuestros ojos y nos mostrarás tu rostro? ¿Cuándo volverás a nosotros? Míranos, Señor; escúchanos, ilumínanos, muéstrate a nosotros. Manifiéstanos de nuevo tu presencia para que todo nos vaya bien, sin eso todo será malo. Ten piedad de nuestros trabajos y esfuerzos para llegar a ti, porque sin ti nada podemos.

Enséñame a buscarte y muéstrate a quien te busca; porque no puedo ir en tu busca, a menos que tú me enseñes, y no puedo encontrarte, si tú no te manifiestas. Deseando te buscaré, buscando te desearé, amando te hallaré y hallándote te amaré.

San Anselmo, Proslogion, 1



XIV Domingo del Tiempo Ordinario

8 de julio de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Son un pueblo rebelde y reconocerán que hubo un profeta en medio de ellos (Ez 2, 2-5)
  • Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia (Sal 122)
  • Me glorío de mis debilidades, para que resida en mí la fuerza de Cristo (2 Cor 12, 7b-10)
  • No desprecian a un profeta más que en su tierra (Mc 6, 1-6)
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Sólo hay una tristeza

Clotilde tiene hoy cuarenta y ocho años, aunque demuestra no menos de un siglo. Más hermosa que antes, se parece a una columna de plegarias, la última columna de un templo derruido por los cataclismos.

Sus cabellos se han vuelto completamente blancos y los ojos, quemados por las lágrimas que han puesto surcos en su rostro, apenas conservan su brillo. Nada ha perdido de sus fuerzas, sin embargo. 

Casi nunca se la ve sentarse. Siempre en camino de una iglesia a otra, de uno a otro cementerio; no se detiene sino para arrodillarse, y se diría que no conoce otra actitud.

Tocada sólo con la capucha de un largo manto negro que llega hasta el suelo, y desnudos en las sandalias los invisibles pies, una energía más que humana la sostiene desde hace diez años, sin que ni el frío ni la tempestad la amedranten. Su domicilio es el de la lluvia que cae.

No pide limosna. Se limita a recibir con una dulce sonrisa lo que le ofrecen, y lo da en secreto a los desdichados. 

Cuando encuentra a un niño, se arrodilla delante de él, como hacía el gran Cardenal Bérulle, y con la mano infantil traza una cruz sobre su frente.

Los cristianos cómodos y bien vestidos a quienes molesta lo Sobrenatural y “dicen a la Prudencia: Tú eres mi hermana”, la consideran trastornada; pero el pueblo humilde es respetuoso con ella y algunas pordioseras de iglesia la creen una santa.

Silenciosa como los espacios del cielo, cuando habla tiene el aire de regresar de un mundo de bienaventuranza situado en un universo desconocido. Se advierte eso en su voz lejana, que la edad ha hecho más grave sin alterar su dulzura, y mejor aún se advierte en sus palabras mismas.

-Todo lo que sucede es digno de adoración –dice frecuentemente, con el aire de una criatura mil veces colmada que no encontrase otra fórmula para expresar los movimientos de su corazón o de su mente, sea en ocasión de una peste universal, sea en el momento de verse devotada pro las fieras.

Por mucho que se sepa que es una vagabunda, los agentes de policía, sorprendidos de su ascendiente, jamás han tratado de molestarla. 

-Debe de ser usted muy desdichada, mi pobre señora –le dijo una vez un sacerdote, que por fortuna era un verdadero padre, al verla anegada en lágrimas junto al Santo Sacramento expuesto.

-Soy completamente dichosa –le contestó ella-. No se entra en el Paraíso mañana, ni pasado mañana, ni dentro de diez años; se entra hoy, cuando se es pobre y se está crucificada.

-HODIE mecum eris in paradiso –murmuró el sacerdote, que se sintió conmovido de amor.

A fuerza de sufrir, esta cristiana viviente y fuerte ha comprendido que no hay, sobre todo para la mujer, sino un medio de estar en contacto con Dios, y que ese medio, absolutamente único, es la Pobreza. No la pobreza fácil, interesante y cómplice, que ofrece su limosna a la hipocresía del mundo, sino la pobreza difícil, irritante y escandalosa, que es preciso socorrer sin esperanza de gloria y que no tiene nada que dar en compensación. 

Hasta ha comprendido, no muy lejos ya de lo sublime, que la Mujer no existe verdaderamente sino a condición de hallarse sin pan, sin techo, sin amigos, sin esposo y sin hijos, y que sólo así podrá obligar a su Salvador a descender hasta ella.

Un solo testigo de su pasado, Lázaro Druida, la ve todavía algunas veces. Es el único vínculo que no ha roto. El alto pintor de Andrónico es demasiado grande para que lo visitara la fortuna, cuya práctica secular es hacer girar su rueda entre las inmundicias. Eso permite a Clotilde ir a su casa sin exponer sus andrajos de vagabunda y de “peregrina del Santo Sepulcro” al lodo de un lujo mundano. 

De cuando en cuando va a poner en el alma del profundo artista un poco de su paz, de su grandeza misteriosa; luego vuelve a su inmensa soledad, en medio de las calles llenas de gente.

-Sólo hay una tristeza –le dijo la última vez-, y es la de no ser SANTOS…



Autor: Leon BLOY
Título: La mujer pobre
Editorial: ZYX, Madrid, 1968 (pp. 237-239)






XIII Domingo del Tiempo Ordinario

1 de julio de 2018
(Ciclo B - Año par)






  • Por envidia del diablo entró la muerte en el mundo (Sab 1, 13-15; 2, 23-24)
  • Te ensalzaré, Señor, porque me has librado (Sal 29)
  • Vuestra abundancia remedia la carencia de los hermanos pobres (2 Cor 8, 7. 9. 13-15)
  • Contigo hablo, niña, levántate (Mc 5, 21-43)
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